DEMOCRACIA Y SOCIALISMO (III)

Habana 5/7/1888

"El socialismo no es más que el reflejo en el pensamiento, del conflicto que existe en los hechos entre las fuerzas productivas y la forma de producción"

Engels

«La Democracia, escuela política que al decir de sus adeptos aspira a la redención de los hombres, planteando en los pueblos la consabida fórmula de libertad, fraternidad e igualdad; la Democracia, radicalísima doctrina cuyas excelencias no se cansan de proclamar a los cuatro vientos sus fanáticos admiradores, o no sabe lo que quiere decir la palabra redención o pretende engañar a los pueblos.

¿De qué manera, por qué vías, en qué forma pretende la Democracia redimirnos?

¿Es por medio del sufragio universal?

Admitido.

No queremos que se nos trate de intransigentes, y en bien de los demócratas, admitiremos por un momento que, una vez alcanzado el sufragio universal, los hombres han de usarlo en toda su pureza.

Henos, pues, en posesión de la preciosa panacea, y en días de elecciones.

Estamos en un país cualquiera, y todos sus habitantes, sin excepción de uno solo, depositan espontáneamente su candidatura en favor de un determinado individuo que deberá representarlos.

Supongamos que el elegido del pueblo es el hombre más honrado y de más talento que han concebido los humanos, y supongamos también que sus gestiones en favor del pueblo que representa habrán de ejercitarse ante un gobierno cuyos miembros, demócratas, son tan honrados y talentosos como él.

¿Qué sucederá?

Que el gobierno, gracias a los principios que profesa, concederá al pueblo los deseos que, por boca de su representante, le demuestra.

Sois, dirá dictando leyes, libres, iguales y hermanos...

Y todo seguirá punto menos que como estaba.

El trabajador, el asalariado, seguirá siendo el asalariado, es decir, el esclavo del capitalista.

Tanto valdría que a un paralítico se le concediera la libertad de andar...

Somos iguales, le dirá el proletario al encopetado señor, gracias a la Democracia tengo el derecho de decírtelo frente a frente: somos iguales.

Y el burgués, mirándolo con desdén seguirá arrastrado en su coche por una magnifica pareja de americanos y murmurando entre dientes: ¡Imbécil!, ¡Eres mi esclavo!

Una vez hermanos todos los hombres, por obra y gracia de la Democracia, ya no habrá antagonismos de ningún género, y el blanco, y el negro, y el chino, y todos, quedarán unidos con estrechÍsimo abrazo; más, sucederá que los hermanos mayores, es decir, la burguesía, como tienen más fuerza, oprimirán demasiado en sus demostraciones de fraternidad, a los menores.

Y... he ahí la Democracia.

En cambio, el socialismo que, como la Democracia, aspira a la libertad absoluta de los trabajadores, no se hace ilusiones, y sin pararse de palabras rimbombantes y de relumbron, lucha por la desaparición del salario.

Que su pretensión se funda en hechos que se desarrollan en el seno de la sociedad en que vivimos, es fácil de comprender, a poco que meditemos en que la división de clases no tiene ya razón de ser, puesto que hasta ahora solo se ha apoyado en la insuficiencia de la producción (...)

Y si es la verdad.

La potencia productiva del hombre se ha desarrollado prodigiosamente, mediante la intervención de la mecánica, y hoy, gracias al maquinismo, se vislumbra la posibilidad de procurar a cada uno grandes facilidades de existencia material.

Mas, como maquinismo y concentración económica vienen a ser la misma cosa, y como el colectivismo es el complemento de esa concentración, he aquí que el Socialismo colectivista, o sea, el científico que profesamos, procede, no de nuestra imaginación, sino del estado de las cosas.

Salta a nuestros ojos esta concentración desde cualquier punto de vista que se la considere: ya el agrícola, ya el comercial, ora el industrial, ora el financiero.

Cierto que donde menos se nota es desde el punto de vista agrícola, especialmente en aquellos países en que la propiedad rural esta muy dividida, y por lo tanto, en manos de pequeños propietarios, pero es cierto también, que este régimen lleva en si mismo los elementos de su concentración, por lo cual será absorbido más pronto de lo que parece.

No siendo posible que los labradores estén sujetos a producir tan solo para su uso personal, se ven forzosamente obligados a entrar en competencia con los demás productores, y de aquí la necesidad de disminuir los costos de la producción, recurriendo a la maquinaria, lo cual es incompatible con las escasas fuerzas con que cuenta el pequeño propietario.

En estas condiciones, si la concentración se verifica en cualquier parte, la pequeña propiedad habrá de sentir sus efectos.

Por esta razón, los pequeños propietarios están llamados a desaparecer.

Pasando de la cuestión agrícola a la comercial, vemos que la concentración ha comenzado asegurando al comercio en grande escala una rápida extensión.

Lo mismo resulta si consideramos las cosas desde el punto de vista industrial; solamente que aquí se encuentra la concentración mucho más adelantada, pues que "la propiedad industrial reviste cada vez más la forma societaria y anónima". "Toda idea de volver a la forma primitiva es quimérica, dado el desarrollo de la producción."

Pero donde más se nota, donde puede decirse que la concentración está hecha, es desde el punto de vista financiero.

Con razón ha dicho un ilustrado escritor que "el crédito es el motor más poderoso de la centralización económica."

Regida la producción y el cambio por la alta banca, atrae y maneja a su antojo el dinero de los pequeños capitalistas, presidiendo la política en general y los diversos movimientos de la sociedad moderna.

Sea cual fuere el punto de vista desde el cual se mire el asunto que nos ocupa, siempre habremos de convenir en que la gran apropiación colectiva sucede colectivamente a la pequeña apropiación privada, siendo así que los puentes, los canales y otras muchas cosas que antes eran propiedad individual son hoy, en su mayor parte propiedad nacional o colectiva.

Mas si bien es cierto que estos argumentos prueban que la evolución económica tiende a la centralización de las fuerzas productivas, no hemos de deducir por eso, como los partidarios del Socialismo por el Estado, que "esta centralización tiende a la forma especial de centralización representada por el servicio público".

Lejos de nosotros tal idea, pues a poco que se reflexione, vemos claramente que si bien la mayor parte de los ramos de producción tiende a centralizarse, de ningún modo habrán de constituirse en servicios públicos, dado que esta forma especial de centralización no resulta de la naturaleza de las cosas.

Y sobre eso del estado tenemos mucho que decir en un próximo artículo, puesto que nos es forzoso concluir aquí el presente.»


CO8.2.5 El productor: Democracia y Socialismo (3) - 05.07.1888