Introducción: Transformar nuestras debilidades en fuerza

Pocas veces en nuestras páginas hablamos de nosotros mismos, y cuando lo hacemos nunca comenzamos por ello. En este caso haremos una excepción, dado un conjunto importante de dificultades que nuestro grupo ha tenido y cuya manifestación más evidente fue la no salida de nuestras revistas centrales en francés y en español durante un año entero, por lo cual pedimos disculpas a todos los que sostienen nuestro esfuerzo y siguen nuestras publicaciones.

En este editorial hablaremos de dichas dificultades tratando de dar a través de ello un primer paso en nuestra definición pública de lo que consideramos el fin de una etapa en nuestro grupo y el comienzo de otra. Nuestro esfuerzo tiende a sintetizar, en forma de lecciones, conclusiones y directivas, la experiencia vivida en la primera década de existencia de nuestro pequeño grupo de militantes.

Una organización comunista, no tiene nada que ver con una pequeña "sociedad comunista" en plena sociedad capitalista, no es un oasis de perfección en plena sociedad podrida aunque se cristalice en ella la vanguardia real del proletariado. Es por el contrario la expresión viva de la contradicción real que hace avanzar al proletariado permitiéndole ir hacia adelante de ruptura en ruptura (la lucha comunista es una constante de negaciones, de rupturas, de superaciones...); pero es evidente que se concretarán también en su seno diferentes expresiones de la no ruptura con la sociedad presente. El materialismo vulgar o el idealismo, en general combinados, son desviaciones constantes que desde las primeras tentativas de lucha contra el capital y el Estado se manifiestan en el interior mismo de las organizaciones comunistas y que éstas, por su crítica y autocrítica, luchan por superar. Dichas expresiones pueden manifestarse en todos los tipos de acción revolucionaria, desde la acción cotidiana en la clase a las publicaciones. Para luchar contra las mismas nuestro grupo no ve otra vía que la asumación de la crítica y la autocrítica permanente, la actitud más atenta posible a las críticas que vienen de diferentes contactos o proletarios en general y la centralización de esta crítica en base a la polémica interna e internacional que siempre hemos realizado. Esta crítica asumida por el conjunto de militantes y centralizada por una serie de mecanismos organizativos nos permite avanzar.

Así por ejemplo, nuestro grupo ha auto-criticado en su propia prensa artículos publicados anteriormente (1) como "Pour un front de classe" aparecido en Le Communiste Nº3 y "La nature catastrophique du capital" en Le Communiste Nº7 (2). Dicha crítica, y la discusión interna que la precedió, manifestó un avance claro en la afirmación programática, permitiendo profundizar la ruptura con la política de la izquierda de la social democracia y con la economía política. Ello se expresó al mismo tiempo en la exclusión de ciertos compañeros que luego constituyeron un reagrupamiento sin perspectiva que denominaron "Fraction Communiste Internationaliste". En la última fase vivida por nuestro grupo, esta misma tendencia caracterizada por el dualismo y el idealismo socialdemócrata reapareció, bajo formas apenas diferentes concretándose en un conjunto de prácticas que llevaron a una fase de clarificación que se concretó, también, en la exclusión de varios compañeros.

La desviación central del artículo "Por un frente de clase" (que inmediatamente después de publicado fue criticado totalmente en el grupo, y con posterioridad en forma pública) era el no ver en el proletariado otra cosa que la heterogeneidad de las ideas; en vez de ver lo que es decisivo, la comunidad real de intereses, de perspectivas, el mismo proyecto social, el mismo programa; es decir dejando en un segundo plano todo lo que constituye las determinaciones esenciales e históricas del proletariado y no viéndose más que tal o cual determinación inmediata. Esta misma desviación se encuentra en los principales portadores de la línea idealista contra la cual hemos luchado últimamente.

Dicha línea (de la cual lo anterior no es más que un ejemplo) se expresa en diferentes artículos de nuestras revistas e inclusos en textos globalmente correctos. Así, por ejemplo, un texto que pone en primer lugar las líneas invariantes del Partido Comunista como "Las tareas de los Comunistas" dice textualmente en su versión original en francés: "Y repetimos una vez más, aunque se pongan rojos los nuevos filósofos de la ultraizquierda comunista, lo que diferencia al proletariado de la burguesía es la voluntad (sic) de luchar (subrayado en el original) contra la alienación y toda la mierda capitalista" (Le Communiste Nº21 pag.5) (3).

Esta mismísima desviación se expresa también en el editorial de Le Communiste Nº25 "La Europa de los Versalleses" que inmediatamente publicado suscitó una crítica generalizada de todas las secciones territoriales de nuestro grupo. De la misma manera, el cuadernillo "Barcelona Mayo de 1937", que publicamos en común con un grupo de militantes revolucionarios denominado Raia, presenta también grandes problemas en directa relación con esta línea idealista que aquí criticamos. Así, por ejemplo, el partido es presentado como un ser exterior y extraño a los proletarios en lucha: "la falta de partido" no es expresada en tanto que debilidad real de la relación de fuerzas mundial, ni tampoco como la debilidad real del proletariado en su preparación, centralización y dirección programática de sus luchas, sino como la ausencia inmediata de una organización genial pero inexistente (una especie de "Rambo" o de Zorro del comunismo, ¡qué lamentablemente no existió ni existirá nunca!) cuya función sería la de "detentar" las lecciones a dar a los proletarios. Se liquida con ello la concepción internacionalista del partido pues en ese mismo momento y en otra parte nosotros reconocemos militantes organizados en la línea histórica del partido (como por ejemplo la fracción de comunistas italianos existentes en Italia y reagrupada en Bélgica en torno a Bilán, o los comunistas de izquierda de México que publican Comunismo) y que sin embargo por más claras que podían tener las cosas no pudieron evitar la profunda derrota de su mismo Partido en España. De la misma manera que la lucidez de Marx sobre la Comuna (luego de instaurada, porque antes de ello tuvo posiciones oscilantes) no pudo impedir la derrota de la misma, y es totalmente ridícula la posición de Trotsky acerca de la "falta de partido" durante la misma Comuna, pues la misma lucha insurreccional de nuestra clase es la expresión de la lucha de nuestro partido.

"Sea lo que sea, la insurrección parisina, aunque sea reducida por los lobos, los cerdos y los perros de la vieja sociedad, es desde la insurrección parisina de junio, la más gloriosa hazaña de nuestro partido." (Marx a Kugelman)

Y por supuesto que con estas afirmaciones nosotros no renunciamos para nada a nuestra organización específica de comunistas que no acepta ninguna disciplina de los obreros en general, ni se disuelve en ninguna democracia consultiva, sino que vemos en cada combate fundamental de nuestra clase nuestro combate, en cada ausencia de ruptura, de centralización de dirección, los problemas de nuestro propio partido; lo que nos lleva a un rechazo total de las posiciones doctorales que, en vez de situarse en las propias debilidades de nuestra clase, luchando por su superación, se imagina que lo que falta para que la insurrección se realice son los consejos de ellos mismos y a eso denominan "partido", afirmando en cualquier análisis de la historia que se hace que lo que le faltó al proletariado es ese consejero infalible que ellos denominan "partido" y que en el fondo no es más que la imagen idílica de un intelectual burgués sentado en una biblioteca y juzgando todo él pasado desde su pequeño ombligo y con su pequeño cerebro.

Los ejemplos mencionados no son limitativos, la lucha "interna y externa" de nuestro grupo contra tales expresiones que gangrenan al movimiento proletario ha sido y será permanente. Nuestra afirmación militante es una afirmación práctica, contra los que confunden el movimiento proletario con tal o tal bandera que flota sobre la cabeza de los protagonistas (como decía Bilan); contra los que en vez de ver (y actuar en) el partido, en la historia imaginan al partido histórico como un ideal a alcanzar; contra los que creen que la transformación del mundo depende principalmente de la actividad voluntaria y se activan y desgastan su energía en la creación de cualquier comité para cualquier cosa sin ninguna perspectiva general; contra los que pretenden abolir la familia en plena sociedad capitalista o abolir la explotación yéndose a plantar repollos a la Patagonia; contra los que se imaginan que el comunismo se desarrolla independientemente de las contradicciones de la sociedad capitalista y que en vez de definir al proletariado por su vida real en tanto que clase explotada y clase revolucionaria lo definen según su propia voluntad como exclusivamente revolucionario; contra todos los que ven la acción organizada de los comunistas como una acción de incitación, de excitación, de "creación" (!) del movimiento, en vez de comprenderla como una acción de dirección de un movimiento que surge espontáneamente de la putrefacción de la sociedad existente, en fin contra todos los que confunden la organización comunista con un "bureau" de pensadores; que analizan la realidad a partir de sus conceptos (¡y no a la inversa!), que identifican programa comunista con la Conciencia o el Ideal a aplicar. Contra eso nuestra práctica se sitúa en la línea histórica del materialismo práctico, del materialismo comunista (4). El idealismo explica siempre la historia a partir del individuo, de su voluntad y de sus ideas; el materialismo histórico explica por el contrario como son las condiciones sociales que producen al individuo, su voluntad, sus ideas. ¡La ideología misma es siempre una práctica, un momento de la práctica, un producto social material y como tal fuerza material! Como materialistas militantes partimos siempre no de las ideas que uno se hace sobre el mundo, sino de la vida social (¡es decir, material!), del arco histórico que va desde la comunidad primitiva al comunismo integral; ¡en síntesis, de la vida misma!

Pero como lo decíamos antes, una organización comunista no es nunca totalmente permeable a ese tipo de desviación propia del mundo de la Razón que impone la burguesía y sería un idealismo típico de los partidarios del Pensamiento puro el buscar garantías absolutas y formales (estatutarias, por ejemplo) para que ese tipo de desviaciones no se expresen en el seno de las organizaciones revolucionarias, o que el individualismo no reaparezca en los mecanismos de decisión organizacional. En cuanto a nosotros solo contamos mucho más modestamente con la verdadera crítica y la autocrítica, considerados como momentos importantísimos de nuestra actividad práctica, en especial porque no encontramos otra forma de funcionar, otro tipo de "garantías" para el desarrollo de nuestra lucha que la discusión centralizada y la critica compañera. La historia de la lucha de nuestra clase está sembrada de errores, de tentativas de avances y retrocesos, de tentativas abortadas... Transformar estas debilidades en fuerza a través de la crítica y autocrítica, ha sido la práctica de siempre de los elementos más decididos del Partido: en eso consiste hoy nuestra práctica y nuestra línea directriz.

Contra el idealismo

La década del 60, luego de muchos años de contrarrevolución, vio resurgir al proletariado a nivel internacional como fuerza social en la escena histórica. Una vez más contra aquellos que solo eran capaces de ver lo que ellos creían posible, la revolución comunista volvía al orden del día evidenciando que no estaba muerta y que el viejo topo había seguido cavando a pesar del profundo sueño obligado al que había sido sometido por la más duradera de las paces sociales capitalistas. Dichos combates de nuestra clase dieron vigor y confianza a aquellos que no habían cedido a la ideología burguesa y que contra la corriente habían seguido defendiendo nuestro proyecto de abolición de todas las clases. Al terror de la burguesía frente al espectro de la revolución correspondió en el proletariado un reforzamiento de su comunidad internacional de lucha y la victoria de los luchadores de esa fase era precisamente la solidaridad creciente que se desarrollaba en la medida en que se organizaba el enfrentamiento con el enemigo capitalista.

En esos periodos, la organización en fuerza, la tendencia a constituirnos en Partido, a darle un centro a nuestras luchas, no es ni puede ser el patrimonio de tal o tal grupúsculo: es la misma realidad que exige e impulsa al reagrupamiento de los revolucionarios.

Pero el reflujo de la lucha en los años 70, que se concreta ahí donde el proletariado había ido más lejos, planteando la lucha por su propia dictadura, en una espantosa derrota y una fase de terrorismo de Estado abierto, y en otras partes en un agotamiento en pequeñas luchas sin perspectiva, permitió la re-imposición de la paz social, con todas sus terribles características: competencia entre los proletarios, sectarismo, anti-organizacionismo, individualismo,... que llega hasta la guerra entre hermanos, y que son aún hoy (y hasta diríamos en forma cada vez más aguda) las características centrales del período actual. En tales circunstancias, las fisuras abiertas en el muro de la paz social no son lo suficientemente importantes aún, para la reaparición histórica internacional del proletariado, aunque el desarrollo de todas las contradicciones del capital ponga cada vez más plomo en las alas de las consignas burguesas, ello está aún lejos de conducir a la transformación revolucionaria de este mundo.

En este clima de repliegue generalizado, en el cual cada cual trata de arreglárselas como puede y busca un respiro para reproducir sus ilusiones, la separación objetiva entre las pequeñísimas minorías de militantes comunistas por un lado y la gran mayoría de la clase obrera, que pareciera agachar el lomo y aceptar mansamente todos los sacrificios pedidos por el otro (5), es más espectacular que nunca. Esta terrible realidad contrarrevolucionaria, producida siempre luego de la derrota de una ola de luchas, se expresa ideológicamente en la concepción idealista que considera como "sujeto" de la revolución a un grupúsculo de intelectuales autoproclamados como el "partido" poseedor de la "consciencia" y de la "voluntad", y al proletariado como un mero objeto de "intervención". La contrarrevolución produce la contrarrevolución: el conjunto de teorías que dividen al movimiento comunista colocando de un lado a los "obreros" y del otro a los "intelectuales revolucionarios" no es más que el reflejo monstruoso de la realidad actual que, como fotografía, (es decir en términos no dinámicos), hace efectivamente aparecer por un lado al conjunto de obreros como simples átomos de ésta sociedad y del otro a una serie de grupúsculos que teorizan.

Pero la fotografía de la realidad no es más que el árbol que esconde el bosque, identificar la realidad con la expresión estática que de la misma aparece ante nuestros ojos aquí y ahora, es cerrar los ojos frente a toda la dinámica de un ser -el comunismo- que solo puede expresarse en toda su riqueza en tanto que fuerza histórica -ayer, hoy, mañana-, es construir de una manera lógico formal, una inferencia, una proyección mecanicista hacia el futuro basada exclusivamente en lo que el proletariado parece ser hoy.

Nosotros nos situamos en contraposición viviente con esta forma de actuar y de pensar. Es la sociedad sin clases, es la dirección hacia un ser colectivo unitario -la GEMEINWESEN- expresada unívocamente en cada ola de lucha proletaria en la tendencia hacia una sola centralización mundial quien clarifica y determina nuestra práctica comunista, nuestra lucha contra esta división contrarrevolucionaria impuesta por la democracia, el terrorismo de Estado y que tiende a disociar "los proletarios", a atomizarlos transformándolos en individuos libres y separados de "los comunistas" que no serian otra cosa que "importadores de la conciencia", y por lo tanto también individuos libres, cuya función sería algo así como la de curas del "comunismo" (!!).

En nuestro propio grupo hemos sufrido de esta terrible enfermedad idealista, dualista, socialdemócrata, que consiste (en total desconocimiento de las determinaciones sociales de nuestra comunidad proletaria de lucha, de interés, de programa, de necesidades, de perspectiva revolucionaria, del cual también nuestro propio grupo es producto y factor histórico; comunidad de lucha cristalizada en cada periodo de lucha en la tendencia ineluctable a la constitución del proletariado en clase y a la centralización única en Partido) en teorizar que la clase está determinada por el aquí y ahora, por la heterogeneidad, por la contingencia, por el inmediato, por el conformismo, por la falta de "Consciencia", etc., y el partido por el contrario por el "ayer, hoy y mañana", por la homogeneidad, por lo general, por la voluntad, por la consciencia; por la revuelta.

El GCI no es ni pretende ser una isla de comunismo en plena sociedad capitalista. En un contexto social en donde la competencia y el individualismo se encuentran en su cúspide, el GCI, a pesar de ser un polo en la lucha contra toda la mierda de esta sociedad, no puede dejar de reflejar, incluso en su seno, algunas de las debilidades actuales que vive el conjunto del proletariado en su difícil proceso de constitución en clase.

Durante todos estos anos, contra la corriente y a pesar de nuestras enormes debilidades a las cuales estamos sometidos por la situación social extremadamente desfavorable que vivimos, hemos intentado asumir las tareas de siempre de los comunistas: desarrollar el internacionalismo, extraer de manera permanente y en toda la historia de las luchas, las lecciones de las derrotas de nuestra clase, impulsar la organización en fuerza del proletariado, el reagrupamiento de los revolucionarios y la lucha por la centralización única. Pero todos estos esfuerzos para asumir el porqué nosotros existimos, no nos ponen al abrigo del conjunto de determinaciones descriptas anteriormente: los venenos mortales del anti-organizacionismo y del individualismo se desarrollaron también en nuestro propio seno. El idealismo práctico que sufrimos en los últimos tiempos y frente al cual ahora mismo podemos reafirmar frontera, tendía a liquidar, por su contenido antipartido, nuestra comunidad de lucha. Durante todo ese período ese viejo enemigo, el idealismo, reapareció bajo formas diversas, pero con una característica común que reconocemos en el hecho de considerar siempre al "partido" a "los comunistas" como una realidad pura, fuera de toda determinación social. Este es el punto de vista invariable del idealismo vestido de marxista, el dualismo según el cual existiría de un lado los obreros atomizados, hundidos en toda la mierda de esta sociedad y del otro un "Partido" puro, perfecto, estrictamente determinado por el revolucionarismo contra la sociedad, por una "consciencia y una voluntad" que parecieran venir de un más allá y no mezclarse nunca con los problemas terrenales de nuestra clase.

En la práctica comprobamos una vez más que la concepción de ese partido ideal, tan celestialmente alejado de los seres humanos con sus problemas terrenales, tan dramáticamente separado de la lucha real de los proletarios reales, lleva a veces al rechazo de toda práctica en nombre de la teoría, otras a una apología frenética de la primera lucha inmediata que aparece, pero en la mayoría de los casos a la oscilación práctica y permanente entre activismo y teoricismo. En efecto, los que no conciben al partido de otra manera que como una perfección divina caída sobre la tierra o como un partido poseedor de la teoría que salvará a los proletarios, caen mucho más a menudo de lo que pudiera pensarse en el activismo, toda lucha obrera se transforma en el objeto de una carrera desesperada para hacer en fin "real la idea que les faltaría a esos proletarios para realizar la revolución. Autoproclamados como la encarnación de aquel ser ideal, los idealistas se sienten obligados a justificar su existencia y sus ideologías corriendo detrás del primer pedo que se tira un obrero. El idealismo cae así invariablemente en el más chato obrerismo e inmediatismo. Como toda ideología burguesa, esta forma del idealismo no es pues un simple conglomerado de ideas sino que se trata efectivamente de una práctica efectiva de sabotaje real de nuestra comunidad de lucha, de una práctica individualista de sabotaje de todos los esfuerzos militantes para constituir un cuadro organizativo común.

La teoría del individuo comunista que detentaría la consciencia y la voluntad de todo el devenir social, es el punto de partida y de llegada de esta concepción que niega al proletariado como sujeto de la historia y que expresaría decepción de algunas minorías frente a la debilidad real de las luchas proletarias en un. ciertos periodos. Frente a su propia desilusión, frente a una revolución que no "viene" como se preveía, estas minorías creen poder sustituir las debilidades de los obreros en base al simple hecho de consciencia y de voluntad de autoproclamarse "partido", creyendo así que una simple asociación de revoltosos o de teoricistas que se autoproclaman "revolucionarios" podría cambiar el mundo.

En tanto que comunistas, nosotros sabemos (y es el ABC) que la relación de fuerzas internacional no se cambia en base a la voluntad y la consciencia de tal o tal grupo por más Partido que se autoproclame y que cuando el proletariado no concreta en la lucha su tendencia a organizarse en fuerza para centralizarse en Partido, aunque se ponga en ello todo el esfuerzo colectivo y centralizado de algunos militantes descoordinados y desparramados por el mundo, los resultados reales serán muy, muy modestos. Debemos saberlo de antemano para no desilusionarnos y desgastar inútilmente nuestra modesta energía en tareas imposibles. En una fase sectaria como la que vivimos, la gran centralización internacional del proletariado a la que aspiramos está aún lejana. El sectarismo actual es el reflejo real de la competencia generalizada que soporta el proletariado y que como siempre corresponde a una fase discontinua con violentos altibajos de reconstitución embrionario del proletariado. Podemos poner todo nuestro esfuerzo voluntario, consciente, organizado y centralizado para luchar contra el sectarismo de la fase actual, y es lo que intentamos hacer, pero no podemos olvidar que el comunismo surque de las entrañas del capital, de la mierda de este mundo y que de ninguna manera esos elementos de consciencia y voluntad de un puñado de militantes aislados en la paz social puede destruir el capital. Nuestra propia experiencia, el conocimiento histórico de la experiencia de nuestra clase nos hacen ser mucho más modestos, mucho menos pretenciosos, en cuanto al papel del individuo en la historia que lo que se imaginan ser los Rambos del comunismo o/y los eternos leninistas constructores de partidos. Los límites contra los cuales se enfrentan los revolucionarios -para quienes el internacionalismo no es una palabra vacía- que son los más decididos en la organización de la comunidad de lucha y de acción contra toda frontera, contra toda nación, son los límites reales del período. Pensar poder sustituir las reales relaciones de fuerza en este mundo, por "hechos de consciencia y voluntad", conduce a todos esos antimaterialistas (en la medida en que niegan la potencia material de la relación de fuerzas entre las clases) a la construcción de sectas cada vez más "puras", fabricando en su cabeza un mundo de ilusiones ideales que bastaría, como pequeño detalle, que el proletariado acepte para realizar la revolución "comunista". Y por supuesto que reprocharán al proletariado mañana el no haber adoptado su receta ya totalmente pronta para arreglar el mundo.

Sean cuales sean las formas en que se concreta esta ideología, los que piensan suplantar el movimiento real de abolición del orden establecido por su propia "consciencia" y "revuelta individual" caen irremediablemente en la apología de su propio individuo. Dichas concepciones se materializaron en el seno de nuestro grupo por toda una serie de prácticas individualistas que tendían todas a imaginar al proletariado organizado en torno a su propio ombligo, haciendo todo trabajo de discusión orgánico imposible, por la defensa ciega del libre pensamiento individual asociado a la máxima tautología y sectaria de "quien no esta conmigo está contra mi"!, lo que por supuesto que no hace más que empujar a la desorganización general y que no es otra cosa que la penetración en el seno mismo de nuestro grupo de la competencia individual que se libran los proletarios entre ellos.

"La competencia aísla a los individuos entre si, no solo a los burgueses, sino principalmente a los proletarios... Los individuos aislados no conforman una clase, salvo en la medida en que luchan contra otra clase; en el caso contrario se encuentran en tanto que enemigos en la competencia." (Marx, "La ideología alemana")

La lucha política en el seno del GCI contra esta desviación no data de hoy, y por supuesto que no se ha acabado aún. Ella existe desde el nacimiento de nuestra organización y se materializó por un conjunto de rupturas organizacionales que condujeron todas sea al indiferentismo, sea al activismo, sea al abandono puro y simple de toda actividad militante. En cada una de estas oportunidades hemos constatado que los "grandes desacuerdos programáticos" puestos en primer plano no fueron otra cosa que una hoja de parra ideológica, que recubría una cierta desmoralización -o mejor dicho "una desmoralización cierta"- frente a la difícil tarea de luchar contra la corriente, en especial en un grupo con experiencias tan disímiles, con orígenes tan distintos, con historias o culturas tan diferentes; que escondía una práctica individualista e irresponsable, traducida en la no asumación de las responsabilidades militantes, que camuflaba una ruptura real del cuadro orgánico. En fin, los sucesivos "grandes desacuerdos programáticos" no fueron en general otra cosa que el taparrabos, para esconder una serie de desilusiones sucesivas acerca de los resultados de la actividad inmediata y que se fueron sucesivamente concretando en la incapacidad para asumir las prioridades fijadas centralmente por nuestro grupo.

El punto de llegada de este tipo de ruptura con la comunidad de lucha y el centralismo orgánico, es también (y siempre) el individuo que como se le antoja y, día a día, fija sus propias prioridades: cayendo un día en la agitación desenfrenada e inmediatista, metiendo al día siguiente en cuestión toda la actividad centralizada; proponiendo un día la exclusión de compañeros que no asumieron tales o tales tareas, proponiendo al otro día a esos mismos camaradas el constituir una organización en la organización con ellos; sosteniendo un día que "en el período actual el Partido solo debe hacer tareas teóricas" y dispersándose al día siguiente en la agitación desenfrenada en su propio lugar de trabajo o en su propio barrio; desarrollando un día la ilusión de la abolición inmediata de la familia en pleno capitalismo y volviendo al otro día a las peores caricaturas socialdemócratas en lo que concierne al dualismo vida privada-vida militante ("cada uno es dueño de su vida privada" complemento indispensable del funcionariado político); en fin decidiendo siempre individualmente de no asumir las tareas decididas colectiva y centralmente porque ese oportunista que es siempre el individuo, sometido a las alzas y bajas de su propio ombligo, considera repentinamente que "hay otras tareas más importantes".

En nuestro grupo eso se tradujo, por ejemplo, en la no asumación de una revista central en italiano, como había sido centralmente decidido (6), en el hecho de no haber actuado adecuadamente (menos fuerza de lo que nosotros podíamos y debíamos haber puesto en tales acciones) en la huelga de los ferroviarios en Francia, en el enlentecimiento, ver incluso la parálisis, de ciertas tareas centrales como la elaboración de la versión a publicar de nuestra "tesis de orientación programática", etc.

Frente a tal libre arbitrio, frente a tales rupturas del cuadro orgánico y colectivo, la organización solo puede formalizar la exclusión confirmando al individuo la reconquista de su libertad burguesa de acción y de pensamiento. Centenas de páginas escritas sobre la "sociedad a venir" o el "partido de cuadros" a construir camuflan mal esa práctica individualista y sectaria.

Nosotros no les deseamos a los militantes excluidos, o a los que han ido renunciando a la militancia en nuestro grupo durante estos últimos 15 meses, el que conozcan el mismo triste fin de las rupturas precedentes, pero queremos llamar la atención sobre el hecho de que esa misma práctica sectaria e individualista, que condujo a esas rupturas irresponsables de todo el cuadro colectivo de trabajo común, solo puede conducir a reproducir en el seno mismo de las estructuras que crearan dichos ex-compañeros las mismas taras. ¡No se resuelven los innumerables problemas que plantea la organización de una comunidad internacional de lucha, por la ruptura irresponsable de todo el cuerpo disciplinario forjado conjuntamente, en base al primer argumento ideológico (por otra parte muy variante e impreciso en todos los casos que hemos conocido) que a uno se le ocurre! Tarde o temprano, esas mismas taras que se concretan en la incapacidad para dejar un poco de lado su propio ombligo y asumir un trabajo colectivo común para centralizar los inevitables e indispensables debates ligados a la acción comunista, conducirá a la reproducción de esa práctica de secta (7).

Por cierto que nosotros no negamos que en cada una de estas rupturas no hayan también verdaderos desacuerdos programáticos, pero en general no son los que creen y expresan como las "causas de sus rupturas" tales o tales ex-militantes de nuestro grupo. En efecto, no son sus ideas que determinaron su práctica, sino que su práctica determinó sus ideas, y por ejemplo el peor de los activismos sin principios fue, en el grupo, cubierto por un discurso ideológico que teorizaba el "partidismo" más puro (como fue el caso, por ejemplo, del ex-compañero que luego formó la "Fracción Comunista Internacionalista"). La experiencia de clase y nuestra propia experiencia nos confirma eso, el liquidacionismo organizacional siempre fue cubierto por una idealización del partido o/y de la sociedad a venir: la perfección, la purificación a alcanzar hacen considerar siempre como secundarios la acción práctica y organizativa de hoy; de la misma manera que la idealización de los "cuadros revolucionarios a. formar" lleva a un desprecio sistemático de los compañeros de hoy. Es en este sentido que la ideología de los individualistas, de los sectarios y los liquidacionistas es importante y debe ser analizada. Ella puede, por otra parte, cimentar su actividad y atraer seguidistas hacia su misma mierda, pero la ideología no puede jamás constituir para nosotros el verdadero punto de partida de nuestra comprehensión, ni tampoco de nuestra acción. El verdadero punto de partida de toda esa práctica que estamos criticando no es tal o tal teoría, sino la sociedad burguesa, la competencia que se realizan los proletarios entre ellos, de la misma manera que cualquier otra ideología, que no puede bajo ningún aspecto explicar el punto nodal de la práctica (por ejemplo. la ideología nacional que no explica la guerra internacional, sino que su explicación debe buscarse en el capital mismo), pero precisamente en tanto que ideología, se transforma en un elemento material de cohesión cuya consideración es indispensable (el capital y su guerra producen la ideología nacional, pero sin ella no habría posibilidad de llevar al matadero a los proletarios y por lo tanto no habría guerra).

Autocrítica del artículo "La Europa de los Versalleses"

En el número 25 de la revista central en francés "Le Communiste" de noviembre de 1986, fue publicado un editorial titulado "La Europa de los Versalleses" que desde su aparición abrió en el grupo una violenta polémica que tuvo un conjunto de repercusiones importantes desde esa fecha hasta hoy. Dicho artículo estaba previsto para ser publicado también en castellano (con una adaptación, como hacemos en general cuando se pasa no solo de una lengua a otra sino de un cuadro referencial a otro), pero de inmediato algunos compañeros plantearon la crítica de los fundamentos mismos de la concepción idealista-voluntarista que el mismo expresa (8). Dicha crítica fue inmediatamente asumida por el grupo y centralizada asumiéndose de inmediato las acciones prácticas en consecuencia: lo más concreto al respecto fue la resolución central de no sacar ese editorial en Comunismo, la decisión de determinar ejes más claros para el editorial a publicar en Comunismo (cuyo resultado fue "Contra el terrorismo de Estado, de todos los Estados existentes"). Pero además de estas consecuencias inmediatas, se abrió todo un proceso de clarificación sobre elementos centrales del programa revolucionario, así como sobre los criterios de las publicaciones, una decantación progresiva de posiciones y que como dijimos se tradujera también en una serie de exclusiones-dimisiones. En el momento de escribir estas páginas llega hasta nosotros un pasquín realizado por uno de los ex-compañeros del grupo que pretende presentar su exclusión como "Escisión con el GCI" y que realiza una reescritura tal de la historia, que presenta dicho artículo como si fuera "la culpa de los otros" cuando en realidad fue publicado bajo su total y exclusiva responsabilidad y con las correcciones y modificaciones que él decidió.

Pero no nos detengamos en los problemas de responsabilidad que conciernen más específicamente a nuestro equipo de trabajo y concentrémonos en lo decisivo para nuestra clase ayer, hoy y mañana. Porque si bien al lector castellano (inglés o árabe) le pudimos ahorrar lo que consideramos un artículo profundamente erróneo, y ahora la rectificación de detalle del mismo centralmente decidida y que en este momento es publicada en francés, una explicación global nos parece indispensable dada la importancia crucial del asunto y para ejemplificar nuestra crítica, no puede encontrarse nada más adecuado que ese artículo (9).

Comencemos por hacer algunas citas significativas del mismo:

"La crisis de su mundo, considerada por los izquierdistas como factor revolucionario, ha revelado ser el arma más potente de la contrarrevolución: Europa no es por el momento un centro de la lucha de clases ... la sumisión en este continente, es la sumisión a la economía nacional y a la economía a secas. El asociacionismo obrero sigue riendo excepcional, la competencia entre proletarios por su propia supervivencia sigue siendo la regla. La práctica más generalizada es la de hacer depender su propia existencia, la de hacer depender su supervivencia de la supervivencia de los explotadores, en síntesis la de casarse con la economía. ... Esperando que los casados con la economía hagan sus cuentas, que calculen el precio del sacrificio en términos de vida, nosotros nos dirigimos a los que no se encuentran en esta jungla,'en las aguas heladas del cálculo egoísta' (Marx). Nuestra actividad se dirige a aquellos, que frente al chantaje terrorista del Estado, se niegan a pagar el rescate. La fuerza de la no lucha es grande, es por eso que más que nunca, es necesario asociarnos, centralizarnos ... Frente a esta fuerza realista del capital, el discurso no puede cambiar gran cosa, la razón menos aún (todos los proletarios saben de que está hecha "la vida"). Solo puede cambiar algo la asociación de minorías de militantes comunistas internacionalistas, que refuercen el comunismo ahí en donde existe, o más exactamente preparándole el terreno. En síntesis, la asociación de los que encuentran que cuesta menos caro el 'rehacer el mundo' que hacerse al mundo." (Le Communiste Nº25, págs.3 y 4 (10))

El lector puede observar en estas citaciones una lógica de hierro en la cual se mezclan un conjunto de elementos ciertos sobre la falta de constitución del proletariado en clase, con un conjunto de interpretaciones cuya tesis central cuasi explícita es el desconocimiento de todo determinante material que empuja a los obreros ("obliga", "fuerza" -según las expresiones de Marx) a constituirse en fuerza y, una vez evacuada dicho determinismo, se desprecia en perfecta lógica la potencialidad revolucionaria de la masa proletaria y solo se ve la "revolución" en las "minorías militantes comunistas".

Entendámonos bien, nosotros no estamos para nada desconociendo el papel decisivo de esas "minorías militantes comunistas internacionalistas" (pero incluso dichas minorías solo pueden comprenderse realmente como producto de las determinaciones materiales de la sociedad, los hombres con su consciencia y su voluntad hacen la historia, solo en la medida en que son producidos por condiciones materiales que son sus presuposiciones y que ellos no deciden!), en toda nuestra acción insistimos en el lo que estamos haciendo es criticar el dualismo (el viejo dualismo socialdemócrata! entre obreros e intelectuales burgueses portadores de la consciencia, solo que en su versión más radicalizada!), la separación, la oposición que lleva una visión -concepción- idealista, voluntarista que termina imaginando que es la voluntad y la conciencia de los revolucionarios o del "partido" (!) lo que produce la revolución.

Tampoco estamos desconociendo la terrible situación en la que se encuentra el proletariado, claro que es cierto que "el asociacionismo obrero sigue siendo la excepción" que "la competencia entre proletarios sigue siendo la regla" y salvo algún eurocentrista rabioso puede pretender rebatir la tesis de que "Europa no es por el momento un centro de la lucha de clases"; lo que no podemos admitir bajo ningún aspecto es la irresponsable liquidación de todo determinante social y su sustitución por tal o tal acto de los revolucionarios, el desconocimiento de la dialéctica del movimiento comunista (11) y el idealismo de pretender que el mundo lo van a "revolucionar" los "revolucionarios".

Digámoslo netamente: si así fuese no habría ninguna posibilidad revolucionaria, si la revolución dependiese de "los revolucionarios" pobre de "la revolución", pues no vemos por qué milagro la voluntad, la consciencia, la perseverancia, la actitud, la constancia, la incorruptibilidad (todos elementos bastante relativos y que se ha verificado histórica y prácticamente son muy difíciles a mantener en el largo periodo en un grupo -o varios- de militantes cuando lo que predomina es la contrarrevolución!!!) de los militantes podría cambiar la correlación de fuerzas actuales en la que justamente lo que domina es todo lo mencionado antes!!! Es decir que si no fuese porque "las contradicciones del capital se encuentran en el capital mismo" (Marx), porque el desarrollo del capital (incluido evidentemente el desarrollo de la contrarrevolución) es el desarrollo de todas sus contradicciones, porque el ascenso del capital no puede ser otra cosa que la expansión de sus propios límites y antagonismos, no habría ningún tipo de condición subjetiva que pudiese cambiar las cosas.

Esto nos lleva particularmente a la cuestión de la "crisis". Sin entrar aquí en la consideración de todo lo que puede recubrir dicha expresión en la historia del comunismo, ni siquiera en la obra de Marx, resulta evidente que el artículo mencionado en vez de tomar esta expresión en el sentido contradictorio que nosotros le damos de agudización de los determinantes (agudización de las contradicciones), hace referencia simplemente al término tal como lo utiliza la izquierda burguesa (los "izquierdistas") y hasta los estalinistas en el sentido de "aumento de la miseria que provoca las revoluciones". La crítica de ese materialismo vulgar, lineal, mecanicista,... que se hace al afirmar que la crisis desarrolla la competencia entre los proletarios y por lo tanto la contrarrevolución, se hace desde un punto de vista también unilateral y en términos de simple antítesis idealista, como si el capital no tuviese límites, como si la "crisis" solo produjera más capital y más contrarrevolución, como si la "crisis" no agravara las condiciones de dominación burguesa (una clase dominante solo puede mantenerse si es capaz de presentar su proyecto social como el único posible, como el que coincide con el de toda la sociedad), como si no asociase a los parados en la calle contra él, como si no hiciese de cada obrero un parado potencial, como si no produjera más disconformidad todos los días, etc.

Si por ejemplo, llamamos crisis a la agudización de todas las contradicciones del capital que se opera luego del fin de la fase expansiva de la post-guerra (12) y que se cristaliza en forma cada vez más explosiva en los ciclos que se repiten y amplifican desde entonces hasta abarcar todos los países, vemos el absurdo de ambas tesis: ni la crisis es un arma automática de la revolución, ni lo es de la contrarrevolución como afirma el texto aquí criticado. Dicha agudización ha provocado la ola de luchas de la segunda mitad de los años sesenta, pero también provoca el aumento de la competencia al que se hace referencia. Es propio de la crisis misma, el desarrollo del polo revolución y el polo contrarrevolución, no solo simultáneamente, sino a veces cíclicamente primero uno y luego otro, o incluso en una sucesión variada de revolución y contrarrevolución (13).

El ejemplo supremo de esto es la guerra que es la manifestación, la concreción más fantástica de toda la crisis del capital (14). La guerra como le hemos dicho muchas veces es la contradicción, concretiza el avance de la contrarrevolución y es posible solo por ella. Pero al mismo tiempo -como hemos visto en todas las experiencias revolucionarias- la guerra produce la revolución, las luchas proletarias revolucionarias más importantes de la historia de la humanidad hasta el presente fueron luchas contra el capital en guerra.

Es decir, esas afirmaciones de la crisis, no solo caen en la antítesis idealista del materialismo mecanicista, sino que de paso desconocen profundamente el abc de la dialéctica: la contradicción en el seno de la unidad, el ser creando su negación. Más aún, una vez desconocido todo determinismo social, e imaginado el cambio de sociedad a partir de la idea que los "revolucionarios" se harían del mundo, se "vuelve a la sociedad" para reprocharle al proletariado su propia esencia como clase explotada, es decir el hecho de reproducir a sus "propios" explotadores: "La práctica más generalizada es la de hacer depender su propia existencia, la de hacer depender su supervivencia de la supervivencia de los explotadores, en síntesis la de casarse con la economía..." Y a quien puede referirse esta frase sino al proletariado mismo. Es decir que el culto a la voluntad individual llega a tal extremo de imaginarse que es cada individuo que "hace depender su propia existencia... de la de los explotadores", como si esto fuese una opción voluntaria entre otras y no como es en realidad la determinación social central del proletariado que solo podrá destruir destruyéndose a sí mismo con la revolución social: no es que tal o tal individuo "haga depender" su existencia voluntariamente de la de los explotadores, sino que hasta la auto supresión del proletariado, el proletariado solo sobrevive en dependencia objetiva (dado que sus medios de vida le son ajenos) con respecto a la reproducción ampliada de sus explotadores.

En conclusión, el artículo aquí criticado, es una receta perfecta para repetir el viejo ensopado idealista: en la crisis no se ve otra cosa que la contrarrevolución, el proletariado no se define por ninguna de sus determinaciones histórico sociales, sino por un conglomerado de individuos que habrían elegido libremente la no lucha; y en esas circunstancias "el partido" en perfecta oposición (dualista) con esa realidad sería el único portador del comunismo,... En esas circunstancias todo depende de aquellos que han "comprendido" (consciencia) o/y que "quieren" (voluntad) otro mundo. Definido así, a partir de categorías puras del pensamiento, el partido se reduce a una estructura a construir piedra sobre piedra y que un día desembarcará como un nuevo Salvador para encarrilar por fin a esta humanidad perdida. Negando así todas las determinaciones que lo hacen surgir espontáneamente "del suelo mismo de la sociedad" (Marx) y reduciéndolo a un simple hecho de consciencia y de voluntad, se llega de una manera o de otra, al individuo creador del Partido, en donde aquel se presenta como en cualquier religión, como garante de la revolución. Es una de las características de la contrarrevolución la de presentar al individuo en período de paz social como el garante de la verdad.

"Es en esos momentos, que la fría e inerte molécula que es el individuo se recubre de una especie de caparazón que llaman conciencia y se pone a parlotear afirmando que ella irá adonde ella quiera, elevando su inconmensurable nulidad y estupidez a la altura de motor, de sujeto casual de la historia." (Bordiga)

Estas desviaciones que nosotros combatimos en nuestro seno y en particular a través de la crítica de este artículo "La Europa de los Versalleses", no es más que una expresión de una concepción mucho más global que tiene hoy un enorme peso social. En efecto, aunque no vaya hasta extremidades tales como las teorizadas por grupos, como por ejemplo Voluntad en España, corresponden a una práctica abiertamente burguesa, esas desviaciones son propias, como vimos, de una concepción voluntarísta, inmediatista y demuestran una visión globalmente idealista. Nosotros combatimos este tipo de visión incluso en nuestro propio seno, sabiendo que se trata de una fuerza social presente hoy en muchos grupos y militantes que "quieren" cambiar el mundo, que significa una enorme dilapidación-dispersión de la energía revolucionaria y que como tal debemos combatirla. Dicha realidad es claramente perceptible en la proliferación y desaparición de muchísimos grupos, círculos... sin ninguna perspectiva, es también un fruto del periodo y de la correlación de fuerzas entre las clases. Cuanto más los idealistas y los portadores de la consciencia se creen por encima del común de los mortales, como determinantes de la historia; es decir cuanto más ignoran los mecanismos contradictorios que explican el movimiento de la sociedad y hasta su propio "movimiento", más se dejan influenciar por los vaivenes de su propia consciencia inmediata, más dependientes son de las ilusiones y desilusiones de tal o tal individuo, más se agitan por organizar lo que mañana desorganizan, más claramente serán portados, por la marea social, como átomos insignificantes hacia el lado que va la corriente o la moda.

Errores y garantías contra los errores

El reconocimiento de errores, es la base de la superación de los mismos y la posibilidad de transformar una debilidad real en una fuerza para el futuro.

Pero frente al reconocimiento de nuestros propios errores y puntos débiles, nuestros enemigos se deleitarán y aprovecharán una vez más la oportunidad para denigrar nuestro esfuerzo militante, diciendo que es un escándalo, que el publicar una posición y luego criticarla no ofrece perspectivas para la lucha. Habrá también simpatizantes, contactos, lectores, en una palabra, compañeros, que se plantearán preguntas como las siguientes ¿con ese tipo de errores, es posible tener confianza? ¿Puede un grupo que se equivoca así, dirigir la lucha proletaria mañana?

La respuesta que esbozamos a continuación se dirige exclusivamente a estos compañeros; en cuanto a los otros, nosotros no tenemos ningún interés en justificar nuestra práctica frente a ellos y por otra parte no es a ellos que nuestra prensa va dirigida, sino a aquellos que de innumerables formas la consideran como su propia prensa, como un arma de su lucha. Además frente a un error (o en general el tipo de errores) como los que aquí (auto) criticamos, constatamos siempre dos tipos de reacciones globalmente opuestas: - la primera: pedante y libresca proveniente de ese tipo de intelectuales burgueses que desde hace siglos se dedican a introducir su miserable consciencia en la cabeza de los proletarios y/o que no tiene otra preocupación que la descalificación fácil y su propia "coherencia" ideológica; y por el otro: la proletaria, que expresando la solidaridad con nosotros, ve en este tipo de debilidades su propia debilidad, nuestra propia debilidad, las flaquezas de nuestra propia clase, la de nuestras actuales expresiones teóricas, las debilidades de nuestras tentativas, aún modestas, de centralización internacional e internacionalista.

Entremos por lo tanto en el centro del asunto: las garantías pasadas, presentes y futuras. Lo hemos afirmado más de una vez: ningún estatuto, ningún reglamento formal, ningún procedimiento administrativo, ningún dirigente por más genial que pueda ser, es una garantía contra los errores. Solo en la coherencia programática puede encontrarse la garantía. Pero esta afirmación fundamental no puede -como es evidente- contener una receta para decidir en cada caso, al interior de una organización comunista, que texto debe ser publicado y cual no debe serlo.

Hay dos maneras de no autocriticarse nunca, de no criticar nunca un texto: la adopción unánime de cada cosa a publicar y la no puesta en cuestión, por parte del conjunto del grupo, de lo que se escribe por considerarlo sagrado. Existe una tercera forma aún más caricaturesca, la de "Programa Comunista" (grupo que se pretendía el heredero de la izquierda comunista italiana, sin reconocer sus mejores aportes), en donde los cambios de 180 grados de sus posiciones eran explicados por un error de comprehensión del lector ("el lector puede haber comprendido tal cosa... pero nosotros hemos querido afirmar... tal otra") En todos estos casos estamos en el más puro democratismo.

Contra todo esto, nuestro grupo ha organizado en su interior, la discusión y la crítica centralizada del conjunto del material publicado. Y no nos referimos aquí a una crítica formal que consistiría en definir cada vez los "grandes pasos adelante hechos por el grupo", sino por el contrario a una verdadera discusión y una crítica que tienda a mostrar las debilidades, a reconocerlas sin temor y más aún a rectificarlas si es necesario. Se trata evidentemente de mejorar lo más posible la calidad de nuestros materiales, de fortificar nuestra práctica. Para ello, la única solución que hemos encontrado es la formación programática, la discusión, la homogeneización teórica internacional y la designación para cada publicación de un responsable dictatorial que actúa en base del preestablecimiento de un cuadro determinado y límites precisos decididos por las estructuras centrales del grupo (ejemplo: ejes sobre los temas o textos a publicar y si es posible -no siempre- el preestablecimiento de sumarios para todas las revistas). Queremos subrayar aquí que para nosotros un responsable no es nunca un simple delegado de la base o de un grupo local, como en los grupos federales y democráticos, sino que es por el contrario el garante de la coherencia central y del programa comunista. En lo que concierne la necesidad de un responsable dictatorial, por publicación, reconocemos haber sido fuertemente inspirados por la asumación explícita y abierta de la dictadura, reivindicada por Marx y Engels, como la única manera de hacer funcionar un periódico.

Para recordar dicha posición, dicha práctica, tan opuesta a todo lo que hoy se dice, citemos lo que decía Engels algunos años después sobre Marx y la Nueva Gaceta Renana:

"La redacción estaba organizada bajo la dictadura pura y simple de Marx. Un gran periódico diario que debe estar terminado a una hora fija solo puede asegurar la continuidad y la coherencia de sus posiciones con este tipo de organización. Pero además en, nuestro caso, la dictadura de Marx se imponía por sí misma de manera incontestable y era voluntariamente reconocida por todos." Engels, "Marx y la Nueva Gaceta Renana".

Es verdad que en la publicación de nuestras revistas centrales, no estamos aún confrontados a las exigencias de un periódico diario, pero estamos sin embargo frente a la responsabilidad de asumir la confección de diferentes revistas en diferentes lenguas realizadas por compañeros de diferentes países entre los cuales la comunicación es muy difícil, irregular y lenta. En esa medida hemos considerado que había una sola manera de asumir ese tipo de tarea histórica: el no dejar ninguna duda sobre el hecho de que la responsabilidad de decisión en última instancia debe estar concentrada y centralizada.

Claro que la utilización del término "dictadura" chocará a muchos en una sociedad en la que la más sanguinaria de las dictaduras (del Valor, del Capital, de la Democracia) se presenta como la expresión de la "voluntad de los hombres". Pero nosotros preferimos -como Marx y Engels- llamar a las cosas por su nombre, aunque hacerlo predisponga contra nosotros, incluso a aquellos grupos de proletarios que asumen la inevitabilidad de la dictadura del proletariado, en abstracto "exclusivamente contra la burguesía", como si la dictadura proletaria pudiese ejercerse sin contradecir los deseos y las voluntades de tal o tal proletario individual, como si hubiese otra forma de centralidad revolucionaria que la orgánica, en la cual la organicidad del todo se impone a través de las estructuras correspondientes contra el libre juego de cada individualidad (15); en fin, ¡como si la burguesía no se expresara a través de cada individuo de esta sociedad!.

Pero, cuando, nosotros hacemos referencia a la responsabilidad dictatorial de tal o tal compañero, de tal o cual equipo de compañeros, esto no tiene nada que ver con el "jefe" burgués de toda democracia (ver la validez de la crítica de toda la izquierda comunista en el mundo entero contra los "jefes" socialdemócratas), al cual como corresponde en dicho sistema se lo teme y se lo endiosa (culto a la personalidad), sino que por el contrario nos referimos a un miembro de nuestra clase, a un compañero o a un equipo de compañeros, que, por el hecho de mostrar en forma constante su capacidad en el combate que libramos contra la burguesía, goza (nunca de forma definitiva, idealista o imbécil como en el culto a la personalidad) de la confianza de la totalidad para garantizar en última instancia, la adecuación programática de tal o tal acción, de tal o tal directiva, de tal o tal publicación.

Como decían nuestros compañeros hace más de 50 años:

"Es necesario, proclamar una vez más, que la esencia del marxismo no está en la adulación de los jefes proletarios o de sus formulaciones, sino por el contrario en la prospección viviente y en progresión continua, así como el capitalismo progresa siempre en el sentido de aprisionar las fuerzas de producción. No completar el aporte doctrinal de las fases anteriores de la lucha proletaria equivale a hacer impotentes a los obreros frente a las nuevas armas del capitalismo. Dicho aporte, por su parte, no consiste en la suma do posiciones contingentes, de frases aisladas, de los diferentes escritos y discursos de aquellos cuyo genio expresa el grado alcanzado por la conciencia de las masas en un período histórico determinado, sino por la substancia de su obra que fue fecundada por la experiencia dolorosa de los obreros ... el marxismo no es una biblia, sino por el contrario un método dialéctico; su fuerza reside en su dinámica en su tendencia permanente hacia la elevación de las formulaciones que el proletariado va adquiriendo en su marcha revolucionaria. Cuando la tormenta revolucionaria barre sin piedad las reminiscencias, cuando hace surgir profundos contrastes entre las posiciones proletarias y el transcurrir de los acontecimientos, el marxismo nunca conjura a la historia tratando de que ésta adopte sus fórmulas caducas, ni le ruega que vaya para atrás, sino que por el contrario, comprende que las posiciones de principios elaborados anteriormente deben ser desarrolladas más (16), que el pasado debe ser dejado a los muertos: es Marx rechazando sus fórmulas de 1848 sobre el papel progresista de la burguesía, es Lenin pisoteando despreciativamente en Octubre de 1917 sus hipótesis de septiembre sobre el carácter pacífico de la revolución, la expropiación con indemnización de los bancos, ambos para superar enormemente sus posiciones para asumir las verdaderas tareas de la época."
"BILAN 1935 (Órgano teórico de la Izquierda Comunista Italiana).

Que un artículo-editorial que globalmente no corresponde a nuestras posiciones, haya salido en una de nuestras revistas centrales, se debe al tipo de funcionamiento basada en la confianza y la responsabilidad. Si en forma inmediata hemos podido criticar internamente dicho texto y ahora autocriticarnos públicamente dicha toma de posiciones, ello se debe también al tipo de funcionamiento que empuja a todos los compañeros y contactos próximos a someter a la critica todo lo que publicamos y a las estructuras centrales del grupo a centralizar la misma y ponerla al servicio de toda la lucha revolucionaria (como hacemos también cuando criticamos las debilidades de toda lucha obrera, porque las consideramos como debilidades que traban nuestra constitución en fuerza). En tanto que momentos de centralización de nuestra actividad, las revistas juegan una importante función, pero dicha centralización no tienen nada que ver con el centralismo democrático de la izquierda, en donde en base a un conjunto de mecanismos democráticos paralizantes se mantiene la ilusión de que "todos los militantes deciden" (viejo mito socialdemócrata que no es más que la aplicación "obrera" del principio burgués de la soberanía popular o/y el sufragio universal), que se acompaña inevitablemente (como en toda democracia) del hecho que las verdaderas decisiones se toman siempre en pequeño comité y detrás de bastidores, si es posible sin que la masa sometida a la democracia se entere de la existencia de tal nivel de decisión (17).

Nuestro centralismo es por el contrario orgánico, como venimos de exponer. Las necesidades mismas de la lucha, del programa, del asociacionismo obrero implican un nivel de cohesión, de confianza mutua, de responsabilidad, que se basan no en la creencia de tal o tal "individuo genial" que sería a priori el garante de la continuidad programática (incluso los militantes más claros de nuestra clase, han cometido errores y además errores graves), sino en una práctica militante común reforzada y verificada continuamente gracias a la critica permanente. Decidir en un grupo de revolucionarios -lejos de implicar ausencia de crítica- implica responsabilidad, en el sentido más directo de la palabra: responsabilidad frente a los compañeros, a la clase por todo error grave. Y en base a esa responsabilidad y a la confianza mutua, en todos los niveles, desde la redacción de un texto (que en principio busca expresar el nivel más acabado posible a un nivel de abstracción prefijado sobre un sujeto, alcanzado no por el individuo que lo escribe, sino en tanto que resultado colectivo no solo del grupo sino de todo nuestro Partido histórico), a la responsabilidad dictatorial para cada una de nuestras publicaciones (con más fuerte razón aún "responsabilidad" en el sentido más global e histórico de la misma), que se desarrolla orgánicamente la centralización -geográfica e histórica- de nuestra actividad, sin por supuesto pasar por un control burocrático de lo que tal o cual hace. Así, por ejemplo, cuando un compañero escribe un texto sintetizando el conjunto de discusiones y conclusiones sobre el tema que existen en nuestra organización (lo que es a la vez un nivel de centralización de la discusión más general e histórica), dicho texto no pasa por ningún tribunal democrático que reuniría el conjunto del grupo y que tendría por función el controlar ¡No! Le hacemos globalmente confianza a ese compañero en la medida de que es un órgano de expresión (y por lo tanto también de centralización) de síntesis, de lo que el conjunto de discusiones ha permitido clarificar y es evidentemente el responsable de cada revista quien decidirá un última instancia si ese artículo saldrá o no (18). Si dicho responsable, hace publicar un texto que globalmente es contrario a nuestras afirmaciones programáticas, es evidente que él mismo será criticado e incluso, si es necesario, sancionado (19).

Luchamos pues para que, cada vez más, el conjunto de militantes se reconozcan en las iniciativas centralizadoras de los otros compañeros -lucha muy difícil en un período como el actual-, lo que está necesariamente acompañado de decisiones muy duras para quienes rompen esta confianza fundamental por su práctica irresponsable. Sin dudas, nuestra práctica tendiente al centralismo orgánico, complica a veces nuestro esfuerzo organizacional y "crea" -aun en las fases embrionarias en las que nos encontramos todos los proletarios internacionalistas hoy- problemas como los subrayados y criticados aquí (20). Claro que sería mucho más fácil el reducir nuestra actividad (acompañada o no por grandes congresos de tiempo en tiempo) a la traducción de textos de un "gran jefe" como en cualquier organización estalinista. Nosotros preferimos el "riesgo" de la organicidad que se refleja en todo un conjunto de problemas (21), no porque la misma se nos presentaría como una opción entre otras, como si tuviésemos que elegir entre diferentes concepciones de lucha, sino porque el movimiento comunista implica, en sus objetivos, en su programa, en sus medios, en sus métodos,... un contenido en el cual las relaciones entre los hombres no se basan en el obedecimiento servil a los jefes, ni en el seguidismo de los monos en relación al director de circo, ni tampoco en la división del trabajo entre pensadores, escribas y traductores, ni entre intelectuales, manuales, etc. Luchamos pues para que cada militante sea portador de la totalidad, lo que significa por un lado que cada uno tiende a capacitarse para asumir toda función y que, por el otro, cada momento de su actividad contienen la totalidad del proyecto social de abolición de todas las clases que nos anima.

Es en este sentido que para nosotros tiende a resolverse la terrible contradicción que la burguesía, en su esfuerzo por "razonar" el mundo (es decir someterlo a su Razón), no ha dejado de subrayar: la contradicción entre "libertad" y "necesidad", a la cual Marx le arregló cuentas dándole como cuadro, en vez del individuo encadenado a la mercancía y cantándole loas a su libertad, lo que el proletariado ha sido, es y estará históricamente forzado a hacer, en conformidad con su ser. Nuestras decisiones no se deducen pues de tal o tal consultación o seguidismo a un "guía" métodos complementarios inseparables y que caracterizan la democracia; sino de la historia de nuestra clase y de nuestra propia experiencia en esta historia.

Podemos pues responder a la cuestión de las famosas "garantías" en contraposición a todo lo que dice la corriente, no habrá ningún estatuto, ningún procedimiento formal, ninguna garantía democrática, en una organización de revolucionarios que garantice contra las desviaciones. Para garantizar la coherencia programática, solo disponemos del desarrollo de la crítica compañera y de la centralización internacional de esta crítica. Los compañeros, corresponsales, lectores, deben considerar esto como un llamado.

La crítica y la autocrítica permanentes son demostraciones de fuerza de nuestra clase. En la preparación de los combates que se anuncian, el proletariado necesita, no señoritos intelectuales, pedantes o seguidistas (a los que se los mantiene de ilusión en ilusión), sino por el contrario combatientes forjados en el fuego de la crítica. Militantes, capaces de mantener contra la corriente la organización de las rupturas con este mundo y por lo tanto también capaces de la crítica con respecto a nosotros mismos.

La crítica entre militantes, la centralización de la misma, su propia transformación en tanto que crítica conjunta y centralizada contra toda la sociedad burguesa, no tiene nada en común con el debate de ideas inconsecuente de los "concienciadores" de obreros. Toda la historia del proletariado y de sus afirmaciones clasistas es la historia de sus rupturas, de sus dolorosas rupturas con respecto a errores del pasado, su superación programática en base a la crítica y la autocrítica, que transformadas en fuerza de clase centralizada se transforman en un arma no para convencer, sino para destruir el adversario.

"La crítica no es una pasión de la cabeza, sino que es la cabeza de la pasión. No es un bisturí, sino un arma; su objetivo es el enemigo a quien no quiere contrariar, sino aplastar."
Marx, "Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel".

En conclusión, llamamos a los compañeros y simpatizantes a mejorar nuestras publicaciones, a participar en una verdadera crítica compañera para fortificar y centralizar nuestra crítica revolucionaria cuyo objetivo es la destrucción del sistema capitalista mundial. Las publicaciones del GCI no son "privadas", sino como puede verificarse en esta asumación -centralización de la crítica hecha por diferentes niveles de contacto con el Grupo, son el producto colectivo, de una clase que vive, que lucha para suprimir toda explotación y de la cual el GRUPO COMUNISTA INTERNACIONALISTA "no es más que" un órgano de centralización.

Proletariado contra individuo (22)

La característica central e invariante del idealismo es que define la realidad depurada de toda imperfección, pura y perfecta. El idealismo, sea cual sea la forma que adopta (consejista, bordigista, leninista,...), jamás concibe la "solución" revolucionaria a partir del movimiento mismo de descomposición del Capital, dentro del cual la acción revolucionaria del proletariado es la misma descomposición transformada en negación positiva. El idealismo se muestra incapaz de comprender que es en el interior del capital mismo, donde se encuentra el límite de éste. Por ello, de lo que se trata, para estos reformadores del mundo, es de definir el ser puro, el Mesías redentor que vendrá, del exterior del mundo real, del exterior de la mierda capitalista, a dictar la conducta que deberán seguir los obreros (23). Para Kautsky-Lenin, son los intelectuales burgueses que componen la fuerza, el partido, que importará del exterior la conciencia a los proletarios. La desviación idealista también se expresa en los blanquistas (o los partidarios de la "acción ejemplar") cuando piensan que tienen que intervenir, desde el exterior, en el desarrollo de la lucha constituyendo un cuerpo de combatientes bien decididos que por golpes de fuerza realizaran la revolución por cuenta del proletariado.

Por lo tanto, los idealistas, sea cuales fuesen las variantes, al imaginarse el surgimiento de la revolución del exterior del mismo movimiento de descomposición de la sociedad, conciben y definen la función de los comunistas únicamente a partir de la determinación de la voluntad y de la consciencia. Pero estos seres puros tienen que descender a la prosaica realidad y "ligarse a los obreros", para "convencerlos" y "enseñarles como hacer la revolución". Para ello se crean estructuras, se define una política para las masas, discursos, adaptados en función de lo que los proletarios pueden comprender, se hacen "cartas abiertas" para los indecisos, se designan directores para el circo y monos que lo sigan, se hace entrismo en las estructuras "en las cuales se encuentran los obreros", para llevarles la consciencia,... se esconde el programa "final" y se hace un programa mínimo o de transición, en fin, ¡se reforma!

Es lógico que para todos aquellos para los que el proletariado no existe (más) como clase históricamente determinada a imponer violentamente el comunismo, que los únicos "sujetos" de la revolución sean esos seres puros definidos por su consciencia y por su voluntad, y que según algunos deben intervenir en el movimiento proletario para "indicar el camino de la revolución" y según otros "deben reforzar gradualmente el comunismo en los lugares donde ya existe"! Visión idealista y voluntarista! Los militantes comunistas serían los introductores del comunismo en el proletariado, como si la contraposición del proletariado con el capital no tuviese ningún contenido programático, como si el comunismo de esa lucha no fuese inherente a la negación del capital, como si el proletariado fuese una masa neutra sin proyecto social en su ser.

Nuestro grupo ha afirmado, desde sus inicios, que la clase no se define estáticamente por el lugar que ocupan los individuos en el proceso inmediato de producción (ver al respecto nuestra posición sobre los desocupados y otros excluidos del proceso inmediato de producción), ni por la idea que se hacen los individuos de ellos mismos ni por lo que piensan o imaginan ser (y no falta como variante idealista quienes reducen al proletariado a "los militantes comunistas"!), sino que se define por su práctica de contraposición a la otra clase, por las condiciones sociales e históricas que esa contraposición implica y que determina su proyecto social. La contraposición viviente con la propiedad privada (fuerza de trabajo) define al proletariado como negador en acto de la totalidad de la relación social capitalista. En la condición proletaria se encuentra concentrada -realizada- al mismo tiempo la deshumanización total y el carácter inevitablemente revolucionario de la (negación) lucha contra esta deshumanización. El proletariado es el portador de esta inmensa determinación histórico-social; su necesidad y posibilidad de derrocar este sistema social y el establecer una sociedad en fin humana es exactamente lo mismo. El comunismo, no viene pues del exterior, sino que existe en términos de negación viviente en el proletariado; más aún los militantes revolucionarios (¡los verdaderos y no "los introductores de comunismo"!) mismos son un producto orgánico del proletariado, son la expresión más desarrollada de esa negación.

Es decir, que nuestra posición se contrapone simultáneamente con la de los partidarios y apologistas de la condición obrera ("ser proletario es una desgracia" (Marx)), y con la de aquellos que a pesar de criticar al obrerismo no hacen más que reproducir la misma mierda bajo la forma de antítesis pura, haciendo la apología del individuo abstracto ("el combatiente", "el comunista"...) de su consciencia, de su voluntad, de su opción y donde toda referencia a las determinaciones sociales e históricas que determinan nuestra clase fueron borradas. La antítesis simplista y lineal de la posición mecanicista-economicista de la definición del proletariado cae en su contrario y simétrico sin comprender las determinaciones materiales y objetivas: definición inmediatista y subjetivista del "individuo que lucha". Los más "revoltosos", los con mayor "voluntad" -como son definidos por ese tipo de idealismo- forman evidentemente parte de la clase revolucionaria, pueden ser una parte muy importante pero no son "el proletariado constituido en clase revolucionaria". Claro está que la rebeldía, el rechazo de la sumisión se encuentra en la base de toda lucha, pero es nefasto limitar el movimiento comunista a una simple cuestión de "rebeldes" (y con más razón a una simple cuestión de "rebeldes lúcidos"). Como siempre lo hemos afirmado, el comunismo es un movimiento cuyas determinaciones se encuentran lejos en el tiempo, en la historia de las sociedades de clase y sus determinaciones históricas, por ejemplo la contraposición con respecto al Estado (¡organización en poder de la clase dominante!) sobrepasan ampliamente el cuadro de la lucha contra la ignominia de nuestra situación inmediata de clase.

Los comunistas no se organizan y dirigen la lucha del proletariado, para defender los intereses parciales de tal o tal franja de proletarios, que pondrían en primer plano, sino que hacen valer los intereses comunes de todo el proletariado, el objetivo general de su movimiento- toda su actividad (y por lo tanto a los que se dirigen) están en función de este objetivo. Dicha actividad requiere una ruptura PRACTICA, VOLUNTARIA, CONSCIENTE, ORGANIZADA, con todo inmediatismo, con todo voluntarismo ("movilizar al proletariado", "organizarse cueste lo que cueste, poco importan las perspectivas"). En este sentido nuestra lucha no se dirige más a aquellos "que saben" que a los que "ya han comprendido", que a los "que rechazan", pues en todos estos casos se está parcializando y concibiendo de forma voluntarista distintos fenómenos de un proceso de ruptura incipiente de la paz social y ninguna de esas expresiones particulares en sí constituye o puede constituir una fuerza social.

El "rechazo" en el cual el voluntarismo quiere encontrar una raíz natural es contingente, se encuentra más ligado a las particularidades de las condiciones de vida inmediata de los individuos que a la esencia universal de la condición proletaria. La situación de clase del proletariado es una realidad contradictoria, que lo empuja, muchas veces a pesar de él mismo de su consciencia inmediata, al combate (por ello es extremadamente importante la actividad dirigente, organizada, consciente, voluntaria, de minorías comunistas que trabajan en la centralización internacional de la lucha) a sublevarse en contra de su situación de clase explotada. Este combate es el decisivo en la negación de las determinaciones contradictorias del proletariado (clase explotada, reproductora de la explotación y clase revolucionaria destructora de la explotación), pero no se trata de un acto único, ni de un cambio lineal, sino de un tumultuoso proceso dialéctico que no tiene nada en común con lo que imagina la visión positivista que ve al comunismo como una excrecencia positiva cuya raíces se encontrarían en plena sociedad capitalista (como imaginan, por ejemplo, los apologetas de la autogestión como parcela de nueva sociedad, o los ideólogos de las zonas liberadas) y que se trataría de extender hasta suplantar el capitalismo.

La teoría de la "revuelta" escamotea todo lo relacionado con la reificación, con la dinámica de la lucha, con la inversión de la praxis, es decir la cuestión del Partido. Es la ideología anarquista con su lógica de la lucha "individual" (Bonnot, Ravachol...) quien hace ese culto de la revuelta (ideología que se inspira en gran parte del radicalismo individualista de Max Stirner "El único y su propiedad"). Para los comunistas aun en el caso de que no exista más revuelta, cuando los proletarios abandonan la lucha abierta y cuando son reincorporados en la democracia, el antagonismo fundamental no desaparece: el bajón en la lucha no nos lleva a identificar al proletario con el representante del Estado burgués (bajo ningún pretexto puede identificarse los obreros en Polonia cuando estos paran la huelga con los Walesa o los mineros derrotados en Inglaterra con Scargill). Toda la actividad militante del Partido-Marx (contra los Proudhonistas, los Lassallistas, los Bakunistas,...) para poner en evidencia "las condiciones sociales reales del proletariado", "las causas fundamentales que provocaron la miseria y la opresión del proletariado"; toda la crítica de la economía política que permitió al Partido demostrar prácticamente "... que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado, que esta dictadura es la transición a la supresión de todas las clases y a las sociedades sin clases", es negada por la concepción anarco-individualista que pone no a la clase sino al individuo, al YO, único frente a la sociedad que lo aplasta. Estamos frente a la contraposición de siempre entre los utopistas e idealistas y la visión del marxismo revolucionario basada en la crítica de la sociedad mercantil y del ciclo de todas las sociedades de clases.

El individualismo es mucho más que un veneno teórico producido por el periodo contrarrevolucionario que vivimos, el individualismo es una práctica contrarrevolucionaria que se reproduce en el movimiento comunista desorganizándolo. Las organizaciones revolucionarias no se encuentran exentas de esta terrible realidad. Sería correcto afirmar que una organización revolucionaria es una lucha permanente contra la confianza desmesurada que cada uno, mirándose el ombligo, se atribuye. Frente a los otros, nada más fácil que creerse en la verdad de su ombligo! Muchas veces hemos encontrado, en nuestro grupo, compañeros que, no pudiendo digerir un debate contradictorio, toman el camino fácil del abandono de la discusión o incluso de la militancia lo que en realidad busca reencontrar la sacro-santa libertad de pensar y de movimiento del ciudadano. Estas renuncias, evidentemente, se justifican siempre por "divergencias", pero realmente materializan el rechazo a ser criticado y la voluntad de, al final, quedarse solos con su famosa consciencia, sin tener que rendir cuentas a nadie más que a uno mismo, o a algunos monos que hasta aceptarían jugar con el director del circo, si este les ordena, al espectáculo de la contradicción.

La ideología del Individuo, del Yo, único, se encuentra en la ideología bakunista de la organización en la organización (24). Nosotros hemos tenido que soportar esta tendencia organizada y desorganizadora al interior del GCI. Esta teoría se basa en la idea de que la lucha de Partido, la lucha por centralizar internacional-mente nuestras fuerzas, en base de toda la historia de rupturas de nuestra clase, sería una lucha permanente de "organización en la organización" identificada con la lucha de "fracción". Acá se confunde el trabajo histórico de fracción que llevaron adelante las izquierdas comunistas para romper con organizaciones contrarrevolucionarias... y la práctica de mierda que defiende, en una organización comunista, la organización en la organización en torno al individuo a partir de sus propias ideas (peor aun si no son más que delirios!) como a priori ideológico, y que busca permanentemente reclutar las "masas" alrededor de si mismo.

La esencia de la contradicción que hace avanzar, de ruptura en ruptura, una organización comunista no es un simple debate, sino que se trata de enfrentamientos de diferentes prácticas! no se puede por un lado reivindicarse del centralismo orgánico y por el otro crear una estructura en la estructura, para luchar contra las instancias centralizadoras de la organización argumentando que fue la historia de las fracciones obreras!!! Hay que denunciar claramente que de lo que se trata es de una reformulación de la práctica de Bakunin con respecto a la organización contra la cual Marx luchó pues la táctica de la organización en la organización, el autoritarismo no público, la dirección oculta, conduce al federalismo como concepción política y esto cualquiera sea el discurso que los justifique. Marx denunció siempre esta pretensión clásica del idealismo, que preestablece una élite formal que garantizaría la revolución, concepción que la encontramos en Kautsky, en Lenin y con mayor fuerza en Stalin, Zinoviev y Bordiga. El postulado individualista que parte de la idea, de que SUS ideas son las buenas y que por ello se permite cualquier medio para imponerlas, fracciones, federalismo, maniobras... es un postulado del sectarismo y de la política de la diferencia! Eso no tiene nada que ver con el centralismo orgánico, a pesar que se le reivindique -formalmente-. Más bien hay que repetirles a esos pedantes y orgullosos que es en la práctica que se verifica el programa que se defiende. Contra todos los individualistas hay que reafirmar que no es más tolerable la "libertad" de circulación de ideas, que la libertad de fracción!!! La constitución de una fracción al interior de una organización que conduce a una ruptura y a la constitución de una nueva organización no es un problema de "libertad" sino de necesidad que solo se justifica en términos de ruptura con la contrarrevolución. La práctica permanente de la organización en la organización, elevada a un nivel de "principios" en base al argumento de que al interior de la vanguardia "hay siempre una vanguardia de la vanguardia" cuyo punto culminante es siempre el individuo "genial", el fraccionalismo, el federalismo práctico, dígase lo que se diga, no solo no hace "madurar los debates" o las contradicciones entre compañeros, sino que los liquida, los ahoga en prácticas democráticas de promoción individual y de culto de la personalidad.

Es decir esa práctica tiene como verdadero objetivo la promoción y la potencialización de algún individuo y se sitúa objetivamente contra la organización militante, contra la revolución. La lógica que conduce a esa apología de su propio ombligo, en tanto que individuo genial es simple: la teoría de la necesidad de la fracción en toda organización (teorizada como tarea invariante de los comunistas!!!) de la vanguardia en la vanguardia y de fracción en la fracción... conduce inevitablemente a fracciones en otras Fracciones, llegándose al Individuo Genial, al Jefe, a la Personalidad. Es claro que todo eso solo conduce a una cosa: a la reproducción de la democracia con su cortejo de seguidistas y burócratas. Como en lo más profundo todo se justifica por el Individuo Genial y su justa Razón, no existe ningún problema en lo que concierne a la utilización de medios para llegar a sus fines: maniobras, discurso doble, decisiones individualistas,... todo esto se justifica porque, a priori, todo ello conduce al "Programa" del que se esta íntimamente convencido que es "comunista", cayéndose en otra aplicación de la máxima "el fin justifica los medios".

Para nosotros es claro, frente a todas esas bestialidades, que solo el trabajo colectivo, la organización y el respeto de una disciplina programática cristalizada en una disciplina organizacional (25), la confrontación en la lucha común, son los elementos que nos permiten verificar, de una manera permanente, el avance en nuestras rupturas con el mundo del ciudadano, del individuo, del "yo hago lo que se me antoja"... con el mundo burgués! El sectarismo y el individualismo como política al interior de una organización revolucionaria, debe ser enérgicamente combatido pues destruye la confianza mutua y el compañerismo militante, compañerismo y confianza que solo se desarrollan en la práctica, en la lucha, en el compromiso común y en la crítica compañera. Claro que esto es muchísimo más difícil -en especial en un período como el actual- que el poner en primer plano tal o tal desacuerdo y hacerse apoyar en la "lucha fraccional" por compañeros nuevos o poco implicados. Si, dados los múltiples y necesarios desacuerdos que pautan la vida de toda organización realmente revolucionaria, se constituyera una fracción para cada desacuerdo, existirían por lo menos 10 fracciones por militante!!!

El sectarismo, al interior de una organización, reproduce ineluctablemente, el libre pensamiento, el individuo, la división del trabajo entre los que "comprenden" y "los otros", es decir... la DEMOCRACIA. Más complejo y más rico aunque más difícil es afirmar nuestras contradicciones poniendo en primer plano lo que nos une como miembros de una misma comunidad de enfrentamiento al Estado. Los revolucionarios no constituyen grupos de pensadores que compiten por el trofeo de Genio o la medalla de Jefe! El comunismo surge de las determinaciones materiales históricas reales; la consciencia solo es un producto necesario y colectivo de un movimiento, de una fuerza que surge espontáneamente de y en la historia, del suelo de la sociedad capitalista. La conciencia no es el motor de la Historia ¡aunque no les guste a los idealistas! El proletariado solo enfrentando a su enemigo, organizándose en fuerza única, internacional y centralizada, constituyéndose, por ello, en partido, por ello se manifiesta como sujeto de la historia.

Para finalizar este capítulo, queremos expresar, una vez más, nuestro odio profundo por el individuo democrático, por esa quimera burguesa que resurge permanentemente y en todos los lugares para, en nombre de la Ciencia, de la Razón, del Libre Pensamiento y del Libre Arbitrio, destruir los vínculos forjados por una práctica de lucha y de crítica colectiva.

Al individuo y al culto de la Consciencia, nosotros le contraponemos nuestra certeza de la revolución, nuestra determinación de lucha y nuestros esfuerzos para actuar en el sentido de afirmar lo que nos une a nosotros proletarios, en tanto que órganos de una comunidad de lucha, parte integrante de un grandioso movimiento histórico que nos engloba y que nos sobrepasa.

Libre de todo, es decir de toda posesión, libre de creer incluso que puede hacer lo que quiere, el Individuo solo es en definitiva una mercancía que se sublima presentando las leyes de la libre circulación, a las que se encuentra sometido, como el cuadro de sus propias elecciones deliberadas y personales, sin ver que esas leyes fueron impuestas por el capital para realizar el mercado de la fuerza de trabajo. El individuo, libre de hacerse explotar por el que le parezca mejor, "olvida" que esta libertad es solamente sinónimo de su explotación. ¡Ni más ni menos!

Dejemos, entonces, que este egoísta que es el Individuo se agarre de los más bellos adornos para que juegue el espectáculo de la Consciencia. Para nosotros, proletarios, que sabemos que no tenemos nada para ganar en este mundo que nos trata como mercancías, ¡el Individuo es siempre un traidor a nuestra clase, un enemigo: un Vendido!

Conclusión

Las clarificaciones que hicimos no están dirigidas a ningún "medio revolucionario", que las cosas sean claras: nosotros denunciamos este famoso "medio" por el papel nefasto que juega en el período actual. Nosotros lo despreciamos, particularmente por su democratismo y pacifismo (cuya base es la no-ruptura con la tradición socialdemócrata) que ha vuelto a ilustrarse recientemente en la iniciativa del BIRD y otros,... de crear una colaboración, un frente, una publicación pues "... se trata de reaccionar de una forma más unitaria con respecto a la represión de la cual son objeto cada vez más los militantes del medio", cuando está claro -desde siempre- que decenas y decenas de millares de militantes comunistas (que no forman parte del "medio") son masacrados, torturados, encarcelados en el mundo entero; que "Battaglia Comunista" no tiene ninguna vergüenza en proclamar "que no existen prisioneros comunistas en Italia"! Indudablemente, esto forma parte de la barbarie capitalista propia de los países del "tercer mundo"! Por nuestra parte consideramos que no existen dos programas, uno para los comunistas y otro para los proletarios! Nosotros no colaboramos con el enemigo (y se trata bien del enemigo de clase!) que, por un lado, escupe sobre millares de proletarios que el capital mantiene como rehenes en sus siniestras cárceles, y proponen, por el otro, la resistencia común de los "núcleos comunistas" con respecto al Estado! Miseria del idealismo! Es decir, estos grupos solo están dispuestos a "ofrecer" su miserable "solidaridad" a los que consideran como "comunistas". El planteamiento de una categoría totalmente ideológica contrasta con la actitud invariante de los comunistas que fue, por ejemplo, la de la izquierda comunista en Italia que manifestó su solidaridad con los anarquistas "terroristas" perseguidos; como con todos los que combatían contra el Estado, y ello a pesar de sus divergencias.

Como hemos tratado de demostrar a lo largo de este primer artículo de nuestra revista, lo que se encuentra en la base de toda distorsión de nuestras posiciones (26) es el idealismo, que considera el Pensamiento, la Consciencia, como determinación primera, y que hace primar la idea del comunismo sobre el movimiento comunista real. Para nosotros, esto no es un simple error teórico, sino una práctica, una totalidad que está integralmente en contradicción con el proceder militante. La concepción idealista conduce, como lo hemos podido observar en nuestra -pequeña- historia, a una práctica anti-organizativa al reforzamiento de una fuerza antimilitante, que sobrepasa de lejos el cuadro de nuestra pequeña realidad de grupo y que, sin embargo, desde que nuestro grupo existe y bajo diversas formas hemos estado obligados a combatir permanentemente. Este editorial pretende ser, por la definición y la globalización que en él realizamos, un eslabón de esta lucha, y el primer paso de un balance que marca el fin de una etapa y el comienzo de otra.

Las luchas internas, que combaten el conjunto de estas prácticas antimilitantes, ralentizaron evidentemente el trabajo de nuestro grupo. Particularmente, en el transcurso del último año hemos tenido que pasar por una fase de francas dificultades de centralización que nos ha frenado en el desarrollo de nuestros ejes centrales. En el transcurso de más de un año hemos tenido que enfrentar y combatir esta práctica imbécil que solamente percibe al comunismo a partir de la idea que se tiene, lo que lleva cada vez más a las peores aberraciones programáticas que buscan, de una manera u otra, definir al "partido" como surgiendo de las ideas que estos compañeros tienen: la asociación de todos los rebeldes de la tierra, el agrupamiento de intelectuales que "quieren" la revolución... Estas fueron las razones que explican el retraso enorme de la publicación no solo de nuestras revistas centrales en español y en francés, sino también de nuestras Tesis Programáticas. Esta descentralización de nuestra actividad constituye una debilidad que contamos transformarla en fuerza, en particular, utilizando, bajo la forma de textos públicos, las lecciones que hemos sacado de los debates que han animado nuestro grupo en estos últimos años. En cualquier caso, para nosotros la lucha continua y la línea idealista, cuyos franco portadores acabamos de excluir de nuestro grupo, nos ha permitido realizar un paso suplementario en el necesario trabajo de ruptura con el centrismo, fuerza de la contrarrevolución que porta todos los atavíos de los obreros, pero que no es más/la enésima tentativa de destruir desde adentro, por una actividad anti-partido, la necesaria centralización revolucionaria.

Una expresión de la línea idealista que aquí criticamos, con la cual formalizamos frontera programática en esta contribución y cuyos principales exponentes fueron excluidos, se materializó en el Editorial "La Europa de los Versalleses" publicado en "Le Communiste" N°25. Nuestros lectores encontrarán otra expresión de esa misma línea idealista, en la próxima aparición de un folleto titulado "Escisión con el GCI" publicado bajo la responsabilidad del mismo ex-compañero y refrendado por algunos ex-compañeros que lo han seguido. Nosotros solo podemos aconsejar la lectura, porque además del tipo de descalificativos y calumnias que hemos constatado en la circular dirigida por este ex-compañero a sus amigos del "medio" no dudamos que el mismo expresará, en todo su esplendor, esa concepción idealista y dualista criticada aquí. Queremos además subrayar que, los principales portadores de aquellas posiciones que fueron excluidos algunos hace un año y otros recientemente no se ponen de acuerdo en los calificativos acerca de nuestro grupo y que si bien algunos nos tratan "de burócratas y leninistas", otros nos tratan de "anarquistas-modernistas" repitiendo en general el tipo de calificativos (no hay demasiados en el mercado!) que los grupos del "medio" nos dirigen. Nosotros estamos seguros que para este juego de ping-pong ideológico, existen aún muchas tablas libres en el supuesto "medio revolucionario".

Febrero 1988

Notas

(1) Los ejemplos que se mencionan en este Editorial se refieren específicamente a nuestra revista central en francés pues es en ese idioma que el grupo ha constatado más problemas y contradicciones, que se concretó, por otra parte, incluso en la exclusión de varios responsables de la redacción de esa revista. Ello se debe, en primer lugar, a que ese idioma es el de expresión mayoritaria en el grupo, que es comprendido por una buena parte de los compañeros y que hasta el único posible, por ejemplo, en el cual algunos de los militantes de lengua árabe se comprenden con un hispano-hablante. Se debe, también, a que por eso mismo y por tener en la actualidad como principal región de implantación y de integración de militantes a compañeros con el francés cono lengua maternal es en esa lengua que más se han cristalizado todas las contradicciones; aportes fundamentales pero también debilidades graves (un material publicado por primera vez en Le Communiste es más rápidamente criticado por todos los compañeros que algo publicado en árabe o español). Pero el estallido de esas contradicciones, principalmente en francés, se debe también al hecho de que los compañeros que asumieron la responsabilidad central de esas revistas durante estos años manifestaron en sucesivas oportunidades una ruptura insuficiente con la sociedad en general, y con todo lo que en Europa se autoproclama como "medio revolucionario" en particular, que se tradujo prácticamente en la publicación de textos que lejos de presentar el nivel de ruptura, que el Grupo tiene con todo ese "medio" y con sus ancestros, la socialdemocracia, eran tímidas críticas adaptaciones de grupos centristas como el PCI, la CCI u otros, y en las dificultades reales de esos mismos (ex-)compañeros en forjar y asumir una disciplina colectiva.
(2) Un ejemplo de lo dicho anteriormente fue en el grupo la publicación de estos textos, en los que lejos de buscarse la publicación de una posición centralizada en el grupo, el compañero responsable publica su posición contra el resto del grupo en base a un conjunto de maniobras que el grupo combate hasta decidir su expulsión.
(3) La discusión interna permitió criticar dicha posición y decidir centralmente un cambio que se tradujo en el hecho de que la versión en castellano no contiene tal aberración: "Afirmamos entonces una vez más, aunque alarme a los nuevos filósofos de la ultraízquierda democrática, lo que diferencia al proletariado de la burguesía es justamente la necesidad de luchar contra la enajenación y toda la mierda capitalista." Ver Comunismo N°21 pág.18.
(4) Nos parece indispensable utilizar y subrayar aquí las mismas expresiones que Marx utilizó contra las más sutiles y desarrolladas expresiones del idealismo: el "materialismo" humanista de los jóvenes hegelianos, que aún hoy constituye la línea filosófica más desarrollada -sean conscientes o no sus expresiones actuales- de la apología del Hombre (¡con una gran H mayúscula!) y del individuo y ello desde Feuerbach a Stirner.
(5) Diferentes personeros de los organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OCDE... concuerdan todos en señalar que cuando recomendaron tales y tales medidas de austeridad a los gobiernos y sindicatos estos sostenían que llevarían a violentísimas explosiones sociales y que sin embargo en estos últimos 20 años se han aplicado "sin las dificultades previstas".
(6) Lamentablemente los compañeros que podían haber llevado adelante tal tarea, y por el tipo de razones que aquí analizamos, no forman más parte de nuestro grupo, lo que hará difícil hacerla en el futuro próximo.
(7) Aquí empleamos la expresión "sectaria" no en el sentido de la total contraposición y de la entera independencia programática y organizativa del proletariado frente a toda la sociedad actual, sino por el contrario en referencia al sentido tradicional de la palabra, al de secta religiosa. El sectarismo es la práctica de los grupos que hacen de "la política de la diferencia" la clave de su actividad y que se limitan a defender el sistema social imaginado en la cabeza de tal o tal jefe.
(8) Critica que de más está decir no tiene nada que ver con la crítica eurocentrista del mismo lanzada por algunos grupos eurocentristas.
(9) Los lectores de Comunismo, que puedan leer en francés, pueden pedirnos dicho texto así como la critica detallada del mismo aparecida en francés.
(10) La traducción es mucho más literal de las que hacemos habitualmente, pero queríamos evitar lo más posible los problemas que puedan ser considerados interpretativos en la traducción, lo que es bastante difícil (traductore = traditore).
(11) En ese sentido el artículo "Europa de los Versalleses está en total contradicción con la citación publicada en la tapa de la misma revista: "Para nosotros el comunismo, no es un estado que debe ser creado ni un ideal según el cual la realidad debiera amoldarse, sino que llamamos comunismo al movimiento real de abolición del orden establecido. Las condiciones de ese movimiento resultan de los factores que existen en el presente".
(12) En oposición a dicha utilización, el término eliminer, puede ser utilizado en forma mucho más genérica y abstracta o/y mucho más específica y hasta coyuntural. En efecto, incluso refiriéndonos al término "crisis" en el sentido predominantemente económico (por oposición a la crisis "política" en el sentido de crisis de dominación de una fracción o de toda la burguesía, o a la crisis "social", en el sentido de la crisis de un sistema social visto en su conjunto, o de crisis revolucionaria en ese sentido de una crisis social o/y política acompañada de la capacidad de la clase revolucionaria de solucionarla de manera revolucionaria), debemos subrayar que, en el propio Marx, dicho término recubre desde las contradicciones generales inherentes al capital mismo (y en ese sentido el capital está desde que existe hasta su muerte en crisis permanente), hasta el fin coyuntural de un ciclo expansivo (que se termina por una depresión) y en ese sentido el término crisis tiene un contenido mucho más coyuntural: cada 8 a 10 años -ciclo corto- coincidente con el tiempo de rotación del capital fijo).
(13) Ejemplo el periodo que precede a la insurrección del 17.
(14) Es en los ejemplos extremos donde se ve mejor la contradicción al interior de la unidad.
(15) Un ejemplo biológico -con todos los problemas y riesgos que puede tener este tipo de ejemplos o de paralelismos- es la necesidad del todo orgánico de comer es impuesta por los aparatos respectivos (pongamos el digestivo), sin ninguna consulta democrática entre el dedo gordo del pié y la oreja izquierda y aunque dichas extremidades consideren otras "acciones" como prioritarias: las necesidades del todo no están nunca representadas por la atomización y adición de los átomos (como se imagina el demócrata que toma como universal lo que no es más que una forma histórica y contingente de decisión basada en la competencia de todos contra todos y la conciliación del egoísmo universal en la sumatoria de los átomos), sino por partes orgánicas (órganos, aparatos, en tanto que conjunto coherente de órganos) cuya esencia es precisamente ser la expresión más elevada de la totalidad, de la centralidad.
(16) Esta es una excelente definición de nuestra concepción programática, de la afirmación de la invarianza real (contra la invarianza de tal o tal formulación) a través de sucesivas y violentas afirmaciones cada vez más desarrolladas, explícitas y precisas.
(17) El ejemplo típico de este tipo de funcionamientos son los grandes congresos o asambleas "obreras" en la que se discute de todo y de nada para aclamar al fin como gran resolución algo que ya había sido cocinado entre bastidores por los jefes.
(18) Tal vez no esté demás insistir en que, contrariamente al centralismo democrático en donde la decisión por mayoría pasa por ser también una sanción acerca de quién "tiene razón" como si fuese un criterio de verdad el tener la mayoría, en nuestro centralismo comunista la decisión, y la ejecución de la misma, no implica para nada juzgar sobre el contenido de la discusión, si no hay acuerdo la misma seguirá desarrollándose y es deber de las estructuras centrales el fomentar tal discusión. La discusión posterior y la centralización de la misma, permitirá pronunciarse sobre el contenido de la decisión y es necesario realizar la crítica de la misma, así como del responsable de ella.
(19) Cómo explicamos en la "Advertencia al lector" no fue única, ni principalmente, por el "error" de haber reproducido este tipo de posiciones que el redactor y responsable de la publicación del artículo "La Europa de los Versalleses" se encuentran fuera del GCI, sino por una serie muy grande e importante de rupturas organizacionales y programáticas, de lo cual ese artículo no es más que una muestra, pero que de todas formas dadas, su aparición pública el GCI no podía dejar pasar.
(20) Por otra parte, no vemos de que otra forma pudiera funcionar una estructura proletaria internacional, para asegurar la centralización programática a pesar de la descentralización geográfica real que se traducirá, a nivel de publicaciones, en la producción creciente de revistas en idiomas diferentes desde países distintos, sin posibilidades materiales de una comunicación fluida, ni de una discusión internacional previa (so riesgo de paralización general) en cada caso.
(21) Más de una vez nuestros enemigos nos reprochan, por ejemplo, los matices que pueden existir entre las diversas revistas centrales, es evidente que ese tipo de problemas no existen en organizaciones socialdemocratas-stalinistas que reconocen un centro formal y el resto de las secciones se dedican a traducir los artículos del centro, difundir volantes y redactar artículos sobre los problemas locales. A nosotros nos parece inevitable, en el estado actual de "centralización" proletaria (debiéramos decir de no centralización), que incluso sus expresiones de vanguardia vivan efectivamente estos problemas reales de la centralización internacional. Aquellos que se creen tan superiores a nosotros y al proletariado en general con su centralización de traductores y de difusores, no son en el mejor de los casos más que una caricatura democrática de la centralización obrera y en el peor una organización de intelectuales burgueses pretenciosa y pedante (¡qué pretende haber resuelto en su cabeza lo que el proletariado en su lucha aún no resolvió!) de portadores de la consciencia que como siempre no servirá para otra cosa que para confundir y servir a la contrarrevolución.
(22) Acá utilizamos el término "individuo" en el sentido de átomo de la sociedad burguesa, componente indispensable de la democracia. Es decir, en sentido de individuo consciente subsumido en una simple clase (clasificación) de la sociedad, y en oposición a la persona humana, al individuo personal componente de una comunidad de lucha y de intereses. La distinción es muy importante, y como dijo Marx "La diferencia entre individuo personal e individuo contingente no es una distinción de concepto sino un hecho histórico". Así, "Resulta de todo el desarrollo histórico, hasta nuestros días, que las relaciones colectivas en las que entran los individuos de una clase y que están siempre condicionadas por sus intereses comunes con respecto a un tercero, fueron siempre una comunidad que englobaba a estos individuos únicamente en tanto que individuos medios (contingentes NDR), en la medida que vivían bajo las condiciones de existencia de su clase; eran pues relaciones en las que participaban no en tanto que individuos, sino en tanto miembros de una clase. Por el contrario, en la comunidad de los proletarios revolucionarios y en la de todos los miembros de la sociedad, se produce lo inverso: los individuos participan en tanto que individuos (personales. NDR)." Marx, "La Ideología Alemana".
(23) Como lo hemos dicho muchas veces el idealismo es siempre coherente y complementaria con el materialismo vulgar y mecanicista. Así la idea del salvador externo "partido", "intelectual burgués", etc, es complementaria con una concepción apartidista del proletariado, sociológica, economicista: el proletariado en vez de ser concebido como clase en base a su constitución en partido, existiría siempre y se identificaría al conjunto de los obreros.
(24) Ver el "Programa de la Fraternidad Internacional" de 1872 escrito por Bakunin. Este es uno de los textos en el cual Bakunin define su estrategia federalista de la organización en la organización: dirección oculta, construcción del Partido desde la cúspide, autoritarismo oculto, no público (y por ello "más poderoso") y consecuentemente doble discurso, táctica de diferentes niveles internos, internacionalismo asumido y asegurado solo por la cúspide de la pirámide,... etc. etc.
(25) Insistimos sobre el aspecto organizativo porque en el periodo actual están muy de moda las prácticas antiorganizativas, justificadas ideológicamente con el mito de la disciplina "solo" con respecto al "programa histórico" y el "cuadro histórico" que no se concretizan en una práctica organizacional y centralizadora precisa, sino en la idea pura, propia a la filosofía especulativa (hegeliana). Así por ejemplo se hace cualquier cagada, que implica una grave ruptura en los niveles de confianza y del trabajo colectivo de nuestro pequeño grupo y se justifica luego diciendo que "no es grave porque de todas formas el GCI no es el Partido" Es decir, en lugar de asumir la distinción entre nuestro modesto equipo de trabajo y el Partido histórico, para situarse concretamente en la línea de éste en base a una acción organizacional precisa y consecuente, se pretende justificar la mayor de las inconsecuencias en base a dicha distinción. En general, esta práctica está ligada a la idealización del Partido histórico, en lugar de luchar consecuentemente por el Partido en la historia, se imagina que el Partido histórico sería un ideal que habría que realizar y dado que "no existe", las irresponsabilidades con respecto al grupo actual no son importantes. De la misma manera el desprecio de los compañeros de carne y hueso va siempre acompañado de una idealización "del verdadero cuadro comunista".
(26) La cual es también vehiculizada, a diferentes momentos, por diferentes militantes que lucharon al interior del GCI y que fueron excluidos de nuestro cuadro organizativo.

CO24.1 Editorial