DEMOCRACIA Y SOCIALISMO (IV)

Habana, 12/7/1888

«En nuestro artículo anterior, al tratar de la Democracia, la hemos considerado en toda su fuerza, y visto lo que esta escuela política puede hacer por los trabajadores, en materia de redención; y resumiendo aquí lo que entonces escribimos, diremos que LA DEMOCRACIA, DEJANDO EN PIE EL SISTEMA DEL SALARIO; DIRA A LOS HOMBRES QUE SON LIBRES, IGUALES Y HERMANOS, PERO EN REALIDAD LOS ASALARIADOS SERÁN ESCLAVOS DE LOS CAPITALISTAS.

Esto sentado, nuestros lectores habrán de convenir en que la Democracia pretende un imposible.

¿Cómo, pues, puede ser libre el trabajador que se vé sujeto por el capitalista que lo maneja a su antojo?

Y hermano, ¿puede serlo nunca el esclavo de su señor?

Igual, ¿hay igualdad posible entre el explotado y el explotador?

¡Cuanta ironía!

Si del examen de la doctrina democrática pasamos a considerar los demócratas, a aquellos que más vocean por ejemplo, nos quedaremos abismados ante la sangre fría con que pregonan a los cuatro vientos su radicalismo político.

Aquí todos se titulan demócratas, solamente que los intereses creados, para unos, y el ansia de medro, para otros, los hacen afiliarse a tal o cual bando político.

Demócratas dicen que son la mayor parte de los conservadores, pero las circunstancias que atraviesa este país les hacen esconder en lo profundo del pecho sus nobles sentimientos, y declararse reaccionarios en bien de la patria y sus intereses.

Demócratas son también los Galarcistas, fracción desprendida del partido Unión Constitucional, que pretende perpetuar en esta tierra el fraude, la explotación y cuantos males entraña el cúmulo de aberraciones que pregona.

Y demócratas son los autonomistas que han tenido buen cuidado de no incluir en su programa el Sufragio Universal.

¡Cuántos demócratas!

Bien, así como ciertos defensores de los trabajadores que en sus amaños no hacen otra cosa que defender al capital, los demócratas de aquí como los de todas partes, no defienden sino el régimen capitalista existente.

Y no pretenden contradecirnos en este punto, que impresas están en letras de molde declaraciones importantes.

No hace mucho que un periódico que se titula democrático hizo franca y desembozadamente su profesión de fé Galarcista.

¡Demócratas los Galarcistas, es decir, los conservadores!

¡Cuánta despreocupación!

De ese modo, y usando siempre palabras de relumbrón, tratan de atraer a su campo a los trabajadores, con el deliberado intento de que sus señores tengan siempre a su disposición una masa de hombres, sumisa, que explotar.

No de otro modo se concibe que estén siempre pendientes de los movimientos de los obreros, para denunciar sus manejos, cuando algunos ponen en práctica con el fin de sustraerse de la tiranía de los capitalistas.

Mas todos están sobre aviso, y cosas son esas que solo han servido para hacer caer en el descrédito más profundo a los que en tales empeños se afanaron.

Por lo demás, de nuestra parte solo merecen compasión.

Volviendo ahora a lo que en la terminación de nuestro último artículo dijimos, continuaremos nuestro estudio en el punto en que lo dejamos.

Hemos dicho y demostrado que la centralización económica se efectúa, y sería tiempo perdido el que dedicaremos a demostrar si esta concentración se verifica en manos del Estado en las de las individualidades de las clase dominante; el fenómeno es incontestable, y esto basta para el objeto final que nuestra escuela se propone.

Por otra parte, el Estado no es, como muchos creen el conjunto de los servicios públicos ya constituidos, pues según esa definición no habría necesidad de suprimirlo, bastando con hacerle correcciones y adiciones.

Es, por el contrario la organización de la clase explotadora para garantizar su explotación, y mantener sumisos a sus explotados.

Segun ésto, no se trata de perfeccionar el Estado, sino de suprimirlo, pues que es mal sistema principiar por darle fortaleza a lo que hay necesidad de destruir.

La clase de perfeccionamiento del Estado que muchos pretenden sería perjudicial a los obreros por muchas razones, siendo quizás la más poderosa la de que esa transformación en servicios públicos daría lugar a compras, y por tanto, a una nueva fuente de especulaciones financieras que beneficiaría a los capitalistas.

Juntamente con la centralización que hemos señalado coexiste un hecho digno de notarse.

A medida que la producción en gran escala ha ido alcanzando la forma societaria, un gran número de capacidades directrices se ha ido colocando fuera de la minoría privilegiada, pues que las grandes proporciones que hoy tiene el instrumento de trabajo escapa a la intervención de su poseedor, toda vez que tiene que entregarse en manos de gerentes o empleados administradores.

Y conforme avanzamos en el examen de este hecho, vemos claramente el insignificante papel que el propietario desempeña con relación a la producción.

El antiguo propietario cuya pequeña industria dependía de su actividad e inteligencia; ha sido sustituido hoy, en esta parte por el asalariado.

Asalariados son los ingenieros, los maquinistas, los administradores, y todo ese personal inteligente que se ha formado independientemente del feudo, y cuya aptitud es indispensable para poner en actividad las fuerzas productivas.

Y si del examen de este hecho sacamos las consecuencias naturales, veremos claramente que la supresión del capitalista que no interviene en el acto de la producción más que para apropiarse los beneficios obtenidos, no ocasionaría el menor desorden en la producción.

Digan lo que quieran y piensen como les parezca aquellos que no se detienen a examinar estas cosas, jamás podrán controvertir las siguientes verdades, debidas a un ilustre escritor socialista de nuestros días:

"El producto es, cada vez menos, obra individual: el instrumento de trabajo, colosal, necesita para ponerse en movimiento, una colectividad de obreros, el propietario no solo pierde toda función útil, sino que es perjudicial, siendo, por consecuencia, necesaria su eliminación".

"Los progresos de la industria mecánica permiten reducir considerablemente el tiempo de trabajo indispensable para la producción, aumentando ésta en proporciones enormes, el modo de apropiación concluye por ajustarse al modo de producción; más, como éste es colectivo, la apropiación estrictamente individual va sin cesar disminuyendo".

Ya ven nuestros lectores cuanta razón teníamos al decir que los principios que sustenta nuestra escuela se basan en hechos reales, manifestados por la sociedad en que vivimos, y ya ven los que sistemáticamente niegan estas verdades, cuán distantes están de hallarse en lo cierto.

Seguro que si se dedicasen a estudiar cuestiones de tan vital interés, como esta que nos ocupa, no desbarrarían de la manera tan lamentable como lo hacen.

Mas, no hay cuidado que no la estudiaran; en su ignorancia, se creen saberlo todo, ya si revuelven desde lo alto de su autoridad los más complicados problemas políticos, como se burlan del socialismo y de todo aquello que no aciertan a comprender.

Y con este concluimos esta serie de artículos, habiendo demostrado lo que prometimos demostrar, compremetiéndonos ahora a tratar próximamente un asunto que anda en boda de muchos.

Nos referimos al partido obrero.»


CO8.2.6 El productor: Democracia y Socialismo (4) - (12/07/1888)