El trabajo asalariado y sus «inmigrados»

Los izquierdistas, humanistas y otros progresistas descubrieron en las condiciones miserables de vida de los obreros inmigrados, nueva materia para denunciar la injusticia que golpea esos «menos agraciados»: «¡Cuánto mejor sería el mundo si todos los obreros fuesen tratados como a los nacionales!», según ellos, «privilegiados». Hoy, en plena agudización de la crisis mundial, la «solidaridad» que esos señores proclaman sería la de repartir algunas de esas «conquistas sociales» que le dan credibilidad al capitalismo. Pero a esa idealización de las relaciones sociales capitalistas, se contrapone la terrible realidad: todos los Estados venden y compran fuerza de trabajo, negocian la entrada y la salida, el permiso de estadía o las expulsiones, la persecución «contra los vagos» o la vista gorda frente al trabajo ilegal, en acuerdo a los intereses del desarrollo de la economía nacional, de las expansiones y restricciones violentas de la demanda de fuerza de trabajo, donde el obrero no es más que una mercancía más, que, como todas, puede ser exportada o importada.

El caso de Nigeria, gran centro de acumulación capitalista con el petróleo como principal eje, es quizás el ejemplo que mejor muestra esta realidad cínica. Durante su ciclo expansivo el estado nigeriano se vio obligado a abrir sus fronteras a todo trabajador inmigrado para responder a la gran demanda de mano de obra. Se promovieron grandes campañas pro-inmigración, los obreros que escapaban, por diferentes razones, de otras regiones de África, eran «bien recibidos». Pero el comercio de carne humana cambia de fisonomía cuando los requerimientos de salvaguardar la economía nacional son otros, e, igual que se tira a los mares la carne para que no se desvalorice la producción cárnica, en Nigeria se echa y persigue sanguinariamente a más de dos millones de proletarios inmigrados, se moviliza en nombre de la nacionalidad a una horda repugnante para que ataquen a esos sectores, y los desposeen de lo poco que les queda; ¡¡¡a veces una mísera valija!!! Miles de niños, mujeres y hombres son arrojados a machetazos, encerrados en campos, buques... en espera de que se encuentre «una solución». Y la caridad capitalista implora, llorisquea... cínicamente para ocultar que ésta es la realidad de las relaciones capitalistas en todo rincón del planeta (1).

A propósito de este comercio de cuerpos humanos productores de valores, las declaraciones del gobierno paquistaní son lo suficientemente elocuentes: «La inversión en capital humano es un producto comercializable, cuya rentabilidad es elevada; las exportaciones de recursos humanos, además del hecho de que alivian el mercado de trabajo nacional, proporcionan buenas perspectivas de ganancias en monedas extranjeras». Eso es totalmente cierto, los 150.000 paquistaníes que trabajan en Kuwait hacen repatriar millones de dólares. En previsión de desórdenes y huelgas (como la de la construcción, en 1978, en Kuwait, que fueron reprimidas militarmente) y de tentativas de solidarizarse con los obreros «nacionales», es cada vez más, moneda corriente el hacer habitar a los obreros inmigrados en el mismo campo de trabajo, y enviarlos a «su» país, apenas termina el contrato.

Ya vimos en el número 7 de Comunismo, las condiciones de una esclavitud abierta real, en la que se encuentran una parte de los obreros que producen el capital de Estados Unidos, procedentes de regiones de América Latina.

¿Puede decirse acaso otra cosa de los 50.000 vietnamitas deportados a Siberia, donde se les paga abiertamente el 40% de su salario, pues el 60% restante es directamente embolsado por el Estado ruso (¡además de la plusvalía, claro está!), pues de esa forma –según declaran los promotores de ese comercio de carne humana– «se está amortiguando la deuda externa de Vietnam con Rusia»?!!! Lo mismo sucede con los 400.000 trabajadores vendidos por el Estado de China a la sociedad Italsat (empresa pública italiana), destinados a realizar trabajos de construcción en África, a cambio de los cuales la empresa no paga directamente a los trabajadores, sino que los salarios son enviados directamente al Estado chino, tal como fue convenido con el mismo, que a su vez pagará una parte de esos salarios a «sus» trabajadores.

Los ejemplos podrían multiplicarse. En Asia, decenas de millones de chinos trabajan en todo el continente, los refugiados político-económicos del continente africano superan, según las Naciones Unidas, los cuatro millones, en Argentina hay millones de trabajadores paraguayos, chilenos, uruguayos..., en Venezuela centenas de miles de colombianos, en el cercano oriente trabajan centenas de miles de hindúes. En todos los casos, las condiciones de trabajo son infernales, los salarios bajísimos, los horarios interminables.

El sistema capitalista reproduce, desarrolla y generaliza el tráfico de ganado humano en todas las partes del globo. La norma del capitalismo no es la del «obrero modelo», ciudadano con «derecho al trabajo» y a un salario supuestamente «decente», sino muy al contrario (acompañando siempre las convulsiones cada vez más violentas inherentes al régimen del capital), la de las expulsiones permanentes del lugar donde se ha nacido, la adecuación brutal de la semivida del trabajador a la vida del capital valorizándose, los desplazamientos obligatorios de fuerzas de trabajo cada vez más masiva, las diferencias entre las condiciones de trabajo y de vida de las distintas capas del proletariado. Todas esas diferencias entre los salarios y las condiciones de la explotación salarial constituyen al mismo tiempo una realidad necesaria e inseparable de la explotación capitalista y todas aquellas fuerzas que intentan eliminar esas desigualdades sin eliminar su razón de ser (el asalariado, el capitalismo), contribuyen objetivamente a desarrollar la competencia entre las distintas capas de trabajadores y a obstaculizar toda solidaridad entre ellas. En efecto, no hay ninguna consigna que pueda ser más divisionista y contraria a la solidaridad obrera que la de pregonar ahí, donde los salarios y las condiciones de vida de los inmigrados son peores que la de los «nacionales», la lucha por la igualdad entre ambas capas («igualdad de derechos entre nacionales e inmigrados») o la repartición de las pretendidas «conquistas sociales», pues fija como objetivo, algo que para la mayoría del proletariado es su miseria cotidiana, que no ataca al capital y por lo tanto, objetivamente, no puede interesarle a los proletarios «nacionales». En el fondo se está pidiendo una «solidaridad» con el capital para distribuir «equitativamente» la miseria que genera. Les guste o no a sus defensores, se está olvidando ni más ni menos que el proletariado se mueve y se unifica por sus propios intereses y contra el capital . Mientras que esas consignas tienden objetivamente a dejar aislados a los inmigrantes en una lucha sin salida, ni solidaridad; las luchas por los aumentos generales de salarios, por el mejoramiento generalizado de las condiciones de trabajo, son las que unifican y permiten combatir la competencia que se libran los obreros entre ellos y enfrentarse así unidos al capital.

En efecto, nada puede interesar más a todas las capas del proletariado, que no sacrificarse un carajo, que luchar por la mejora de sus condiciones de vida, por el aumento de salarios, para sí mismo y todas las capas de obreros, para lo cual no habrá más remedio que atacar la plusvalía y el capital. Nada puede ser más unificador y centralizador, en oposición a aquellas consignas, que objetivamente no pueden interesar a la mayoría del proletariado, que ir estableciendo como objetivos parciales del avance de las luchas obreras (además, claro está, de la organización creciente, la solidaridad real entre todos los proletarios sin distinción de nacionalidad, raza...), los aumentos generales de salarios, la reducción del horario de trabajo, en todos lados, sin compensación en base al aumento de la intensidad, privilegiando, claro está, aquellas capas del proletariado cuyas condiciones son peores (en el caso que estamos tratando, los inmigrados). Es decir, incorporando las reivindicaciones específicas de los sectores más golpeados, junto a la totalidad, y haciéndolas asumir por la totalidad del proletariado. En este caso no hay contradicción ninguna, sino convergencia, pues no se trata de sacrificios de una parte del proletariado, sino por el contrario, afirmación de toda la clase, de los intereses de cada una de sus capas y de la totalidad contra el capital.

* * *

Rusia y los «parásitos»

El asco, la repugnancia y el odio al trabajo empujan a una masa cada vez mayor de proletarios a refugiarse en prácticas marginales, como medio de «evadir» esta realidad tan miserable. Así emergen toda una variedad de alcohólicos, toxicómanos... y otros marginales. Son una reacción primaria contra el trabajo, un rechazo, un intento de «olvidarse» de la podredumbre de esta sociedad. El alcohol, las drogas... le ayudan a «crearse» un mundo imaginario, «sublimado», al «margen» de la realidad cotidiana, de la triste realidad capitalista.

Si bien es cierto que estos sectores del proletariado no llegan a cuestionar el orden capitalista, es decir, las causas fundamentales de la miseria en que se encuentran sumergidos, tanto ellos como sus demás hermanos de clase, al reflejar la podredumbre burguesa, obligan a la burguesía a buscar diferentes medios de escamotear o tapar otro hueco por donde sale toda la pestilencia de la sociedad que ellos representan. Así aparecen, en el circo «científico» burgués, toda una amalgama de psicólogos, psiquiatras, sociólogos, y otros brujos, que buscan, a través de sus varitas mágicas, hacer desaparecer esta realidad; para ello, nos charlatanean con diferentes verbajes y artimañas, creyendo que con esos argumentos nos pueden ocultar los verdaderos orígenes del problema.

Con la continua putrefacción de esta sociedad, y al ritmo de su desintegración, ya no es suficiente toda esta charlatanería para la burguesía. Así, una fracción burguesa ha decidido tomar la vanguardia, para «resolver» el problema. En efecto, en RSFSR (República Federal de Rusia) que abarca la mayor parte de Rusia europea y toda Siberia, que se extiende del mar Báltico al océano Pacífico y del Océano Ártico al Caspio (una superficie mayor que 17 millones de km2 con más o menos 130 millones de hombres), sobre la base de la emulación que se hace del trabajo se propone tomar cartas en el asunto. Al compás de «reeducar a estos parásitos», «la falta de conciencia de trabajador»..., el gobierno decretó en enero de 1983 la creación de nuevos centros de reeducación donde serán «tratados» toxicómanos, alcohólicos y otros elementos juzgados como «antisociales» por el régimen. Es la KGB la que tiene la tarea de determinar quiénes son antisociales.

La prensa oficial burguesa de Rusia reconoce la existencia de campos de trabajo forzoso. La Sovietskaya Rossia, después de publicar, el 19 de enero, el decreto gubernamental, se felicita de que estos elementos «parásitos» sean reeducados dentro de la moralidad del trabajo.

Es así que se persigue ahora abiertamente a todos estos sectores del proletariado para darles un lugar en esos campos de trabajo forzado, de tan larga y negra trayectoria, para reeducarlos y hacer de ellos verdaderos ciudadanos ejemplares, respetuosos del trabajo y del Estado que los representa.

Mientras tanto, el ejército ruso, en su guerra imperialista en Afganistán, continúa desintegrándose. Para postergar el desenlace final, los mismos Adropov y compañía promueven la circulación y consumo de alcohol y drogas en el interior de las tropas, de forma que se puedan mantener en el frente (vieja práctica del ejército norteamericano en Vietnam). Con ello confiesan abiertamente que la droga, el alcohol... sólo son buenos para enviar a los obreros que rechazan ir a morir y a matar a sus hermanos de clase en Afganistán.

* * *

Solidarnosc: policía de empresa

En la clandestinidad o no, el sindicato Solidarnosc, con el que se solidariza toda la burguesía mundial, sigue siendo el mejor baluarte del Estado Burgués. Contra toda la corriente, nosotros hemos insistido en el hecho de que el proletariado polaco, en la defensa de sus intereses de clase, se veía forzado no sólo a liquidar a Walessa y la legión de sus secuaces, curas y sindicalistas, sino a situarse en contraposición total y absoluta con todo el sindicato Solidarnosc. Como era de esperar, nuestra desolidaridad total con el sindicato nos ha valido la acusación de desinteresarnos por la lucha del proletariado polaco. Nosotros hemos respondido, y respondemos, que la lucha de éste se sitúa programáticamente, y de forma cada vez más clara, también organizativamente, fuera y contra de Solidarnosc, que es el mejor baluarte del Estado burgués polaco, más aún de la burguesía unificada contra el proletariado; y que, por lo tanto, la única forma real de solidaridad clasista es la de la denuncia general de ese aparato, así como de todas las fuerzas burguesas que en Occidente mantienen la confusión. Poco a poco, las cosas fueron quedando más claras, y hoy ya es muy difícil ocultar la contraposición efectiva en la que se encuentra Solidarnosc con respecto a la clase obrera polaca. El hecho de que los militantes de Solidarnosc sean a veces encarcelados, que esta estructura del capital funcione en una clandestinidad parcial, no cambia en nada la cuestión: los allendistas fueron perseguidos en Chile, los somocistas en Nicaragua, los peronistas en Argentina y las golpistas en España; en ninguno de los casos dejan de ser agentes del capital contra toda lucha autónoma del proletariado. En el último semestre, el papel de policía de empresa de las comisiones locales de Solidarnosc se ha ido afirmando. Un buen ejemplo de ello es la resolución, que transcribimos a continuación, adoptada el 10 de octubre de 1982 por la Comisión provisoria de empresa de NSZ Solidarnosc Polar (2).

Resolución nº 1

Respondiendo a las informaciones referentes a las provocaciones que estarían siendo preparadas en el terreno de nuestra empresa, la comisión provisoria de la empresa ha adoptado la siguiente resolución:

1. Desaprobamos todos los actos de sabotaje, pues ellos sólo servirán para perjudicar el prestigio merecido de NSZ Solidarnosc.

2. La lucha por nuestros derechos sólo puede desarrollarse sobre la base de manifestaciones pacíficas conducidas en un espíritu de comunidad y de solidaridad contra la ilegalidad que nos es impuesta por el poder.

3. Todo saboteador será considerado como un enemigo de NSZ Solidarnosc y no contará con ninguna ayuda jurídica ni financiera.

4. En consecuencia de lo que precede, llamamos a todos los miembros y simpatizantes de Solidarnosc a comprometerse, demarcándose de tales personas y condenando categóricamente sus actividades.

18 de octubre de 1982, Comisión provisoria de empresa NSZ Solidarnosc Polar

O sea que toda lucha de clases en Polonia tiene que burlar, no sólo la vigilancia de los milicos, sino también (¡como en todos lados!) la de los sindicalistas. Desde nuestro punto de vista una sola respuesta: solidaridad total con todos los denunciados por romper la paz social, por los sabotajes, con todos los que luchan.

¡Vivan los actos de sabotaje a la producción capitalista!

****

NOTAS

1. Burla grotesca, la caridad se impone, la CEE envía 500.000 dólares. ¡Es decir, menos de 25 centavos de dólar para cada uno! ¡Como toda caridad! ¡Cómo si no fuesen esas mismas potencias las que dictan las resoluciones del gobierno Nigeriano.

2. Dicha resolución fue publicada el 2/10/82 en la Gaceta de los establecimientos Polar, principal fábrica polaca de la «línea blanca»: máquinas de lavar, frigoríficos...). U Nas, 21 de octubre de 1982.

****

«La división del trabajo aumenta la fuerza productiva del trabajo, la riqueza y el refinamiento de la sociedad. En realidad empobrece al trabajador hasta el punto de convertirlo en una máquina. El trabajo provoca la acumulación de los capitales, y con ella la creciente prosperidad de la sociedad. En realidad hace que el trabajador dependa cada vez más del capitalista, le sitúa en una competencia creciente, le empuja a una producción extrema, seguida de la correspondiente depresión.

Según el economista nacional, el interés del trabajador nunca se opone al interés de la sociedad. En realidad, la sociedad se opone siempre y necesariamente al interés del trabajador...

En mi opinión, por el contrario, el trabajo mismo, no sólo en las actuales circunstancias, sino mientras tenga por único fin el aumento de la riqueza, el trabajo, digo, es perjudicial, funesto. Sin que el economista nacional lo sepa, es lo que se deduce de su exposición.» Marx, Manuscritos de París


CO12.5.1 Subrayamos