¡O PAN O PLOMO!

Habana 23/6/1889

«(...) Hasta el presente para combatirnos y tenernos subyugados bajo sus plantas, la burguesía ha permanecido perfectamente unida sin distinción de nacionalidades y formando lo que bien pudiéramos llamar la Internacional blanca; para ella no ha sido, y no es sino cuestión de intereses, y todos, lo mismo los ingleses que los rusos, lo mismo los españoles que los alemanes obedecen a una sola idea...

Pues bien, si es posible al Estado, como dice un periódico socialista, "armarse contra todos los elementos que lo combaten; si es dado a los charlatanes políticos de todas las escuelas oponerse a los acontecimientos que comprometan el buen éxito de los suyos, con más razón nos ha de ser dado a nosotros, que somos el mayor número, unirnos para hacer triunfar nuestros derechos de toda resistencia interesada, venga de donde viniera",

No es la empresa tan difícil de realizar como parece.

Para ello, basta con que sacudamos el pesado yugo de tantas y tan vejaminosas preocupaciones como han sabido inculcarnos desde tiempo inmemorial, y que, tomando ejemplo de nuestros dominadores, nos inspiremos en su propia conducta.

Ante la consideración de los propios intereses, desaparecen para las clases elevadas de la sociedad, todas esas ideas que ellas proclaman como santas y nobles, y la patria, y la religión y los infinitos eslabones de la cadena que nos esclaviza, son mera palabrería para los que, fuertes en su posición social ni tienen Dios ni patria, cuando la defensa de sus intereses se trata.

Hagamos, pues, nosotros lo mismo; unidos luchemos en la reivindicación de nuestros derechos usurpados, y opongamos el número al número, a la fuerza la fuerza: frente a frente a la Internacional blanca, presentemos la Internacional roja, y que nuestro lema sea: "O PAN O PLOMO"

(...) El sistema absorbente que hoy impera, y que tiende a generalizarse cada vez más, nos amenaza de muerte, y solo la creación de un poderoso partido obrero, como lo hemos aconsejado repetidas veces, será bastante fuerte para tener a raya la ambición de nuestros eternos explotadores.

Pero un partido en el cual se haga abstracción por completo de todo elemento ajeno a nuestros privativos intereses, un partido esencialmente obrero que venga a establecer de una vez y para siempre la división de clases que es indispensable, y en el cual tengan cabida únicamente los hambrientos.

De ese modo, frente a frente de los satisfechos, podremos decir resueltamente los necesitados "O PAN O PLOMO".

Y la contestación no se hará esperar, satisfactoria, si para obtenerla hemos sabido ponernos de acuerdo anticipadamente.

¿Con qué fuerzas, con qué elementos cuentan nuestros adversarios para combatirnos? ¿No es con nosotros mismos? ¿Acaso, proclamando la solidaridad de sus intereses y los nuestros no es como siempre han combatido al pueblo, con el pueblo?

De tales medios de embrutecimiento se han valido, tan arteras mañas han sabido poner en juego, que aún hoy todavía hay obreros que a pesar de la propaganda socialista que caracteriza las postrimerías del siglo XIX, proclaman la armonía entre el capital y el trabajo.

Pobres diablos, esos trabajadores que no alcanzan a comprender la enorme diferencia que existe entre los intereses del capitalista y los del trabajador, no pasarán de ser toda la vida otra cosa que unos seres dignos de lástima... su acción no se extenderá, felizmente, más allá de los estrechos límites a que voluntariamente se han condenado, y uno a uno irán cayendo bajo el peso de su propia culpa: la ignorancia.

Y en tanto que eso resulte, continuemos los de buena voluntad, los de conciencia clara y honrada haciendo luz, y propagando las ideas salvadoras lanzadas al viento por el socialismo revolucionario, y exclamemos, comprendiendo nuestros propios intereses y el modo de salvarlos: "O PAN O PLOMO".»

ANTI-PATRIOTAS, SI

Habana, 10/8/1890

«Cómo estigma infamante se nos echa al rostro a nosotros los anarquistas constantemente, el dictado de anti-patriotas.

Y creen los que así nos tratan, que tienen pervertido el sentimiento todo aquel que de patriota no se precia.

Eso es mentira. Precisamente, por poseer los anarquistas sentimientos delicados, por amar como nadie a la humanidad, es por lo que con inmenso orgullo se llaman anti-patriotas.

Desde los más remotos tiempos hemos visto a la humanidad rompiéndose el bautismo al grito bestial de la patria.

Primero las naciones del Este del Asia, después Egipto y Grecia; luego Roma, y más tarde Francia y España. ¿Qué han hecho sino sembrar de cráneos y huesos las tierras por donde pasaron sus ejércitos para agrandar sus respectivas fronteras?

Ser patriota equivale a ser asesino.

Al menos los grandes patriotas no se presentan a nuestros ojos sino con las manos tintas en sangre y con el corazón lleno de rencor contra sus semejantes.

Dicesenos que el que no ama a su patria no ama a su familia, ni a su madre.

¡Mentira! Precisamente por no amar a la patria es por lo que el anarquista llega a identificarse con el negro, con el chino, con el francés y con todos los habitantes de la tierra, que son los que constituyen su familia, sin que diferencias de fe de bautismo puedan jamas motivar una carnicería entre unos y otros.

Precisamente por amar los anarquistas a su madre, que lo es la Naturaleza, única que los engendra, es por lo que le rinden fervoroso culto, cuidando de no destruir su obra excelsa y portentosa.

¿Hacen lo mismo los patriotas? ¿Cuántas veces hemos visto a un hombre enfrente de otro devorarse como fieras desde opuesto campo, habiendo sido paridos por la misma madre, solo por haber uno nacido en distinto país que el otro y ser los pabellones que dieron sombra a su cuna de distintos colores?

Y esa Naturaleza virgen, que siempre con mano pródiga nos ha colmado de inapreciables dones, ¿cuántas veces no ha visto destruidas sus más robustas y caprichosas creaciones bajo el peso del hacha del patriota o consumidas al fuego voraz, encendido por el mismo?

¡Ah patriotas! ¿Y, nos decís que somos incapaces de sentir el amor, porque no amamos a la patria? Pues sabed que no existe anarquista capaz de suministrar el cuchillo para que maten a un semejante suyo, mientras vosotros juzgais como rasgo heroíco el verificado por Guzmón el Bueno cuando ofreció a sus enemigos el arma homicida para que degollaran a su hijo en su presencia.

Si existieran las fronteras naturales para las naciones de la misma manera que existen en las playas arenosas las barreras del Océano; si fuera imposible la vida del hombre fuera de su país, así como imposible es la vida del pez fuera del agua, razón tendrían los patriotas para sentir y pensar como piensan y sienten, porque entonces no se harían daño, toda vez que el hombre de un lado no podría pasar a otro; pero supuesto que no es así, y dado que el patriotismo consiste en matar gente para dilatar el dominio de unos cuantos déspotas que se han distribuido la tierra a su capricho, ¿será cuerdo que los que lo comprenden los apoyen?

No y mil veces no.

Los anarquistas antes que lanzarnos contra nuestros semejantes para devorarnos unos a otros como hambrientas fieras, tomaremos el partido, ya que no hay más remedio que destruir seres humanos para anular preocupaciones funestas, de unirnos y estrecharnos para quitar de en medio, cuando llegue la hora, a esa partida de farsantes que engendran en el pueblo el sentimiento de patria, convirtiendo a los hombres en verdadero monstruos.

Sabedlo bien, perversos, vividores de la política, los anarquistas somos anti-patrioras, y anarquistas somos hoy casi todos los trabajadores, lo cual quiere decir que ya no podeis echarnos a morir como carneros, como hacías antes, dejad la patria porque eso ya no os llenará la tripa.

Ya el obrero francés y el obrero alemán se tienden fraternalmente la mano a través de las fronteras, en tanto que los aventureros que viven de la cosa pública se desgañitan gritando con los puños cerrados en uno y otro país sin poder dar al traste con la paz europea, que es lo que pretenden para vivir mejor.

¡Ah, si los tiempos fueran otros!

¡Ah, si viviéramos en aquella época en que bastaba que un rey se levantara de mal humor para que el mundo ardiera en guerra! A estas horas no quedara en Europa piedra sobre piedra. Tales son las ansias de pelear que predominan en las regiones elevadas, que a no ser que estamos los anarquistas aquí, ya el mundo se hubiera convertido en un cementerio.

Si a la disminución de los patriotas se debe el que no nos destrocemos, nosotros no podemos por menos que confesar el justo orgullo que sentimos llamándonos anti-patriotas.»

 


CO8.2.3 El productor: ¡O pan O plomo!