Con el tan cacareado acuerdo Reagan-Gorbatchev, acerca de tales o tales otros misiles, los proletarios del mundo entero debieron soportar otra salva espectacular de nuevos discursos sobre "La PAZ" (2) y acerca de los avances hacia ella. Gorbatchev y Reagan, Jean Paul y Walessa, Alfonsín y Fidel Castro, Ayatolah Komeni y Gemayel, Alan García y Ortega, Felipe Gonzales y Pinochet, Simón Peres y Yaser Arafat, Amnesty Internacional y la ONU, nos hablan de paz. Todos, absolutamente todos los Estados del mundo, todas las instituciones del Estado, todos los personajes de esos Estados, nos hablan de Paz. Todos, absolutamente todos los partidos del orden tienen en la boca la palabra paz para escupir cotidianamente. Las iglesias, los sindicatos, las policías, los ejércitos, los jueces, los sociólogos, los empresarios, los medios de comunicación del mundo entero, HABLAN, HABLAN, Y HABLAN DE PAZ.

Si hubiese una relación directa entre lo que tan importantes señores dicen y lo que hacen, la paz universal reinaría. Pero dejemos por ahora de lado la clientela de Papa Noel, la Cruz Roja, Amnesty Internacional, las Iglesias o los Sindicatos,... es decir aquellos que creen en lo que' tales individualidades dicen de sí mismos.

Nosotros, proletarios que escuchamos mil y una vez esos cínicos discursos, nosotros que no creemos ni podemos creer en ningún otro mundo idílico que el que existe y soportamos, nosotros que vivimos el yugo cotidiano de la explotación despiadada hasta la exterminación de la vida misma, nosotros que constatamos en cada instante que millones de hermanos se matan en diferentes partes del mundo en la barbarie civilizada de la guerra entre Estados, nosotros que no olvidamos ni podemos olvidar las carnicerías de las guerras generalizadas a nivel internacional, nosotros que sabemos que hoy mismo en este minuto en todos los minutos, están reventando de hambre y miseria niños, viejos, adultos, mujeres y hombres... ejecutados por el mismo sistema capitalista que engloba todos los países, nosotros que vivimos los sacrificios que acompaña cada llamado de paz, nosotros que constatamos que la superproducción de los discursos de paz (o de los planes de paz) es directamente proporcional a la superproducción de medios de guerra, nosotros no podemos contentarnos con no creer lo que nos dicen los pacifistas de este mundo, NOSOTROS ESTAMOS OBLIGADOS A COMPRENDER QUE SUS GRITOS DE PAZ Y QUE "SU PAZ" ES SIEMPRE UNA GUERRA CONTRA NOSOTROS

oOo

En efecto, hay, por así decirlo, en primer lugar, un hecho digamos "evidente", que todo proletario constata: ellos mienten, todos los pacifistas del mundo mienten.

Cada uno de nosotros, bien o mal, sabe que una cosa es lo que los hombres dicen de sí mismos y de su institución y otra totalmente diferente lo que ellos son y hacen en la realidad, en la práctica. En nuestro caso, basta con constatar que son precisamente los que hacen la guerra capitalista los que más hablan de paz, basta saber, que el mejor argumento de cualquier fábrica de armas es el de "mantenimiento de la paz"; que el Estado Ruso envió sus tropas a Afganistán con el mismo argumento que ayer Hitler y Stalin se repartían Polonia, o que el Estado Norteamericano bombardeaba Hiroshima, Nagasaki, Dresde, etc.: "el mantenimiento de la Paz"; que la masacre realizada por el Estado de Israel en Gaza, en Cisjordania, en el Líbano, se hizo -y se hace- por la paz y también que la paz es la que sirve de bandera en las sucesivas intervenciones, en todos los continentes, del Estado USA, Inglés, Francés, Cubano, etc., basta recordar en fin que se trata de la misma Iglesia, de los mismos Partidos, de los mismos Sindicatos, que ayer, en nombre de la misma historia de la paz, enviaron a millones de seres humanos a las carnicerías imperialistas, los que hoy nos hablan de paz; para darse cuenta que estamos frente a una gigantesca y cínica mentira organizada de una sociedad en putrefacción. Dicho de otra manera, es suficiente observar su práctica para constatar y poner en evidencia que su discurso es una mentira, basta con denunciar su práctica social para evidenciar que cada una de sus palabras de paz es una mentira.

Sin embargo, esto no es suficiente, si todo fuese una simple mentira la cuestión sería simple. Pero no es así, detrás de todos esos discursos sobre la paz existe "otra verdad", más importante y trascendente, más profunda y decisiva para la organización de nuestra clase. En la línea de siempre de nuestra acción, tendiente a poner al descubierto la realidad para contribuir y dirigir el movimiento de autonomización de nuestra clase, nosotros insistiremos aquí sobre esta "otra verdad".

¿PORQUE TODOS NUESTROS ENEMIGOS NOS HABLAN DE PAZ?

Volvamos a comenzar por lo que se constata a diario. La situación económica y social de nuestra clase se agrava, la represión de nuestra lucha sigue el mismo curso, la burguesía se muestra cada vez más incapaz de realizarse como clase (acumular indefinidamente) sin aumentar nuestra miseria, y al mismo ritmo los discursos de paz se multiplican. En la misma medida que los estallidos de guerra imperialista se desarrollan, los discursos acerca de la paz se multiplican. Hay evidentemente una relación precisa, entre la realidad y lo que ellos nos cuentan, entre la crisis, la guerra y los discursos de paz, aunque dicha relación no sea la que aparece frente a la opinión pública, sino su antagónica.

La crisis capitalista, no tiene otra solución capitalista que la guerra de destrucción capitalista: la crisis capitalista, cuyas manifestaciones bursátiles y financieras resultan ya inocultables, empuja a cada capital a hacer saltar la guerra comercial que se libran en permanencia fuera de su propio cuadro; o mejor dicho a prolongar la competencia al plano militar. Las diversas fracciones burguesas necesitan hacerse su guerra. Pero si bien, esta guerra es exclusivamente la de ellos, en el sentido de que está directamente originada en el sistema burgués y en el de que solo la burguesía tiene algo a ganar en ella (la fracción triunfante), no son ellas las que irán a hacerse matar, o a matar, a autodestruirse,... No es el ministro, ni el jefe del partido "de derecha" o "de izquierda", ni los parlamentarios o burócratas sindicales que dejarán sus huesos en el campo de batalla; sino que será por el contrario al proletariado (uniformado o no) a quien se le atribuirá el triste honor de la defensa de la patria. El capitalismo no está por lo tanto únicamente obligado a hacer la guerra imperialista, sino que está obligado a forzarnos a hacerla en su nombre, a enviarnos al matadero de su guerra. Hacer la guerra imperialista significa, no solo (ni principalmente) tener muchas armas y un ejército disciplinado (obediencia de los obreros uniformados!), sino (como todo Estado capitalista sabe), una economía que funciona, una buena cohesión social y política. El ABC de la guerra del capital es que no solo el ejército guerree sin descomponerse, sino que toda la población colabore; la fuerza relativa del Estado capitalista depende precisamente del nivel de convicción y movilización del "conjunto de la población nacional" (3).

Si a un ministro se le antojara venir a contarnos que hay que ir a matar rusos, o a destruir fábricas en el Japón, porque eso le vendría fenómeno a "nuestros" patrones, a "nuestro" Estado; si un sindicalista largara una campaña de movilización para matar a todos los desocupados del mundo entero resolviendo, así, el problema de la desocupación; no hay dificultad en imaginar como terminarían ese ministro y ese sindicalista! Pero no se puede contar con la imbecilidad de nuestros enemigos, además en tanto que ministro, sindicalista o general, alguien que desnudara tan explícitamente los propósitos del capital no duraría un solo día más: los mecanismos del sistema de cooptación democrática aseguran que dichos cargos sean ocupados por personas competentes en cuanto a la capacidad de engaño y dominación, y sino cumplen con ello el sistema los destrona despiadadamente. Desde el punto de vista del capital, los verdaderos objetivos de la guerra deben necesariamente quedar ocultos frente a la masa movilizada. Cualquiera de ellos sabe que no se puede utilizar como argumento de la guerra la misma guerra, la necesidad y agresión, de destrucción y que para ser seguidos, para cumplir su misión histórica de movilizar en su servicio a las masas, es indispensable que presenten cada paso hacia la guerra como un paso hacia la paz. Así, sería ilusorio esperar que se nos presente la fortificación de la OTAN, por lo que ella es en realidad: un desarrollo de la capacidad agresiva y expansionista del bloque occidental. Ella debe ser presentada necesariamente en nombre de la paz. Y demás está decir que lo mismo hace y está forzado a hacer en su lógica burguesa el Pacto de Varsovia. El ministro nos explica así que "necesitamos defendernos", el sindicalista nos cuenta que "la paz social" es necesaria, que "no hay que comprometer nuestros derechos haciendo huelgas salvajes", los curas, los generales,... todos los dirigentes de la sociedad actual nos invitan a trabajar para "preservar la paz".

Además, la complementariedad es perfecta, no solo entre ministros, parlamentos, sindicatos, iglesias,... de cada campo imperialista, sino también entre los de ambos ''campos": es necesario mantener la paz social, toda perturbación de ella beneficia al "enemigo agresor" ("agresor" es, evidentemente, siempre el otro campo), "ellos se preparan a la guerra, nosotros estamos por la defensa de la paz".

Los parloteos sobre la paz, no son por 1o tanto simples mentiras VACIAS, sino que son mentiras necesarias, mentiras LLENAS de necesidades de hacer la guerra.

¿QUÉ PAZ?

La mentira no nos deja por lo tanto indiferentes: detrás de cada discurso pacifista se esconden intereses y objetivos precisos, que tienen como verdadera finalidad el desarmar a la única fuerza que puede liquidar la guerra imperialista: el proletariado del mundo entero. La "mentira" de la paz sirve para preparar la guerra y constituye un arma indispensable para que los obreros del mundo entero se maten entre ellos en una guerra en la que no tienen nada que ganar. No hay nada de anormal entonces en el aumento paralelo de los discursos, conferencias, y tratados de paz con la superproducción de capital a escala planetaria y la necesidad consecutiva de generalizar la barbarie de las guerras imperialistas existentes. Desde nuestro punto de vista, proletario, ello implica la necesidad imperativa de organizamos en forma independiente y contra todos los pacifistas de este mundo,

Somos conscientes que este tipo de afirmación de base, de todo el programa comunista, provoca diversas reacciones, a veces antagónicas, y diversas malas interpretaciones. Dejemos de lado las reacciones de aquellos directamente beneficiados con el pacifismo (parte indispensable de la guerra) en este mundo, dado que, de todas formas, nuestra prensa no está dirigida a ellos.

Concentrémonos, pues, en las reacciones que comprobamos siempre ante tal tipo de afirmaciones en nuestras propias filas. Muchos proletarios ponen el grito en el cielo cuando decimos claramente que debemos organizarnos contra todos los defensores de la paz y nos dicen: "yo estoy por la paz entre los hombres" y "lucho por una sociedad de paz y de libertad", etc. Estos compañeros podrán tener razón en querer recordar el objetivo de la lucha de nuestra clase, pero el peligro es que eso lo hacen confundiendo aquel con la "paz" de los pacifistas. En realidad, entre ambos hay un abismo de clase, una frontera en la guerra de clases.

La paz entre los hombres presupone la existencia de una sociedad de hombres y no de una sociedad de explotados y explotadores, de oprimidos y de opresores, de dominados y de dominantes, de bestias de carga y de zánganos. El tiempo vendrá de hablar de libertad y de paz entre los hombres cuando exista una verdadera sociedad humana, cuando la explotación del hombre por el hombre sea barrida de la tierra, cuando la esclavitud asalariada, indisociablemente ligada a la existencia del Estado, sea demolida por la dictadura del proletariado (4). Antes de ello, el hablar de paz y de libertad, es no solo absurdo, sino reaccionario.

El sindicalista puede creer en su mundo fantástico e imbécil en donde todo será concertación, patrones y obreros, de la misma forma que el cura puede creer en su reino de los cielos. Pero el problema no está ahí, en ese mundo imaginario, ni tampoco en el hecho de que crean en ese mundo de manera sincera, el problema es, por el contrario, que en nombre de ese "mundo" actúan hoy, aquí, en este mundo real en el que estamos condenados a sufrir, en la defensa de la concertación social, de la paz social. El mundo fantástico con el que nos aturden y que dicen (y a veces creen) que constituye su objetivo, es en la realidad un verdadero medio para obtener la paz social en e] mundo tal como es. Por lo tanto la paz entre explotado y explotador, la paz capitalista es de hecho su verdadero objetivo. Ser pacifista en este mundo implica defender la paz del mundo capitalista. Se trata por lo tanto de una paz bien particular, de su paz, de la paz de nuestros enemigos.

Partimos primero del discurso de la paz y dijimos que era una mentira, vimos luego que no se trataba de una mentira vacía, sino de una mentira llena de necesidad de hacer la guerra imperialista, demos ahora un paso más en nuestra afirmación: la mentira expresa la verdad desde el punto de vista de nuestros enemigos, ella expresa su verdad: su práctica es realmente la defensa de la paz capitalista.

Toda verdadera lucha obrera tiene por objetivo disminuir (o/y oponerse al aumento de) la explotación (trabajar menos sea en cantidad de tiempo o en intensidad, apropiarse de una mayor parte del producto). Incluso, sin saberlo, esa lucha comienza a poner en cuestión la explotación misma, perturba la paz capitalista y ataca directamente la producción de plusvalor y por lo tanto de ganancia. Toda lucha obrera (que merezca tal nombre (5)) pone en cuestión la paz social, la unidad nacional imprescindible para hacer la guerra imperialista. Cuando dicha lucha se fortifica, se generaliza y comienza a dotarse de objetivos propios de clase, destruye la cohesión social y política del "pueblo", traba la buena marcha de la economía de guerra, creando enormes problemas de disciplina en el ejército. Asumiendo la dirección insurreccional, secretando una dirección comunista, dicha lucha liquida las posibilidades de la guerra imperialista y se sitúa explícitamente en la línea histórica de la liquidación de toda guerra.

Por ello, lo que conduce a la guerra no es solo el discurso acerca de la paz en tanto que fuerza material, sino que su misma paz es un motor de la guerra, dado que es antagónica a toda posibilidad de parar la guerra o de oponerse seriamente a los preparativos para hacerla efectiva. Dicho de otra forma, solo la puesta en cuestión de su paz, la lucha obrera independiente contra el Estado y todos sus representantes, puede impedir y destruir la guerra imperialista. Su paz, no es, ni puede ser, por lo tanto, otra cosa que la paz de decenas de millones de proletarios masacrados en la "primera" y la "segunda" guerra, paz de los cementerios pasados y futuros que nuestros enemigos pacifistas preparan sin reposo.

Más aún, dijimos que el Estado tenía necesidad de "convencer" a los obreros de hacer la guerra. Para ello el Estado utiliza evidentemente los discursos de los parlamentarios, de los sindicalistas, de los curas,... los buenos oficios de las iglesias, de las escuelas,... pero todo esto resulta siempre insuficiente cuando de lo que se trata es de enviar a millones de seres humanos a morir y matar en nombre de cualquier cosa (la nación, el Islam, las Malvinas, el socialismo,...), pero que implica siempre el abandono de todo interés obrero. Además el Estado, para defender su paz, tiene siempre necesidad de utilizar argumentos más fuertes para "convencer": el garrote, las prisiones, el plomo y la metralla... La policía, los cuerpos de choque patronales y sindicales, se encargan de confirmar el hecho de que su paz es la paz de las prisiones y de los cementerios.

Esa es otra de las razones que nos llevan a afirmar que los discursos de paz no son solamente una mentira, sino una verdad, su verdad. Pero hay más.

Cuando, frente a toda lucha obrera, todos los sectores burgueses gritan que la lucha proletaria beneficia al enemigo, lo que intentan es lógicamente imponerse como los defensores de toda población ("defensa de la patria") e imponernos sus intereses a través de la psicosis del miedo. Pero tampoco en este caso estamos frente a una pura mentira. Frente a la fortificación de la lucha obrera, la burguesía se siente verdaderamente débil y en casos extremos llega a aterrorizarse, y expresa ese terror de su manera. Por otra parte, es verdad, que esa lucha "beneficia al enemigo" de la burguesía, antes que nada al proletariado mismo. Es solo porque su enemigo interior, verdadero y total, en base a su lucha expresa su oposición a hacerse utilizar en la guerra nacional imperialista (y como dijimos toda verdadera lucha obrera, aunque se exprese por motivos puramente económicos, es esencialmente una puesta en cuestión de la adhesión de los proletarios a la guerra o/y sus preparativos), que la burguesía es más débil frente a su "enemigo" exterior. Desde nuestro punto de vista, nosotros no tenemos nada que perder y todo que ganar en la fortificación de nuestra lucha y en la debilidad de "nuestra" propia burguesía para imponernos su guerra.

Es totalmente lógico pues que los enemigos del proletariado griten que hacemos el juego del enemigo exterior, que ayudamos al invasor extranjero, todo obrero revolucionario será perseguido y acusado de espía. Lenin, también, en el apogeo de su ruptura derrotista revolucionaria insurreccionalista contra la social democracia de todos los países, era acusado en Rusia de ser agente de "los alemanes". Nosotros continuaremos nuestro camino combatiendo frontalmente a "nuestra" burguesía, a la que directamente nos impone la miseria y la guerra; su fracaso, la desorganización de su ejército y de todas las instituciones que recluían y movilizan para su guerra (iglesias, partidos, sindicatos,...) nuestra organización independiente constituyen, al mismo tiempo, la base de la destrucción del Estado burgués y el germen de la organización de nuestra clase en clase dominante.

Y seguirán insistiendo en el enemigo exterior. Evidentemente que nosotros también tenemos enemigos en el exterior: la burguesía de todos los países y por eso estamos directamente interesados en que nuestros hermanos de clase de todo el mundo actúen de la misma manera, destruyendo "su" ejército, la economía de guerra de "sus" propias burguesías. Pero nosotros tenemos una sola manera de contribuir realmente a lo que hacen los proletarios de todos los países. La organización internacional del proletariado y nuestra acción directa contra "nuestra" burguesía, contra "nuestro" ejército, contra la paz social de "nuestro" Estado nacional, sin lo cual todo discurso sobre la solidaridad internacional del proletariado es un sin sentido.

"El proletariado no puede asestar un golpe de clase a su gobierno ni tender (de verdad) la mano a su hermano, al proletario de un país 'extranjero' en guerra con 'nosotros', sin cometer un 'delito de alta traición' sin contribuir a la derrota ni ayudar a la disgregación de 'su gran' potencia imperialista." (6)

En efecto, la derrota de "nuestra propia" burguesía es idéntica a la descomposición del ejército y ésta a la posibilidad efectiva de tomar la iniciativa en la confraternización entre soldados de "campos rivales" y por lo tanto en la posibilidad de actuar directamente para destruir el ejército rival junto con nuestros hermanos.

"Los adversarios de la consigna de la derrota tienen miedo pura y simplemente de sí mismos, porque no se atreven a mirar cara a cara el hecho evidentísimo de que existe una relación indisoluble entre la agitación revolucionaria contra el gobierno y la contribución necesaria para su derrota." (7)

Claro que nunca la descomposición de los ejércitos será igual en los "dos lados", y evidentemente que este hecho será utilizado por la burguesía para tratar de convencernos de hacer la guerra en su beneficio "nuestro enemigo está fuertemente organizado, nosotros estamos desorganizados". Para nosotros, esta es una razón adicional para desplegar todos los esfuerzos para destruir totalmente el ejército, porque sabemos (como la revolución del 17 lo puso en evidencia) que ello enciende la pólvora en los ejércitos del mundo entero, porque sabemos que esa es la mejor contribución al trabajo hecho por los revolucionarios de los otros países, porque sabemos que el hecho de poner en evidencia delante de millones de obreros uniformados del mundo entero que ellos pueden dejar de matar y de hacerse matar en una guerra que no es la suya, imponiendo su propio poder sobre la sociedad, es el hecho más subversivo y desorganizativo que puede producirse en "el ejército rival", porque sabemos que es el único camino para eliminar no solo esta guerra, sino todas las guerras, eliminando las causas de las guerras: la sociedad capitalista.

CONTRA LA PAZ DE NUESTROS ENEMIGOS

Se nos ha reprochado el partir siempre de la guerra imperialista sin tener de hecho en cuenta que "en el capitalismo hay también épocas de paz", que "muchos pacifistas actúan para mantener, al menos, esta paz", que "el pacifismo de un general no es el mismo que el de la sirvienta (8), o el de tal o tal comité de paz o de Amnesty Internacional" que "el general está siempre por aumentar las prisiones y Amnesty Internacional por liberar a los presos políticos", etc.

Nuestra respuesta frente a esto es clara y neta:

Para terminar, queremos subrayar que la comprensión de que la paz capitalista es siempre la guerra contra nosotros, que la paz es un arma de la guerra capitalista, que los pacifistas son los agentes estatales del mantenimiento de la barbarie de la contrarrevolución, implica para nosotros una acción organizativa real. No es suficiente con conocer todos y cada uno de los métodos utilizados por nuestro enemigo: es necesario destruirlo y solo en este sentido la teoría es un arma de la práctica. No solo es necesario organizarse en forma independiente, revolucionaria y clasista, para luchar contra la paz capitalista, sino que es necesario centralizar mundialmente nuestra fuerza, hacer de esa comunidad de lucha una fuerza compacta, potente y coherente con los objetivos de nuestra lucha. Hay que afirmar el programa histórico del comunismo, o en otras palabras, luchar para la constitución de nuestra clase en un verdadero PARTIDO COMUNISTA MUNDIAL.

Notas

(1) Este artículo resulta de una adaptación de nuestro texto "On nous parle de paix!" publicado en Action Communiste Nº2; publicación en Bélgica del GCI, octubre 1980.
(2) El nombre de la capital de Bolivia de donde derecha e izquierda dirigen secularmente las masacres del proletariado, pareciera todo un símbolo de "la paz".
(3) Ver en cuanto a esto y al concepto de "potencia global de un Estado" el subcapitulo "Para comprender la acción del proletariado como freno a la guerra imperialista", en el texto "El ejército y la política militar de los Estados Unidos" publicado en Comunismo Nº9.
(4) Incluso entonces el término "paz" será totalmente inadecuado y como el de "libertad", aunque sea un poco más difícil comprenderlo, están totalmente determinados ideológicamente por la sociedad burguesa. Ninguno de ellos tendría sentido en una sociedad comunista. La paz es siempre un subproducto de la guerra ¡la paz solo puede hacerse con el enemigo! De la misma manera que no se "hace paz" entre compañeros, en la comunidad humana futura sería un sin sentido hablar de paz. La paz misma, como otro conjunto de categorías derivadas de la sociedad, desparecerá, como sucederá con "el robo" cuando sea abolida la propiedad privada. Exactamente lo mismo puede decirse de la "libertad entre los hombres". El término pudiera usarse, como lo hace Marx, para contraponer el mundo de la necesidad al mundo de la libertad y en este sentido tendría sentido decir que la comunidad humana será "libre", pero dicha expresión pierde todo sentido aplicada a cada ser humano, pues la libertad de un ser humano con respecto a otro no es más que el reconocimiento del egoísmo reciproco, propio a toda la sociedad mercantil y que constituye el fundamento de todas las otras libertades burguesas: libertad de propiedad, libertad de comercio, libertad de trabajo, etc.
(5) Excluimos por supuesto el simulacro sindical de la misma que hacen de tanto en tanto los sindicatos, precisamente pare evitar una lucha proletaria.
(6) Lenin Sotsial Demokrat, N°43, 26 de julio de 1915.
(7) ídem.
(8) Estas fórmulas es cierto que estuvieron presentes en toda la lucha derrotista revolucionaria durante la primera guerra que concluye con la insurrección proletaria en Rusia. Sin embargo, la revolución no avanzó gracias a tales fórmulas y consignas pacifistas, sino a pesar de ellas. Cuando tales consignas como la de una "paz justa y democrática" se concretaron en base a sucesivos tratados de Paz (Brest Litvosk, Rapallo,... etc.), lo que se impuso no fue la revolución sino la CONTRARREVOLUCIÓN.
(9) El hambre permanente, sistemático, generalizado (y no como el resultado de tal o tal catástrofe natural, como en el pasado precapitalista) es un hecho relativamente nuevo, moderno, fruto del progreso del capital, es decir, de su desarrollo desenfrenado.
(10) Irracional desde el punto de vista humano, desde el punto de vista de capital no hay nada más racional que esto.
(11) Se ha probado que los proletarios de los siguientes países europeos occidentales contribuyeron directamente en la producción de armas del Estado de Irán: Francia, Italia, Bélgica, Alemania Occidental, España, Portugal y la "neutral" Suiza, y de más está decir que del lado de Europa Oriental la lista seria tan extensa como esta. ¿Y si contamos las contribuciones del Este y del Oeste al otro bando, al Estado de Irak?

CO24.5 Nos hablan de paz (1).