Notas de lectura y extractos de

EL PRODUCTOR

de La Habana Cuba (1887 - 1890)

* * *

Nos ha parecido importante en este número dedicado a la lucha del proletariado contra El Estado, a la contraposición práctica entre revolución y socialdemocracia, el mostrar como en la misma época en que se hacía mundialmente dominante la socialdemocracia en tanto que teoría y práctica de cooptación estatal del proletariado, diferentes fracciones revolucionarias de nuestra clase seguían afirmando invariantemente, la crítica de la política.

En ese contexto hemos seleccionado algunos extractos del periódico obrero "El Productor" de La Habana Cuba. Para quienes no conozcan este periódico, ni la lucha desarrollada en América en esos años, recomendamos la lectura de "Acerca de la lucha contra la democracia en los difíciles años 80 del siglo pasado" y "El Productor" en Comunismo nº 8 de 1981, así como también "De como se falsifica y distorsiona la historia de nuestra clase" en Comunismo nº 11. Para quienes hayan leído o lean esos textos, se impone hacer una rectificación. No en las afirmaciones programáticas que los mismos contienen, que mantienen toda su vigencia, sino en una cuestión informativa. En la página 15 de Comunismo número 8 en base a la información que disponíamos en la época, dábamos el nombre de Saturnino Martínez como uno de los principales animadores de ese periódico. Se trata de un error, el grupo que daría lugar a dicho periódico se conocía en la época como "grupo de los 3 Enriques": Enrique Roig de San Martín, Enrique Messonier y Enrique Creci; siendo el primero de ellos el principal editorialista de "El Productor". En otra oportunidad daremos más detalles de la historia de este núcleo revolucionario y la falsificación histórica que se sigue haciendo en la isla de Cuba. Por el momento nos contentaremos con algunos extractos que a pesar de un estilo que hoy puede resultar difícil, rebuscado y que no está a la moda (¡¡esa mierda que es la moda!!) afirman las posiciones claras de estos compañeros, contra la política y el Estado.

El lector debe tener en cuenta que la conservación de estos periódicos no es buena y que muchas veces el texto apenas se lee o aparecen partes donde el original está roto y debemos sustituirlo por tres puntos suspensivos (los subrayados y negritas son de la redacción de Comunismo). Los editoriales aquí citados fueron escritos por Roig de San Martín.

* * *


En 1888 "El Productor" publicaba una serie de textos titulados "Realidad y Utopía" (I a VI) que explican en grandes líneas la concepción global de nuestros compañeros de entonces. Dada su importancia, en la lucha contra la corriente, en un momento en que las soluciones democráticas, liberales, autonomistas, independentistas (la "liberación nacional de Cuba") eran dominantes, publicamos a continuación una parte importante de los mismos.

"Realidad y Utopía"

"...Tantos y tantos desengaños han lacerado el corazón de las sufridas masas populares, que ya no es posible engañarlas por más tiempo.

Por eso los ideas socialistas, que tanto terreno han ganado en las agrupaciones obreras, se hacen cada vez más aceptables por los trabajadores del mundo entero.

Porque ante ellas no se presentan redentores hipócritas ofreciéndoles grandes bienes a cambio de una candidatura...

Esto es tan cierto como que el socialismo les dice a los pueblos: "he ahí mi doctrina síguela si quieres redimirte, pero no esperes que nadie te redima, porque tu redención ha de ser la obra de ti mismo."

La verdad que entraña esta fórmula es de tal modo tangible aún para los cerebros más obtusos, que vanamente se empeñan por desvirtuarla aquellos cuyas ambiciones se estrellan ante ella.

Desacreditados ya ante la conciencia popular los sistemas políticos puestos en juego hasta el día, causa risa oír decir a sus interesados panegiristas que huelga hablarle a los pueblos de su redención que ya la política los ha redimido; afirmación tan desgraciada como que en su seno lleva la ponzoña que ha de darle muerte.

Sostener semejantes tesis, equivale a decirle al infeliz asalariado: "tu eres un ser insensible; si alguna vez, la vergüenza de los vejámenes que sufres sube a tu rostro y colorea tu semblante, es porque eres un estúpido que no alcanzas a comprender lo que vales y de lo que es capaz, gracias a los procedimientos que la política pone a tu alcance."

¡Horrible y sangriento sarcasmo, comparable únicamente a los crueles latigazos que el más despiadado de los mayorales asestara en un tiempo sobre las espaldas del negro esclavo!

¡Parece increíble que ante un pueblo que vive atado al poste de la mayor degradación se hagan afirmaciones semejantes!.

Felizmente los hombres que saben sentir y pensar toman nota de tales palabras y de ellas deducen lo que deben esperar de tales redentores.

Por eso los abandonan, y cada día van a engrosar un sinnúmero de hombres-pueblo, las filas de los que, parapetándose tras las doctrinas socialistas, solo encuentran en ellas medio seguro de contrarrestar los empujes de una sociedad madrastra que los esclaviza de la manera más desnaturalizada.

Utópica llaman nuestros adversarios esta manera de pensar de tales hombres, sin pararse en que los que piensan, conocen la marcha histórica que el socialismo ha seguido en el desarrollo de las edades.

Harto saben los que con el calificativo de utopistas se les honra, que el socialismo, es hijo del reflejo en la inteligencia de la lucha de clases que existe entre los poseedores y los desposeídos...

Hijo de ese sentimiento de justicia, y de la lucha consiguiente entre proletarios y burgueses, es que la historia engalana hoy sus páginas con los nombres de Tomás Münzer, los niveladores y Babeuf.

Nadie que de un tanto instruido se pique, dejará de conocer las teorías que nacieron, como consecuencia de los levantamientos de esos revolucionarios defensores de una clase, que si bien es cierto aun no estaba formada, era, digámoslo así, la precursora del proletariado moderno.

Aparecieron, pues, las teorías francamente comunistas del siglo XVII, calcadas de la antigua Esparta, y como consecuencia de ellas, los hombres de Saint-Simon, Carlos Fourier y Roberto Owen..." (1)

* * *

"... Hoy el proletariado es más miserable que el esclavo de la antigüedad, que el errante de la edad media, pues que no tiene como el primero, quien vele por su subsistencia, y si goza de más libertad que aquel, es únicamente de la libertad de morirse de hambre; y más miserable que el errante de la edad media, porque no tiene la independencia de restituirse, como aquel, de lo que la sociedad, dentro del orden que rige la propiedad, le ha usurpado.

Tenemos pues, que el rico es hoy más rico y el pobre más pobre que lo que fueron jamás.

... Mejor alimento, más cuidado, mejor habitación tiene el caballo de un barón Hirsch que un infeliz proletario...

Estos milagros de redención que muy a la ligera señalamos, se han realizado merced a la política (atención que como se ve luego, el autor hace hablar a nuestro enemigos NDR), que trabaja incesantemente por allegar a los pueblos mayor suma de libertad; y si el hecho real es que las clases proletarias son hoy más libres, pero más miserables que antes, debemos estar conformes, porque entre nosotros no existe el esclavo de la antigüedad.

¿Qué importa la miseria de un pueblo ante el sufragio universal?

¿Qué importa el que un padre de familia se acueste hoy sin un pedazo de pan con que alimentar sus hijos mañana, cuando tiene el derecho de ir a las urnas y depositar su voto en favor de algún protegido?

Bienes son éstos que para poseerlos, bien merecemos morirnos de hambre.

Mas los socialistas, esos pícaros utopistas que tienen ya el colmillo duro en asuntos de esta especie, pasan la vida soñando lamentablemente y entienden las cosas de otra manera. Piensan saber distinguir la realidad de la utopía, y en su error, afirman que los pueblos no deben ser libres en tanto no se rediman económicamente.

Y esta verdad que creen, no haber descubierto sino aprendiendo en la historia, tiene en su apoyo todos los grandes movimientos políticos habidos en el mundo, los cuales nada han resuelto económicamente a favor de las clases proletarias.

El mas grande de eso movimientos, la Revolución Francesa, ¿qué hizo en ese sentido?

Con razón ha dicho de ella un notable escritor: "El desarrollo de la industria sobre una base capitalista hizo de la pobreza y de la miseria de las masas obreras la condición vital de la sociedad" Y más adelante añade: "Si los vicios feudales, que antes se encontraban públicamente, se habían refugiado en la sombra, los vicios burgueses, que antes se conservaban ocultos, brillaron en todo su apogeo. El comercio se hizo a poco una estafa legalizada: la fraternidad de la enseñanza revolucionaria se personificó en las disputas y rivalidades de la concurrencia: la corrupción general suplantó a la opresión violenta y el oro al sable como primer motor social: el derecho de pernada pasó del barón feudal al dueño de la fábrica; la prostitución tomó proporciones hasta entonces desconocidas; el matrimonio continuó siendo, bajo la forma legal, encubridor oficial de la prostitución, completándose con el adulterio; en una palabra, las instituciones políticas y sociales que siguieron al triunfo de la Razón, comparadas con las pomposas promesas de los filósofos, parecieron engañosas y tristes caricaturas."

De tal manera lo transcrito se aviene con nuestra manera de pensar, que ya en nuestro artículo anterior dijimos, refiriéndonos a la Razón proclamada por los filósofos del siglo XVIII, que no fue otra cosa, que la Razón burguesa..." (2)

* * *

"... Así es que, si a tales lectores les extraña el que un periódico esencialmente obrero emita ideas puramente obreras, a nosotros, no nos admira de modo alguno el que los políticos sean contrarios a los obreros...

Sentadas ya de una manera positiva por el materialismo moderno, las bases de una revolución en la concepción de la naturaleza, era lógico y natural que hechos subsiguientes hiciesen experimentar un cambio en la manera de concebir la historia.

Los obreros de Lyon, en 1831 dieron el primer paso, y de 1838 a 1842 el cartismo inglés adquirió proporciones colosales.

Eran ya inevitables los acontecimientos, y la guerra de clases entre proletarios y burgueses entró violentamente a ocupar un paso en la historia; guerra notablemente recrudecida a medida que aumentaba el desarrollo de la grande industria y de la supremacía política.

Entonces se vió claramente que las doctrinas económicas burguesas, la identidad de intereses entre el capital y el trabajo y otras lindezas por el estilo, eran desmentidas por los hechos..." (3)

* * *

"Libertad, Patria, Gloria, Victoria; bellísimas palabras que podemos reducir a uno de estos dos términos: muerte o miseria.

¡Libertad! palabra santa de la cual se vale la política para conducir al campo de batalla a millares de hombres en busca de ilusorias esperanzas; mágico talismán con el que han sabido atraer a los pueblos los embaucadores de oficio y sonoro reclamo tras el cual corremos desalentados en demanda de la muerte.

¡Oh, qué bella realidad!...

Tras una miserable infancia, gastar la virilidad de los años juveniles mordiendo el cartucho y derramando nuestra sangre al golpe de mortífero bayonetazo.

Y todo ¿por qué?

Porque se nos ha dicho que el sistema de gobierno bajo el cual vivíamos era despótico, cruel, inhumano: y que luchando por la república, haciéndola vencer, nuestros hijos serían felices, nuestra manera de llevar la vida cómoda... porque se nos ha hablado de educación de derechos y que sabemos de cuantas cosas más, que los pueblos no conocen sino por el nombre.

Y tras ellas ha ido y allá va... el sencillo y honrado trabajador, dejando en cien combates un brazo aquí, una pierna allá y la vida, la más de las veces, en cualquier lugar.

Más ¡oh realidad nunca bien soñada!... la república ha vencido y sus esquilmadas huéstes, victoriosas, retornan al hogar henchidas de esperanzas.

¡Viva la libertad! exclama el pueblo en transportes de entusiasmo... El tiempo corre, un Presidente sumamente ilustrado ha regido los destinos de la patria durante algunos años, y los harapientos hijos del infeliz que luchó por redimirlos se encuentran como antes, hambrientos e ignorantes...

¿Qué se hicieron las bellísimas promesas?

Preguntádselo a los padres del pueblo, a los políticos de oficio y ellos os contestarán que hay que hacer algunas reformas y luchar nuevamente.

¡Oh perdurable ignorancia de los pueblos, he ahí la realidad en que vivís.. luchando siempre, y siempre ignorantes y hambrientos!

¡Patria! ¡qué hermoso nombre! ¿quién no adora el rincón en que nació?

¿Quién no se extasía al recuerdo de las caricias de una madre, hechas al amor de la lumbre en una noche de invierno y bajo el techo paterno?...

¡La patria está en peligro! ¡a las armas hijos de la patria! y allá van los honrados hijos del pueblo a derramar su sangre y a morir por el pedazo de tierra que guarda sus más sagrados recuerdos.

Al cabo de algún tiempo vuelven parte de los que fueron, orgullosos y triunfantes. El invasor ha sido arrojado a la frontera. ¡La patria está libre! ¡Viva la patria!

¿y la viuda y los hijos? ¡Ah, la viuda y los hijos! ¡Vedlos harapientos y muertos de hambre!

¿Porqué?

Preguntádselo a los padres de la patria, a los políticos de oficio...

¡Gloria! sueño dorado...

¡El hijo de un héroe, os responderá; mi padre fue un soldado glorioso de la patria!

¿Sabes leer, habéis comido hoy?

El pobrecillo os tenderá la mano en demanda de una limosna y bajará la cabeza abochornado.

¡Victoria! centelleante corona de héroes...

Y el pueblo sufrido va en busca de su honrada aspiración, aquí dejando un brazo, allí una pierna y la vida en todas partes...

Cuando vuelven, si alguno de los que fueron les es dado volver, encuentran que a pesar de su sangre derramada, la patria no es libre, la gloria fue para otros, la libertad es su esclavitud y la victoria el miserable encumbramiento de los menos sobre los más.

Este es el cuadro salvador que a los hijos del pueblo espera si a manos de la política entregan sus destinos.

En cambio la escuela socialista procede de muy distinto modo...

Cierto es que la escuela socialista más se ocupaba en describir los antagonismos creados por la producción, que en buscar las causas que los originaba; mas vino Carlos Marx y con él aparecieron la concepción materialista de la historia y la explicación de la producción capitalista por medio de la supervalía... De aquí se dedujo naturalmente y quedó explicado, que la apropiación del trabajo no retribuido era la forma fundamental de la producción capitalista y de la explotación de los obreros. Quedó demostrado asimismo que todo capitalista, al pagar la fuerza de trabajo del obrero, extrae de ella más valor real que el que le ha costado adquirirla y que esta supervalía acumulada, constituye la masa de capital, siempre creciente, en manos de los poseedores..." (4)

* * *

"Bellísimos tiempos alcanzamos,; la civilización lo invade todo y los pueblos, pletóricos de bienestar, si quieren ser felices, no deben abandonar la realidad en que viven por seguir quiméricas ilusiones. La democracia, tambor batiente, se abre paso por entre las filas de los esclavócratas y el mundo marcha a pasos agigantados a la realización de sus esperanzas. Presto lucirá sobre el horizonte de los pueblos, el sol de la libertad y los por tantos años oprimidos se verán libres, por fin, de tantas y tan pesadas cadenas como hoy oprimen su mísera existencia. Que avanzamos, que el porvenir es nuestro, lo comprueba la inmensa distancia que nos separa del esclavo de otros tiempos, pues mientras ellos no tenían una grosera camisa con que cubrir su desnudez, nosotros usamos guantes y frac y habitamos frescas casas.

Esto, o cosa parecida, dicen a diario nuestros redentores, los hombres de la política.

Mas, los que un tanto nos detenemos en el examen del medio en que vivimos, los que sin preocupaciones de ningún género tenemos la pretensión de deducir de él el porvenir que nos espera, a seguir este orden de cosas, no podemos estar conformes en modo alguno con semejantes afirmaciones.

Nosotros no podemos admitir que un pueblo sea libre entanto la miseria lo domine.

Ved si no esos pueblos, emporios de la civilización y de la libertad; cuentan con grandes sabios, con poetas a centenares, con historiadores, con músicos inspirados, con ingenieros, con doctores, con acaudalados propietarios, con ricos industriales y que sabemos con cuántas cosas más.

Cualquier ciudadano, un leñador, un sastre, puede llegar a regir los destinos de millones de hombres, y culpa será del que a tanto no se atreva, pues que tiene los medios a su alcance... la instrucción es gratuita y las cátedras están abiertas al que quiera.

¿Por qué pues, no se redimen esos pueblos? ¿Es la política, acaso, responsable de su indiferencia?

¡Ah! si hacéis una visita domiciliaria, de casa en casa, a los habitantes de países tan dichosos en apariencia, encontraréis bien pronto la respuesta... ¡la miseria!

Ante la miseria no hay libertad de enseñanza, no hay cátedras libres. Apenas si el infeliz trabajador puede enseñar a leer y escribir malamante a sus hijos pues tan luego como cuentan con fuerzas suficientes para trabajar, es preciso, es forzoso que ayuden a llevar las cargas de la familia. ¿Qué hombres podeis hacer de los infelices niños que apenas si concurren a la escuela 3 o 4 años? ¿Y que responsabilidad podeis exigir a unos padres que se acuestan hoy sin estar seguros de tener un pedazo de pan para mañana?

¡Horrible injusticia sería!

Por eso hemos dicho otras veces que los grandes principios proclamados por la revolución francesa fueron estériles para el proletariado. En efecto; ¿de que vale proclamar la igualdad, la libertad y la fraternidad, si no hemos de ser iguales, libres y hermanos, dadas las diferencias de condiciones sociales?

Estas diferencias, digan lo que quieran los apasionados detractores nuestros, no es la política quien ha de vencerlas, entendiendo por política la ciencia del Estado y el arte de gobernar.

Es y no nos cansaremos de repetirlo, el Socialismo, quien ha de resolver ese problema ante el cual se estrellan todas las escuelas políticas conocidas.

Por eso el Socialismo estudia con entera conciencia las causas que se oponen al establecimiento de la libertad sobre la tierra, y de su estudio saca la consecuencia de que el orden social presente es obra de la burguesía, clase actualmente dominante...

Mas la producción capitalista, o séase su introductor, la burguesía, tenía una misión histórica que cumplir, y hubo de dedicarse a concentrar los medios de producción... para aquellos de nuestros lectores que quieran instruirse en este asunto, existe El Capital de Marx,...

Esta forma de hierro dentro de la cual se revuelve en vano el proletariado, es la que se impone al obrero entre los medios de producción y de existencia y la que le impide vivir. Destrúyase, pues este sistema, funcionen los medios de producción sin tomar la forma de capital, y el proletariado tendrá la seguridad de la existencia.

Los capitalistas no son ya capaces ya de dirigir las fuerzas por ellos acumuladas y el proletariado tiende a la solución del antagonismo...

Y ya que del Estado hemos hablado, vamos a decir cuatro palabras respecto a este organismo, que no es otra cosa, cualquiera sea su forma, que una máquina capitalista, el Estado de los capitalistas.

... habrá de suceder, necesariamente, una sustitución de la apropiación capitalista por una apropiación basada en la naturaleza misma de las fuerzas productivas. Estas fuerzas productivas, acrecentándose cada vez más y más, tienen que ser a no dudarlo, el ejército que ha de efectuar esta revolución.

El proletariado, dice a este respecto un escritor, después de apoderarse de la fuerza pública, transforma los medios de producción en propiedad del Estado; mas por este hecho él mismo destruye su carácter de proletariado, así como toda distinción y antagonismo de clase, y, por consecuencia, destruye el Estado como Estado.

El Estado era la representación oficial de toda la sociedad, su encarnación en un cuerpo visible; pero sólo lo era mientras era el Estado de la clase que en aquella época representaba la sociedad entera; mas desde el momento en que es representante de toda la sociedad, será al mismo tiempo su último acto como Estado.

Luchar necesitamos para llegar a merecer... la victoria.

Seamos firmes en nuestras convicciones, que medios nos cobran que utilizar en provecho de nuestra causa.

Y dejemos entregados al severo juicio de los tiempos venideros a los que pudiendo emplear sus buenas facultades en la cooperación de una obra redentora, sólo se entretienen en discutir personalidades y no ideas, y establecer distingos entre hombres que sólo deben ser humanos." (5)

* * *

"Cada día que pasa recibimos una prueba más de la desconsoladora realidad en que vivimos: ayer fueron los asesinatos de Chicago, los fusilamientos de Río Tinto; hoy la aparición de un nuevo invento del ingenio humano viene a aumentar el número de los factores que tienden a mantener en eterna esclavitud al infeliz proletariado.

Los periódicos de esta capital han dado cuenta en estos días del perfeccionamiento llevado a cabo, por un maquinista americano, en la máquina de hacer tabacos, inventada hace algún tiempo. Pronto, muy pronto, veremos que los industriales acaparadores de la producción a gran escala, habrán de hacerse dueños de ese nuevo instrumento de su bienestar presente, y que los obreros que al torcido del tabaco se dedican, sufrirán idéntica suerte a la que han sufrido aquellos de sus compañeros que fueron sustituidos por la maquina-herramienta...

Mas no se crea por lo que dejamos dicho, que la aparición de una nueva máquina en el campo industrial nos apena en modo alguno.

Harto sabemos que las grandes revoluciones no se llevan a cabo si no contribuye a ellas el factor indispensable... la necesidad; y es necesidad de los pueblos el rebelarse contra todo aquello que los esclaviza.

Esclavos son hoy los pueblos y cada día lo serán más, a pesar de las cacareadas libertades que disfrutan, porque se encuentran atados con ligaduras fortísimas al poste de la miseria, sin más esperanzas que ser más libres políticamente hablando, pero teniendo en lontananza siempre un invento que debiera pertenecerles y que será acaparado por los capitalistas para sumirlos en la indigencia.

Esta es la realidad de hoy, y será la de mañana; más libertad pero más hambre...

Ya en nuestro artículo anterior dejamos demostrado que la apropiación por la sociedad de los medios de producción ha de ser consecuencia forzosa del gran desarrollo que ha tomado ésta, y que de dicha apropiación habrá de deducirse necesariamente la abolición del Estado.

La abolición de las clases, antes que la del Estado, será hija también de la apropiación a que nos referimos; abolición cuya necesidad ser hace sentir cada vez más, puesto que las condiciones materiales para ponerla en práctica acrecientan de un modo rápido; y al decir que las condiciones materiales acrecientan, no queremos referirnos en modo alguno a lo que muchos se refieren en sentido político, es decir, a la necesidad de igualdad, de justicia o de fraternidad, palabras vacías de sentido para nosotros en tanto no se pretenda encontrarlas en el advenimiento de nuevas condiciones económicas.

Acaso se nos diga que la división de la sociedad en clases ha sido hija de la división del trabajo; consecuencia fatal que no negaremos. Sobradamente sabemos que allí donde el trabajo no rinde sino lo estrictamente necesario para el mantenimiento de todos, el trabajador tiene que emplear en producir todo el tiempo de que dispone, dando esto origen a una minoría exenta de trabajo, que se encarga de la dirección general del gobierno, de la justicia, etc. etc. Esta minoría se hace dominante, consolidando su poder en detrimento de la clase laboriosa, y cambia la dirección social en explotación de las masas.

Esto sentado, sucederá que ese derecho histórico sólo lo tendrán las clases privilegiadas en tanto exista la producción poco desarrollada, y que dejará de existir tan luego como los capitalistas, transformando la producción individual en social le impriman un desarrollo máximo. Por eso hemos dicho en uno de nuestros artículos anteriores, que dentro del sistema llevaban el castigo.

En efecto, cuando por medio de la apropiación por la sociedad, de la producción hayamos abolido las clases, entonces habremos alcanzado un nivel social de tal consideración que será superfluo todo obstáculo que se oponga al desarrollo político e intelectual.

Porque redimida la sociedad económicamente, se verá libre de la única, de la verdadera traba que hoy le impide abordar franca y desembarazadamente el camino de la redención.

Si como esperamos, la sociedad llega a tomar posesión de los medios de producción, pondrá fin, necesariamente, a la apropiación de los productos por una clase determinada y dejarán de ser los productores dominados por su propio trabajo.

Este hecho destruirá el desbarajuste que hoy reina en la producción social, sustituyéndolo por una organización consciente en la que desaparecerá la lucha por la existencia.

Desde ese instante, y solo desde ese instante, el hombre se verá separado del reino animal y habrá cambiado sus condiciones por otras verdaderamente humanas.

Pensar de otra manera, tratar de invertir los términos del problema es girar eternamente en un circulo vicioso. Lo accesorio no puede ser lo principal.

Cuando la apropiación de la producción por la sociedad sea un hecho y cuando por consiguiente, la humanidad esté en aptitud de dominar las condiciones que hoy la rodean, entonces el hombre someterá a su inspección el conjunto de aquellas condiciones y será verdaderamente dueño de la Naturaleza.

La Humanidad, como muy bien ha dicho un pensador saldrá por fin del reino de la fatalidad para entrar en el de la libertad...

Las Leyes que hoy rigen la acción social se han levantado hasta aquí implacables frente a frente de los hombres, dominándolos extrañamente; pero mañana, gracias a la lógica que de ese hecho habrá de desprenderse, esas mismas leyes serán aplicadas por los hombres con pleno conocimiento de causa y, por tanto, dominadas...

Es grave error pensar que el hombre habrá de verse libre, por fin practicando tal o cual doctrina política.

Podrá redimir a la patria del látigo de un déspota, podrá ser libre e independiente, políticamente hablando; pero su absoluta libertad, la libertad a que debe aspirar, no le será dado alcanzarla en tanto no se redima económicamente.

La Humanidad, como de Cuba ha dicho el ilustre Saco, será la imagen de un hombre, que envuelto en un rico manto, oculta las profundas llagas que devoran sus entrañas.

Aquí damos fin a nuestro trabajo. Hemos tratado de condensar nuestras ideas cuanto nos ha sido posible y sin embargo, ha resultado un tanto extensa esta serie de artículos.

Tan rica en deducciones es la materia que nos ocupa, tal alcance y extensión tiene el asunto que muy ligeramente hemos tratado que fatigaríamos demasiado a nuestros lectores, si a él dedicásemos el espacio que requiere.

Hemos concluido pues." (6)

* * *

A más de un siglo de estos artículos, la lucha sigue siendo exactamente la misma!

Contra todo lo que dicen los herederos abiertos o encubiertos de la socialdemocracia, como queda bien claro en estos extractos, no todo el movimiento obrero estaba sometido a la socialdemocracia. Y no todos los que no se sometían eran "anarquistas", en el sentido que la socialdemocracia le ha dado a esta palabra. No cabe dudas que este grupo de compañeros tenía muy en cuenta los aportes de Marx a nuestra lucha, aunque en algunas cosas, como el sufragio universal o la cuestión de la independencia nacional, no compartían las posiciones de aquel.

Lo que sucede es que mientras las obras de un Kautsky o sobretodo de un Lenin, uno las encuentra en cualquier librería, las obras de éstos, de nuestros compañeros son dificilísimas de conseguir y son totalmente desconocidas por los más interesados. Además como se ve, desarrollos tan complejos y abstractos, como el que se expresan aquí aparecen entrecortados en un periódico de aparición semanal, en el que por otra parte los compañeros se ven obligados, una y otra vez, a cortar el hilo, para responder a tal o tal ataque del que son objeto, o para asumir tal o tal defensa de los intereses del proletariado, en particular de los trabajadores del tabaco del cual "El Productor" era órgano.

A pesar de las dificultades que dicha forma determinan y de limites o debilidades ligados a la época (¡en un período fundamentalmente contrarrevolucionario, por otra parte!) no cabe duda de la riqueza de la afirmación programática de estos compañeros. No queremos dejar de subrayar, entre otros, los siguientes puntos:

* * *


Citemos otro artículo de El Productor endonde se expresa esa contraposición entre los intereses del proletariado con todas las alternativas políticas de la burguesía:

"Obreros antes que todo"

"Las simpatías que en un gran número de obreros de la Habana y de la Isla en general ha despertado nuestra propaganda socialista, y el decidido empeño que han demostrado con el fin de organizarse de una manera definitiva y fuerte,. parece que ha sido causa suficiente para que algunos que, con justos títulos merecen el calificativo de reaccionarios, hayan puesto el grito en el cielo y tratado de demostrar a los hijos del trabajo que se intentaba conducirlos por vías ajenas a su redención.

... lo que pretendemos es hacer de todos los trabajadores un solo hombre, comprendiéndolos en una aspiración común.

Los que sí los extravían, los que sí los dividen, son los que tratan de fomentar sus pasiones políticas, cavando de ese modo un profundo foso entre unos y otros.

Dividir sus fuerzas solo conseguirían los obreros, distrayendo su atención de la cuestión trabajo que la reclama imperiosamente, y entregándose a una política que solo disgustos y odios personales habría de proporcionarles...

Estamos en tierra de Cuba donde las pasiones políticas están más enconadas que en ningún otro país...Ante tan lamentable estado de cosas hemos tratado de desviar a los obreros de la política, no tan sólo porque nuestras doctrinas sociales así nos lo exigían, sino porque el fraccionamiento de los trabajadores (7) era aquí mayor que en ninguna parte.

Con nuestra propaganda hemos suavizado muchas asperezas y la idea de libertad económica, única a que deben aspirar los trabajadores, se ha ido infiltrando poco a poco en los cerebros más reacios.

Porque es preciso que lo sepan un vez y para siempre los obreros, ni con la asimilación, ni con la autonomía, (8) ni con la democracia, ni con sistema político alguno habremos de ganar nada, económicamente hablando, ni los negros ni los blancos, trabajadores, pertenezcan al bando que quieran.

Bajo tal régimen de gobierno tendremos quizás mayor suma de libertad política que bajo cuál otro; pero nuestra esclavitud económica será la misma bajo cualquiera. Esto que dejamos dicho está tan demostrado, que no hay trabajador que ignore lo que les pasa a sus compañeros así en Suiza como en los Estados Unidos, donde de tanta libertad disfrutan.

Redimirse económicamente, debe ser el objeto principal de las clases proletarias, si aspiran a ser libres, y para ello el socialismo pone a su alcance los medios necesarios. Pretender que la política ha de ponerlos en posesión de la libertad a que como hombres tienen derecho, es pretensión tan vana, como que los distrae del único punto hacia el cual deben dirigir sus pasos.

Y esto que decimos no es nuevo, Ya Saint-Simon afirmó en 1816 que la política no era más que la ciencia de la producción y anunció la absorción de ella por la Economía, y aunque aquí solo se encuentra en embrión la idea de que las condiciones económicas son la base de las instituciones políticas, contiene, sin embargo, claramente la proposición de la conversión del gobierno político en una administración o sea en la abolición del Estado.

Los que dando riendas a sus ardorosos o interesados sentimientos, creen que solo en la política, pueden encontrar las clases trabajadoras el medio de emanciparse de la tutela en que viven, se equivocan grandemente, o pretenden equivocar a los otros para alcanzar el fin que se proponen.

Y se equivocan, porque mientras el proletariado no resuelva la cuestión económica que lo esclaviza, no puede ser libre en modo alguno. Haciendo política, ni el sastre logrará un real más en la hechura de una levita, ni el albañil el más leve aumento de su jornal, ni el tabaquero un peso más en vitola.

Esas son esperanzas que solo habrán de alcanzarse rompiendo la ley del salario que los oprime y esta ley, esencialmente económica, no son ni los demócratas, ni los monárquicos que han de romperla.

Han de ser los trabajadores los únicos que han de abordar tamaña empresa, si quieren ser libres.

Uníos para romper esa ley, trabajadores, y antes de establecer distingos entre vosotros por razones de nacionalidad o raza, sed obreros." (9)

* * *

Los compañeros de El Productor, además de exponer de manera abstracta estas posiciones comunistas y de oponerse a cada tentativa de llevar a los obreros hacia el sufragio universal (10) se encargaban de desmistificar en la práctica las democracias y las repúblicas modelos existentes en ese momento especialmente en América (como Estados Unidos, Argentina, México...).

Así por ejemplo en el artículo "La República Modelo" publicado en El Productor, el 27 de diciembre de 1888, se cita in extenso un discurso del presidente de USA, en el cual el mismo reconoce que la contraposición entre opulencia y miseria no ha disminuido en absoluto sino que ha aumentado en ese modelo de república.

En el mismo puede leerse:

"En varias ocasiones, cuando hemos hablado de los diferentes sistemas políticos que rigen el mundo, hemos dicho que ninguno de ellos era suficiente a llenar nuestras aspiraciones, porque todos absolutamente todos, no eran otra cosa que medios de que se servía la clase dominadora para bien atar a sus pueblos, y he aquí que cada día que pasa, vienen nuevos hechos a robustecer más y más nuestras creencias.

Mas, si nuestras opiniones fuesen puestas en duda por alguien, bastaría leer el Mensaje de Cleveland para convencerse de que el único enemigo con que tiene que luchar los trabajadores, es el capitalismo.

Todo esfuerzo que el pueblo trabajador emplee en sentido político, será inútil, pues que, no logrando otra cosa que variar la forma de gobierno, siempre tendrá en frente el enorme pólipo que lo ahoga con sus tentáculos formidables.

El capital, lo hemos dicho mil veces, es lo único que esclaviza a los trabajadores, ya sea en las Monarquías, o ya en las Repúblicas, y mientras no nos organicemos como clase, para combatir frente a frente al enemigo común, en vano será que corramos a las urnas a depositar nuestros votos con la esperanza de mejorar nuestra situación económica, que es la piedra angular de nuestra libertad..." (11)

* * *


Dicho artículo es seguido por otro que concierne, esta vez, "Otra República", la de los Estados Unidos Mexicanos:

"Otra República"

"En el golpe de gracia dado por Mr. Cleveland a la República Norte-americana, en su reciente Mensaje, habrán podido ver nuestros lectores que clase de beneficios podrá encontrar el pueblo trabajador dentro del tan cacareado sistema republicano.

Allí, en la tierra clásica de la libertad, en la República modelo, en los Estados Unidos de América, por fin, el proletariado no es otra cosa que lo que es bajo todos los sistemas de gobierno conocidos; es decir una clase de la sociedad, la más numerosa, explotada en provecho de una minoría bien hallada y satisfecha.

Lean, estudien debidamente los obreros republicanos el modo de ser del pueblo americano: ausculten, digámoslo así, con solícita atención los órganos vitales de ese gran enfermo que se llama pueblo, y verán que allí, como aquí y como en todas partes, el mismo mal consume lentamente la vida de los trabajadores; mal que llamaremos parasitismo burgués, que a la manera de una enorme tenia, se nutre de nuestro organismo.

Y nos se crea que el apasionamiento de escuela es el que nos guía a escribir de la manera que lo hacemos; no, que los hechos diarios que en el mundo republicano se vienen sucediendo, ponen de manifiesto, a cada paso, lo desapasionado de nuestros juicios.

Véase, si nó, lo que está pasando en Vera-cruz (Méjico), y dígase si proceder más despótico podía emplearlo el mismo Alejandro de Rusia.

Ya nuestros lectores tienen conocimiento de la huelga de tabaqueros llevada a cabo en la población que referimos; y puesto que están en autos de ese movimiento, bueno será que se enteren de los procedimientos que se están empleando con aquellos trabajadores, a fin de obligarlos a volver al trabajo. Para ello insertaremos el siguiente manifiesto que hemos recibido:

"... (luego de exponer los hechos el manifiesto termina así: NDR)... Los tabaqueros huelguistas hacen un encarecido llamamiento a la prensa noble y generosa, así de la localidad como de la República, para que en nombre del derecho, de la ley, de la justicia y de la libertad, clame eficazmente contra los tiránicos rigores a que están reducidos doscientos pobres jornaleros, por defender la libertad de su trabajo, y cumplir dignamente sus compromisos. En cuanto a mí, ya sé que con esta declaración recrudece contra mi persona la saña vengativa del Jefe político, pero quedaré contento, cualesquiera que sean los padecimientos que me sean infligidos, si el sacrificio de mi individualidad fuere útil de alguna manera a mis compañeros huelguistas, al honrado, laborioso y perseguido gremio tabaquero.
Rafael Mercado, Veracruz, Enero 1º de 1889"
Mas los tabaqueros huelguistas de Veracruz viven en un error si creen que la prensa noble y generosa habrá de clamar "en nombre del derecho, de la ley, de la justicia y de la libertad contra los tiránicos rigores a que están reducidos doscientos pobres jornaleros, por defender la propiedad de su trabajo y cumplir dignamente sus compromisos".

¡La propiedad de vuestro trabajo!

¡Qué ironía! ¿sois vosotros dueños, acaso, de vosotros mismos? ¡Vuestro trabajo! ¿de cuando acá ha sido vuestro? ¿acaso tenéis derecho a otra cosa que al miserable mendrugo que se os concede con el fin de que vayáis conservando vuestra vida, en tanto que el burgués os necesita?

¡Vuestro trabajo! ¿cuándo habéis sido dueño de él? ¿quién ha sido el verdadero usufructuario toda la vida de vuestro trabajo, el burgués que os explota ó vosotros, que produciendo ríos de oro, pasáis la vida miserablemente consumidos por la anemia?

Esperad, esperad que la prensa noble y generosa clame en nombre de la justicia, del derecho, de la ley, de la libertad; esperad, que ya veréis lo que la prensa entiende por derecho, por justicia, por ley y por libertad.

Pronto os habrá de decir esa prensa por quien clamáis, que sois unos revoltosos mal avenidos con la tranquilidad pública (12); por que justicia es haceros morder el freno, cuando no queráis sufrir las imposiciones del capital, derecho, el que tiene el burgués a explotaros, ley la que ha sido hecha para exclavizaros y libertad la que tenéis de votar vuestros propios tiranos.

Y eso os habrá de suceder en tanto esperéis que la prensa noble y generosa interceda por vosotros, y en tanto penséis que fuera de vosotros habréis de encontrar elementos que os apoyen y defiendan.

Podrá haber, sí, quien os diga que vivís en una República y que la ley, el derecho y la justicia garantizan vuestra libertad; que sois electores y que con el sufragio universal en la mano podeis barrer de un soplo a todos esos mandarines que os incomodan pero que tenéis que ir a trabajarle a vuestro amo el de la fábrica "La Unión" (que "Unión" había de llamarse (13)) so pena de ser atropellados, como lo han sido, por una "autoridad sin inteligencia, sin educación, sin conciencia, y sin freno", vuestros camaradas, Manuel Iglesias y Julio Castillo.

Eso, y nada más que eso habréis de alcanzar.

Mas si sacudiendo el letargo que os entumece, os diponeis a formar parte del movimiento universal iniciado por los trabajadores, entonces, y solo entonces os colocaréis en buen camino, porque todo lo que sea esperar vuestra redención por esfuerzos ajenos a vosotros mismos es una ilusión... es acariciar la idea de ser hombre libre por el hecho de vivir en una República, y de este error buena demostración estáis recibiendo..." (14)

* * *

La lucha contra los mitos republicanos y patrióticos es una constante, en la historia de los comunistas. Porque todo el programa de la contrarrevolución se concentra en la supeditación democrática del proletariado a tal o cual fracción de la burguesía (como puede verse en este mismo número de Comunismo en el artículo dedicado a la socialdemocracia) es esencial para los revolucionarios mostrar que monarquía y república, que dictadura por la voluntad del pueblo o dictadura contra la voluntad del pueblo, que tal o cual "patria", no cambian nada a la esencia de este sistema de explotación universal que es el capitalismo. En esa tarea invariante nosotros reconocemos nuestro compañeros de ayer y de siempre:

"Además, en las filas en que humildemente milita El Productor, se combaten despiadadamente todas las supersticiones -la del capital inclusive- y muy sin cuidado nos tienen las palabras de monarquía y república, y en general, toda la hueca tecnología de esa mezquina política, que cuando su esfera de acción no se halla limitada al nombre propio de algún ídolo de barro, ora sea Sagasta ora Cánovas, lo está por un río, una montaña o cualquier otro accidente geográfico. ¡Ah! no, demasiado estrechos nos vienen los moldes de esa malhadada política, que en resumen, sólo viene a ser la consagración de la explotación de los más por los menos; no, nosotros ni somos monárquicos, ni somos republicanos; más levantado es nuestro ideal, más nobles son nuestras aspiraciones; queremos la fusión armónica de todas esas colectividades que, bajo el nombre de naciones, bullen y se revuelven en los horrores de la esclavitud; hemos venido a la vida pública a defender los intereses de una clase social que se llama clase trabajadora, sin distinción alguna de nacionalidad; queremos un solo pueblo y un solo altar, nuestro pueblo es la humanidad, nuestra diosa la eterna justicia, cuyo reinado habrá, por fin de implantarse sobre este mundo durante tanto tiempo mancillado por la explotación del hermano por el hermano." (15)

* * *

Por supuesto, que ya entonces, el proletariado y los revolucionarios, se hacían acusar de indiferentes por esta actitud clasista, de servir a la reacción por no apoyar la democracia y la lucha por la independencia. Así respondía Roig de San Martín a los que serían los argumentos claros del centrismo (Kautsky, pero luego Lenin, Trotsky, Stalin, Bordiga,...) para engancharlo al carro de la burguesía (¡cómo si el proletariado no hiciese política, por no adherir la esfera política de la burguesía!):

"Es, pues, original lo que aquí sucede. El proletariado incrédulo ante tantos desengaños, desconfiado de cuantas promesas hechas con las solemnidades de ritual, en los días en que los políticos le daban cita para las barricadas, háse pronunciado en favor de una organización esencialmente obrera, y al desligar sus intereses de los antagónicos que poseen los partidos, es objeto de escarnio y befa por parte de sus antiguos aduladores. Unos, intitulados demócratas federalistas, pero déspotas, sin educación e instinto, lo zahieren acusándolo de inconsciente aliado de la reacción, de indocto comodín de las situaciones que lo han explotado sin tasa, haciéndolo responsable de la pérdida de libertad que no tiene otros defensores que los políticos de filiación conocida. ¡Un obrero satélite de la reacción, es decir amante de la servidumbre del despojo de la tiranía! Esto es estúpidamente absurdo y descaradamente incierto. Pero si se quiere que de una vez digamos lo que acerca de la política en general pensamos, llámense reformistas o estacionarios, no tenemos inconveniente en afirmar que respecto a la causa del trabajo no cabe establecer distingos. ¿Qué diferencia se nota entre el autócrata ruso desterrado a Siberia a los que conspiran para que desaparezca el obstáculo que se opone a la felicidad del pueblo moscovita, y los demócratas republicanos franceses negando a los ciudadanos el ejercicio de un derecho que es individual, y como ellos dicen, anterior a toda ley, cual es el de organizar las municipalidades con arreglo al sistema organizado por los Consejos Obreros en sus asambleas soberanas? ¿Por ventura es potestativo de un poder democrático el negar los derechos que se desprenden de los principios que forman la base de ese gobierno, o será quizás que la democracia acomodaticia de estos señores no consiente que el cuarto estado deje algún día de obedecer, para mandar y ser obedecido?... ¡Vuestro apostolado es farisáico! Vuestra austera virtud democrática una sangrienta burla; acariciáis al pueblo como Bruto a Cesar, como Corina a Augusto, como Judas a Jesús: son caricias que matan, porque las engendran sentimientos mezquinos, propios de déspotas...

Suponen los políticos de oficio, esos que viven preocupados con la suerte de los pueblos, a trueque de obtener un asiento en el festín del presupuesto, que la clase obrera, desligada de sus organizaciones convencionales y de sus sistemas estériles, cuando no dañinos, comete un crimen del cual no puede absolverla hoy la conciencia social, ni mañana el tribunal inapelable de la historia...

Los que creen que el proletariado no hace política porque no milita en las filas de los núcleos organizados que turnan en la gobernación de los pueblos o aspiran a implantar en ellos sus doctrinas, esos políticos avisados y expertos no conocen la organización obrera, ni los fines que se propone realizar esta falange que fue hasta hace poco el alma de todas las situaciones, el nervio de los grupos de oposición, la amenaza perpetua de los proscritos y la eterna pesadilla de los hombres de Estado. ¿Pues qué, no se llama política la que hace el Cuarto estado de acuerdo con sus peculiares intereses y aspiraciones, con su modo de ser social, especialísimo, sui generis, porque ninguna organización se asemeja a la que necesita para formar para hacer viables sus propósitos, persuadido de que dentro del más amplio liberalismo no hallará panacea que cure sus ya crónicos males? ¿No hay, por ventura, más política que esa de cabildeos y mortificaciones que todo lo envenena con su vaho deletéreo, política que nos ha empobrecido y apartado del sendero que debimos emprender para no perder de vista los intereses proletarios que estuvieron entregados a manos mercenarias, que ora nos vendían al son del himno de Riego, ya nos sepultaban en los calabozos en nombre del orden y de la propiedad? No. Esta es otra clase de política al fin, que no cree en Monarquía ni en República porque no espera nada de ellas y sí de sus propias fuerzas organizadas, de la solidaridad saludable de los interesados en que surja potente y vigorosa la emancipación del cuarto estado, que será obra de su laboriosidad, de sus virtudes cívicas, de su unidad de acción, vinculada en sus propias y exclusivas fuerzas..." (16)

* * *

Para terminar y para los hermanos proletarios de Cuba que contrariamente a todo lo que se les dice, tienen que luchar por la revolución, por la misma revolución que el proletariado en todas partes, volvemos a citar a nuestro compañero Roig de San Martín, en un texto que parecería hacer referencia a la situación que viven hoy nuestros compañeros cubanos:

"Hasta el presente y lo decimos muy alto, todas las revoluciones no han sido más que miserables parodias...

De los esfuerzos realizados, de la sangre vertida, ¿quienes han sido en realidad los verdaderos usufructuarios?... Respondan por nosotros los millones de hombres que gimen en la miseria; aunque mejor sería que respondiese la insolente plutocracia que, merced a la candidez de los pueblos ha venido a sustituir la aristocracia...

Harto conoce (la burguesía NDR) que la política es el único medio que tiene de sostenerse y teme el instante en que los trabajadores se organicen como clase, porque sabe que el día que estos la abandonen es el último de su dominación. Por eso la vemos con tanta insistencia combatir nuestras ideas. Por eso nos dice diariamente, que fuera de la política no hay redención posible para los pueblos, porque sabe que la política es el medio para tenerlos encadenados." (17)

* * *

Notas :

1. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, I, 8 de marzo de 1888.

2. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, II, 15 de marzo de 1888.

3. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, III, 22 de marzo de 1888.

4. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, IV, 29 de marzo de 1888.

5. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, V, 5 de abril de 1888.

6. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, VI, 12 de abril de 1888.

7. El fraccionamiento de trabajadores al que Roig de San Martín se refiere aquí es al existente entre españoles, cubanos y negros, según se deduce del mismo texto.

8. Se refiere, a la oposición burguesa entre mantenerse como colonia española (asimilación) o independizarse (autonomía).

9. Publicado en El Productor, 1º de marzo de 1888.

10. Por ejemplo en el artículo "La Política y los obreros a 'La Lucha'" publicado en El Productor, 1º de noviembre de 1888.

11. Publicado en El Productor, el 13 de enero de 1889.

12. La invarianza real de la contrarrevolución nos sorprende siempre. Pensar que recientemente (en 1991) algunos militantes y grupos que se pretende proletarios, "descubrieron" que la prensa era contrarrevolucionaria, que estaba al servicio del capital, que era un aparato del Estado. Y bien, Roig de San Martín decía esto hace más de un siglo!

13. "Unión Obrera" se llamaba la unidad sindical amarilla y rompehuelgas en la industria tabaquera en Cuba, y "La Unión" el órgano periodístico de dicha organización. La misma es la repuesta patronal a las campañas de El Producto, a la acción de la Alianza Obrera fomentada por el grupo de los tres Enriquez y al Congreso Obrero de 1887.

14. Publicado en El Productor, "Otra República" el 17 de enero de 1889.

15. Publicado en El Productor,"En nuestro terreno" el 11 de agosto de 1887.

16. Publicado en El Productor, "Principios y fines", 1º de setiembre de 1887.

17. Publicado en El Productor, "Lean y piensen", 11 de agosto de 1887.

* * *

 


CO31.6 Contra el Estado

Contra la política