DEMOCRACIA Y SOCIALISMO

Habana 21/6/1888

«Si para llenar el objeto que nos proponemos en el presente artículo, hubiésemos de entrar a historiar la vida de los diferentes partidos políticos que desde tiempo inmemorial nos vienen ensordeciendo con el himno de sus proezas, es seguro que no habríamos de lograr cumplidamente nuestro empeño, por cuanto no son para tanto las columnas de un periódico.

Por otra parta, nuestros habituales lectores conocen, si no en detalles, al menos a grandes rasgos ese asunto, y enojoso al par que inútil sería el que entrásemos en consideraciones de ese género.

Mas, como quiera que ya se nos cansa demasiado predicandonos democracia, y como se pretende, a lo que parece, eclipsar con palabras altisonantes el puro sol del socialismo, fuerza es que hagamos algo, siquiera sea para dar cumplida contestación a los que pretenden que no tenemos razones que oponer a sus razones.

Con tal motivo, entremos en materia.

Siendo la escuela democrática la más avanzada que se conoce en política, natural es que sea ella la que escojamos, con el fin de ponerla frente a frente al socialismo; pues, proceder de otra manera, seria dar lugar a que se nos calificase de arteros o dolosos.

Y notesé que al hablar de democracia no habremos de referirnos al inconcebible engendro del Sr. Mártos, denominado Democracia monárquica.

Significa la palabra democracia, gobierno del pueblo, y proviene de las voces demos, pueblo, y cracia, gobierno.

Ahora bien; ¿realiza o puede nunca llegar a realizar la democracia la verdad de lo que su nombre significa?

¿Qué medios ejercita o recomienda para alcanzar su objeto?

Muchos, pero entre ellos, al que más eficacia le conceden los demócratas es al sufragio universal.

El sufragio universal, instrumento al cual nosotros concederíamos tanta importancia como sus encomiadores, tiene por desgracia un poderoso enemigo que vencer, si se quiere que el gobierno del pueblo sea verdad.

Ese monstruoso enemigo es el capital.

¿Ha soñado nunca la escuela democrática en presentarle formal batalla al monstruo?

¡De ninguna manera! pues, antes bien, lo sanciona: de otro modo no tendría razón de ser como escuela política, dados los moldes en que esta vaciada sociedad presente.

(...) Pretenden muchos que, estando los pueblos en posesión del sufragio universal, cada ciudadano está en libertad de elegir a quien mejor le plazca para que lleve la representación de sus derechos; error carísimo que diariamente evidencian las urnas electorales.

¿Quién no sabe que hay pueblos esencialmente demócratas, legítimamente representados por los nombres más reaccionarios de su seno?

Y este milagro ¿quién lo realiza?

Nadie más que el oro frente a la miseria de los electores.

Así, tenemos en España, por ejemplo, nación republicana por sentimiento, en cuanto a que vemos que todo hijo del pueblo español ama la república, esta regida por una monarquía.

Esto sentado, se nos ocurre preguntar: ¿puede la democracia realizar la emancipación de los pueblos, que proclama, en tanto no los redima de la miseria?

Y caso que tal cosa pretenda, ¿qué medios habrá de usar para conseguirlo?

El sufragio universal, se nos contestará, y henos aquí en el círculo vicioso.

El socialismo no tiene tan vanas pretensiones.

Harto saben los partidarios de nuestra escuela, y así lo hacen constar diariamente en todos los tonos, que para que el hombre llegue a ser completamente libre tiene que redimirse primeramente de la miseria que lo esclaviza y ata todas sus facultades.

Mas, no es, no, como muchos pretenden tratando de elevarse por medio del capital como habrán de alcanzar el suspirado objeto.

De esa manera, unos pocos subirán, mientras la inmensa mayoría gemirá siempre en la orfandad.

Otros son los medios que nuestra escuela proclama.

Sobradamente sabemos los que la doctrina socialista profesamos, que solo bajando los de arriba es como podemos llegar a ser iguales, y en ese concepto es que aspiramos a destruir el capital, tal cual esta hoy cimentado. (…)»

 


CO8.2.4 El productor: Democracia y Socialismo - (1) - 21.06.1888