Presentación

El título del libro "El Estado y la Revolución", se asocia unánime y universalmente al nombre de Lenin. El mundo capitalista en su conjunto (y el Estado capitalista ruso en particular (1)) se regocija de esa asociación unilateral, así como de la asimilación de Lenin como heredero de Marx y más en general, con la asimilación de su nombre al del comunismo. El hecho de que las posiciones del "Estado y la revolución" no eran históricamente las de Lenin sino las de los militantes que fueron tratados luego de "infantiles", de que Lenin haya defendido abiertamente la necesidad de no destruir el Estado capitalista en Rusia, sino de desarrollar el capital, el que haya llegado hasta oponerse a publicar ese libro son todos hechos mucho menos conocidos y también de ello se regocija el capital mundial. Y no hablamos aquí de lo que se hace abiertamente para impedir el conocimiento de la historia a los principales interesados: los proletarios del mundo.

Si hay algo esencial en ese libro y por lo cual los revolucionarios lo han reivindicado es por la afirmación de que no se trata de conquistar el Estado, sino que hay que destruirlo, demolerlo. Ahora bien, esta idea central con la que Lenin se opone a la socialdemocracia, no es como hemos visto nada original, no solo era la posición de los fracciones comunistas y en particular de Pannekoek contra Kautsky, sino que como el propio Lenin lo señala, se basan estrictamente en las obras de Marx y Engels (2). Lenin cita in extenso las posiciones centrales de Marx y Engels, repitiendo una y otra vez, la idea central de que se trata de romper, demoler, la máquina estatal: "Romper la máquina burocrática y militar: en dichas palabras se encuentra brevemente expresada la principal lección del marxismo sobre las tareas del proletariado con respecto al Estado en el transcurso de la revolución" (3). Pero los propios Marx y Engels al referirse al Estado se refieren a la lucha de clases en Francia y en particular a la experiencia más alta del proletariado la Comuna de París. Es decir que contrariamente al mito permanente de Lenin identificado a un genio, producido por el stalinismo (y su hermano menor el trotskismo) el Lenin de carne y hueso, para afirmar la idea central de que hay que destruir el Estado, se basa en Marx y Engels y estos en la experiencia del proletariado, en la Comuna de París.

De ahí la importancia de estudiar más la Comuna y de no satisfacernos con las historias oficiales sobre la misma. Pero en general a pesar de que llagábamos a conclusiones cada vez más opuestas a las oficiales (sobre todo en el sentido de la total contraposición histórica entre el movimiento del proletariado y el gobierno que se conoce con el nombre de Comuna de París) y a pesar de que esa idea de destruir el Estado se expresa en algunos compañeros de la época, como Marx, Engels, Bakunin... no hubiésemos imaginado que los protagonistas inmediatos expresaron claramente tal idea. Al contrario pensábamos que eran los historiadores o los militantes revolucionarios que hablaban de dictadura para destruir el Estado, como una lectura que ellos hacían de los hechos, pero no como una expresión consciente de los protagonistas mismos.

Pero nuestra visión cambia cuando nos enteramos que el "communard" (4) Arthur Arnould, había escrito un libro titulado "El Estado y la Revolución". El mismo ha sido reeditado en francés por "Editions Jaques-Merie Laffont et Associés (Lyon)" y contiene una introducción (titulada: "Arthur Arnould ou la vie d'un mort est toujours fictive" (5)) de Bernard Noël escritor de un conjunto de materiales sobre la Comuna (Dictionnaire de la Commune).

De dicha introducción extraemos lo siguiente, que relata la sorpresa del autor cuando descubrió tan escondido por los historiadores oficiales de la Comuna, los materiales de Arthur Arnould; primero su "historia... de la Comuna" y luego su libro sobre el Estado y la Revolución. Noël, luego de explicar su larga marcha de investigador de la Comuna, de haber leído las historias más conocidas (Lissagaray, Bourgin, Gruhat-Dautry-Tesen), los recuerdos, las memorias y hasta "los ciento cuarenta y un periódicos de la época" nos dice:

"Fue recién al final de ese trabajo que descubrí una obra que yo imaginaba, muy secundaria, dado el poco caso que se le hacía: "Historia popular y parlamentaria de la Comuna de París". La lectura de los tres pequeños volúmenes de esta historia me golpeó vivamente porque el testimonio directo se encontraba acompañado de una síntesis de la ideas de la Comuna que constituía aproximadamente el tratado ideológico que yo buscaba.
El carácter sintético de esta historia hizo que yo no vaya más lejos con este autor: me parecía haber reunido todo lo que había que decir acerca de la Comuna y además el editor me apuraba, más interesado en cortar que en aumentar mi Diccionario. Fue solo dos o tres años más tarde, cuando al fin logré comprar un ejemplar de la muy difícil de encontrar "Historia popular y parlamentaria de la comuna", que mi interés fue animado nuevamente, a tal punto que decidí comenzar una bibliografía de su autor. Fue entonces que tuve la sorpresa de descubrir, bajo su nombre un libro titulado "El Estado y la Revolución" publicado en 1877.
La existencia de un libro con el mismo título que la gran obra de Lenin y que trataba el mismo tema, pero cuarenta años antes, debe ser algo impensable porque esta existencia ha sido tratada como si no existiese. El lugar de ese libro sigue siendo pues vacío o invisible. Sin embargo, suponiendo incluso que dicho libro no tuviese interés, su título es en sí histórico y hubiera debido ser suficiente para haber llamado la atención, la calidad de ex-communard de su autor, debiera haber sido una atracción adicional.
Esta conjunción entre el interés evidente y la inexistencia me turbó durante mucho tiempo. Un librero especialista en la historia de la comuna, por medio del cual yo intentaba encontrar el libro, me dijo de primera que tal libro no existía... ¿Es realmente imposible encontrarlo? ¿Lo habrán destruido?. ¡Por suerte la Biblioteca nacional conservaba un ejemplar!
Mientras que el autor, por su parte, ha caído en el olvido, a pesar de que sea obligatoria su mención por todos los historiadores de la Comuna; o mejor dicho se ha transformado en un nombre, es decir en la nada..." (6)
Los historiadores de la Comuna han sido en general socialdemócratas (stalinistas o no) y es normal que olviden a un militante que además tenía el "defecto" de estar por la destrucción del Estado. Como dice Noël a propósito de Lucien Scheler:
"En su prefacio, Lucien Scheler intenta una biografía de este Arthur Arnould que tanto se ha oscurecido aparece. Cuando llega al período de "El Estado y la Revolución" Lucien Scheler evita la mención de este título y se contenta de escribir "el conjunto de sus artículos sobre las cuestiones sociales, anti-estatales, anarco-colectivistas que aparecieron en los Derechos del Hombre, agrupados en un volumen fueron editados en Ginebra en 1978 por El Trabajador".
Para Lucien Scheler el ser "anti-estatal" es una tara, y dicha tara lo autoriza a silenciar el título de un "conjunto" políticamente dudoso; al menos que la tara no tenga por función la de exonerarlo de citar un título molesto..." (7)
En el libro de Arnould, como en el de Lenin de 40 años más tarde, se trata pues de destruir el aparato del Estado; Lenin renunció abiertamente a ello. Aun sin conocer mucho el papel de Arnould y las tentativas del mismo ¿no es todo esto sumamente molesto para quienes escriben la historia oficial del marxismo? ¿Acaso Lenin, plagió hasta el título de Arnould? Nosotros no tenemos elementos para afirmarlo, no sabemos si Lenin estudió a fondo Arnould, lo que no cabe dudas es que el libro de Arnould circulaba en Suiza entre los refugiados socialistas rusos en la época de Lenin.

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Por todo ello, en este número de Comunismo, dedicado al Estado y la Revolución, nos pareció imprescindible hacer conocer Arnould y reproducir algunos extractos de su libro. Por supuesto que ello no implica adherir al conjunto de sus posiciones, pues claro que en muchos casos no estamos de acuerdo (por ejemplo Arnould es claramente federalista y anticentralista); sino subrayar algunas posiciones de este militante obrero, como jalones en la larga experiencia del proletariado por afirmar la lucha contra el Estado. En realidad es verdad, que hasta el título mismo del libro, es un jalón en esta afirmación histórica!

Merece dejarse claro sin embargo, que tanto Arnould, como su libro, presentan aspectos contradictorios; Arnould fue un militante de vanguardia y luego dejó de militar, haciéndose budista y místico al final de su vida; las posiciones de Arnould parecen oponerse a toda la corriente y explícitamente se contrapone a todos los socialistas de su época (de Marx a Proudhon) y luego parece aceptar posiciones de este último totalmente burguesas como la de la federaciones locales y nacionales; en algunas partes parece estar por demoler todo incluida toda la democracia y el sufragio universal y en otras aparece admirando la Federación Suiza!. Más aún, en algunos pasajes presenta una lucidez sorprendente criticando toda ilusión sobre las libertades políticas, la izquierda burguesa, el principio mayoritario, denunciando la dictadura de clase burguesa detrás de cualquier república y afirmando que sin revolución social, no hay revolución política y por el contrario en otros pasajes hace la apología del comunalismo, del federalismo y el corporativismo. Pero por más grandes que sean nuestros desacuerdos con estas posiciones (en realidad posiciones de la contrarrevolución) el lector podrá comprobar hasta que punto el libro el Estado y la Revolución de Arnould, contiene, 40 años antes que el libro homónimo de Lenin, afirmaciones programáticas esenciales que constituyen jalones decisivos en la contraposición histórica entre el proletariado y el Estado.

No pudiendo hacer una bibliografía del autor (a tales efectos remitimos el lector a la presentación de Noël, ya mencionada), nos contentaremos de subrayar algunas posiciones de Arnould antes y durante la Comuna.

Poco antes de la Comuna, en 1869, Arnould colaborará en un periódico titulado La Marsellesa. Antes que el mismo sea clausurado por el gobierno Arnould escribirá unos sesenta artículos, que luego reunió en un libro intitulado "Una campaña a la Marsellesa". De dichos artículos Noël extrae algunas posiciones de Arnould que nos parecen decisivas en la trayectoria que lo conducirán a escribir "El Estado y la Revolución":

"Un parlamento... nunca puede representar aspiraciones diferentes a las de las clases gobernantes y siempre procederá de acuerdo con las antiguas tradiciones."
"El sufragio universal se limita siempre a lo existente,... nunca se pronunciará masivamente contra un gobierno establecido dado en favor de un gobierno a venir."
"Para nosotros, fundar la libertad, es reunir lo que nunca debió ser separado: el poder y la nación, o mejor suprimir uno de esos dos términos, restituyendo el poder a la nación misma."
Durante la Comuna, Arnould fue elegido para el Consejo de la Comuna, por los distritos 4 y 6 de París, optando por el primero. En los debates se pronunciará siempre por hacer públicas todas las discusiones de la Comuna, exige que los votos se hagan a mano levantada, que cada uno asuma públicamente la responsabilidad por sus actos. En cuanto a las represalias contra los versalleses, se opone a las calaboceadas y a la toma de algunos rehenes, pero propone por ejemplo demoler las propiedades en París de los versalleses y en especial derribar el Hotel que tenía Thiers en París.

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El Estado y la Revolución

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No pretendemos a continuación sacar una muestra representativa de las fuerzas y debilidades del libro de Arnould; sino que solo seleccionamos algunos pasajes en el que sus posiciones son más claramente partidarias de la destrucción del Estado cualquiera sea su forma y presentan una crítica del sistema representativo, del sufragio universal, etc.

Del capítulo "La Teoría del Poder"

"¿Qué es lo que yo he dicho siempre? Qué el Estado era la negación misma de los derechos de los ciudadanos, que eso... que se llama gobierno, parlamentario o no, solo representa la dictadura del Estado, que toda libertad era vana, ilusoria o irrisoria, mientras que el Estado estuviese ahí, dado que el mismo no puede permitir, soportar ninguna de ellas.

Algunos necios no dejaron de pretender que yo exageraba, y que nada era más fácil que conciliar el fuego y el agua, el Poder y la libertad, el Estado y la democracia, la Centralización y la Autonomía, la Unidad y el gobierno directo. (...)

-El Estado soy yo - decía ayer Luis XIV.

-Yo soy todas las luces, yo soy la ciencia infusa, yo soy la infalibilidad, -por lo tanto yo tengo todos los derechos y ejerzo todos los Poderes. -dice hoy el Estado.

¿Qué diferencia, desde el punto de vista de la libertad, veis entre las dos fórmulas?

Notad que el Sr de Marcère tiene razón, pues si el Estado no fuese todas las luces, si no fuese toda la ciencia infusa, si no fuese la infalibilidad, ¿qué sería? - Un simple agente de ejecución de la voluntad popular. - Pero entonces obedecería en lugar de mandar - No sería más la Dictadura, no sería más el Estado. - Sería el pueblo que tendría los derechos y que ejercería el Poder - y el gobierno, absorbido por la soberanía popular, desaparecería.

Hay pues antinomia absoluta, contradicción irreductible, entre soberanía popular y la soberanía del Estado. No se puede obedecer y mandar al mismo tiempo, ser a la vez gobernante y gobernado y el sistema parlamentario de la delegación de la soberanía del pueblo solo puede ser el sistema de la abdicación de la soberanía del pueblo.

Delegar sus Poderes, es darse un amo.

Yo lo digo y el Sr de Marcère lo prueba.

Mientras el Estado subsista pues, no esperéis nada.

Toda pretendida libertad será despotismo o irrisoria entre sus manos.

Toda representación será suya o no será nada.

No hay derecho contra la fuerza. ¡No hay otra soberanía frente al Poder, que el Poder!".

* * *

Del capítulo "El régimen parlamentario"

"Un hecho que tiene que chocar a los espíritus más indiferentes, es que los lamentos y las críticas son siempre las mismas, sea cual fuese la forma de gobierno que preside nuestros destinos, y que, a excepción de los nuevos advenedizos, los descontentos son siempre los mismos y se reclutan en las mismas categorías sociales.

Esto nos induce a pensar que los abusos no desaparecen y que los sufrimiento persisten. No obstante, la "Republique français", el "Siècle" y los otros diarios del oportunismo, no han parado de cantarnos las alabanzas del régimen parlamentario y de oponerlo al régimen personal.

Cierto es que si consideramos solamente la superficie, un abismo separa al Imperio de la República...

Tomemos la situación en el mejor de los casos, desde el punto de vista teórico, abstrayéndoos de todos los inevitable golpes de Estado y admitiendo que la Constitución sea respetada y practicada lealmente, y démosnos cuenta de la realidad.

Ayer, Francia tenía un jefe inamovible, y por consecuencia irresponsable, Francia le pertenecía a tal punto que el hijo de este jefe debía heredar la nación, como se hereda una casa o un rebaño. Dicho jefe tenía el derecho de la paz y de la guerra - ¡y bien que usaba del mismo!...¡

(...) En una palabra Francia estaba en manos de un hombre!

Bajo la Tercera República, el jefe del Poder es temporario, elegido por los representantes de la nación. No tiene más el derecho de paz y de guerra, ni siquiera el de amnistía. Solo le han dejado la "amplia clemencia"...

En todos los escalones de la máquina política, tenemos la elección y los elegidos son temporarios...

¡Qué diferencia entre los dos regímenes!

Es a eso que los autores consagrados y los sabios llaman organización de la democracia. Todos los poderes salen del pueblo por el sufragio universal, y todos los Poderes son revocables.

Un habitante de la luna a quien le contaran esta historia juraría que no tenemos nada más que desear.

Resultado: -¡Nada!

Ni una libertad más en la esfera política, ni una mejora en la esfera social.

Ese Poder electivo y temporario nos hace trotar como el Poder personal y hereditario.

¡Ni una reforma! -¡Ni un progreso!

El barrendero que ganaba 1 franco 50 bajo Louis Felipe o Napoleon III, los gana aun bajo Thiers o Mac-Mahon, y se sorprendería muchísimo si le dijésemos que una inmensa Revolución se realizó en nuestras instituciones y que hemos pasado de un régimen monárquico al republicano y del despotismo a la democracia.

El día en que el Sr. Gambeta reemplace al Mariscal Mac-Mahon, se puede incluso temer que ese barrendero no pueda participar en los festejos públicos de los Sres. Challemel-Lacour y Jules Ferry,- pues se puede haber muerto de miseria justo en el instante en que tan feliz acontecimiento se produzca (8).

¿Cómo puede ser que régimenes tan diferentes en apariencia, y de hombres tan distintos en el Poder, no modifiquen nada, no cambien nada al estado verdadero de las cosas?

¡Nada más simple! -Mientras no lo comprendemos no saldremos del despilfarro y la servitud!

El jefe del Poder (es) temporario, -es verdad,- pero él es siempre el jefe del mismo Poder, de un poder cuyas atribuciones, medios de acción y la omnipotencia, no variaron nada (9).

Y el mariscal se ha encargado de probarlo.

Se lo debe reemplazar cada 7 años, -sin dudas- pero es como si el rey muriera cada 7 años, en vez de morir a intervalos irregulares.

Es elegido, y escapamos a los azares de la herencia -eso es seguro- Pero estamos sometidos a los azares de una mayoría sujeta a todos los arrastres y oscilaciones, a los que la someten algunos vivos y algunos ambiciosos.

Que un miembro de la izquierda tenga gripe el día de las elecciones presidenciales, - y de ahí la marcha del país se modifica por 7 años, pues es suficiente un voto para determinar nuestros destinos.

No hace mucho la República y la Monarquía se jugaban a cara o número en la Asamblea precedente y fue por un voto que se decidió la suerte de esta gran nación.

En el Senado, -que tiene derecho al veto de todas las leyes y que puede disolver la Cámara de diputados,- la mayoría depende de un grupo de diez votos que se posicionan en la derecha o la izquierda, según su interés personal.

¿porque se llame régimen parlamentario, encontráis que es una garantía suficiente? (...)

Ayer, pertenecíamos a la voluntad, al capricho, a los intereses de un hombre. Hoy, pertenecemos a la voluntad, a los caprichos, a los intereses de quinientos individuos, entre los cuales no es para nada la voluntad del pueblo que decide, sino la fuerza bruta de una cifra.

El voto de un oportunista cualquiera, o de un Lorgeril, o de un Belcastel, puede parar todas las reformas en un momento dado (...)

El régimen parlamentario, no es pues, más que una apariencia, un engaño,... en el fondo siempre se encuentra la potencia total del Estado y la dictadura del gobierno. Es siempre el principio de autoridad que domina todo. La autoridad cambia de una mano a la otra, pero siempre por sobre la cabeza del pueblo.

En una palabra, que el gobierno sea hereditario o electivo, temporario o a vida - ello no cambia la naturaleza de las cosas. - Es siempre un hombre, o una colección de individuos, o una clase dirigente, que detiene el Poder y que decide del destino de la nación.

Por más que se renueve la delegación de la Autoridad, no se modifica su carácter autoritario y el pueblo no es menos desposeído. También se renueva el agua y el carbón de las máquinas de vapor; pero ¿es qué por ello la máquina deja de ser la misma máquina?.

Póngase en el Poder a quien se quiera, éste siempre será el mismo Poder. Por lo tanto, siempre que exista un Poder por encima del Pueblo, este Poder estará contra el Pueblo, de esto tiene ud. la prueba desde que estamos supuestamente en República.

Como si cuando los esclavos de las colonias reclaman su emancipación le dijésemos:

¿Queréis la libertad mis buenos amigos? Nada más simple; de ahora en adelante en vez de ser vendidos en el mercado, podréis escoger vuestros amos. Los esclavos alzarán los hombros sabiendo perfectamente que el amo, elegido o no, los fustigará a su capricho.

Queríais vuestra emancipación - se os concede el poder de elegir vuestros propios gobernantes y los farsantes os asegurarán de que ahora sois libres. Pero los patíbulos de mayo de 1871, luego de los de junio de 1848 (10), os enseñan que aunque vosotros elijáis al amo, ello no impide que él os fustigue,... con su mano de amo."

* * *

Del capítulo "Los Mayores y los Menores"

"El sufragio universal debería asegurar el triunfo de la democracia. El nos ha dado el imperio, el Oportunismo, y el orden moral, cuyos hermosos resultados continúan desarrollándose bajo nuestros ojos.

Gracias a este nuevo mecanismo introducido en la máquina gubernamental, es verdad, que no es más, bajo el nombre de derecho divino, ni de la oligarquía burguesa y censual, que somos gobernados, sino en nombre de la mayoría, del número bruto y sin otra moralidad que un total.

Ahora bien, en un país que sale de catorce siglos de monarquía y de catolicismo, el poner el destino de la nación al azar de una operación aritmética solo puede producir las consecuencias a las que estamos sometidos.

La mayoría, en las circunstancias actuales, es necesariamente ignorante, inconsciente o indiferente a los intereses que no comprende y que le parece no la tocan directamente..."

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Del capítulo "La abdicación"

"...Todos los argumentos que antes se hacían valer contra los plebiscitos del Imperio, cuando se sostenía con razón que un pueblo no tiene el derecho de abdicar, de estipular por las generaciones futuras - todos esos argumentos, se pueden aplicar al sistema representativo.

No se tiene más derecho de desprenderse de su soberanía por hacerlo por cuatro años, por un año, por un mes, por una hora, por un minuto, que por hacerlo por cien años o por la eternidad. No se tiene más derecho de comprometer el día de mañana, que el siglo próximo.

Vuestras elecciones son plebiscitos en los cuales vosotras abdicáis. Le duración de la abdicación no prueba nada - vuestra Soberanía no dura más que un segundo: -el segundo durante el cual metéis el boletín de voto en la urna.

La misma consiste exclusivamente en el hecho de que os acuerdan la facultad de remitirla a otro. Aunque ello se renueve a intervalos más o menos regulares y seguidos - veis bien que ya no sois libres.

El gobierno imperial decía: -Vosotros declararéis, una vez para siempre que yo soy vuestro amo para siempre - yo y mis descendientes.

El gobierno representativo -republicano o no - os dice: nombraréis vuestros amos cada cuatro años. ¿cuál es la diferencia?

Cambiar de amo, no es cambiar de collar.

Los que duermen en una pieza amueblada porque no tienen casa también tienen la facilidad y el derecho de cambiar de propietario. Hasta pueden cambiar una vez por semana. ¿Es que por esta razón se encontrarán más en su casa? ¿Es que por esto serán más propietarios de la pieza que ocupan?

Y eso no es todo.

No solo vuestros representantes, una vez nombrados no dependen más de vosotros, y pueden liquidar todas vuestras libertades -como lo hacen- sino que, los encargados de representaros, son vuestros adversarios.

Vosotros sois la clase dirigida - y vuestros representantes pertenecen a la clase dirigente.

Vosotros sois los asalariados y los explotados, -ellos son los industriales, los comerciantes, los rentistas.

Vosotros sois los trabajadores, ellos son los patrones.

Vosotros sois los poseídos, ellos son los posesores.

¡Y vosotros los acusáis de falta de energía, cuando ellos sacrifican vuestras más queridas esperanzas, cuando postergan y rechazan vuestras más legítimas reivindicaciones!

¿Qué les falta la energía? - ¡De ninguna manera!

Los habéis visto en junio de 1848 y en mayo de 1871.

¿Decidme si alguna vez la Convención, de enérgica memoria, mostró tanta energía contra los realistas, la Vendée (11) y el extranjero, como la desplegada, contra el proletariado sublevado?

¿Qué les falta la energía?

Contra vosotros,- ¡nunca!

Para vosotros,-¡siempre!

Plantead la cuestión revolucionaria y todas esas liebres de la izquierda, para quienes el Senado no es más que un bocado, se transformarán en truenos de guerra contra el París comunalista.

En el 89, el Tercer Estado ¿encargó a la nobleza y el clero de hacer la revolución?

De ninguna manera, lo hizo él mismo, pues se trataba de sus intereses propios, que eran opuestos a los intereses de los representantes de la vieja sociedad.

Hoy la revolución burguesa está hecha y requete hecha.

El Tercer Estado es todo y tiene todo. (...) Todo lo que reclamáis, lo tienen vuestros amos.

¿La libertad de asociación? ¿Es qué los capitalistas no la tienen en forma plena y entera, llevada hasta el Internacionalismo que se os prohibe? Hay fronteras para el trabajo y para los trabajadores. No lo hay, desde hace mucho tiempo, para los escudos y los accionarios.

¿El derecho de reunión? - ¿No tienen ellos todos los círculos, todos los clubs que les convienen?

¿La organización corporativa? - ¿No lo tienen ellos y en el ejército y en el clero, y en la magistratura, y en la administración y en los foros judiciales, y en las Cámaras de comercio y en las compañías financieras?

¿El producto integral de vuestro trabajo? - No lo tienen ellos, - y del de vosotros también?

¡Todo lo que os falta ellos lo poseen - y vosotros contáis con ellos para que os lo den!

Vosotros decís: - ¡Ellos abandonan todas las libertades! Error: Ellos solo abandonan las vuestras. Ellos no pierden nada. Son lógicos. Sois vosotros quienes no lo sois:

Abdicando de vuestra parte de Soberanía en el mecanismo representativo.

2º Eligiendo además vuestros supuestos representantes entre los miembros de la clase enemiga.

* * *

Del capítulo "La República y la Revolución Social"

Si el pueblo de Francia, en menos de un siglo, ha reestablecido tres veces la República, si la quiere, si esta muy relacionado a ella, no es, sin lugar a dudas, por un sentimiento clásico de admiración por las Repúblicas de la antigüedad. Esas Repúblicas se basaban en la esclavitud del trabajador, de la mujer y del niño, y sacrificaban, en nombre de la razón de Estado, hasta la autonomía del ciudadano libre, lo que solo podía inspirar horror, a pesar de su incontestable grandeza política.

Si el pueblo quiere la República no es tampoco por un fetichismo estrecho de tal o cual forma de gobierno, puesto que nadie ignora que, como Roma pagana, Venecia católica y Versalles orden-moralista lo han probado, que el despotismo anónimo de una oligarquía es algo tan espantoso y más difícil de destituir que el Poder personal en manos de un bandido. No es, tampoco, por adoración al parlamentarismo, que no es otra cosa que la encarnación de la Dictadura burguesa (...)

Entre los dictadores de ayer, en nombre de los principios conservadores y los de mañana en nombre del Oportunismo, -el pueblo no tiene nada que elegir y no elige.

Si hay un poco más de sangre en las manos de unos que en la de los otros, es un asunto de circunstancias, no de consciencia.

Si por lo tanto el pueblo ha querido y quiere la República, es que espera otra cosa que lo que puede esperar de la monarquía.

Pero, para que la República le procure las ventajas a las que tiene derecho, es necesario que tenga órganos apropiados a su misión. Pero el Poder político, sea o no republicano es siempre la expresión de alguna dictadura.

A la sociedad feudal y guerrera, improductiva y religiosa de la edad media, corresponde la forma monárquica pura. Esta sociedad representa el Derecho de la fuerza. - Ella proviene de la conquista y reposa sobre dos columnas: Dios, el rey de arriba, que tiene sus privilegios de la gracia y sus millones de sujetos del infierno y el Rey, ese dios de abajo, que tiene sus favoritos de nacimiento y sus condenados de la gleba y del trabajo.

A la sociedad burguesa y capitalista corresponde el parlamentarismo. - El Estado es un cofrefort, la clase dirigente una Compañía anónima a capital variable para la explotación del trabajo de otro. Cómo en toda asociación de ese género, hay un consejo de administración, -poder ejecutivo,- y un consejo de vigilancia, - poder legislativo.

El país pertenece a un cierto número de accionistas en comandita, que se reparten los dividendos llamados instrucción, fortuna, instrumento de trabajo, empleos asalariados,gobierno.

Lo que distingue la monarquía absoluta del parlamentarismo, -es idénticamente la diferencia que distingue la gestión arbitraria de una fortuna privada, recibida por herencia, de la gestión controlada de los capitales de bolsistas unificados, siempre ávidos de riquezas.

Ese control de la bolsa, por los que tienen los hilos, ha recibido el nombre de libertades constitucionales o políticas.

Que dicho régimen se manifieste con la ayuda de un rey que reine pero no gobierne, o de un presidente que gobierne pero no reine, o de un consejo de ministros que reine y gobierne - ¿qué gana el pueblo? (...)

Que un Napoleón III esté en el trono - y sus crímenes, su inepcia, atraen todas las miradas. - Uno se figura que cuando parta ese bandido o ese idiota, se llegará a un gran sentimiento de alivio: que Francia una vez vuelta a sí misma, serán la libertad y la justicia que ocuparán el Poder.

La República proclamada, la libertad se llama Thiers, o Mac-Mahon, la justicia Dufaure, o Martel o de Broglie.

El déspota se fue, el despotismo continúa.

No hay más Monarquía, hay República y a pesar de ello nada ha cambiado.

Es que el despotismo político no es más que la forma exterior de la esclavitud económica.

Aquel nace de ésta, - y ésta lo engendra.

Por eso, es la esclavitud económica que hay que abolir-

¿Se puede separar la Revolución social de la Revolución Política?

¿Se puede resolver el problema en uno de sus términos únicamente?

En una palabra, ¿hay dos Revoluciones?

No; - hay una sola.

Es tan imposible fundar la libertad política como lo pretenden los llamados liberales y oportunistas, sin resolver la cuestión del servilismo social, como solucionar la cuestión social sin tener los instrumentos de la libertad política.

Del hecho de que la libertad política sea una ilusión sin la igualdad social, no vayamos a creer, por otra parte, que la igualdad social pueda crecer y florecer sin la luz abundante de la libertad política.

Solo, que esta libertad, hay que buscarla ahí donde está.

No hay que pedirla a las formas gubernamentales, al método unitario y centralista, - en una palabra al Estado; hay que pedírselo al federalismo, a la autonomía de los grupos, es decir a la Comuna a la Corporación..."

* * *

Lo que se encuentra bajo todo Gobierno

"Cuando se desarma al pueblo para armar al Poder, el gran argumento, es que es necesario crear una fuerza independiente que planee sobre todas las pasiones y los intereses de los partidos, asegurando así el triunfo de la ley y de la justicia uniformes para todos, una fuerza cuyo papel sea la de identificarse con las voluntades y las necesidades de la mayoría, de hacer respetar, las primeras, de satisfacer las segundas, etc., etc.

Esta teoría sería perfecta si no fuese absurda, si los hechos no la desmintiesen siempre. ¿Cuándo el Gobierno ha jugado, un día una hora, un minuto, un segundo, ese papel fantástico y providencial que se le atribuye?

¿Y como podría jugarlo?

¿Qué, el gobierno planee sobre las pasiones y los intereses de los partidos?

Llamese a si mismo ya partido conservador, ya partido republicano, él sólo habla de los intereses de ese partido (...)

Ved que en realidad solo representa las pasiones y las voluntades de los hombres en el Poder, que no hay ni reglas, ni principios, ni ningún tipo de garantía, que es el estado de guerra permanente, que el Gobierno, no es otra cosa que una fortaleza en donde cada partido penetra, cuando le toca, por la violencia, y desde donde se tiraniza y se terroriza a los enemigos, nunca os dio y nunca os dará la libertad.

Sacad las falsas narices constitucionales, parlamentarias, representativas y solo encontraréis detrás:

LA ESCLAVITUD EN EL DESPERDICIO!"

* * *

Notas :

1. Tanto ayer, cuando se reivindicaba de Lenin, pues era la expresión misma de una posición antiestatal cooptada por el Estado capitalista; como hoy (1992), que el comunismo y el antiestatismo, son considerados como algo superado y como los culpables de todo lo que marcha mal en el capitalismo ruso. En ambos casos el antiestatismo es liquidado, antes por estar en el Estado mismo, ahora porque ha sido superado.

2. Ver en este número de Comunismo el borrador "Notas sobre el Estado".

3. Lenin: El Estado y la Revolución.

4. Miembro de la Comuna de París de 1871.

5. "La vida de un muerto es siempre ficticia".

6. Noël, Obra citada, páginas 18 y 19.

7. Op. cit. p. 19.

8. Como se ve Arnould se ríe aquí de las diferencias entre la izquierda y la derecha de la burguesía.

9. Aquí Arnould aproxima una teoría de la esencia del Estado invariante independientemente de los hombres que lo ocupan.

10. En francés dice "pontones" donde hemos traducido "patíbulos", que creemos que expresa lo que el autor quiere decir mejor que si hubiésemos traducido literalmente "pontones". Lo importante es que se refiere a las masacres que siguieron las dos grandes batallas del proletariado en Francia en 1848 y 1871.

11. Insurrección contrarrevolucionaria desarrollada en Vendée en 1793. Los insurrectos (o Blancos) constituyeron un ejército primero "católico y romano", luego "católico y realista" de unos 40.000 hombres.

* * *

Lea "Contra la política - Notas de lectura y extractos de 'El Productor' La Habana - Cuba (1887-1890)"


CO31.5 CONTRA EL ESTADO * * * "El Estado y la Revolución" de Arthur Arnould