El 7 de marzo de 1993, la insurrección proletaria que se desarrolló en Irak cumplía dos años.

El 7 de marzo de 1991, principalmente en el Kurdistan iraquí, fue una de las jornadas culminantes de un largo proceso insurreccional que se extendió por todo el Irak. Durante dicho proceso el proletariado manifestó su fuerza de contraposición a la guerra y a todas las fuerzas burguesas de la región: policía de seguridad de los baasistas, guardia republicana, nacionalistas, gobiernos centrales y departamentales, fuerzas religiosas, etc... Al mostrar a los proletarios del mundo entero el único camino para eliminar las guerras para siempre, ello constituía un ejemplo histórico.

Desde entonces, la burguesía internacional ha hecho todo lo posible para reprimir este movimiento. Los nacionalistas y demócratas de todas las tendencias, las organizaciones humanitarias, la ONU y los Baasistas, los pacifistas, los religiosos de todo tipo,... se han dividido el trabajo para reprimirnos: desarme del proletariado, lucha para imponerle el cuadro nacionalista, imposición del proceso electoral, etc. Otro aspecto esencial de esta unificación para aplastarnos fue sin duda el sistemático ocultamiento efectuado por los medios de difusión de todo el mundo acerca de la situación social en Irak.

En la lucha contra esta represión y buscando romper el black out que las empresas que controlan la información buscaban imponernos, nuestras diferentes revistas centrales, abordaron diferentes aspectos de esta gesta proletaria. El lector hispanohablante podrá encontrar materiales al respecto en "CO29.1 Guerra o revolución" en Comunismo número 29, "CO30.1 Derrotismo revolucionario en Irak" en Comunismo número 30. Debemos subrayar que nuestro grupo desde mucho antes, cuando la guerra imperialista entre Irán e Irak estaba en pleno apogeo, insistía, contra la corriente, en la importancia de la lucha proletaria en la región, poniendo en evidencia la fuerza de la derrotismo revolucionario, tanto en Irán como en Irak.

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El proceso insurreccional en Irak, comenzó a concretarse entre el 26 y el 28 de febrero de 1991, por la existencia en Bassorah y en un conjunto de pueblos vecinos, de miles de desertores armados rondando por las calles, provenientes de diferentes partes de Irak y por la pérdida del control de la situación, por parte de los aparatos centrales del Estado. El 4 de marzo, en esa misma ciudad, se produce un salto de calidad cuando las columnas de tanques, en retirada de Kuwait, tiran contra los símbolos del régimen (según se cuenta, el tanque que encabezaba la marcha abrió fuego contra la esfinge de Saddam que se encontraba a la entrada de la ciudad). La insurrección se generaliza en toda esa ciudad y el mismo día en Bagdad se producen enfrentamientos importantes en barrios obreros. Serán esos mismos barrios los que los Aliados bombardearán. El 4, el 5 y el 6 de marzo, la insurrección se generaliza a las siguientes ciudades: Nasivya, Aamara, Najaf, Karbala, Hila, Koot,... El 5 de marzo, se produce la insurrección en Rania, que marca el punto de generalización hacia las otras regiones de Irak. El 7 de marzo, el proletariado en armas, destruye uno de los bastiones más importantes del régimen en Sulemania. El 8 cae en manos de la insurrección la ciudad de Kadar, el 9 la ciudad de Koya y el 10 Shantlana. El 11 de marzo, el proletariado se insurge en Arbil y los días siguientes, toda la región de Arbil se encuentra en manos de la insurrección. El 13 de marzo, en una situación que escapa totalmente al control de los nacionalistas, los últimos resistentes baasistas son liquidados en Akra, el 14 en Duwok y el 15 en Zakho. El 16 y el 17 de marzo, a partir de muchas ciudades adonde el proletariado ha triunfado salen columnas enteras de combatientes que se proponen liberar la ciudad de Kirkuk. Pero la aviación de las fuerzas baasistas, con el beneplácito de las fuerzas de la ONU, hace muy difícil la tarea. La insurrección paga, en esos desplazamientos, un pesado tributo de miles de muertos. A pesar de ello, grandes batallas se libran y varios cuarteles son tomadas e incendiados por los insurrectos, como por ejemplo el comando de la región militar para todo el Kurdistan cerca de Sulemania. En fin, entre el 19 y el 21, la insurrección triunfará en Kirkuk, pero esta ciudad volverá a caer en manos de los baasistas algunos días después. En muchas otras ciudades, los baasistas lograrán luego reimponer su autoridad; en el Kurdistan los nacionalistas harán un largo proceso para intentar imponer su dictadura y recomponer el orden burgués. En la actualidad, abril de 1993, ese proceso de reorganización del capital continúa afirmándose, aunque las contradicciones siguen siendo explosivas, la acción clasista siga desarrollándose y en muchas regiones no hayan logrado desarmar al proletariado.

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En total comunidad con la lucha que nuestra clase asume en esta parte del mundo y en el cuadro de la voluntad comunista internacional, de romper el aislamiento en el que nuestra lucha se desarrolla en Irak, en circunstancias del aniversario de ese proceso insurreccional, decidimos realizar, difundir y pegar un cartel internacional.

Dicho cartel firmado "Proletarios Internacionalistas", que reproducimos al final de este artículo, recuerda que el nacionalismo, el patriotismo, el pacifismo, el parlamentarismo y más específicamente todavía el "humanitarismo" internacional dirigido entre otros por la ONU, no son otra cosa que las armas universales de represión del proletariado.

Dicho cartel fue realizado en diferentes idiomas (inglés, español, francés, kurdo, alemán,...) por compañeros del Grupo Comunista Internacionalista de diferentes países, así como por otros grupos próximos y diferentes contactos. El mismo fue pegado, con la colaboración de grupos de proletarios o/y compañeros "sin partido" en los muros de diferentes ciudades de Inglaterra, de Francia, de Alemania, de España, de Irak, de Argentina... En el momento en el que cerramos la edición de esta revista, seguimos esperando noticias de lo que se logró realizar en otros lugares del mundo.

"En margen de esta iniciativa", para utilizar los propios términos del cartel reproducido en esta página ("Este cartel ha sido realizado en margen de una iniciativa internacional de varios grupos reunidos bajo la firma puntual de: Proletarios Internacionalistas") una acción similar fue emprendida y realizada en el Quebec, Canadá; pero en la misma, los compañeros tomaron la decisión de aparecer bajo su propia firma y con sus propias consignas, lo que lamentablemente, en lugar de afirmar el contenido común de la acción comunista internacionalista que resulta de nuestros intereses homogéneos, expresa el particularismo. Más adelante explicamos que hoy día, a contracorriente con todos los particularismos que el Capital nos impone para dividir al proletariado, resulta vital, el afirmarnos como comunidad de lucha, con los mismos intereses y objetivos, y no como adición de grupos.

En ocasión de esta acción internacional, queremos insistir brevemente aquí, acerca del profundo significado que contiene la presencia y la acción de la coalición de fuerzas burguesas internacionales hoy en Irak: a pesar de sus intereses diferentes, cuando se trata de defender el orden burgués tambaleante, los capitalistas son capaces de una unidad de acción ejemplar. Queremos también subrayar que frente a ella, frente al capital, la afirmación de nuestro terreno de lucha, el internacionalismo, no es una opción entre otras, ni un adjetivo que se le adicione a una acción local, sino una cuestión de vida o muerte para nuestro movimiento.

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Solo en la afirmación de la lucha proletaria y en la acción internacionalista puede ser comprendido el mundo, su profunda contradicción social y el carácter ineluctable de la destrucción del capital. Fuera de esta lucha, fuera de la acción directa internacionalista, hablar de internacionalismo es una quimera: la afirmación en palabras del carácter internacional del proletariado no es más que una frase vacía de sentido y de contenido si la misma no se concreta en la acción común internacional consecuente, tendiente a organizarse en fuerza mundial única: el partido comunista mundial.

Es en este cuadro que nosotros insistimos frecuentemente acerca del ser mundial que constituye el proletariado: formamos una y una sola clase internacional y nuestro enemigo es el mismo en todas partes. Toda la potencia de opresión de la burguesía, consiste precisamente en negar la universalidad de las condiciones de vida, de lucha del proletariado (la acción coordinada de los medios de difusión de todo el mundo se empeña en tal objetivo), su capacidad para reproducir su dominación de clase, depende de su fuerza y capacidad para cantonar cada revuelta proletaria en lo que la misma puede contener de particular (1).

Pero la negación del carácter mundial del proletariado no es solo "teórica", la misma se concreta con fuerza y se materializa en la capacidad de la burguesía a imponer incluso el terreno que le conviene más para aplastar al proletariado, cuando ella logra no solo hacer "olvidar" al proletariado que constituye una sola clase, sino sobretodo cuando, una vez logrado imponer el terreno de enfrentamiento que más le conviene, ella dicta el cuadro de la guerra que libra contra nosotros: la fuerza unificada internacionalmente en su campo contra la acción aislada de nuestra clase, circunscrita a tal o cual región o país.

Para lograr imponer ese terreno, su terreno, para aislar a los proletarios país por país, la burguesía procede de diversas maneras: represión de toda ligación directa entre los proletarios de países diferentes, campaña de falsificación tendiente a minimizar o ensuciar las luchas para aislar al proletariado, bloqueo, terror blanco,... La política burguesa para el proletariado, la política típicamente socialdemócrata, se concreta particularmente en este dominio, en el encuadramiento del proletariado de cada país, en el sentido de una transformación de la acción "internacional" de éste, en una acción de procuración de mediación, de petición, de "solidaridad" por telegrama y por cheque. La Socialdemocracia siempre tiene a disposición "su" propuesta de "internacionalismo" para impedir "aquí" la lucha del proletariado contra "su propio" Estado.

Expliquémosnos a la luz de la historia.

La ola de lucha de 1917-23 se caracterizó por una generalización desigual del desarrollo revolucionario: de Europa al Medio Oriente, de América Latina a India, el movimiento revolucionario atropelló, cuestionó e hizo temblar las fronteras nacionales y sobre estas bases, resonó en todas partes el llamado a la necesaria organización internacional del proletariado. La Internacional Comunista constituyó, sin ninguna duda, una tentativa en este sentido y además una respuesta concreta a la voluntad de la burguesía de aislar al proletariado de cada país y particularmente al proletariado en Rusia. Esta respuesta se expresó también en diferentes sabotajes y acciones internacionalistas contra las armas enviadas para desarrollar la guerra a los proletarios insurrectos en Rusia. La constitución de la Internacional Comunista y su Manifiesto de 1919 contribuyeron a la intensificación del movimiento internacional (Alemania, Hungría, Baviera, Austria, Portugal, Brasil,...) y a la asumación de la guerra revolucionaria en diferentes partes contra "su propio Estado", contra "su propia burguesía". A pesar de esto, la Internacional Comunista, (haciendo abstracción aquí de la responsabilidad histórica de los bolcheviques (2)) lamentablemente no constituyó una verdadera ruptura con la concepción socialdemócrata de federación de partidos nacionales. Cada partido comunista nacional (con algunas excepciones, como algunas rupturas prácticas efectuadas por el KAPD) sigue estando sometido, en la mayoría de las circunstancias, a las determinaciones nacionales de la lucha de clases, lo que constituyó una debilidad que permitió a la burguesía separar, frenar y luego destruir la revolución. Paquete por paquete, nación por nación, las fuerzas internacionales de la burguesía pudieron imponer la guerra de sus fuerzas coligadas. La fuerza de la burguesía residió en su capacidad para imponer el terreno en el que ella es más fuerte: el de la lucha desarrollada en el cuadro de un país, donde la correlación de fuerzas se establece entre el proletariado local, de una parte, y las fuerzas burguesas internacionales, de la otra. Y fue precisamente, cuando el proletariado hizo prueba de internacionalismo, cuando nuestra clase logró comenzar a estructurar una respuesta común e internacional en la guerra social internacional, que la burguesía se sintió más débil: cuando se comienza a generalizar el accionar del proletariado internacional en coherencia con la insurrección de Octubre de 1917 en Rusia, que logra romper el bloqueo informativo que la burguesía había impuesto, generalizar la acción directa y el derrotismo revolucionario en todos los campos lo que tiene como resultado inmediato el fin de la guerra.

Por otra parte, hay que darse cuenta que en todo este contexto, el proletariado insurrecto, se encontró con inmensas dificultades, por ejemplo en México o en Rusia, para hacer conocer, más allá de las fronteras en la que el capital intentaba encerrarlo, lo que se desarrollaba en esos países. En el mundo entero, las insurrecciones del proletariado en México (1910-1914) y en Rusia (1917-1919) eran presentadas como simples insurrecciones populares antidictatoriales. Para ello, la Socialdemocracia tenía una teoría bien preparada, la de los países atrasados, la de la necesidad en esos países de realizar "primero" una revolución burguesa o/y una revolución "proletaria" que desarrollase las "tareas democrático burguesas". Esta ideología, no solo llevó a que pseudo anarquistas, pseudo comunistas y otros socialdemócratas negasen al unísono el carácter proletario de la insurrección en México y a que la Socialdemocracia pretendiese hacer lo mismo con la insurrección en Rusia, sino que también organizaciones en ruptura revolucionaria con la Segunda y la Tercera Internacional en franco proceso de degeneramiento, como por ejemplo la KAI (Internacional Obrero Comunista o Cuarta Internacional), llegasen a caer en la más profunda confusión sobre esta cuestión.

Si ilustramos lo que hemos descrito y lo aplicamos a lo que está en juego en la lucha que se desarrolla hoy en Irak, nosotros vemos que el interés de la burguesía es el de enfrentar cada acción de nuestra clase limitándola a una región y oponiéndome a ella, el conjunto de sus fuerzas internacionales (nacionalistas kurdos, fuerzas de la coalición ONU, organizaciones humanitarias, religiosas, baasistas...). Ello es el ABC de la fuerza político-militar de reproducción del capital, su capacidad para desorganizar cada afirmación de la homogeneidad de nuestra clase atacando cada una de sus expresiones, aislándola en base a lo que ella puede expresar de particular.

Pero, mientras que de nuestro lado, tenemos tantas dificultades para actuar como fuerza única, nuestros enemigos, son capaces en un solo instante de unificar todas sus fuerzas para concentrarlas en un solo lugar para aplastar nuestros destacamentos de vanguardia cuando lo juzgan necesario.

Toda nuestra acción, de afirmación como proletariado mundial, debe precisamente bregar por romper ese círculo de fuego por el cual la burguesía tiende a aislar nuestra lucha en Irak. Toda nuestra energía pugna por extender la acción directa que desarrollamos en esta región a la acción directa en el resto del mundo. Debemos romper el aislamiento, quebrar la posibilidad de la burguesía de aislar una minoría de nosotros e impedir que se nos reprima en la indiferencia de nuestros hermanos de clase en el mundo.

Para ello, y más que nunca, peleamos por afirmar nuestra lucha en Irak como un momento de la lucha del proletariado mundial; luchamos para reivindicarnos, para afirmarnos como un solo cuerpo, como una sola clase, unida en las condiciones de vida que internacionalmente nos imponen y más aun en la lucha mundial que llevamos adelante para abolir nuestra condición.

Y lamentablemente, incluso en torno a nosotros y con respecto a compañeros que se dicen de acuerdo con nuestras posiciones, hemos constatado profundas incomprehensiones sobre toda esta problemática.

Así, frente a la propuesta puntual que representó el hecho de realizar un cartel en común, nos enfrentamos a dificultades de todo tipo.

Hubo resistencias de tipo organizativo, resistencias características de la época sectaria que padecemos y que se concretizaron en reticencias a asumir la realización y la pegada del cartel o a considerar como incorrecto el hecho de que nosotros, como grupo, asumamos nuestra propia responsabilidad, firmando el cartel.

Hubo también dudas con relación a las informaciones dadas por nuestros compañeros. Algunos contactos pedían pruebas (!?) de lo que nosotros afirmamos, otros negaban pura y simplemente el carácter insurreccional de las explosiones proletarias que se desarrollaron en Irak, o no aceptaban la información... hasta que la prensa burguesa difundía parcialmente el mismo tipo de noticias (3). Más allá de las grandes declaraciones de principio, vemos aquí una expresión de la sumisión al Estado: las informaciones dadas por los medios de comunicación burgués son aceptadas más rápido y fácilmente que las trasmitidas, con todas las dificultades imaginables, por nuestra modestísima red de información militante.

Hubo también incomprehensiones en relación a la tarea misma, que en muchos casos fue considerada como una acción aislada. Justamente es imposible comprender el sentido de esa iniciativa internacional sin situarla en el cuadro general de una acción más amplia de afirmación de la acción internacionalista, en la afirmación de nuestra comunidad de lucha y más concretamente, de nuestra organización de la acción comunista internacional.

Hubo también, otras incomprehensiones en relación con la tarea misma, que fue relegada por varios a una acción de solidaridad de "aquí con allá" (adoptando como punto de vista el de las otras regiones que el Medio Oriente); o al contrario como simple llamado "de aquí -en Irak- para que allá se solidaricen con nosotros", cuando en realidad se trataba y se trata de mucho más que eso: de destruir el "allá" y "aquí" como divisiones operadas contra nuestra clase, o si se quiere de actuar unívocamente "aquí y allá", contra los enemigos de "aquí y de allá" (que por otra parte son exactamente los mismos).

Y finalmente, como subproducto de la incomprehensión anterior, esta acción proletaria y comunista fue comprendida como una mediación, reducida a una simple campaña publicitaria para tal o tal grupo de proletarios, y no como una acción directa de contraataque, frente al accionar concertado de la burguesía mundial que busca imponer el aislamiento de una fracción regional de nuestra clase para aplastarla mejor.

En general, nos vimos pues enfrentados, una vez más, a una concepción parlamentaria y federalista de la unidad proletaria, donde dichos contactos, en lugar de empujar a la unidad de acción internacional, insistían sobre su particularismo, sobre la necesidad de que cada grupo de individuos sea consultados sobre las diferentes consignas y firmas... sin darse cuenta que esta concepción es la del congresismo y el federalismo propios de la Socialdemocracia, que la misma se opone prácticamente a la comunidad de lucha, que aceptar ese tipo de criterios conduciría a un conjunto de mediaciones paralizantes que transformarían la comunidad de lucha en un parlamento (4).

Esta liquidación parlamentarista de la acción, que si sitúa en línea directa con el congresismo, en contraposición con nuestra concepción general de la comunidad de lucha internacionalista, como base del Partido del mañana (y también en la línea histórica de la socialdemocracia en contraposición con la del partido de la revolución), se expresó también, en las ideologías que no ven en la práctica internacionalista la acción de una clase, sino por el contrario de tal o tal grupo particular. Incluso algunos de los contactos próximos que han adoptado la expresión, hoy clásica, de "comunidad de lucha" son incapaces, de ver a ésta, de otra manera, que como una adición de grupos formales, con intereses diferentes y hasta contradictorios y la acción de la misma como una acción de propaganda de los mismos.

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Cartelerias

De un tiempo ahora, los burgueses se han empeñado en hacernos una competencia que nos revienta. Mercaderes y políticos nos invaden las paredes también. Las llenan con sus carteles.
Sin plata para costearnos grandes tiradas de diarios todavía teníamos a ellas para meter nuestras letras. En cualquier pequeño hueco dejábamos nuestros sueños, como quien deja un puñado de clavos. Sabíamos que quien los viera una vez no se los arrancaba más ni con tenazas, del recuerdo.
Por ejemplo: Pasaba un preso, tirado de una cadena, como un perro, pero al volver una esquina le salía al paso esta palabra nuestra: ¡libertad!, y ya no iba solo más, huérfano del todo, hacia la cárcel. Volvía del taller, moribundo de cansancio, el esclavo del salario, pero al entrar al suburbio leía en un rinconcito: ¡anarquía!; y era un abrazo de amigo, una caricia de amada, una flor húmeda y roja caída entre sus manos secas y oscuras. Dormía en el portal del rico, el miserable y a la alta hora en que los niños tornan al lecho borrachos, se sentía despertar por un aleteo de pájaros: eran papeles, carteles, negras letras que revoloteaban por asentarse, como sobre una bandera en la pared que tenía la aurora: ¡comunismo!
Así era, hasta hace poco la cosa... Y nosotros, convencidos de tener un público que por apuro o cansancio o poca luz, no podía deletrear sino lo grande, lo primordial, lo prístino, le dábamos, de lo nuestro, lo primero y lo último, lo que es más virtual que el arte y más fuerte que la filosofía: esencias, resinas, síntesis. Si; para ese lector anónimo que tufa mugre, resopla angustia o masca enconos, bajábamos a las napas de la vida y surgíamos luego con pepitas de oro virgen, puñados de mineral y vasos de agua. Nuestros carteles eran para ése solo.
Porque un cartel, -saberlo, burgueses bárbaros- no se hace ni con ingenio ni con ciencia; ni con gritos, ni con músicas. No se pinta ni se escribe. Es lo vivo, lo palpitante, lo cálido. ¡Se pare! Debe hablar de dolor, cuando hable, no con la boca, sino con las heridas; y no ha de pedir justicia, cuando la sueñe, sino que debe salir a hacerla, ¡a cumplirla!
Pero, decíamos: ya no va quedando sitio para los nuestros. Todo el que hay resulta poco para los políticos y mercaderes. Hasta aeroplanos remontan para arrojarlos desde las nubes ¿Qué hacer entonces?
Presos: escribir con vuestras uñas en las piedras de las celdas: ¡Libertad! Mendigos: grabar con mugre sobre los pulidos cedros de las puertas de los ricos. ¡Comunismo! Obreros; acompasar las caricias de vuestras manos a la material rebelde, como una madre al hijo que duerme con este canto: ¡Anarquía!
Y, finalmente, camaradas carteleros: no es el Espacio lo que interesa, sino el Tiempo, más vale lo que más dura, no lo que más abarca. Darle al pueblo pepitas de oro virgen, puñados de mineral y vasos de agua: esencias, resinas, síntesis. Y reíros luego de todas las carteleras burguesas.
Rodolfo González Pacheco.
Buenos Aires, 1913.

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Como Grupo Comunista Internacionalista, nosotros hemos estado (y estamos todavía) confrontados a la siguiente situación.

Por un lado nuestros compañeros en Irak afirman que su fuerza es nuestra fuerza y que lo que impide hoy a las fuerzas coligadas de la contrarrevolución el transformar la reorganización local del Estado en ofensiva abierta, es precisamente el hecho de nuestra fuerza internacional. Más precisamente, insisten en que lo que impide a nuestros enemigos directos (particularmente a los nacionalistas de todas las tendencias en Kurdistan) el pasar al ataque sistemático es la acción del GCI y otros grupos internacionalistas desarrollan en Europa y otros continentes, dado que la misma hace a los nacionalistas más vulnerables.

Del otro lado y en el mismo momento en Europa y en los países del continente Americano en donde tratamos de llevar adelante este tipo de acción, los compañeros próximos nos responden de una manera tal, que resulta evidente que no ven la importancia de este tipo de acción; que desconfían de la información que damos; que estarían de acuerdo, pero que quisieran firmar de otra manera; que están de acuerdo con tal consigna pero que tal otra les plantea problemas; que ese tipo de acción es simplemente propagandística y que en las circunstancias actuales, no sirve para nada, porque el proletariado de "aquí" no se interesa en lo que pasa "lejos", etc. (¡cómo si nosotros, comunistas, fuésemos a adaptarnos a lo que cree o piensa tal o cual proletario o incluso a lo que el proletariado de toda una región crea o piense!)

En síntesis, en el mismo momento en que para nosotros resulta imprescindible, vital, la acción internacional contra todas las fuerzas coligadas de la burguesía, nos encontramos confrontados a diez mil pretextos sectarios, antiorganizativos e individualistas, que a pesar de lo que quisieran quienes los defienden, contribuyen al objetivo de nuestro enemigos: aislar los sectores de vanguardia de nuestra clase.

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Frente a esto, el Grupo Comunista Internacionalista, en coherencia con los diferentes llamados efectuados a los grupos internacionalistas proletarios, ha desarrollado un conjunto de esfuerzos definidos como prioritarios para estructurar y centralizar nuestra actividad en la región de Irak en relación con la actividad desarrollada en otras partes.

Con nuestros modestos medios, hemos hecho todo lo posible para asegurar una mayor centralización de las diferentes estructuras en la región. Frente a la total carencia de comunicaciones a la que nos encontramos confrontados en Irak (el correo internacional no funciona, el teléfono solo anda dentro de algunas ciudades, pero a través del mismo ni siquiera nos podemos comunicar entre ciudades (5) y mucho menos internacionalmente) hemos redoblado esfuerzos para encontrar otras vías de comunicación interna internacional.

Por otra parte, al desarrollo y reorganización de la revista central en Árabe y a la publicación reciente de las tesis de orientación programática en ese mismo idioma (durante años las versiones que circulaban y se discutían habían sido hechas a la mano), hemos decidido agregar (dada la enorme importancia internacional de los acontecimientos que se desarrollan en la región y la avidez extraordinaria con que el proletariado de esta región recibe nuestros materiales) una nueva revista central de nuestro grupo en idioma KURDO que esperamos pueda aparecer próximamente.

Además y en la medida de lo posible, tratando de darle un cuadro más amplio a la acción directa de agitación y propaganda en la región de Irak, publicaremos una revista local, con la colaboración de otros grupos de proletarios como el "Grupo de Acción Comunista". Dicha revista será denominada "El proletariado internacionalista" (6).

En este mismo orden de ideas hay que comprender la acción asumida por militantes en diversos países para imprimir y pegar el cartel que reproducimos al final; acción en la cual no se trataba de "solidarizarse con" los proletarios de Irak, sino de actuar conjuntamente para afirmar nuestra misma lucha, nuestros mismos intereses, la misma comunidad, la misma fuerza para enfrentar y hacer imposible la tentativa burguesa de reprimirnos "paquete por paquete".

Es fundamental el hacer esta diferencia entre lo que puede significar de una parte, la falsa solidaridad comprendida como una mediación espectacular que une ficiticiamente obreros de diferentes países y por la otra, la solidaridad activa, gestada en la lucha común.

Carteles o volantes que llamen "aquí" a la solidaridad con "allá", que apelen a la compasión, a la realización de colectas de ayuda o a juntar firmas, a escribir cartas a los torturadores o pedir la ayuda de los parlamentarios... no solo, no molestan a la burguesía, sino que además constituyen la política por excelencia de la Socialdemocracia para canalizar las necesidades naturales de las luchas proletarias, como por ejemplo la necesidad de luchar por la liberación de los compañeros presos, como la denuncia de la represión en una región, como la necesidad de hacer conocer la lucha a nuestros compañeros de otra parte. Es por excelencia la política burguesa para el proletariado, en la medida en que tiene por objetivo el transformar la necesidad de la acción directa contra el Capital, en una empresa de colaboración con los burgueses de ese lugar.

En el extremo opuesto se encuentra la acción directa del proletariado, del comunismo contra el Capital. La difusión de volantes o el pegado de carteles forman parte de esta acción solo en la medida en que se inscriben en una perspectiva mundial proletaria, en función de que por su contenido, por su forma, dicha acción se encuentre en coherencia con el hecho objetivo de que el proletariado solo tiene una manera de ser solidario con sus hermanos de clase: la acción directa contra su propia burguesía. En lugar de llamar a la compasión o a la admiración por las acciones que se desarrollan en otra parte, la acción comunista de propaganda y de agitación tiende a hacer posible la generalización de la lucha, pone en evidencia que aquí y ahora, las contradicciones son fundamentalmente las mismas, y que si los proletarios actúan insurreccionalmente en otra parte, ello no se debe a ninguna particularidad local, sino a las razones generales que "nos" conciernen directamente,... lo que implica que también "nosotros" debemos y podemos actuar insurreccionalmente. Por eso, en las circunstancias actuales, nuestros carteles ponen en evidencia que la acción del proletariado iraquí muestra la única vía posible para eliminar las guerras para siempre.

Para nosotros, comunistas de Irak, de Irán, de Inglaterra, de España, de Alemania, de Francia, de América del Norte y del Sur, o de otras partes, la pegatina realizada de ese cartel es mucho más que una simple pegatina. Es una manifestación puntual y modesta de la fuerza mundial que el proletariado tiende a estructurar y de su esfuerzo de unificación contra su diseminación nacional o/y lingüística, de su tentativa (aún débil) de actuar, en un mismo momento, en diferentes partes del globo, tratando así, de imponerle al adversario social, un terreno de combate, mucho menos seguro para éste y opuesto, al que en general, el capital logra imponerle. En efecto, nada mejor, para las organizaciones nacionalistas, humanitarias, religiosas que el ocuparse de "cada proletariado" (es así que la burguesía lo comprende) en función de "su" banderita nacional.

Solo, obligando cada vez más a la burguesía, a combatir en las arenas movedizas, que constituyen para ella, la actividad internacional del proletariado, lograremos impedir que nos aplasten en Irak y prepararemos, las luchas del mañana en todas partes.

No se trata pues, de lanzar llamados platónicos al apoyo universal, se trata por el contrario, de contraatacar políticamente, con la ayuda de todos los sectores de vanguardia proletaria y de los militantes de diferentes latitudes a la burguesía internacional y de destruir así, su tentativa de aislar y liquidar por el humanismo y el nacionalismo, algunos de nuestros mejores compañeros. Por encima de todo, se trata de quebrar violentamente el aislamiento y el olvido que intentan imponer, de una de las más importantes tentativas de afirmación de nuestra clase en el mundo actualmente.

Repitámoslo una vez más, el derrotismo dominante, se combina hoy, con el programa histórico de la Socialdemocracia, para negar la importancia de nuestra acción. La clave de la política socialdemócrata al respecto, sienta sus bases en el débil nivel de consciencia de nuestra clase, en cuanto a su realidad mundial y tiene por objetivo, el liquidar la posibilidad de la acción directa, para lo cual se presenta dividido y se divide objetivamente al proletariado en un conjunto de "situaciones objetivamente diferentes en cada país", lo que tiende invariablemente a justificar la imposibilidad de la acción directa simultanea "aquí y ahora". Dicha política reduce el proletariado al silencio, al imponerle la intermediación de la burguesía, obligándolo a recurrir a las mediaciones y los intermediarios institucionales (7). De todas maneras, se le dice, al proletario, lo que "allá" sucede nada tiene que ver tu situación "aquí", y lo único que puedes hacer para "solidarizarte" con la lucha allá es aceptar los canales comunes ofrecidos: hacer un poco de propaganda para hacer conocer la situación allá, coleccionar firmas, enviar una carta de protesta, un poco de dinero, una delegación...

La contraposición histórica entre parlamentarismo y acción directa, se juega también a este nivel.

El campo del parlamentarismo y de la democracia tiende a mediatizar al máximo su acción, a separar las instancias de decisión y de acción, a separar la teoría de la práctica, a encasillar a los proletarios de cada país en la organización de acciones de "solidaridad" por procuración.

El campo de la acción directa y del comunismo, busca por el contrario, asumir violentamente la acción contra su enemigo en el sentido fundamental de la afirmación de la lucha sobre nuestro terreno: el de la confrontación directamente internacional, el de la afirmación -insoportable para la burguesía- de nuestra comunidad de lucha, de nuestro ser común.

Cuando los proletarios de una decena de países actúan al unísono (a pesar de todos los límites actuales) y planifican una acción para llevar a cabo conjuntamente (y si es posible simultáneamente) afirmando los mismos intereses y los mismos objetivos, contra el mismo enemigo y contra la indiferencia que éste va logrando imponer... están objetivamente contratacando violentamente a la burguesía.

Somos conscientes, del enorme desfasaje que existe hoy, entre las agresiones que soporta nuestra clase en todas partes del mundo y las dificultades existentes para reaccionar a esos ataques. En este sentido es evidente, que esta acción común como todas las otras iniciativas tendientes a centralizar nuestra lucha en Irak, solo constituyen un mínimo al lado de la inmensidad de tareas a asumir. Es claro que, para destruir el sistema de muerte que nos ahoga, se requerirán mucho más que esos modestos pasos que hoy damos a contra corriente.

Pero dada la ausencia trágica de estructuras de centralización internacional del proletariado, es importante el subrayar hoy, el hecho de que compañeros originarios de diferentes horizontes y viviendo en diferentes partes del mundo, hayan tomado la iniciativa de centralizarse y a contracorriente del antiorganizacionismo y del sectarismo dominante, hayan podido así actuar como un solo cuerpo, vivir un momento de la necesaria "unidad creciente" del proletariado hacia la abolición definitiva de este mundo de muerte.

Hoy más que nunca, necesitamos de esta comunidad sustentada en la asumación práctica de la acción directa internacional. Los lazos que se contraponen al individualismo y al sectarismo dominantes se van forjando en esa actividad, en esa acción internacionalista y del desarrollo de la misma, nacerán los gérmenes de una organización comunista internacional del proletariado capaz de destruir para siempre la inhumana barbarie a la cual nos tienen sometidos.

¡Viva la revolución social mundial!

Long live to worldwide social revolution!

Es lebe die soziale Weltrevolution!

Vive la révolution sociale mondiale!

Abril 1993.

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Notas :

1. Tal vez, no esté demás el decir que lo que una revuelta proletaria contiene de particularismo y lo distingue de otra, es, sin excepción, un límite al universalismo comunista que el movimiento proletario contiene, una consecuencia de las contradicciones con que se desarrolla el capital, de las separaciones que esta sociedad genera, de los racismos y sexismos que la sociedad burguesa engendra, de las oposiciones culturales, los chovinismos regionales, las banderitas que existen por todas partes y que sin excepción son las expresiones ideológicas de la competencia capitalista.

2. Ver al respecto los números 15/16, 17, y 18 de Comunismo dedicados enteramente a la "Contrarrevolución y desarrollo del capitalismo" en Rusia. Ver en particular el artículo "La política internacional de los bolcheviques y las contradicciones en la Internacional Comunista (cronología)" en los números 17 y 18 de Comunismo.

3. Esto ya había sucedido en los años anteriores cuando en plena guerra Irán e Irak, nuestros compañeros afirmaban que la guerra civil en cada país era impresionante, que las aviaciones respectivas tiraban sobre sus propias tropas, que la aviación iraquí había masacrado así a decenas de miles de desertores, que cientos de pequeñas ciudades y pueblos habían sido dinamitadas y borradas del mapa por la fuerza militar baasista. Durante años fuera de la región hubo poquísimas voces que repercutieron esta información, nos encontramos con la incredulidad total incluso de los contactos y compañeros más próximos. Fue en plena Guerra del Golfo, cuando la burguesía occidental rompió sus alianzas con Saddam Hussein, cuando le interesó divulgar lo que antes había ocultado, cuando los periódicos de todo el mundo decidieron mencionar, al pasar, que "la represión había hecho desaparecer unos 4000 pueblos y aldeas" o cuando las televisiones occidentales decidieron hacer el espectáculo acerca de los bombardeos químicos que, su aliado de ayer, Saddam hacía contra "su propia población", que muchos contactos y compañeros próximos creyeron al fin (!) que lo que habíamos dicho durante años no era ninguna exageración!!!

4. Debemos responder aquí a una vieja acusación hecha a los comunistas que toman iniciativas. Lo que hemos afirmado no significa evidentemente la negación de la necesidad de la discusión en el seno de la comunidad de lucha proletaria. Claro que debemos desarrollar mil instancias de discusión internacional y de centralización de esas discusiones. Pero paralizar la acción internacionalista, sobretodo en un período en donde no existe ninguna estructura permanente de centralización de la acción y de la discusión del proletariado internacional, en donde predomina el individualismo, el sectarismo y la defensa del particularismo, con el pretexto de que cada participante en esta acción esté de acuerdo con cada expresión, o que cada uno sea consultado por cada paso del movimiento, significa, llanamente liquidar toda posibilidad de acción común internacional. Un paso adelante de nuestro movimiento, es más importante que una docena de programas, dijo un día un muy viejo y querido compañero. En esa misma línea Marx y Engels no esperaron la consulta de todos sus contactos y compañeros para pasar a la acción directa, para impulsar el movimiento internacional, cuando por ejemplo redactaron y publicaron el "Manifiesto del Partido Comunista" en 1847.

5. El lector puede darse una pequeñísima idea de estas dificultades si le decimos, que por ejemplo, para dar una información a compañeros de otra ciudad, no hay más remedio que viajar y que además de los riesgos que esta empresa comporta (decenas de controles policiales, o de milicias nacionalistas, según las regiones, riesgos de asaltos, etc.) el precio de este viaje de ida y vuelta puede llegar a ser el 80 o el 100 por ciento del salario mensual de un compañero!

6. Cómo otras revistas locales de nuestro grupo (Parti de Classe en Francia, Action Communiste en Bélgica, Boletín en España), en contraposición con las revistas centrales ("Comunismo" en todos los idiomas) la aparición de esta publicación estará supeditada a la necesidad y posibilidad de acción local de agitación y de propaganda, y no pretenden ser revistas con periodicidad regular.

7. Lo que implica no solo imponerle la inacción, sino el reconocimiento como "válido para lograr sus objetivos" de instituciones estatales que son nuestros enemigos, o mejor dicho, recuperando la acción en la calle contra el Estado y transformándola, en una acción en la que se acepta al Estado, como el único mediador válido.

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Cartel :


Ayer, 7 de marzo de 1991: la insurrección proletaria en Irak contra la guerra y contra todas las fuerzas capitalistas, mostraba al proletariado del mundo entero el único camino a seguir para eliminar las guerras para siempre.

Como siempre, contra ello, del otro lado de la barricada, actuaban, como un solo cuerpo, todas las fuerzas mundiales del capital, para liquidar la autonomía de nuestra clase.

Hoy, 7 de marzo de 1993: los nacionalistas, los demócratas, las organizaciones humanitarias, los pacifistas continúan movilizados para aplastarnos, tanto en Irak, como en Yugoslavia, Somalia, El Salvador...

¡Ayuda internacional = desarme y represión del proletariado!

Nacionalistas kurdos = Baasistas = O.N.U.

¡Ser patriota, es ser asesino!

¡Contra el parlamento kurdo, contra el Capital y todos sus Estados!

¡Por la revolución social mundial!

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CO33.2 No dejemos la elección de las armas a la burguesía¡ Acción directa eInternacionalismo ! a propósito de una pegatina internacional