CO32.4 1914-1918: La socialdemocracia como partido patriótico ... y algunas rupturas

 

Lo único que retiene la historia oficial de la guerra, que desgarró al mundo entre 1914 y 1918, es... la guerra!!, Las clases sociales y sus luchas, son negadas, y excluidas de la historia. Las contradicciones que se describen en los libros de historia son los que dividen las comunidades nacionales, separadas y luego opuestas por sus fronteras. Es así, que cada uno de nosotros, se ha visto obligado un día, en los albores de su adolecencia, a subir al estrado, para repetir de memoria las bestialildades que un profesor nos hacía estudiar acerca de tal o cual "pobre o descaecido país" que fue atacado, o traicionado, o ambas cosas, por un monstruoso dictador.

En el paraíso ideológico de la burguesía, todo es cuestión de honor nacional, de defensa de la república, de lucha contra la autocracia..., las clases sociales no existen. ¡Y claro está!, que para envíar al proletariado a la masacre, es necesario, antes que nada, el negar su existencia como explotado, inyectarle el sentimiento de pertenencia, de formar parte, de la sociedad civil. El proletariado, transformado así en ciudadano, participa, al lado de la clase que le hace sudar todos los días para extraerle trabajo excedentario, en la defensa de la "nación". La posibilidad que tiene el burgués de llevar adelante una guerra contra un competidor depende esencialmente de su capacidad para imponer esta monstruosa disolución de los intereses del proletariado en el patriotismo, de romper la autonomía clasista del proletariado y subordinarlo a los intereses de la "nación", es decir a sus propios interéses.

En estos momentos, en que la guerra encuentra cada día nuevos desarrollos y en los que el proletariado es negado más que nunca, el recordar que el proletariado es el centro de la guerra resulta de más actualidad que nunca.

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Esta memoria obrera que hoy publicamos, nos permitirá restituir los debates organizacionales que precedieron el estallido de la guerra de 1914-18. Tomaremos como ejemplo a Francia, para seguir paso a paso las rupturas y las no rupturas que se llevaron adelante bajo o contra banderas tan diversas como las del anarcosindicalismo, las del anarquismo y las del socialismo.

Primero, veremos como, sobre el telón de foro de la ola de luchas internacional en 1905, el antimilitarismo fue la respuesta burguesa a la lucha del proletariado contra la guerra. Veremos luego, como las fracciones más de izquierda de la Socialdemocracia (1), desviaron toda veleidad de acción directa encerrándola en el marco de una sumisión a la disciplina democrática de sus sindicatos y de sus partidos.

Asimismo, describiremos brevemente la violencia de la adhesión del proletariado a la Unión Nacional y Sagrada, desde que los primeros cañonazos fueron tirados en 1914. Para ilustrar esta repugnante fusión entre las clases presentaremos las declaraciones oficiales de las corrientes llamadas "anarquistas", "anarco-sindicalistas" o "socialistas"; corrientes que un poco antes juraban a sus grandes dioses que nunca las veríamos empuñando el fusil para defender su patria.

Finalmente, presentaremos algunos textos significativos de minorías que, a contra-corriente, mantendrán firmemente levantada la bandera de la lucha contra toda guerra, anunciando, así, la violencia revolucionaria del proletariado, que surgirá en los campos de batalla, a partir de 1915, y que obligará, poco a poco, a la burguesía mundial, a parar la masacre.

Para presentar estos extractos de texto no vamos a entrar en el detalle y en desarrollos de los diferentes momentos de revolución y contrarrevolución que hizo surgir este período de la historia. El lector tendrá que dirigirse a los diferentes artículos de nuestras revistas que tratan este período (2) para conocer los argumentos "defensistas" de las distintas fracciones burguesas en presencia, lo que le permitirá ver al Estado Alemán convenciendo a sus "socialistas" (¡los más poderosos del mundo!) de votar los créditos de una guerra democrática, "para terminar definitivamente con el monstruo imperialista y autocrático ruso", y al Estado Francés, aliado al Ruso, argumentando, por la misma democracia, para cooptar "socialistas" y "anarquistas" y realizar la Unión Sagrada y poder así "partir en cruzada contra una Alemania eternamente guerrera".

En este artículo sobre la guerra y la revolución, publicamos frente a frente, ejemplos de ruptura y no ruptura, de diferentes "familias sagradas" políticas, para mostrar una vez más, que más allá de la apelación de tal o cual grupo u organización, lo que es esencial, es la práctica social que recubre la actividad militante de estos grupos.

El "anarquismo" y el "marxismo", como ideologías, se remiten mutuamente la imagen de una "sagrada familia", que toma más consistencia aun por la competencia que entre las mismas se libran, atacándose y defendiéndose en todo momento, como si efectivamente fueran familias. La ideología deviene materia.

Y como Marx explicó para la "Santa Trinidad" cristiana, que encuentra su secreto y devela su mentira en la "familia terrestre" (al no ser aquella más que la imágen idealizada de ésta); el secreto de las "sagradas familias" "marxistas" y "anarquistas", encuentran su respuesta y su negación práctica, en la contraposición histórica y violenta, entre revolución y contrarrevolución. Dicha contraposición práctica se concretó tanto entre los "comunistas", como entre los "anarquistas". La oposición práctica total, entre un Miasnikov y un Stalin, puede ejemplificar el caso de los "comunistas"; mientras que la lucha de Severino Di Giovanni contra Abad de Santillan es un exelente ejemplo de la contraposición entre los "anarquistas" comunistas, los revolucionarios y los "anarquistas" socialdemócratas, o de salón como se les conocía en la época!!!

Recordemos al lector poco advertido que Stalin fue, desde el centro del Estado capitalista vestido rojo, el asesino de nuestro compañero Miasnikov, y que Severino di Giovanni, fue el compañero que acribilló a balazos al secretario general de "La Protesta", Lopez Arango, periódico que bajo la dirección de Abad de Santillán (3) en los años 20cae en el reformismo, y el pacifismo burgués y que trata a Di Giovanni de "policía" porque llevaba adelante la acción directa contra el Estado.

Las "sagradas familias" "marxistas" y "anarquistas" no existen... hay que destruirlas (4)!!!

La unidad del "marxismo" o del "anarquismo" no existen como comunidad programática, (es decir como comunidad de práctica militante y proyecto histórico) sino solo como ideologías que se han materializado, como comunidades ficticias y en este sentido hay que destruirlas.

En antagonismo al triste formalismo y al imbécil "espíritu de familia" que reina alrededor de la reivindicación de la revolución, queremos contribuir a demoler estos mitos demostrando, en esta breve zambullida histórica, que el nombre que tome una organización de la revolución (o de la contrarrevolución) no constituye nunca el elemento determinante para evaluar la práctica militante que la misma implica, ni el proyecto social que contiene.

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Revolución y contrarrevolución se contraponen de la misma manera que comunismo y capitalismo, que proletariado y burguesía; sin embargo esta frontera entre los programas de revolución y de conservación del mundo no recubre, en absoluto, tal o cual expresión formal, tal o cual apelación.

Esta pequeña indicación podría parecer elemental, superflua; sin embargo, esa es la metodología que utiliza el reformismo, para explicar que una corriente es revolucionaria o no. Es así que muchos grpos de la izquierda burguesa, que se reclaman formalmente del "comunismo", explican la quiebra del "anarquismo" tomando como base las declaraciones ultra belicistas efectuadas por ese contrarrevolucionario que fue Kropotkin; para luego, en base a la amalgama formal, invalidar toda expresión clasista, que pueda surgir en el futuro, por el hecho de levantar la bandera de "la anarquía". Lo que equivaldría, más o menos, a que los "socialistas-revolucionarios" hubiesen argumentado en 1914 el carácter contrarrevolucionario de todo "partido comunista" so pretexto de la quiebra del partido Bolchevique, dado que la mayoría de su sección en Francia, (bajo la dirección de Antonov-Ovséenko), se enrolaba en 1914 en el primer regimiento republicano ruso, para defender la República francesa!!

Los términos "socialista", "anarquista" o "comunista" no garantizan, en un ápice, el carácter clasista de aquellos que se endosan la etiqueta: bajo todas estas autodenominaciones hemos encontrado los más asérrimos defensores del Estado. Los grandes teóricos del reformismo, los Lassalle, Bersntein, Proudhon, Kautsky, Abad de Santillan..., todos estos defensores de un orden burgués, depurado de sus contradicciones, se llamaron "socialistas", "anarquistas"...

Estos ideólogos socialdemócratas, durante los momentos claves de la lucha entre las clases, justificaron la acción de los hombres decisivos en la defensa del Capital y del Estado burgués: Noske y Scheidemann en 1919 en Alemania, los ministros "anarquistas" en 1936-37 en España, Stalin en Rusia,... Incluso, en el transcurso de este período, fue en nombre del "socialismo" y del "anarquismo" que tanto Plekhanov como Kropotkin llamaron a defender la patria y a morir por ella.

La revolución, en antagonismo con todos estos contrarrevolucionarios que acabamos de citar, fue llevada adelante y desarrollada por compañeros que se llamaron "comunistas", pero también "anarquistas", "socialistas", "socialistas revolucionarios", "comunistas anarquistas"... y hasta "liberales" (!!) como fue el caso de la organización revolucionaria de Ricardo Flores Magon, Praxedis Guerrero y Librado Rivera, durante la revolución proletaria en Mexico... (5)

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En vez de hacer una larga disertación a propósito de este sujeto, hemos decidido ilustrar esta cuestión a través de la simple yuxtaposición de extractos de textos, rápidamente presentados y comentados, en torno a posiciones tomados al interior de diferentes corrientes u organizaciones políticas antes, durante y después de la guerra 1914-18. Nos hemos limitado a un ejemplo, Francia, y a las posiciones de las corrientes "socialistas" (Partido Socialista Francés), "anarcosindicalistas" (CGT) y "anarquistas" (diferentes organizaciones).

Digamos simplemente, sin hacer la historia de estas tres corrientes, que el Partido Socialista Francés no fue más que un representante típico de la Segunda Internacional contrarrevolucionaria; que la Confederación General de Trabajadores, como sindicato, no fue más que una realización reformista empapada de ideología anarquista, organizada, subsidiada, apoyada por el Estado para encuadrar a los obreros en negociaciones "responsables" de su fuerza de trabajo. A los "anarquistas" se los encontrará tanto al interior del Partido Socialista (Hervé y Almareyda nunca ocultaron su simpatía por el "anarquismo"), como al interior de la CGT, u otros grupos como "Les Temps Nouveaux" (Los Nuevos Tiempos) que jamás tuvieron algo de revolucionario.

Fue, en base a rupturas profundas, a propósito del apoyo o no de la patria, que surgirán, de estas diferentes corrientes u organizaciones, las rupturas clasistas e internacionalistas contra la guerra.

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1. El antimilitarismo antes de la guerra

Los tres primeros extractos de texto que reproducimos aquí son anteriores al desencadenamiento de la guerra. Se trata de textos antimilitaristas que muestran el oportunismo de sus autores: pues poco más tarde, esos tres autores se posicionaron abiertamente a favor de la guerra; lo que veremos en nuestra segundo capítulo.

Desde el punto de vista del desarrollo contrarrevolucionario de sus autores, la simple lectura de estos textos no es suficiente, pues los mismos expresan también, aunque de manera confusa, la poderosa corriente anti-guerra que se manifestó un poco después de los movimientos revolucionarios de 1905. En esa entonces, la lucha revolucionaria se expresaba tras el apogeo de las contradicciones entre las diferentes potencias capitalistas. En el antimilitarismo hay que ver, antes que nada, el rechazo proletario de la guerra, que se expresó tanto en Alemania, (así, por ejemplo, Karl Liebknecht publica "Militarismus und Antimilitarismus") (6) como en Austria-Hungría, en donde se crea el "Círculo Galileo", etc.

La lucha contra el militarismo manifiesta la resistencia del proletariado a dejarse enrolar bajo las banderas patrióticas de la burguesía. Como lucha internacional, condujo a una importante fracción del proletariado a reafirmar la esencia antipatriótica de su programa, y por ello a rupturas con la dictadura de la Socialdemocracia. Cuando la guerra se puso al orden del día, la denuncia del nacionalismo y del patriotismo, fueron aspectos concretos de singunlar importancia, de la lucha contra el programa de destrucción que la burguesía edificó contra el proletariado. Es en este sentido, que la insurrección, como única alternativa real a la guerra, fue planteada, en la acción, por las minorías proletarias.

Evidentemente, a toda ruptura proletaria corresponde una tentativa de respuesta de la parte de la burguesía. En aquellos lugares en donde el proletariado oponía la insurrección a la guerra, la burguesía formuló sus propias alternativas: lucha por la paz, frente con las organizaciones burguesas, unidad nacional, sindicalismo, electoralismo, etc. Los textos que citamos a continuación son manifestaciones de un antimilitarismo pintado de radical que tuvieron como objetivo el ahogar el proyecto proletario en las aguas de un "abajo la guerra", formulada sin perspectiva, a la imagen del famoso cuadro de Munsh "El Grito" en donde solo los sentimientos de angustia y terror sin perspectiva aparecen como reacción frente al abismo guerrero.

Estos textos se caracterizan, entonces, e independientemente de la corriente política, "socialista", "anarco sindicalista" o "anarquista", a la que se refieren, por tener un mismo discurso antimilitarista radical, por medio del cual los autores, tratan de reintegrar las veleidades revolucionarios del proletariado en el cuadro de las organizaciones reformistas que estos defienden (la CGT para Jouhaux, el PSF para Hervé), o de conducirlas al más llano pacifismo civil (Jean Grave).

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"El congreso considerando que: poco importa a los proletarios la etiqueta nacional y gubernamental de los capitalistas que lo explotan, que el interés de los trabajadores no tiene posibilidad de diversión, la lucha contra el capitalismo internacional repudia el patriotismo burgués y gubernamental que afirma mentirosamente la existencia de una comunidad de intereses entre los habitantes de un mismo país; afirma que el deber de los socialistas de todos los países, es el de luchar por instaurar el régimen colectivista o comunista y el de defenderlo, cuando hayan logrado establecerlo; y con respecto a los incidentes diplomáticos que amenazan la paz de Europa, invita a todos los ciudadanos a responder a toda declaración de guerra, de cualquier lado que venga, a través de la huelga militar y la insurrección."
Moción presentada por Gustave Hervé al Congreso de Nancy del Partido Socialista Francés en 1907

Un "socialista"

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"Estas querellas intestinas jamás disminuirán nuestros sentimientos internacionalistas. Jamás nos opondrán a nuestros hermanos de Alemania o Inglaterra; entonces, ¿quien osará pretender esto? Nosotros aplicamos los dos principios que fueron la base de la primera internacional obrera: los trabajadores no tienen patria y trabajadores de todos los países, unios... Los que no poseemos absolutamente nada, los que estamos obligados a luchar para defender nuestros derechos a la existencia, ¿cómo podríamos concebir la idea de una patria?... Trabajadores alemanes y trabajadores francéses respondamos a los gritos lúgubres de las hienas de la finanza, a los gritos feroces de los tigres del patriotismo, con el grito cada vez más vibrante ¡ABAJO LA GUERRA!
León Jouhaux dirigente de la Confederación General de Trabajadores, 1907.

Un "anarco-sindicalista"

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"Hace tiempo que se dice: el sistema de la paz armada es un sistema que no puede eternizarse, que conduce a las naciones al fracaso o a la guerra! Sin embargo hace más de cuarenta años que esto dura y que se sigue estirando la cuerda.
Pero cuando le pedimos a la cuerda que levante más que lo que comporta su fuerza de tracción la misma se rompe. Y cuanto más estiramos, cuanto más pedimos de tirar, más rápido se acerca el momento en que ella se romperá.
Solamente los tiburones que viven de la paz armada no tienen miedo a que se rompa la cuerda, puesto que encontrarán, en el conflicto que podría ocasionar esta locura armamentista, medios para ganar aún más y más rápido.
... ¡Ah! si aun quedase alguna energía en los trabajadores, si tuvieran conciencia de los cataclismos hacia los cuales los encaminan, tendríamos que haber visto levantarse, desde que fue cuestión de la ley de tres años, por todos lados las indignadas protestas de todos aquellos que están hartos de pagar con su libertad, sangre y sudor, las vergonzosas maniobras que deben asegurar algunos millones de beneficio a los mercaderes de la finanza, de la política, de la industria,...
Los gritos de reprobación tendrían que haber sido tales que debieran haber ahogado los alaridos del militarismo, hecho callar la boca a los lobos cervales del patriotismo."
Jean Grave en "Temps Nouveaux" (diario "anarquista") No.63, 1913

Un "anarquista"

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Estas tomas de posición del "anarco sindicalista" Jouhaux y del "anarquista" Grave son el ejemplo eminente del grito pacifista y del llamado inconsecuente.

Lo mismo sucede con el texto del "socialista" Hervé, pero en este caso, el radicalismo es aún más fuerte. Lo que limita la posición defendida por Hervé a propósito de la guerra (y que la transformará luego en una posición abiertamente patriótica) no es el viraje que su autor llevó adelante cuando la guerra se desata, ni tampoco es, evidentemente, el hecho de formular una resolución oponiendo la insurrección a la guerra en el Congreso de Nancy de 1907. Lo que por el contrario, hace de sus posiciones "insurreccionalistas", un momento de una práctica que llevará a su autor a los brazos de la contrarrevolución, es el hecho de que a pesar del rechazo, por parte del Partido Socialdemócrata, de sus resoluciones de oponer la insurrección a la guerra, Hervé jamás llamó a la ruptura con la Social Democracia. Por el contrario, cuando Hervé y su periódico "La Guerra Social" (7) ordenan enrolarse en el Partido Socialista Francés, manteniendo algunas consignas en ruptura con este partido, hicieron oficio de anzuelo de extrema izquierda de la Socialdemocracia. El llamado a la insurrección, al anti-patriotismo, no fueron más que caretas que terminaron de desorganizar las últimas fracciones del proletariado que todavía no habían sucumbido a las seducciones reformistas de la Socialdemocracia.

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2. El belicismo durante el estallido de la guerra

Cuando leemos las impresiones de los militantes obreros que asistieron, totalmente impotentes, a la avalancha hacia la guerra, desde el desencadenamiento militar, el 2 de agosto 1914, todo parece increible. Solo un día antes, las manifestaciones, declaraciones, llamados, asambleas,... daban a estos militantes, la imagen de una clase obrera poco dispuesta a partir a la guerra.

Hemos visto algunos ejemplos de declaraciones anti-militarista durante los años que anteceden al conflicto mundial; veamos ahora estos discursos algunos días antes del desencadenamiento de la guerra.

El 27 de julio de 1914, solamente seis días antes de la movilización, una enorme masa de manifestantes expresa violentamente su oposición, en las avenidas de París, al llamado de la CGT. La carga de los milicos no impidió que, desde Opera a República, se escuchase un solo grito: "¡Abajo la guerra!"

Al día siguiente la CGT en su periódico "La Bataille Syndicaliste", reproduce la consigna "¡Guerra a la guerra!" y llama a realizar actos contra la guerra. Un orador prepara una intervención particularmente violenta bajo el título "La hora de la crápula, de la locura y del crimen no sonará":

"¡Ella no sonará! pese a lo que digan los cretinos y los aulladores del nacionalismo trasijado.
La comedia representada por los dirigentes de la Internacional capitalista hoy parece transformarse en tragedia de una barbarie insensata, inaudita; una tragedia que en su último acto sorprenderá, pues pondrá frente a frente, por el combate final, no a las naciones sino a la clase obrera contra la clase capitalista, al Pueblo y a los parásitos, a los que viven de su trabajo y a los que viven del trabajo de otros.
... Gritando: ¡Abajo la guerra! ¡Viva la revolución obrera! impediremos que suene la hora de la crápula, de la locura y del crimen." (8)
En Bruselas, el 29 de julio, se organizó un gran acto internacional en el que participaron las vacas sagradas de la Socialdemocracia internacional: Troelstra, Morgari, Luxemburgo, Vandelverde, Roubanovitch, Haase, Jaures,... en el que, como les corresponde, solo hablaron de paz. Mientras tanto en Paris, los obreros, realizan una manifestación masiva que fue reprimida por la policía.

El 1º de agosto "La Bataille Sydicaliste", órgano de la CGT, se insurge, todavía, contra la guerra. Pero desde que la movilización es decretada, al día siguiente, un artículo de lamentación de este periódico, concluye afirmando:

"¡Y que el nombre del viejo emperador François-Joseph sea maldito!"
Todo parece cambiar. El 4 de Agosto el editorial del mismo periódico dice:
"Es Austria que ha provocado la crisis; es Alemania que primero por su duplicidad, y luego por sus agresiones ha hecho surgir la chispa que coloca a Europa en el fuego... Evidentemente también es nuestro papel: contra el derecho del puño, contra el militarismo germánico, hay que salvar la tradición democrática y revolucionaria de Francia."
El 6 de agosto, sin ninguna sutilidad, el mismo periódico afirma:
"... La cuestión étnica tiene su importancia en el conflicto actual. Los Germánicos, de sangre más pesada, partiendo de un espíritu más sumiso y resignado, no tienen nuestro espíritu de independencia."
Para el proletariado la guerra no es inevitable. La capacidad burguesa de hacer partir el proletariado para hacer la guerra depende de la resistencia de éste, de su capacidad de luchar o de dejarse conducir al matadero. Los proletarios cuando aprueban y aceptan las justificaciones legalistas de las diferentes corrientes ("anarquistas", "anarco-sindicalistas", "socialistas") de la Socialdemocracia, cuando aceptan organizar su lucha en base a consignas reformistas, se preparan a aceptar las explicaciones burguesas que lo conducen de la mano hacia la guerra.

Es así que el "anarquista" Jean Grave, una vez terminada la guerra, a la imagen de todas las explicaciones dadas por los pacifistas patriotas que llevaron al proletariado a la guerra, y como síntesis de todas las justificaciones defensistas, expuestas por todos los que llamaron a la participación en el conflicto (tanto de extrema derecha como de extrema izquierda y desde Maurice Barres a la sección Bolchevique en París), declaró que:

"Hemos intentado hacer que la guerra sea imposible. No hemos sido escuchados. Regiones enteras fueron libradas al invasor que fusilaba, robaba, maltrataba a las poblaciones. Hubiese querido ver, a esos partidarios de la no-resistencia, persistiendo en afirmar que si actuaron así, lo hacían como anarquistas, revolucionarios; yo les hubiese respondido que actúan como Juan Carajo."
¡Ahí tenemos la justificación suprema! Francia debe defenderse frente al ataque (9) y luchar por su supervivencia; el deber patriótico obliga. Deber patriótico, deber "socialista", deber "anarquista", deber republicano, no son más que uno. Los intereses principales de todos estos patriotas socialdemócratas disfrazados de sindicalistas, socialistas, anarquistas,... fueron y son siempre: nacionales!!! Hay que realizar la Unión Nacional.

El "anarquista" Almareyda, lugarteniente de Hervé, va a visitar al Ministro del Interior Malvy para solicitarle la no aplicación del decreto que le permite encarcelar a los millares de militantes fichados en su famosa "Libreta B", donde se encontraban los nombres de los militantes más "peligrosos". Malvy acepta no ponerlos presos, a excepción de aquellos que alinea en la categoría de "anarquistas individualistas". Almareyda se decide, entonces, a ir a discutir con estos para hacerlos comprometerse a no llevar adelante ninguna acción contra la guerra. Malvy también acepta y Almareyda sirve, así, de intermediario entre el Ministerio del Interior y ciertos "anarquistas", los más irreductibles. Es así que participa en la solidificación de los últimos lazos, realizando la Unión Sagrada total. Y como premio por su obra de reconciliación, Malvy le otorga un subsidio su periódico "La Bonnet rouge".

Jouhaux, jefe de la CGT, jura que defenderá la patria contra el invasor ante la tumba de Jaures y, animado por el fuego más ardiente del puro patriotismo, grita, suficientemente alto para que toda Francia lo escuche:

"En nombre de todos aquellos que partimos, yo declaro que no es el odio al pueblo alemán que nos empuja a los campos de batalla, sino el odio del imperialismo alemán."
Este crápula, de quien ya presentamos ariba algunas muestras de su antimilitarismo, escribirá toda una serie de artículos a propósito de la guerra y de los problemas que ella plantea (especialmente ocio, trabajo, economía; un buen programa edificador); citemos un pasaje de uno de sus artículos del 14 de Agosto que se titula "¡Aprovechemos!":
"¡Aprovechemos! Aprovechemos la guerra, aprovechemosnos del bloqueo de Alemania, de que no puede comunicarse más con sus clientes en el exterior, para tomarle el mercado."
¡Aterrador!
¿Traición, viraje,...?

Hay, de hecho, continuidad en la práctica. Socialdemocracia y patriotismo son inseparables; lo que los determina, antes que nada, es la defensa de la nación, de la república. Para refrescar la memoria solo es suficiente recordar la resolución de la 2º Internacional a propósito de la guerra y del anti-militarismo:

"La paz es la condición primera e indispensable de toda emancipación obrera."
La "traducción" es clara: los obreros deben luchar, al lado de "sus" explotadores, para imponer la paz, la paz social, la paz de las tumbas; en otras palabras se tiene que reclamar las condiciones que permitan el desarrolla de su explotación. Estas posiciones social-chovinistas ("participar, si pero...") tienen como única función el hacer participar a los proletarios en las masacres en defensa de intereses que no son, ni serán jamás, los suyos. Hervé, el que en 1901 llamaba, espectacularmente, a quemar la bandera tricolor, afirma así:
"Socialismo, si, pero antes tenemos que luchar contra los opresores, contra la avalancha prusiana que arruina la Francia. El partido socialista, animado por el ardor patriótico, republicano y socialista, va a luchar, hasta con el pico y las uñas, por la defensa de la patria en peligro."
Vaillant, exblanquista y luego jefe del Partido Socialista, refiriéndose a la Carta de la 2º Internacional, justificará, el envío del ejército contra los proletarios de Alemania, en estos términos:
"La guerra debe ser llevada contra el imperialismo alemán y no contra el pueblo alemán al que queremos liberar."
El 2 agosto termina, durante el meeting de la sala Wagram, su discurso proclamando:
"Los socialistas ejercerán tanto su deber patriótico como su deber socialista. Frente a la agresión los socialistas cumplirán todos sus deberes, por la patria, por la república, por la revolución."
Entre los dos momentos (antes de la guerra: defensa de la paz contra los horrores de la guerra, y durante la guerra: defensa de la patria contra el enemigo que nos invade) no hay viraje, ni traición, sino continuidad; dado que la guerra y la paz no son más que dos manifestaciones de la evolución del capital mundial, dos momentos de la contradicción valorización y devalorización y que la defensa de uno implica la del otro.

El reconocimiento de la patria y de la nación forman parte de esos dos momentos del capital: antes de la movilización se lucha por la paz puesto que la guerra desencadena catástrofes y monstruosidades; y durante la guerra, se lucha por la seguridad del territorio y de los ciudadanos.

Vaillant le dará unos garrotazos más al proletariado para convencerlo de ir al frente:

"La preocupación de asegurar la seguridad de la nación francesa es también enorme para nosotros, socialistas, como lo es para todos los otros ciudadanos, porque tenemos en vista, más que cualquier persona, la defensa de la república, la única que permitirá la realización de la transformación social necesaria, al advenimiento de la república socialista."
A continuación, reproducimos algunos extractos que hemos escogido para ilustrar lo que se presentó como una traición, como el fracaso de la Socialdemocracia y que no es más que la manifestación más clara del carácter intrínsicamente contrarrevolucionario de una fuerza que siempre tomó como referencia el legalismo, el parlamentarismo, la democracia, la nación, así como también, el asambleismo y el sindicalismo; en una palabra el programa de reformas del Capital, independientemente de las apelaciones formalmente adoptadas. He aquí algunas manifestaciones literarias de las flores envenenadas que los "socialistas", "anarquistas" y "anarcosindicaistas" depositaron sobre los fusiles de los proletarios que enviaban al frente!!!!!

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"La derrota de Alemania y Austria será fatalmente un triunfo y una consolidación de la democracia, un golpe mortal al militarismo y a los sobrevivientes del absolutismo feudal en los estados alemanes. (...) La Internacional socialista, considerando la guerra como un hecho consumado que no pudo impedir, se interesa profundamente en tales resultados de la guerra. Es por ello, que es deber de los socialistas de todos los países, el influir activamente en la marcha de la guerra hacia esta dirección y el ahogar todas las tentativas posibles de la reacción de todos los países interesados en transformar la victoria sobre Alemania en una victoria de la reacción y del chovinismo sobre la democracia, en particular sobre la democracia alemana y rusa.
Nuestros camaradas franceses participan activamente en la guerra para realizar este deber, para alcanzar estos objetivos.
Tomando todo esto en consideración, nosotros, socialistas rusos, estamos profundamente convencidos de que serviremos fielmente los intereses del proletariado internacional permaneciendo enemigos de la autocracia rusa, y que manifestamos, enfin, un máximo de voluntad de acción socialista consciente enrolándonos en el ejército de la República francesa, con las consignas:
¡Viva la República!
¡Viva la República alemana!
¡Abajo el zarismo!
¡Viva el socialismo alemán!"
Declaración de socialistas rusos enrolados como voluntarios en el ejército francés, 21 agosto 1914

Un "socialista"

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"Inmensas esperanzas, incalculables esperanzas, se levantan sobre el mundo... Partid sin amarguras, sin arrepentimientos, camaradas obreros, que se llama a las fronteras para defender la tierra francesa.
... Partid sin amarguras, sin otras intenciones, camaradas obreros. Es por la revolución que vosotros vais a combatir.
Y si tuvierais que caer, todos los que queden vivos, jóvenes y viejos a quienes todavía no les ha llegado la hora, pero que les llegará, todos os hacen. el sermento solemne, y al mismo tiempo el beso de adiós: soldados avanzados de la Revolución, no es en vano que caeréis."
"Partid sin amarguras" de Charles Albert, en "La Bataille Syndicaliste", 8 agosto 1914

Un "anarco-sindicalista"

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"En lo profundo de nuestra conciencia, la agresión alemana es una amenaza, puesta en ejecución, no solamente contra nuestras esperanzas de emancipación, sino contra toda la evolución humana. Es por ello que nosotros, anarquistas, antimilitaristas, enemigos de la guerra, partidarios apasionados de la paz y de la fraternidad entre los pueblos, nos hemos enrolado del lado de la resistencia, y no hemos creído que nuestro deber sea separarnos del resto de la población. No creemos necesario insistir en que hubiésemos preferido ver a esta población tomar, en sus propias manos, su defensa. Frente a la imposibilidad de esta perspectiva, no hay más que soportar lo que no se puede cambiar. Nosotros estimamos, con aquellos que luchan, que, a no ser que la población alemana, retomando las más sanas nociones de la justicia y del derecho, renuncie finalmente a servir mucho más tiempo de instrumento a los proyectos de dominación política pangermánicos, no puede aceptarse la paz. Sin lugar a dudas, a pesar de la guerra, a pesar de los muertos, no olvidamos que somos internacionalistas, que queremos la unión de los pueblos, la desaparición de las fronteras; y es por que queremos la reconciliación de los pueblos, y también la del pueblo alemán, que pensamos que hay que resistir a un agresor que representa el aniquilamiento de todas nuestras esperanzas de liberación."
Extracto del "Manifiesto de los Dieciséis", 28 febrero 1916

Un "anarquista"

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Para ilustrar el belicismo, bajo los colores del "socialismo", hemos escogido algunos extractos de la declaración de los voluntarios rusos, declaración que fue hecha a iniciativa de una serie de miembros de la Sección Bolchevique en París, para justificar su enrolamiento en el Primer regimiento republicano ruso, que partía a defender los colores de la República Francesa. Esta posición no es más que la consecuencia lógica de la no ruptura, tanto teórica como organizacional de esta organización, con la Segunda internacional.

Estos extractos también tienen el mérito de destruir toda la leyenda que históricamente se hizo dominante en torno a la pretendida intransigencia del partido Bolchevique, único portador de posiciones internacionalistas a pesar del estallido de la guerra y la histeria nacionalista; ¡Completamente falso!. La confusión fue enorme en toda la inmigración rusa, tanto en los Bolcheviques, como en los Mencheviques o los Socialistas-revolucionario, en 1914, y si algunos partidarios del internacionalismo se mantuvieron en estos grupos, la mayoría no planteó la más mínima oposición con respecto al enrolamiento voluntario en el ejército francés.

Aline, en su libro de recuerdos intitulado "Lenin en París", relata:

"La cuestión del enrolamiento voluntario se planteó con agudeza... En la Place des Invalides, donde se inscribían los voluntarios, aparecieron los primeros grupos Rusos. En ese entonces solo eran individualidades, pero algunos días después, el movimiento tomó un carácter más organizado.
... En el miserable local del Club obrero, cuyo secretario era Antonov-Ovséenko, empezó, bajo su dirección, la inscripción de emigrantes voluntarios. Se inscribían bolcheviques, mencheviques, socialistas-revolucionarios, anarquistas.
Y pasados algunos días, el primer regimiento republicano ruso fue constituido en el que entraron los siguientes miembros del grupo bolchevique: Sapojkov, Antonov-Popov, Mikhail Davidov, Moisseev y otros. Bajo la iniciativa de estos últimos fue elaborada, en la primera reunión, una declaración... (de la que hemos reproducido arriba algunos extractos - NDR)."
(Citado por Alfred Rosmer en "El Movimiento obrero durante la guerra" Tomo 1).
El extracto de "La Bataille Syndicaliste" del 8 de agosto de 1914 que apareció bajo la bandera del anarcosindicalismo, firmado Charles Albert e intitulado "Partid sin amarguras", no requiere ningún comentario!!!

Y para ilustrar la versión "anarquista" del programa socialdemócrata, hemos reproducido el párrafo final de la declaración de 15 "anarquistas" que toman posición a favor de la guerra en un texto que hoy en día es conocido bajo el nombre de "Manifiesto de los Dieciseis". Esta profesión de fe patriótica fue saludada por toda la burguesía. El texto fue publicado en diferentes periódicos burgueses y las felicitaciones llovieron sobre estos respetables "anarquistas" de la misma forma que se saludaban a los "socialistas" de la Unión Sagrada.

Jean Grave, del que citamos sus posiciones pacifistas para demostrar su antimiitarismo, se encontraba entre los que firmaron el Manifiesto de los Dieciséis. También encontramos, en tanto que representantes típicos del anarquismo ideológico, a Charles Malato, Christian Cornelissen y Pierre Kropotkin.

Podríamos francamente hablar de continuidad, en lo concerniente al belicismo de este último, hasta en la forma de sus declaraciones. Kropotkin, nunca ocultó sus posiciones contrarrevolucionarias detrás del anti-militarismo que sirvió de fachada a más de uno. Ya en 1906 Kropotkin tuvo una violenta reacción en la sesión plenaria del Congreso Anarquista ruso en Londres, cuando escuchó los argumentos antimilitaristas de sus compañeros: se levantó y gritó que en el caso de que una guerra enfrentase a Rusia y Alemania, el deber de los anarquistas era el de participar, armas en mano, lo que él haría personalmente!!!

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3. Las rupturas en el transcurso de la guerra

Las diferentes justificaciones ideológicas, contenidas en los extractos que citamos a continuación, nos muestran la violencia con la que el Estado, todas sus fracciones confundidas, somete al proletariado a la guerra.

Messimy resume claramente las necesidades terroristas de la burguesía cuando envía al proletariado al frente. Este parlamentario se dirige en estos terminos al Consejo de Ministros a propósito de aquellos que se oponían a la guerra:

"Déjenme la guillotina y yo les garantizo la victoria. Que estas gentes no se imaginen que simplemente se les encarcelará. Tienen que saber que los enviaremos a las primeras líneas: y si no marchan, ¡bueno! ¡recibirán las balas por delante y por detrás; y así nos deshaceremos de ellos!"
Esta crápula patriota francesa no hace más que describir, muy precisamente, las condiciones reales bajo la cuales el Estado capitalista somete a millones de proletarios en tiempo de guerra: reducidos a carne de cañón se les empuja, con las balas de sus propios gendarmes, a descubrir el fuego de las minas y de los obuses del ejército adverso. ¡Vayan por donde vayan, se los acribilla a balazos!.

Estos burgueses expresan muy clara, fría y francamente, los objetivos profundos que quiere alcanzar su clase; y es precisamente por esto, que son necesarios los reformistas, los jefes sindicales, los "socialistas", los "anarquistas, para proponer, en tanto que fuerzas "obreras", defendiendo el programa del capital, explicaciones mucho más creíbles para los proletarios. Su papel principal es el presentarnos las necesidades guerreras del Estado como una ventaja para el futuro del obrero. La Socialdemocracia pretende conservar el objetivo final de los obreros (la sociedad sin clases) y presenta la lucha "contra el militarismo", "contra el fascismo", "contra el imperialismo",... como una primera etapa que, una vez realizada, nos permitirá consagrarnos a las otras tareas. Es así, que la burguesía logra organizar su frente con los obreros, ahogando a estos en la defensa de sus propios interéses, alistándolos en sus estandartes,... y finalmente conduciéndolos a aceptar la prosaica realidad del infierno de los campos de batalla.

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Para entrecortar este breve recorrido en el museo de los horrores de la historia, citamos ahora algunos extractos que manifestaron, en contra corriente de la Unión Nacional, la vida de nuestra clase, la lucha contra su muerte social, el antagonismo con respecto a la guerra.

A pesar de los golpes asestados conjuntamente por todas las fuerzas burguesas para someter al proletariado a la guerra, algunos focos aislados de resistencia, anunciaron rápidamente la ola revolucionaria que se preparaba a surgir mundialmente.

Proponemos, para ilustrar las rupturas con el programa contrarrevolucionario de la Segunda Internacional, un extracto de consignas derrotistas revolucionarias propuestas por Lenin. Este, en contra corriente de todas las posiciones oportunistas tomadas tanto en los congresos de la 2º Internacional como las tomadas en Zimmerwald (10) y contra el programa contrarrevolucionario del mismo partido Bolchevique (y también en antagonismo al papel de reconstructor del Estado burgués en Rusia que tomó luego de la insurrección!!), formula, bajo consignas precisas, la perspectivas revolucionarias: Dar vuelta a los fusiles contra los oficiales, organizar la deserción, lucha con su propia burguesía, fraternizar con los proletarios de los ejércitos enemigos,... transformar la guerra civil en guerra revolucionaria internacional.

Para ilustrar las rupturas que se produjeron al interior de la corriente "anarcosindicalista", hemos reproducido un extracto de la conclusión que Rosmer hizo en su libro "El movimiento obrero durante la guerra. De la unión sagrada a Zimmerwald", escrito en 1935, poco antes de la segunda guerra mundial.

Alfred Rosmer fue, con algunos otros militantes en Francia en 1914, uno de los únicos revolucionarios que intentó organizar, en este país y desde los comienzos del conflicto, una resistencia a la guerra. Su periódico "Vie Ouvrière", próximo a la CGT, a pesar de tener un análisis obrerista de la lucha, en el período que precedió la guerra, se transformó en uno de los polos de la organización de la resistencia a la guerra. Luego Rosmer trabajó con Trotsky en el Comité para la Renaudación de las Relaciones Internacionales; más allá de todas las perspectivas muy confusas que este comite adoptó (11), se constituyó en un momento de centralización de lasuerzas que rechazaban la adhesión a la Unión Sagrada.

Hemos escogida un extracto escrito por Rosmer en 1936 por que es particularmente interesante de constatar las posiciones en las que este militante de nuestra clase, a pesar de tales o cuales ilusiones sindicalistas o límites a propósito de la cuestión del derrotismo revolucionario (12) mantiene claramente el instinto de clase, la ruptura; lo que le permite rechazar el antifacismo en tanto que respuesta democrática que conduce a la guerra. Las lecciones que este militante saca del fuego de las experiencias de la guerra y de la revolución que se dieron a principios de siglo, le permitieron guardar la misma posición contra todo conflicto capitalista. Así cuando se plantea el resurgimiento de la guerra, guerra aún más desvastadora, y en la que la polarización entre fascismo y antifacismo constituyeron las mandíbulas de la boca, aún más traidora, que desgarraría y engullería al proletariado, Rosmer mantiene la posición invariante de la revolución: la crítica a las polarizaciones burguesas, en este caso, fascismo-antifascismo.

Finalizamos reproduciendo un extracto que materializa las rupturas comunistas, con respecto al programa socialdemócrata, enarboladas bajo las banderas del anarquismo. Se trata del párrafo de conclusión de una "Declaración Anarquista" firmada por el "Grupo Internacional Anarquista de Londres" que quiere negar violentamente el "Manifiesto de los Dieciséis" (el que hemos reproducido, ver infra). Estos negadores del "Manifiesto de los Dieciséis" se preguntan: "¿Qué encontramos?"

"Todas las estupideces nacionalistas que leemos, desde hace casi dos años, en una publicación prostituida, todas las ingenuidades patrióticas de las que antes se burlaban, todos los clisés de política exterior con los cuales los gobiernos adormecían a los pueblos. Mírenlos denunciando un imperialismo que ahora solo descubren en sus adversarios... Si consideramos sintéticamente las ideas que expresa su Declaración, constataremos que no existe ninguna diferencia entre la tesis que ellos sostienen y el tema habitual de los partidos de autoridad reagrupados, en cada nación beligerante, en 'Unión Sagrada'. También ellos, estos anarquistas arrepentidos, han entrado en la 'Unión Sagrada' para defender las famosas 'libertades adquiridas', y no encuentran nada mejor, para preservar esta pretendida libertad de los pueblos, de la que se hacen los campeones, que obligar al individuo a convertirse en asesino y en hacerse asesinar por cuenta y en beneficio del Estado."

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Esperamos, con estos pocos extractos retomadas de la memoria de los violentos enfrentamientos entre revolución y contrarrevolución, contribuir modestamente en el rompimiento del mito socialdemócrata que pretende situar la línea de fractura entre programa burgués y proletario al nivel de la oposición "anarquista"/"socialista" o "comunista".

Este mito, reforzado por las "familias sagradas", tanto "marxistas" como "anarquistas", no resiste a la lectura de la historia real en la que la frontera entre revolución y contrarrevolución se dibuja profundamente, al interior mismo de las organizaciones obreras que, sometidas a la importante crisis política que provoca la emergencia de la revolución y de la contrarrevolución, ven surgir polarizaciones al interior mismo de los grupos formales acerca de cuestiones cruciales que plantea el futuro del movimiento: ¿el proletariado tiene patria? ¿existe la posibilidad de hacer alianza con una fracción de la burguesía? ¿apoyamos o no la guerra? ¿hay que asumir prácticamente nuestro rechazo de la guerra, organizando la acción derrotista revolucionaria?

Las respuestas a estas diferentes cuestiones, las polarizaciones que ellas plantearán, sitúa los militantes a un lado de la barricada: sea en el campo de la revolución o sea en el otro, el de la contrarrevolución. Al mismo tiempo, conduce a saltos de calidad en la centralización de sus diferentes expresiones militantes comunistas a otro nivel de organización. Estos ejes fundamentales fueron, también, los que determinaron la riqueza de las rupturas que proponemos en conclusión.

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"Una propaganda universal, extendida hasta el ejército y sobre el terreno de las operaciones militares, por la revolución socialista y por la necesidad de voltear las armas, no contra sus hermanos esclavos de los otros países, sino contra los gobiernos reaccionarios y burgueses de todos los países. La necesidad incondicional de organizar células y grupos clandestinos, al interior de los ejércitos de todos los países, para propagar estas posturas en todos los idiomas. Una lucha despiadada contra el chovinismo y el patriotismo de la burguesía de todos los países, sin excepción alguna."
Lenin, Obras Completas

Un "socialista"

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"Las lecciones prácticas que hay que sacar de toda esta experiencia pueden resumirse así:
... Los hechos han demostrado que es una ilusión absoluta el creer que podemos entrar en la guerra con otros objetivos que los de los rapaces imperialistas - con la idea de luchar contra el militarismo, por la defensa de la democracia - purificar, eliminar su tara original, imprimirle otro carácter: es un error en el que han caído los socialistas rusos que se han enrolado en el ejército francés.
... Toda guerra calificada de antifascista, toda guerra llevada supuestamente para destruir el fascismo repetirá la ilusión de 1914, ilusión de aquellos que creyeron sinceramente que la victoria de la Triple Entende traería la destrucción del militarismo. Ni el militarismo, ni el fascismo, jamás serán destruidos por la guerra; la guerra solamente puede reforzarlos, extenderlos a través del mundo. Fascismo y militarismo solo son y pueden ser destruidos por la clase obrera".
Alfred Rosmer, en "El movimiento obrero durante la guerra - De la Unión Sagrada a Zimmerwald" -1935-

Un "anarco-sindicalista"

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"Productores de la riqueza social, proletarios manuales e intelectuales, hombres de mentalidad emancipada, somos de hecho y de voluntad los 'sin patria'. La patria no es más que el nombre poético del Estado. No teniendo nada que defender, ni siquiera 'libertades adquiridas' que solamente el Estado nos las podría otorgar, repudiamos la hipócrita distinción entre guerras ofensivas y guerras defensivas. Solamente experimentamos guerras entre gobiernos, entre capitalistas, al precio de la vida, del dolor y de la miseria de sus sujetos. La actual guerra es un ejemplo chocante de ello. Mientras que el pueblo no proceda a la instauración de una sociedad libertaria y comunista, la paz solamente será la tregua empleada para preparar la guerra siguiente, la guerra entre los pueblos bajo los principios de autoridad y propiedad. El único medio de terminar con la guerra, de prevenir cualquier guerra, es la revolución expropiadora, la guerra social, la única por la que, nosotros anarquistas, podremos dar nuestra vida. Y lo que no pudieron afirmar los Dieciséis en su Declaración, nosotros lo gritaremos: ¡Viva la Anarquía!"
Declaración del Grupo Anarquista, Internacional de Londres, en respuesta al Manifiesto de los Diciséis -Abril 1916-

Un "anarquista"

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Notas :

1. Como ya lo hemos desarrollado en diversas ocasiones, para nosotros, la Socialdemocracia, en tanto que verdadero partido burgués para los obreros, no se limitó a las diferentes organizaciones "socialistas" afiliadas a la Segunda Internacional contrarrevolucionaria, sino que incluye evidentemente todos los sectores del "anarquismo" reformista.

2. Ver, entre otros,: "CO15/16.4 Brest-Litovsk: la paz es siempre paz contra el proletariado" en Comunismo No.15/16; "CO29.2 y CO30.5 1919: Revolución y contrarrevolución en Hungría" en Comunismo No.29 y 30; "CO17.2 La Makhnovtchina" en Comunismo No.17.

3. Mientras Lopez Arango recibió lo merecido y murió en el acto, el Sr. "anarquista" Abad de Santillán lamentablemente logró salvar su pellejo, lo que le permitió, a su vez, ser pieza clave, en la contrarrevolución en España, unos años después, cuando los líderes de la FAI y la CNT asumieron el papel central del Estado capitalista.

4. Parafaseamos la vieja fórmula de los revolucionarios "Dios no existe, hay que destruirlo"; en donde la segunda parte hace referencia a la destrucción del mito transformado en fuerza material; como se explica a continuacíon.

5. Con esto no pretendemos minimizar la lucha importante que llevaron adelante los comunistas por designarse diferentemente de los otros partidos de la burguesía. Nuestro objetivo es solamente subrayar-denunciar el formalismo burgués.

6. Este libro, que le valdrá a Liebknecht un proceso estrepitoso, expresa la misma falta de ruptura con la Socialdemocracia que los extractos de los "socialistas" franceses. No solo teóricamente, en la medida en que Liebknecht no ve la oposición inconciliable entre el parlamentarismo y su lucha contra el militarismo al interior de la SPD, sino también prácticamente, puesto que no rompe con esta organización que reprime sus posiciones.

7. "La Guerra Social" fue una revista que de 1907 a 1912 fue dirigida por Hervé, principal dirigente de la Federación de Yonne al interior del Partido Socialista. La tendencia antimilitarista de Hervé fue tan fuerte, y considerada como radical, que se hablaba de herveismo para denuncia toda tendencia revolucionaria, toda voluntad de ruptura al interior de PSF. "La Guerra Social" también influyó enormemente a la CGT. El principal colaborador de Hervé fue Almareyda, que se autoproclamaba "anarquista" y que, como Hervé, terminó en los brazos del ministerio del interior francés, pro-patriota convencido y financiado por ello por Malvy, ministro del interior en los momentos en que la guerra estalla.

Fueron estos cínicos individuos (Hervé fue movilizado y nombrado porta bandera del patriotismo, Almereyda, movilizado y nombrado lugarteniente recrutador de las Jóvenes Guardias Francesas,...) que durante la guerra empujarán a los miserables, a la espantosa hecatombe, contabilizarán los golpes, adicionarán las víctimas, estudiarán los mapas de guerra, y plantarán las banderitas patrias: "Tomamos 10 cañones, hicimos 90 prisioneros, avanzamos 400 metros, masacramos 1.200...".

8. El que habla es Michel Della Torre, el mismo autor "anarco-syndicalista" que declarará un mes más tarde, el jueves 10 de septiembre, en la Batalla Sindicalista, bajo el título "Un refugio en la tormenta":

"Bandidos coronados y soldadesca teutona han abierto las esclusas de sangre, y pronto cuervos y buitres encontrarán abundante alimento en los campos de batallas transformados en sensacionales carnicerías... lucha épica y gigante en la que veremos el Derecho sagrado triunfar sobre la Fuerza abyecta, y la civilización europea liberada del militarismo opresor!"
9. La "defensa obligada" es el punto de pasaje inevitable de la burguesía para arrastrar al proletariado a la guerra. Todas las guerras en la historia se hicieron en nombre de la paz, la protección del país, la integridad territorial,... Siempre hay que partir a la guerra por que se fue "atacado, amenazado, agredido,..." por la nación adversaria y no hay más remedio que "defenderse".

10. La Conferencia de Zimmerwald fue presentada como la expresión de la ruptura con la 2º Internacional, cuando no fue más que una tentativa de restablecimiento, de reconstitución. El propio Lenin aceptó firmar, con las "izquierdas" (que había reunido antes de la reunión), un manifiesto inconsistente y pacifista, pese a que pretendía tomar distancia de este. Los comunistas de Holanda, "Tribunistas", consecuentes con la lucha contra el oportunismo y el democratismo que marcaron toda la historia de la 2º Internacional, fueron los únicos que rechazaron este manifiesto oportunista.

11. Trotsky, y su grupo organizado en torno al periódico "Nache Slavo", fueron motores de este comité. La posición de Trotsky no tenía ni un ápice de derrotismo revolucionario, sino que fue centrista ("Ni guerra, ni paz"). Lenin, a justo título, la asimiló a la posición de Kautsky.

12. Rosmer nunca luchó ni adoptó por la afirmación del derrotismo revolucionario como respuesta, como consigna práctica para el proletariado frente a aquellos que querían enviarlo a la masacre; sino, por el contrario, critica esta posición con argumentos democráticos típicos del sindicalista que teme afrontar los sentimientos de las masas.

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