TENTATIVAS DE COORDINACIÓN OBRERA EN ITALIA

A fines de Mayo, tuvo lugar en Milán un encuentro entre numerosos grupos obreros de grandes fábricas italianas; la iniciativa la tomó la Coordinación Obrera de Milán. En febrero del 80, 5 grupos de fábricas (Alfa A., FaIck U., BredaFucine, Borletti, Ivisc) habían sacado una plataforma de trabajo político, pronunciándose claramente contra los sacrificios nacionales que tanto predica el Capital y donde todas sus fracciones convergen; por el derrotismo revolucionario inmediato; por una "coordinación que debería ser un centro efectivo de enlace y orientación de diversos grupos de fábrica". La plataforma indica también la "necesidad de la propaganda sobre las luchas obreras de todos los países", la tarea de "realizar contactos, de ligarse con los grupos obreros de otros países que tienen los mismos objetivos", de "sostener y propagandear todo combate de clase fundamental y todo movimiento significativo contra la guerra (ejemplo los 20 desertores que fueron fusilados en URSS)", de "denunciar, en las fábricas, un sistema donde es posible en nombre de la democracia, realizar requisas, arrestar obreros, con la complicidad de los sindicatos y del Partido Comunista Italiano, para impedir toda posibilidad de organizarse en fuerza revolucionaria."

La reunión de fin de Mayo en Milán reagrupó una veintena de grupos obreros. El conjunto de intervenciones se centraron sobre la necesidad urgente, de liquidar el cuadro corporativista de la lucha, fábrica por fábrica, de luchar contra los sindicatos y el PCI; por consignas y reivindicaciones unitarias, por el derrotismo revolucionario, inmediato, contra la represión, los licenciamientos. Para darle continuidad al trabajo se formó un comité de enlace.

Un mes más tarde, a iniciativa del CIM (Centro de Iniciativa Marxista de Nápoles cuyo periódico se titula "Che Fare") se lleva adelante una reunión, en Nápoles, sobre el derrotismo revolucionario. Esta iniciativa se sitúa sobre el terreno de la lucha de clases, de la lucha contra el "compromiso histórico", contra la paz social. Se caracteriza claramente al derrotismo revolucionario en el llamado, como:

a. un punto nodal de la lucha proletaria; y

b. una tarea inmediata y no como un proyecto para el día en que se declare la guerra,

Asimismo, el documento afirmaba que ser derrotista "es luchar en cada momento, circunstancia, por crear un abismo entre los intereses económicos y políticos del proletariado y los de la burguesía y la aristocracia obrera" (más adelante criticaremos la noción de "aristocracia obrera"). De todas maneras, la reafirmación del derrotismo revolucionario constituye una ruptura con la ideología izquierdista, predominante en el pasado entre los obreros, de "lucha contra las super potencias" o de la movilización chovinista de los años 70 por la expulsión de los contingentes de la OTAN.

Sin embargo, la conferencia de Nápoles fracasó desde el primer día. Es necesario hacer dos observaciones sobre estas reuniones antes de pasar a ver su contenido: primero, para nosotros el fracaso de Nápoles no es el fracaso de la tentativa de reagrupamiento, sino un error, un paso en falso, en este proceso; y segundo, para nosotros estas reuniones tienen una gran importancia porque se sitúan en el marco de la centralización y coordinación del proletariado, sobre el terreno de la lucha, del trabajo político, contrariamente a la conferencia de París (ver Comunismo 4) que se situó sobre el terreno de la ideología pura, excluyendo toda orientación práctica.

¿Qué lucha contra el capital y la guerra imperialista?

La interrupción de la Conferencia de Nápoles, en la confusión total, se presenta para nosotros como el producto de la falta de homogeneidad, que ya se manifestó en Milán, sobre las tareas actuales de los revolucionarios, y en particular sobre el contenido del derrotismo y del internacionalismo.

  1. En Milán, como en Nápoles, fueron evocados varias veces la concretización del internacionalismo proletario en ciertos conflictos como los de Rotterdam, Longwy, etc. Sin estas tendencias minoritarias, que hoy representan el movimiento real, que tenemos que apoyar, propagandear, tender a que ellas se centralizen según los ejes propuestos por nuestro Grupo en la Tercera Conferencia de "Grupos de la Izquierda Comunista" (ver Comunismo 4). Es también por esto que no podemos marcar nuestro acuerdo con las limitaciones propuestas por Agit-Prop y el Comité Comunista de Trente (por ejemplo) cuando dicen: "hoy en día el verdadero problema es la apreciación de la sociedad italiana; y es necesario pronunciarse sobre este particularismo a través de un programa". O que "la creación internacional del proletariado planteada fuera del contexto del desarrollo desigual del imperialismo... se transforma en una místificación" (¡i) o que "las organizaciones comunistas deben actuar cada una en su propio país, en una batalla nacional a contenido internacional" (2). Extraño internacionalismo : cada uno en su casa; con un documento sobre la guerra donde apenas se disimulan las concepciones del socialismo en un solo país, la "defensa de la patria socialista"; todo en nombre del "desarrollo desigual".

  2. El llamado fue el producto de un compromiso. La falta de discriminantes políticos, sobre el contenido del derrotismo (donde primó el deseo de una unidad de acción sin las bases de la misma), implicó una ruptura insuficiente con el chovinismo y con las concepciones burguesas sobre la guerra. Los compañeros de "Nuclei Leninisti Internazionaliste" (periódico: "Il Lavoratore Communista") subrayaron correctamente, en la reunión preparatoria, la ambigüedad reinante en lo referente a la Guerra del 1940. Por el contrario algunos grupos como Operai e Teoria, piensan que la guerra era imperialista, ¡pero que la URSS no lo era! El llamado especificaba que "el proletariado debe organizar su autonomía y repudiar toda defensa de la patria, de la democracia, de la civilización y del falso socialismo". Nuestro acuerdo es total salvo que habría que precisar que :

    a. no existe, ni hoy ni en 1940, "verdaderos socialismos"; jamás existirá un "país socialista" sino bastiones proletarios para la revolución mundial y

    b. que la defensa de cualquier Estado Nacional implicará necesariamente la participación en la Guerra Imperialista.

    No es por una preocupación "histórica" que insistimos sobre estos puntos. Hoy guardar silencio sobre la cuestión Albanesa, por ejemplo, o sobre "el derecho de las naciones a disponer de si mismas" es prepararse a defender una "nación oprimida por el imperialismo", "agredida" y entrar en uno u otro campo imperialista. La participación de un grupo abiertamente maoista (Adare a Contracorrente) y el silencio de "Operai e Teoria" o de "Agit Trop" sobre los países "socialistas", dejan la puerta abierta a toda interpretación del "derrotismo" en un solo campo y no a la única posición comunista: el derrotismo en todos los campos. Sin estos discriminantes, sin confrontación sobre estos temas no es posible la unidad en la lucha contra la guerra.

  3. Si la guerra que se prepara está al centro de las preocupaciones de los comunistas, no por ello se puede hacer de la lucha contra la guerra un "eslabón a sacar" para desbloquear la situación y hacer la unidad. No existen "eslabones a sacar", no se puede separar la lucha contra la guerra de todas las otras tareas del movimiento comunista. En este sentido, las intervenciones de los grupos de fábrica de Milán, fueron en su conjunto muy justas, al ligar la lucha contra la guerra a la lucha permanente contra el Capital, los licenciamientos, los ataques al salario, etc.

    Desarrollar una coordinación, una centralización, una comunidad de trabajo, no significa tender a crear un movimiento internacionalista, sino por el contrario implica trabajar en el movimiento real existente hoy. Comunidad de trabajo, no es unidad de acción sobre tal o tal punto específico, que no tendría ningún valor en sí, ni perspectivas; sino globalización de lo que hoy son convergencias esporádicas en un todo orgánico sobre la base de los intereses y la acción de clase. Por ello, el problema fundamental no es el encontrar "un eslabón a separar" (la guerra, o el sindicato rojo o la represión) para la "conquista de las masas". Esta táctica activista, de conquista de masas, lleva inevitablemente, como lo confirmó el ejemplo de la I.C., a la construcción de frentes (único o unido "en la base" o "en la cúpula"). La práctica de "grandes campañas de agitación" basadas únicamente sobre un eslabón, la guerra o la represión, no conducen a otra cosa que a la constitución de carteles entre organizaciones, que en la ocasión se llamaron "organizaciones de masas".

  4. La concepción de "la conquista de las masas", con sus recetas frentistas, se basa también en una comprensión errónea de la relación Teoría/movimiento real. Es, en este sentido que debemos subrayar nuestro desacuerdo con ciertas intervenciones tanto en Milán como en Nápoles, de "Operai e Teoria" cuya concepción economicista de la clase obrera, los conduce a una concepción propagandística de la lucha revolucionaria basada sobre la razón y no sobre la fuerza. Todos reconocen, por ejemplo, que la guerra será imperialista y que el proletariado es explotado; pero la clase obrera no tiene nada que ver con un conjunto neutro, sin vida propia, donde se tratará de hacer penetrar la conciencia o la razón, y de llevar una lucha de influencias contra las ideas del P.C.

  5. Es precisamente, porque la clase no es este conglomerado, esta cosa estática y estadística, que nosotros marcamos nuestro desacuerdo con las concepciones, ampliamente reiteradas en las intervenciones, sobre la cuestión de la aristocracia obrera. Los comunistas sostuvieron siempre que la clase obrera, el proletariado, se determina por su movimiento basado en sus intereses generales hacia el comunismo "El proletariado es revolucionario o no es nada" (Marx). Lo que determina la pertenencia de tal o cual capa obrera al proletariado; es su movimiento contra el capital y no su plaza "sociológica". Pretender explicar el movimiento de la clase a través de la importancia o falta de "migajas otorgados por la burguesía imperialista debido a sus super-ganancias coloniales" es materialismo vulgar. Las capas "obreras" que se adhieren a la práctica burguesa, que colaboran, que rompen las huelgas, que se organizan para hacer aceptar los sacrificios, no forman parte de la clase sino son simplemente una parte del Capital. Cuando grandes sectores de los obreros siguen la política del Capital (ejemplo guerra imperialista) no se trata de la clase para si, sino de clase para y del Capital. El PCI o los sindicatos no tienen nada que los hagan formar parte del movimiento obrero; aunque su presencia física en las fábricas le confiere un papel específico en relación a los otros partidos del Capital, al interior del aparataje de Estado.

    El PCI y los sindicatos no son tampoco organizaciones de "la aristocracia obrera" -que sería una clase aparte, con intereses propios. El análisis de Lenin en "El imperialismo estado supremo del capitalismo", al respecto es completamente erróneo, justamente por su falsa comprensión de lo que es la clase y de lo que son esas fuerzas (obreros engañados, sometidos a las ideas de sus jefes corruptos).

    Es así que aparece una gran insuficiencia de la conferencia de Milán que consiste en sostener una concepción de la clase reducida a los obreros de las grandes fábricas. AsÍ, por ejemplo, en la concepción del proletariado, se excluyen a los desocupados, lo cual fue correctamente criticado por el CIM.

  6. El proceso de coordinación, por las mismas exigencias de trabajo que implica, permitieron una decantación, una clarificación alrededor del problema crucial del ¿Qué hacer? Como quedó en evidencia, ni el simple reconocimiento del imperialismo, ni el reconocimiento de que la guerra es Imperialista, delimitan suficientemente las fronteras de clase.

    Indudablemente, al respecto, el ejemplo histórico más rico en enseñanzas es el proceso de ruptura con la socialdemocracia durante la primera guerra mundial; y en particular las famosas conferencias en contra la guerra.

¿Qué representaron estas conferencias en los albores de la primera guerra mundial? Si se quiere se puede creer en las fábulas del "pecado original" de agosto 1914; en el cuento, de la traición repentina de la socialdemocracia. Lo cierto es que desde las primeras rupturas de los bolcheviques a la fundación de la III Internacional, se produjo un proceso de integración definitiva de la socialdemocracia al Estado burgués. Es en este contexto que se desarrolla el Congreso de Bale (1912) el cual no podemos tomarlo como modelo, como tampoco los otros que se erigen bajo la égida de la socialdemocracia. El mismo Lenin reconoce en 1916, en las "Tesis de Principio sobre la guerra" que la II Internacional se limitó de 1889 a 1914, a oponer el socialismo en general al capitalismo; en lugar "de oponer el objetivo concreto de la lucha revolucionaria concreta a un mal concreto... es decir el ataque contra el nivel de vida, el peligro actual de guerra o la guerra actual." Es evidente que la II Internacional no traicionó en el 14, porque en ese entonces ya era una internacional burguesa. ¡Cuál es la prueba! ¡Cuántas resoluciones, de todos estos congresos (Copenhague, Bale, Stuttgart, Nancy, Paris), se centraban en el voto contra los créditos de guerra, la acción parlamentaria, la lucha por el desarmamiento general; en síntesis la lucha parlamentaria por la paz acompañada de "manifestaciones de masas", de presiones sobre la burguesía, para llegar a reformar el Capital!

De la misma, el congreso de Zimmerwald debe ser considerado como un momento en el proceso de ruptura con la socialdemocracia y de ninguna manera, como "una adquisición, un programa definitivo del movimiento obrero". En efecto, el manifiesto de Zimmerwald dice explícitamente: "Se trata de llevar adelante una acción por una paz sin anexiones y sin indemnizaciones de guerra"... "no hay esfuerzos y sacrificios que sean excesivos para la realización de este objetivo: reestablecer la paz entre los pueblos". Lo cierto es que la conferencia fue una conferencia de compromiso. La enmienda propuesta por Lenin, Zinoviev, Radek, Nerman, Hoglhund y Winter no cambió nada, "el manifiesto aceptado por la Conferencia no nos satisface porque no caracterizó al oportunismo" (Lenin). La izquierda de Zimmerwald fue más radical, pero se mantuvo sobre el mismo terreno. Su manifiesto comporta como primera reivindicación el rechazo de los créditos de guerra y como primer paso, ¡reclamar a los diputados socialistas que cumplan su deber! Por supuesto esto no era suficiente y habÍa que descender, también, a la calle y gritar a los gobernantes "basta de crímenes", "reclamar impetuosamente el fin de la guerra", levantar la voz, etc. Solo una vez se habla de derrocar al gobierno burgués, pero solo para "poner fin a la opresión de un pueblo por otros."

Es en Kienthal (1916) que se comienza a hablar en términos de lucha de clase, guerra civil, pero sin embargo acompañados de consignas basadas en la presión sobre los elegidos, etc. Es este proceso de ruptura con la socialdemocracia que conducirá a la creación de la III Internacional; y ésto es lo que debemos reivindicar antes que nada. Sin embargo, hoy en día no podemos volver a comenzar Zimmerwald; es decir, no podemos tomar las consignas de estas conferencias, impregnadas aún de social-democratismo.

Capital y guerra.

La mayoría de concepciones erróneas que se defendieron en los encuentros (tanto de Nápoles como de Milán) tienen como punto de partida el análisis erróneo de las causas que conducen a la guerra y el imperialismo. En nuestra revista "Le Communiste" 6, evocando la polémica de los años 30 en la Izquierda Comunista (Jehan-Hennaut), decíamos que la guerra imperialista es antes que nada una guerra anticomunista, en el sentido de que su objetivo es destruir masivamente al Capital excedentario, las fuerzas productivas, incluso el proletariado; relegando así, momentáneamente, las posibilidades del comunismo.

Tanto en Milan como en Nápoles, la mayoría de los compañeros denunciaron el peso de las tesis "operaistas" ("obreristas") sobre el movimiento obrero en Italia. Muy justamente rechazaron los "análisis" operaistas sobre la inutilidad de la guerra para la burguesía (los operaistas confían en la capacidad de la burguesía para resolver su crisis, a través de la reestructuración centrada sobre la energía nuclear u otras fuentes tecnológicas) y sobre él carácter caduco de la lucha entre Estados, ésto debido al peso de las multinacionales;... Los "autónomos" reducen, así, la cuestión de la guerra a un "complot" de la burguesía contra el proletariado para hacer pasar sus reestructuraciones.

El conjunto de las intervenciones, como el documento preparatorio, rechazan las tesis de "complot", de chantaje de la guerra"; pero a pesar de ésto, no comprenden que la guerra se fundamenta en el propio Capital: la ley del valor, crisis, guerra, paz, prosperidad, constituyen momentos del proceso fundamental del Capital: valorización-desvalorización. El documento preparatorio no ve en la guerra otra cosa que la repartición de mercados; la lucha violenta por la repartición del mundo. Pero, la guerra imperialista es antes que todo una destrucción masiva del Capital excedentario; "aun si subjetivamente, cada fracción del Capital no tiene en vista otra cosa que la destrucción de su rival. La contradicción objetiva entre las relaciones de producción capitalista y las fuerzas de producción, entre la valorización y el valor de uso, entre el valor y el ser humano, constituye la causa fundamental de las guerras imperialistas". Los compañeros del CIM tienen completamente razón cuando en la polémica con Autonomía (artículo en "Che Fare" 2) afirman que la simple desvalorización actual de la fuerza de trabajo no le es suficiente al Capital, sino que este precisa una gigantesca desvalorización generalizada del trabajo vivo y del trabajo muerto. Es, en este sentido que el documento preparatorio que presentaron a la Conferencia está en contradicción con ese artículo, puesto que este se enmarca solamente sobre el terreno de los mercados.

Es necesario aquí remontarse un poco más en la historia. El conjunto de intervenciones hacían referencia al panfleto de Lenin "El imperialismo, estado supremo del capitalismo" en el cual Lenin sitúa toda su argumentación al nivel de la repartición del mundo hecha por los monopolios, las naciones, la conquista de mercados en competencia por las naciones capitalistas... En resumen, limita la guerra a una guerra de rapiña, de bandidaje. Visualiza únicamente la subjetividad, la forma de la guerra. En ninguna parte de su panfleto podemos encontrar el análisis de la guerra como la tendencia objetiva del Capital a resolver la imposibilidad, a nivel mundial, de continuar su valorización. En su análisis del imperialismo, de la crisis y de la guerra, Lenin no sitúa jamás al Capital en su conjunto, en el terreno del valor; sino en el de la ley del desarrollo desigual: "la repartición desigual de la red ferroviaria, su desarrollo desigual, es el balance del capitalismo moderno. Y este balance demuestra que sobre esta base económica, las guerras imperialistas son absolutamente inevitables en tanto exista la propiedad privada de los medios de producción". "El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de asfixia financiera de la inmensa mayoría de la población del globo por un puñado de países avanzados". Evidentemente este análisis falso del Capital (que se basa en el desarrollo desigual como la contradicción fundamental y para nada ve la destrucción del Capital, la desvalorización) no impidió a Lenin y a una parte de los bolcheviques, el llevar adelante un duro combate proletario "contra-corriente" por la guerra civil y en contra de todos los belicistas. Pero si sirvió, como base teórica, en la III Internacional, para la introducción del nacionalismo, de luchas de "liberación nacional", y de Frentes Nacionales. Esta concepción del imperialismo, vehiculada aún hoy en día, puede permitir, en una tercera guerra mundial, el apoyo a un Estado (que se catalogará, según las necesidades de las causa como: "oprimido", "sub-desarrollado", "precapitalista", "de color", "semi-colonial", "semi-feudal"...) y entonces abandonar la consigna de guerra civil internacional; o peor aún distorsionar la consigna fundamental de guerra civil y transformarla en "paz sin anexiones".

La concepción de Lenin no ve para nada al Capital como una relación social; ella se mantiene en la esfera de la economía, o más bien en la esfera de la política económica internacional de las clases dirigentes, a pesar de las páginas destinadas a la ligazón entre imperialismo y oportunismo. Indudablemente hoy es aún necesario mostrar concretamente, para cada país, las acciones y objetivos de la burguesía, de todas sus fracciones; para destruir las mistificaciones, para que el proletariado tenga una conciencia clara de todo lo que se prepara contra el. Pero lo que nos importa no es tanto "el análisis de la situación objetiva de las clases dirigentes", ni tampoco "el conjunto de datos sobre los fundamentos de la vida económica de todos las potencias beligrantes", que Lenin da como "prueba del carácter social, de clase, de la guerra". Esto equivale a comprender al Capital no como una relación social sino como una relación entre naciones. Lo que nos interesa es el estado de las relaciones de fuerza entre las clases, hoy en día y mundialmente, las fuerzas y debilidades de cada clase, la lucha proletaria, el movimiento comunista real y sobre todo el como actuar en el.

Conclusión y perspectivas

No hemos pretendido, en este texto, distribuir buenos o malos puntajes a los diferentes grupos que asistieron a estas reuniones; sino plantear toda una serie de discriminantes prácticos y teóricos que estaban ausentes y que ocasionaron el fracaso de la reunión de Nápoles. Afirmamos que la clarificación política, el movimiento de centralización solo se llevará a cabo en el cuadro internacional.

Es por esto que nos dirigimos a todos los proletarios; a los grupos formalizados o no, que se sitúan sobre el terreno de la lucha de clases, en Italia o en otra parte del mundo; para poner en marcha lo más pronto posible la unificación de minorías hacia una comunidad de trabajo. La única condición previa es la convergencia práctica, política contenida en los mismos ejes de la lucha y no una lista de puntos ideológicos. Consideramos inmediatamente realizables, aparte del intercambio de materiales y discusiones "de grupo a grupo", la propaganda obligatoria sobre las luchas importantes que se desarrollan en cada región (o país) para repercutirlas en otras e ir creando las bases de la solidaridad internacional. Nos comprometemos, por ejemplo, a publicar y defender, a pesar de nuestras pocas fuerzas, las informaciones y análisis sobre el movimiento de clase en Italia (las luchas de Fiat contra los licenciamientos, de los desocupados, etc.), y a contribuir en la creación inmediata de una red de información eficaz.

Por el momento, las minorías que se sitúan en el terreno de clase, se encuentran aisladas. Citemos por ejemplo el caso de Polonia donde todo parece indicar que la clase obrera polaca en su conjunto no se encuentra detrás de Walesa, Kuron y los sindicatos. Lo que no se sabe es ¿cómo se manifiesta la oposición de clase a los acuerdos de Gdansk? Es así, que no podemos sostener eficazmente esta oposición, no podemos sistematizar las adquisiciones políticas reales de este movimiento.

Una red de información internacional y un conjunto de reuniones internacionales de preparación de las luchas, que pongan en contacto directo las mínorias revolucionarias y comiencen a concretizar la solidaridad internacional no serán más que los primeros pasos hacia una comunidad de trabajo internacional. Ver al, respecto en Comunismo 4 nuestro llamado a constituir una coordinación internacional, que contiene un conjunto más amplio de propuestas en esta misma perspectiva.


CO5.5 Tentativas de coordinación obrera en Italia.