BOLIVIA: APERTURAS DEMOCRÁTICAS, PLOMO Y METRALLA CONTRA UN PROLETARIADO INDOMABLE PERO SIN DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA.

Hechos de julio.

"Con una lentitud que ponía en evidencia el temor de sus jefes, la columna militar avanzaba por la ruta principal que desemboca en los gigantescos centros mineros de Cataví y Siglo XX, los más grandes centros de Bolivia. Camiones, transportes semiblindados de tropas y tanques colmaban la carrera protegidos a los flancos, cuando el terreno lo permitía por pelotones de infantería. Las cargas de dinamita, el arma más temida por los militares, atronaron una tras otra flagelando la cabeza de la columna metida en un desfiladero. '¡Atrás, atrás!' gritaron algunos oficiales. Advertencia inútil y demorada porque todo el mundo ya retrocedía en desorden. Poco después la artillería y la aviación machacaban las posiciones de los mineros. Otra vez se repetía la resistencia heroica de los mineros con la dinamita". De esta manera el corresponsal de Cambio 16 daba cuenta de los enfrentamientos de julio.

Los mineros al frente del proletariado boliviano eran obligados a defenderse, con lo que tenían y como pudieran, "Sus dirigentes" habían predicado permanentemente "la resistencia civil a fin de evitar enfrentamientos inútiles".

La ocupación de toda la región minera por el ejército, logra liquidar las posibilidades de abastecimientos y romper los enlaces con el proletariado agrícola (los "campesinos" habían ocupado los caminos), preestablecidos por los mineros. Los bombardeos de la artillería y la aviación hacen el resto... los 10.000 obreros de Cataví y de Siglo XX derrotados una vez más, entran al trabajo (a pesar de ello la producción continuó bajando hasta situarse en un 60 % de su norma). En muchas zonas la huelga ya había sido quebrada, solo algunos grupos asilados intentan desesperadamente continuar la pelea, como por ejemplo en Potosí los trabajadores de la Corporación Minera Boliviana. Según los periódicos burgueses de oposición, que circulaban clandestinamente, (ejemplo: "Bolivia libre"): unos tres mil proletarios resultaron muertos en los combates, la mayor parte de los cuales obreros de la minería.

Una vez más, el saldo de los combates es imponente, a pesar de la disposición enorme y generosa a la lucha contra los verdugos, el proletariado sale una vez más batido, mutilado y hambreado de los enfrentamientos. Un acto más del juego siniestro de las aperturas democráticas se cierra con la tierra regada con raudales de sangre proletaria. La burguesía puede bajar el telón, se prepara a recomenzar.

La fuerza histórica del proletariado minero

Sería difícil comprender los acontecimientos de Bolivia, sin tener en cuenta algunos antecedentes históricos que veremos muy rápidamente.

Bolivia es sin lugar a duda un país casi vacío de gente, más de 1.000.000 de kms. cuadrados y una población que apenas sobrepasa los 5.000.000 de habitantes. ¡5 habitantes por kilómetro cuadrado!, una de las densidades más bajas del globo, dio origen como es evidente a todo tipo de especulaciones para caracterizar a la sociedad boliviana: "semi-feudal", "mayoritariamente precapitalista", etc.

No entraremos aquí a argumentar la falsedad de esas hipótesis, basta simplemente con señalar que aquello que es poca población en términos relación hombre-naturaleza, puede ser y es en el caso de Bolivia, población excesiva para el Capital. Antes de la colonización y conquista capitalista (aunque las estimaciones se contradicen) la población era mayor que ahora. ¡Hace 4 siglos! Esa región fue una zona fuerte de la colonización, no solo por la existencia de yacimientos mineros (plata y oro), sino por la preexistencia de una sociedad de clases (de explotados y explotadores) con una organización del trabajo colectivo desarrollada, que permitió desde muy temprano (como en el actual Perú) su adaptación a las necesidades de la explotación capitalista,27 con todas las tareas que le son inherentes. Gracias a ella la muerte por malnutrición, enfermedades, condiciones e intensidad de trabajo, masacres de rebeliones obreras, batieron récords absolutos y la zona que ocupa la actual Bolivia se fue vaciando de gente.

Las explotaciones mineras, fueron siempre el centro de acumulación de Capital en la zona, el corazón del crecimiento económico y de la exterminación. Este pautaba los movimientos no solo de las minas mismas, sino de todo el país, En efecto, para que el imponente calvario de la mina se presentase como opción "aceptable", era necesario (sobre todo en las épocas que se hace demasiado escasa la fuerza de trabajo minera), liquidar toda posibilidad de subsistencia en otro lado, expropiación de la tierra (o/y parcialización que no alcanza ni para vivir) en posesión de los grupos y anteriores comunidades indígenas.

Ir a la mina significaba, ir a dejar la vida en la mina, pero al mismo tiempo comenzó a significar, de más en más, ir a pelear. La lucha contra el Capital y su Estado, que se habla demostrado impotente y fácil de atomizar en el aislamiento de la campaña, se concentraba y ponía en evidencia su fuerza en las minas. Desde entonces las luchas del proletariado minero son la concentración de todas las luchas del proletariado boliviano y cuentan con el apoyo activo de todas las capas trabajadoras del país.28

En la Bolivia del último siglo, los hombres han cambiado, las condiciones técnicas y el tipo de extracción minera también (la producción de estaño y otros metales -zinc, plomo, cobre, etc.- ocupa la mayor parte); pero las condiciones de explotación y de lucha del proletariado boliviano se han desarrollado sobre esa misma linea.

Las condiciones de vida (y muerte) del proletariado minero, no tienen hoy nada que envidiarían aquellos esclavos romanos en las minas de mármol en África: la silicosis y la tuberculosis son moneda corriente; las diferencias de temperatura entre una galería exterior y una interior pueden ir hasta 50 centigrados; en el altiplano -alturas de hasta 4.000 metros- el oxígeno escasea, etc. Porcentajes de analfabetismo y de mortalidad infantil de los más elevados del mundo. "Esperanza de vida" del proletariado agrícola, solo comparables con un Haití o ciertas zonas de África.

Estas impresionantes condiciones de explotación, se agregan a una importancia nunca desmentida de la minería en la economía boliviana, que confieren a los mineros no solo la imperiosa y renovada necesidad de pelear, sino sobretodo la fuerza y la capacidad de hacerlo a la cabeza de todo el proletariado.

Como en Chile, o en el Perú, el proletariado minero tiene la posibilidad directa de paralizar el motor de la economía del país, lo que de hecho lo transforma en la vanguardia natural de todos los trabajadores. Como allí, es en las grandes minas donde las promesas reformistas, las nacionalizaciones, etc., encuentran su más imponente verdad y se demuestran por lo que son: un intento más de aumentar la explotación y extorcación de plusvalía. Contra los mineros se entrellaron todas las tácticas del Estado Burgués y ni a un Paz Estensoro, ni a un Allende, ni a un Velasco Alvarado, le alcanzaron las promesas y debieron recurrir sin excepción a la represión abierta.

Pero si en Chile y en el Perú las concentraciones obreras extra mineras son importantes, lo que ha hecho históricamente posible el desarrollo de movimientos sociales que no tuviesen como centros las minas; en Bolivia las industrias (textil, alimentación, tabaco, etc.) no mineras son poco importantes y todos los movimientos sociales se centralizaron en torno al proletariado minero.

A pesar de que el proletariado minero boliviano, ha encontrado en todas sus luchas una solidaridad importante del resto de la clase, en especial de los proletarios agrícolas; el hecho de no poder contar con la fuerza de un proletariado urbano concentrado, ha sido sin duda una enorme desventaja para la lucha: para poner en jaque a toda la burguesía no basta con paralizar la producción, es necesario ejercer la fuerza (atacando cuando se puede) ahí donde los aparatos del Estado se concentran. En el caso contrario, la burguesía gana ya la mitad de la guerra, al imponer esta en los locales de producción: si ocupar la mina es necesario a una altura de la lucha, la defensa de la mina cuando el enfrentamiento pasa a niveles decisivos (militares) es un suicidio.

Con una admirable conciencia internacionalista el proletariado minero intentó a lo largo de toda su historia, contrarrestar esta desventaja que en el cuadro nacional no puede tener una solución integral, por su práctica internacionalista. Fue así que desde principios de siglo, encontramos al proletariado minero boliviano, haciendo propuestas de acciones conjuntas con el proletariado del resto del continente y en especial con el de Perú y Chile (mientras las burguesías de esas republiquetas se enfrentaban y propagandeaban el chovinismo; el proletariado intentaba unirse superando las fronteras), y, hasta directamente haciendo huelgas de solidaridad con los obreros de esos países.29 De generación en generación se fue estableciendo una solidaridad, no de grandes congresos, sino de hecho y todo perseguido que escapaba a los cuerpos represivos del Estado en los países limítrofes, era bienvenido en las zonas mineras de Bolivia. La burguesía comprendió el peligro y sus fuerzas represivas abandonaron en muchas ocasiones sus querellas nacionales, para afirmarse juntas contra esta solidaridad. La imponente PIP (Peruana) penetraba permanentemente en Bolivia, buscando en las poblaciones mineras a "huelguistas y delincuentes peruanos" que se le escapaban de las manos.

Es, frente a esta clase obrera extremadamente combativa, que la burguesía por todos los medios a su alcance intenta imponer su paz social y mantener la explotación capitalista.

Pero la cuestión minera, al estar al centro de la economía boliviana, es además del eje central de la lucha de clases, el centro de la disputa de las fracciones del Capital. En efecto, para la burguesía, todo proyecto económico tiene, como factor determinante, además de la cantidad de plusvalía apropiada en la minería (contradicción burguesía-proletariado), la redistribución de la misma al interior de la burguesía, la gestión que se hará de ella, etc. La lucha entre fracciones burguesas, derechistas o izquierdistas, nacionaleras o extranjerizantes, con proyectos más estatistas o más liberales, tiene siempre como objetivo decidir sobre la apropiación y tipo de utilización de la plusvalía. En particular, en la lucha por la dirección del Estado, se juega el porcentaje de renta que será deducido de esa plusvalla y la utilización de aquella por el Estado como gran "promotor y empleador" de la economía nacional.

La inestabilidad de una economía de ese tipo: donde cada revolución del valor del estaño que se refleja en el mercado mundial por subas y bajas de precios (Bolivia es el segundo productor mundial) desarticula todo lo que se consideraba estable el día anterior, donde incluso simple variaciones de precio especulativas y coyunturales que ni siquiera corresponden a un real cambio en las fuerzas productivas, ponen en cuestión o hacen aumentar vertiginosamente el botín a repartir; es total. Las contradicciones entre las clases y entre las fracciones burguesas, son por ello constantemente explosivas, lo que se refleja en el cambio permanente de formas del Estado.

Esta inestabilidad permanente, por la cual el Estado cambia de forma, combinando "nacionalismos" con "extranjerismos", plomo limpio y/o democracias contra el proletariado y de acuerdo a la correlación de fuerzas interburguesas, recorren toda la historia de Bolivia y explica que, entre golpes, aperturas democráticas, contragolpes, reaperturas, recontragolpes, se lleguen a cifras récords en el mundo, aproximadamente unas 200 desde que se puede hablar de Bolivia.

El salario minero no está determinado por los precios internacionales del estaño, sino por el valor de la fuerza de trabajo. Sin embargo, tomando como ejemplo una baja del precio internacional (corresponde o no a una baja del valor) del estaño, toda la plusvalía minera se resiente y por lo tanto baja la renta que el Estado utiliza para hacer funcionar el resto de la economía. Sectores semiprotegidos (textil, etc.) o directamente estatales, se resienten... La única política burguesa posible en este caso es la deuda externa, un aumento de la desocupación y un intento de atacar el salario, no solo de los Mineros sino de todo el proletariado haciéndolo descender por debajo de su valor (se unifica la clase obrera por un ataque conjunto pero cuyo eje es invariablemente el proletariado minero). Esta situación es justificada siempre por el aumento del precio del estaño, sea o no cierto. En efecto, en épocas de importantes aumentos de los minerales bolivianos, la política antiobrera se intenta hacer pasar también, como en otros países, aduciendo una baja de los precios internacionales.

La contradicción principal burguesía y proletariado, plusvalía-salario, prima ante la contradicción interburguesa repartición de la plusvalía y alternativas de utilización. Esta es una ley invariante del capitalismo. En las propias contradicciones interburguesas, más o menos nacionalización de la renta, más parlamento o más fierro contra los obreros, se juegan distintos medios para imponer y apropiar una misma cosa: la máxima plusvalía posible. Ello no descarta en absoluto que a pesar del interés de conjunto de la burguesía, las contradicciones interburguesas sean enormemente serias y que también se arreglen a los tiros.

Democracia, plomo, metralla y nacionalismos

No podemos pretender realizar una cronología histórica, pero es importante señalar algunos hechos históricos que nos ayudan a desentrañar la madeja del presente.

Hasta principios de la década del 50, en lineas generales al Estado boliviano le habían bastado los fierros para ahogar la lucha del ejemplar proletariado boliviano. Generaciones y generaciones de masacrados, habían sido la principal solución histórica que el Estado aportaba a los mineros.

Burguesías izquierdizantes, nacionaleras, etc., habían existido siempre, pero aún no habían sido indispensables para desempeñar su función esencial: desarmar al proletariado en un momento crucial.

En abril de 1952, ese proletariado minero junto al proletariado agrícola, pasando a la ofensiva, demuestra ante los ojos del mundo que el ejército, carcomido por las contradicciones de clase, no es invencible. En las calles, con todo tipo de armas y ayudadas por los carabineros (en la Paz y Oruro) que se negaron a seguir las directivas centrales de las fuerzas armadas, los obreros rurales y urbanos, con los mineros al frente, demolieron al ejército profesional, a pesar de dejar en el combate miles de hermanos caídos.

El proletariado armado, el ejército destruido; es no solo la situación que produce más pánico a la burguesía, sino el momento crucial a partir del cual o la revolución sigue avanzando, o gracias al paciente trabajo de las oposiciones burguesas en el seno de los obreros, ésta es desviada, desnaturalizada y transformada, en su contrario. La dirección efectiva del movimiento es en esas circunstancias decisiva.

En plena época de contrarrevolución mundial, con la inexistencia total de un Partido Revolucionario, con la desfiguración integral del programa comunista, la dirección la pudo rápidamente ejercer la burguesía. En esa fecha, el Movimiento Nacionalista Revolucionario representante de los intereses de fracciones importantes, pero siempre relegadas hasta el momento, de la burguesía y de la pequeña burguesía, fue capaz de imponerle la dirección a ese movimiento.

Pieza matriz en dicha jugada fue el denominado "Partido Obrero Revolucionario" de Juan Lechin, que sostiene directamente a Paz Estensoro para la casa de gobierno, en torno a un programa nacionalista, "antiimperialista", de "independencia", reforma agraria y nacionalización de las minas. Así, la burguesía supo transformar la situación de máxima inestabilidad general, en uno de los períodos donde el Estado fue más estable de toda la historia boliviana. Los obreros "campesinos" y de la ciudad, los mineros, etc., que luchaban por mejorar sus condiciones de vida, creían aún que ese tipo de medidas podían arreglar las cosas. Hasta que los propios hechos demostraron lo contrario y otra vez las contradicciones de siempre emergieron con más fuerza aún, incluso las contradicciones interburguesas disminuyeron como por arte de magia. En realidad, salvo algunos burgueses particulares nacionales y extranjeros que se vieron afectados por las nacionalizaciones, era un hecho que toda la burguesía reconocía en Paz, Siles y el izquierdista Lechin (que se fue distanciando para evitar la quemazón integral ante "sus" obreros), los únicos capaces de enderezar la situación.

Muchas veces se presentan estos movimientos como una oposición entre burgueses nacionales e imperialistas. Nada más falso que ello. Exceptuando tal o tal burgués, el imperialismo norteamericano apoyó con toda su fuerza esa solución de recambio y proporcionó los planes y medios para la reestructuración de la economía y en especial del ejército; que dirigido por el Pentágono recurrió con una coherencia de fierro al nombre de "Ejercito Revolucionario".

Fue sobretodo a partir de 1964, que frente a una crisis económica que golpea con toda la fuerza a Bolivia (y cuya "solución" era y seguirla siendo la deuda externa: en 4 años del 64 al 68, la deuda exterior triplicará) y frente a un emerger renovado de las luchas obreras, desarrollándose directamente sobre el terreno de la lucha de clases, es decir directamente contra el aumento de la explotación; que el MNR se revela cada vez más incapacitado para garantizar la sacrosanta unidad nacional y su "ejército revolucionario" interviene cada vez más directamente contra los mineros.

A partir de ello, la sociedad boliviana retoma en el ritmo de golpes y contragolpes, aperturas y metrallas, en el que se encuentra hoy. Sea durante el período de Paz Estensoro cerrado con el broche de oro de la barbarie de un Barrientos, sea durante el período turbulento de Torres, "el general salido del pueblo", seguido por Banzer que perpetúa su poder por el fuego y la sangre durante largos años, sea con un Guevara Arce o con Guiler y Suazo, seguidos de nuevo con la misma barbarie siempre renovada y más potente; el papel de las fracciones burguesas que se reclaman de la democracia, el progreso, la independencia y el antiimperialismo se ha visto confirmado: presentando cada victoria de esas "fuerzas progresistas" como un paso hacia "el socialismo se encierra desarmada a la clase obrera en el terreno de la democracia, donde el masazo es fácil e inevitable. Solo manteniendo este engaño permanente, acompañados siempre de parlamentos y pactos con "los reaccionarios", esos partidos desempeñan su papel, e intentan conservar su audiencia, a pesar de que la lucha obrera intente desbordarlos como atestiguan las luchas de los últimos años.

Lo que "oponen" los "demócratas" a los "duros", en denuncias verbales interminables, es la resistencia pacífica legal, las milicias obreras no armadas o/y defensivas (de la democracia, de la mina de la empresa, etc.) y evidentemente la propaganda en torno a la necesidad de más democratización, de más control obrero sobre la producción... El período que ilustra, tal vez mejor ese mecanismo antiobrero, es el período del general Torres con la Asamblea Popular. Con el cuco del fascismo, concretizado en el general Miranda, las fuerzas de la izquierda con la COB a la cabeza arrinconarán a los obreros en el apoyo a Torres, que jugará hábilmente la carta democrática y antiimperialista. Con apoyos y apoyos críticos, la izquierda liga a los obreros a la defensa del Estado burgués, juego en el que participa, tanto el PRIN de Juan Lechin (salido del POR), como el P"C", el antiguo POR y otras formaciones trotskistas, guerrilleristas o/y maoistas. Una Asamblea Popular es formada ("¡Victoria!") pieza por pieza por esos mismos partidos, presidente: ¡Juan Lechin! Las discusiones que se desarrollaron en su seno, concernían evidentemente al conjunto de la clase obrera: como democratizar los sindicatos en las minas nacionalizadas, la formación de milicias o bien no armadas o bien para defender los medios de producción y el régimen Torrista, y evidentemente el paso inevitable que abría "la vía hacia el socialismo": la cogestión de la COMIBOL entre el gobierno y los sindicatos ¡¿?! Puede ser difícil evaluar el papel desempeñado por cada uno de los grupos izquierdistas (trotskistas a la cabeza) en su justa medida, pero no cabe duda que los resultados de su propaganda en torno al antiimperialismo, la independencia, las nacionalizaciones (inscriptas en el programa de toda fracción burguesa democrática, pero del cual los trotskistas se hicieron los abogados más decididos) se mide por los miles de muertos que cayeron defendiendo no a su clase, sino al gobierno popular y por la explotación perpetuada y agravada de la clase obrera boliviana. Una burguesía que está siempre pronta a intervenir con el ejército desencadenando toda su ciega barbarie y ahogar en sangre todo signo de respuesta, necesita un trabajo de preparación, no solo militar, sino ideológico, realizado por su ala democrática para crear ese momento preciso (momento en el cual el proletariado está más desarmado) en el cual se golpea con el fierro. Así, todo proceso de democratización prepara la represión, y una vez reorganizado el negocio, en la medida de lo posible, el negocio económico, en base a las bayonetas, el desgaste de los militares los lleva a preferir de nuevo ceder la plaza a una nueva apertura democrática (democracia blindada evidentemente, militarismo obliga): organización de elecciones, reimpulsión de los derechos y actividades sindicales.

Más apertura, más plomo

Fascismo y antifascismo, aperturas democráticas arregladas entre sindicalistas y generales y golpes dirigidos por los generales y sindicalistas que llaman a la resistencia cívica; izquierdistas liberales y derechistas ultraestatistas; derechistas que crean bandas armadas para-estatales despreciando su legalidad e izquierdistas que llaman a defender la legalidad y las fuerzas estatales; izquierdistas negociando con el Departamento de Estado de USA y derechistas que juegan al antiimperialismo e impulsan la cogestión; aperturas democráticas decididas e impulsadas por y desde el Corazón del Imperio y aplicados por todo tipo de cipayos y masacres masivas, bombardeos, "golpes gorilas" decididos también por el Corazón del Imperio y aplicada por quienes tienen el deber de hacer de los verdugos de turno; todo converge en una fuerza única antiproletaria.

¿Los "yanquis" están con las aperturas democráticas o con los golpes de Estado? He ahí una cuestión falsa que atormenta las cabezas de los obreros. No podemos dudarlo más, están con la aplicación sistemática y combinada de las tácticas de izquierda y de derecha, por el fascismo y el antifascismo combinados en el tiempo y en el espacio, de acuerdo a las necesidades coyunturales y regionales, pues esta combinación se ha revelado como la única capaz de golpear efectivamente y desorganizar sistemáticamente a un proletariado indomable. Téngase en cuenta que esta táctica dio resultados excelentes en toda la historia del proletariado mundial y que en Chile, Argentina, Uruguay, les bastó con llevar una vez a fondo dicha polarización social (fascismo-izquierda) para barrer al proletariado de la escena histórica por lo que hoy es casi una década.

En Bolivia, las cosas no se arreglaron por tanto tiempo, en base a Torres-Banzer. La matanza no resultó suficiente, la derrota obrera no llegó a la profundidad que en el Sur del Cono Sur, ni la burguesía logró reconstituir como allá la acumulación capitalista sobre "nuevas bases" (lease la derrota obrera).

El proletariado boliviano, sorprendiendo otra vez al mundo por su carácter indomable y por su capacidad de renovación y de reconstitución, le empezó a hacer la vida imposible a Banzer y los suyos, quiso levantar cabeza. Para impedirlo, estaban siempre prestos los demócratas que hicieron comprender la situación a los banzeristas. El siniestro carro contrarrevolucionario del fascismo y el antifascismo aceleró su marcha para no quedarse atrás, la polarización entre demócratas y fascistas se logró presentar aún más radicalizada.

Acuerdo total y explícito en filas burguesas en rehacer el circo electoral; acuerdo total implícito sobre la necesidad de darle vida a este circo con verdaderos fascistas y antifascistas, con gorilazos y payasos, con un Juan Pereda Asbun, guerrilleros que se hacían parlamentarios y una Unión Democrática y Popular para domar "los leones".

Desacuerdos solo en quien sería el jefe del circo, y que podría hacer este. Pero también, todos de acuerdo en que solo un poco de emoción sobre el particular, de idas y venidas, de contradicciones reales infladas por la publicidad, de nombramientos y dimisiones de prepo, podían atraer a los espectadores a su siniestra muerte.

Hubo elecciones, circo y no pan. Se crearon popularmente las imágenes características, de los gorilas malos (banzeristas, ahora en torno a Juan Pereda Asbun) y gorilas menos gorilas: el General Padilla. El ejército veía la necesidad de buscar civiles demócratas para sustituirlos, pero no faltaban quienes no querían perder la gallina de los huevos de oro. Aparentemente, todos querían la dirección del Estado, en realidad todos querían planchar, pero la plancha estaba demasiado caliente aún y nadie quería quemarse demasiado. Hasta que al fin fue a caer en manos de Walter Guevara Arce que evidentemente se quemó enseguida. Nuevos cuartelazos, nuevas masacres obreras convocadas por la COB en defensa de la democracia... unas 500 personas entre heridos y muertos reconoce la prensa. Otra vez, se quedan sin presidente, y el ejército considera que se requiere más preparación (desde su punto de vista mayor unidad militar y mayor quemazón de los civiles) y somete la decisión al Congreso. Pactos y contrapactos, entre la UDP, los sindicatos y los Generales, hasta que Lidia Gueiler es nombrada presidente interina. Muchos parlamentos, nuevas elecciones, más amenazas de golpes, muchos más llamados a la defensa de la democracia hasta el 17 de julio, donde ya todo estaba preparado.

Las elecciones, el parlamento, las riñas entre negociantes y denunciadores, entre payasos, leones y gorilas, es evidentemente un circo. Pero lamentablemente es un circo muy bien montado, donde si los obreros entran los masacran.

Los últimos pasos democráticos en la preparación de la masacre

Como siempre la burguesía más democrática, insiste hoy en la preparación del ejército para la masacre, en el carácter corrompido y sádico de tal o cual general, en el hecho de que los que dirigieron el Golpe no son antiimperialistas como dicen, que lo tenían todo preparado, que son todos contrabandistas de drogas y vendidos a tal o tal país limítrofe.

En el fondo, presentan las cosas como si fuese una banda de patoteros contra "todo el pueblo"... lo que evidentemente no permite explicar nada, empezando por el hecho de ¿cómo puede ser posible que un "pueblo entero" se deje patotear por una banda de corruptos?

Nosotros no tenemos dudas, de que el ejército boliviano es corrupto, ultracorrupto, y que sus cabezas están integralmente comprometidos con los "coca-dolares" (dólares provenientes del negociado de cocaína); pero todo ejército es corrupto, como lo es también todo parlamento. No tenemos dudas que a pesar de ello cualquier ejército, si no encuentra un proletariado firme, luchando por sus intereses de clase y capaz de unificarse con los soldados; encuentra a pesar de todas las corrupciones, la unidad suficiente para prepararse perfectamente para la masacre masiva. No hay ninguna duda, esto les funcionó maravillosamente y la sincronización criminal resultó perfecta: fue uno de los golpes mejor realizados de la historia. Tampoco queda ninguna duda del apoyo externo (todo golpe tiene apoyo externo), principalmente del ejército Argentino y sus grupos paralelos. Ni siquiera Videla lo oculta.

En cuanto a si son o no antiimperialistas, no nos cabe dudas de que no lo son, como no lo es ninguna fracción del Capital. La oposición actual, demostró también que no lo era.

Los militares levantan además otras banderas: la restauración de la democracia, la cogestión obrera, etc. La oposición se preocupa en demostrar que son falsas. En realidad, esta discusión es puramente una discusión interburguesa, por las banderas gestionistas y democráticas. No podemos dudar que el sueño de toda burguesía desde la extrema derecha a la extrema izquierda, es asociar a los obreros a la gestión de su propia explotación, para que abandonen así la lucha por sus intereses de clase, lo que puede acercar al funcionamiento ideal de la democracia burguesa.

Por lo tanto, no aburriremos al lector con lo que ha leído en todos lados, con el negociado de tal general, con sus instintos asesinos, con sus relaciones con tal potencia, con su "odio a la democracia", etc.; y nos centraremos aquí en los aspectos de la preparación de la masacre que nos conciernen más directamente. Nos referimos a los últimos pasos efectuados por todo el Capital, para encerrar a los obreros en el siniestro callejón sin salida de la defensa de la democracia, por ser precisamente contra este encierro que la vanguardia proletaria puede actuar (y debe hacerlo desde hoy) directamente, conduciendo así a todo el proletariado al enfrentamiento conjunto de fascistas y antifascistas.

Desde la caída de Banzer en 1978 hasta la fecha del golpe del 17 de junio del 80, hubo ni más ni menos que: tres circos electorales generales, cuatro golpes, y dirigieron el país casi una decena de cabezas distintas. Por más combativo, que fuese y que es el proletariado boliviano, en tales condiciones es evidente que sin una dirección revolucionaria, los obreros no sabían para donde agarrar.

El golpe no era un secreto para nadie. Así, la revista Ko'Eyu (de julio-agosto del 80) haciéndose eco de las informaciones de la COB señala que esta conocía perfectamente la existencia de tres planes diferentes que circulaban en el Estado Mayor del Ejército para la masacre, uno de ellos preveía esperar que la UDP se quemase más para actuar.

¿Qué hacía la COB para evitarlo? He aquí una respuesta parcial dada a posteriori: "El General García Meza, por su parte ha traicionado deliberadamente el pacto que el 28 de abril último, firmó en nombre de las fuerzas armadas, con el COB, en presencia de la Presidente Gueiler, en el cual se comprometía a defender las instituciones y el proceso de democratización" (declaraciones de José Justiniano dirigente de la COB) ¿Se puede ser más claro? Hacían pactos.

Pero la COB hizo más, mucho más para encerrar a los obreros en la defensa de la democracia. A su impulso se creó la CONADE (Comité de defensa de la Democracia) a donde tendió a converger toda la burguesía. El CONADE intentó reconstituir la unidad nacional de hace 28 años y hacia el se acercaron, las fuerzas de la ADN (que al final no entró), las izquierdas burguesas, los organismos de los derechos humanos y hasta los viejos Estensoristas. Con el ingreso del grupo de Paz Estensoro, y el impulso de la COB; se recreó la vieja alianza populista contra el proletariado. Para variar el presidente fue Juan Lechin.

La COB y la CONADE se preocuparon en hacer digerir la política antiobrera del Estado, apoyando descaradamente al gobierno de Gueiller, que como todo régimen del mundo de hoy, exigía de los obreros sacrificios, austeridad y más sacrificios, en nombre de la democracia y la necesidad de sacar al país de la crisis.

El programa de la COB era la defensa abierta y descarada de la fortificación del Estado Nacional, y todo lo propuesto estaba destinado a "sacar a Bolivia de la crisis económica" (textual); fortalecimiento de las empresas estatales, nacionalizaciones, sistema de cogestión (banderas tomadas por los militares), expropiación de las minas medianas, participación de los sindicatos en la distribución de los productos, monopolización del comercio exterior, etc. Ni siquiera por decoro, incorporaron en el programa algo contra el estado burgués o/y contra el aumento de la tasa de explotación. Había que sacrificarse por la nación, el Estado, los sindicatos y la democracia! ese era el programa del Gobierno de Gueiller, de la COB, del CONADE y será necesariamente el de los militares actuales.

No podemos decir que la COB no organizó en el período, paros de trabajo, "huelgas". Sin lugar a dudas lo hizo, pero NUNCA en base a los intereses de los obreros, sino por el contrario en defensa de la legalidad del Estado burgués. Así, por ejemplo, la huelga general de julio del 79 fue contra: el fraude electoral, tendiendo así a liquidar toda independencia de la clase obrera. Este tipo de paros constituyeron pasos importantes por los cuales esa central sindical, ligaba a los obreros al Estado burgués y los desarmaba frente a la masacre.

De más está decir que en todo esto, estuvieron integralmente implicados, a pesar de sus múltiples matices, todos y cada uno de los partidos stalinistas y trotskistas.

Los stalinistas ("Partido Comunista de Bolivia", "Partido Comunista Marxista Leninista", etc.) se metieron hasta la nariz sea en la Unión Democrática Popular, sea en el Movimiento Nacionalista Revolucionario (H) de Paz Estensoro, en la política de los pactos con los militares, incluido Banzer.

Los trotskistas, como siempre merecen un capitulo aparte; sostienen ahora que no apoyaron el gobierno democrático burgués, que llamaron al armamento del proletariado, etc. Sin embargo, estuvieron también metidos hasta las orejas en la preparación democrática de la masacre; sea apoyando a la COB y su programa, sea llevando a los obreros al campo electoral, y hasta festejando las conversaciones entre la COB y el Departamento de Estado yanqui. Ahora disimulan lo que hicieron hace un año o unos meses; pero haciendo un poquito de memoria, todo queda clarito. Basta recordar como preparaban la revolución (¡!) los dirigentes del POR (Combate), sección boliviana de la Cuarta Internacional en el primer trimestre de 1980.

El periodista de INPRECOR pregunta al dirigente del POR (Combate) entrevistado: "¿Cómo se está preparando actualmente la solución revolucionaria a la crisis?" He aquí la respuesta que por constituir una verdadera perla, la transcribimos integralmente: "Actualmente toda la política (SIC) se hace en función de las elecciones (SIC) que se celebrarán el próximo 29 de junio. En el seno de las masas ya está tomando forma una amplia corriente electoral independiente (SIC) que se expresa con gran fuerza a través de la COB. (SIC) El Partido Socialista-1, que dirige Quiroga Santa Cruz y el Partido Revolucionario de la Izquierda Nacional, dirigido por Juan Lechin, presidente de la COB, se han hecho eco de la constitución de un frente de la izquierda, sin pronunciarse claramente sobre el papel de la COB en este. Por eso en un documento conjunto firmado por el POR (Combate), el Movimiento de Liberación Nacional, el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia, Vanguardia Comunista del POR, llamamos a la constitución de un frente en torno a la COB, los sindicatos y los partidos obreros y de izquierda, para luchar por la liberación nacional (SIC) y el socialismo (¡!) Hasta ahora la actitud del PS-1 ha impedido la formación de tal frente. En el período actual, la función y el papel de la COB son claves (SIC). Constituye un polo organizado para las amplias masas que despiertan a la política (SIC). La autoorganización de las masas es impulsada por la COB (SIC), gracias a las perspectivas de independencia de clase (¡!) que puede presentar (SIC) a las masas. Aquí hay que mencionar particularmente el congreso de mujeres campesinas que tuvo lugar en La Paz hace unas semanas en el que participaron más de 5 mil personas quienes se pronunciaron con entusiasmo en favor de candidaturas (SIC) obreras (¡!) y campesinas (¡!) apoyadas por la COB (SIC). El 28 de marzo próximo, el conjunto de la COB decidirá -es un punto central (SIC)- su táctica, los candidatos y lo que será su programa para las elecciones (SIC). En Bolivia la importancia de la clase obrera siempre ha sido un hecho cotidiano fundamental de la vida política. Pero, en el marco de la crisis abierta en 1978 con la caída de Banzer, esta importancia ha crecido cualitativamente. No se puede hacer nada sin el proletariado y solamente este puede sacar el país de la crisis (SIC). Para darte una idea de la importancia concreta de la COB, podemos citar el siguiente ejemplo: cuando la visita del encargado de relaciones interamericanas del Departamento de Estado yanqui, (SIC) este demostró que tiene una visión exacta de la geometría del poder que existe hoy en Bolivia. Del aeropuerto fue directamente al local de la COB (SIC), después visitó al alto mando militar y finalmente se presentó en el palacio presidencial para reunirse con Lidia Gueiler". ¡¡Como vemos todo un programa de "preparación de la revolución" !! (IMPRECOR 3/4/80).

Después de esto, después de los sucesivos llamamientos de la Comisión Política del "Partido Obrero Revolucionario-Combate" a la defensa de las conquistas democráticas, los Ilamados al armamento del proletariado y las vivas a la "heroica resistencia obrero y popular en Bolivia"; solo pueden ser interpretados como un grito que dice: más sangre obrera, más muertos proletarios en nombre de la democracia. Si además tenemos en cuenta, que estas consignas se dicen al mismo tiempo que se propone el "Frente Único" con todas las fuerzas democráticas (UDP a la cabeza) que prepararon la masacre, no quedan dudas de sus objetivos: "mueren los obreros para reconstituirnos nuestro parlamento y nuestros sindicatos".

2 palabras acerca de las perspectivas revolucionarias y la cuestión militar

La ruptura proletaria con el siniestro engranaje democracia-terror, es el aspecto central de las perspectivas revolucionarias. No hay ninguna razón para esperar en el corto plazo resultados fantásticos al respecto. Si bien a nivel mundial, hay rupturas con la contrarrevolución pasada, más o menos esporádicas, es un hecho que en América Latina las mismas no están ni de cerca a la altura de las del período 1968-73 y que por el momento la contrarrevolución fascista-antifascista, continúa afirmándose en el continente.

Indudablemente ni este ni otro gobierno boliviano encontrará soluciones estables, y más tarde o más temprano, la lucha de clases basada en los intereses inmediatos de los obreros, adquirirá aún más fuerza que en el pasado. Pero dada la inexistencia de un Partido de clase, no podemos ilusionamos con el hecho de que los obreros bolivianos hayan aprendido para siempre la "lección democrática". Confiamos sí, en que se desarrollarán minorías que reafirmarán posiciones proletarias, en formas más claras que en el pasado, que tendrán un enorme trabajo a realizar, de balance, de apropiación programática, de ligazón internacional, de precisión de las viejas banderas clasistas; tareas que luchamos por enmarcar en la perspectiva de la organización del Partido comunista, cuya necesidad imperiosa es subrayada hoy, por cada derrota sufrida por nuestra clase en los 4 rincones del mundo.

En esa perspectiva, no podemos dejar de tomar posición contra todos los llamados a la resistencia antifascista, pacífica o armada, con los cuales la burguesía intenta mantener encerrado al proletariado en el circulo infernal, aperturas democráticas, plomo y metralla.

No tengamos dudas compañeros, que al fascismo, como al antifascista solo se los derrota en el terreno de la violencia armada, pero ello no es posible en cualquier momento, con cualquier estrategia y en cualquier lugar. Si el proletariado boliviano estuviese hoy en condiciones de resistir por la violencia militar en los centros de producción al ejército, estaría en condiciones de atacar al Estado fascista y democrático, y hubiese estado aún en mejores condiciones de hacerlo antes de los 3.000 muertos, desaparecidos, secuestrados, etc. Es mucho menos difícil hacer una insurrección triunfante atacando en un momento que el enemigo está desorganizado, que evitar la masacre quedándose a "resistir" en la mina o en la fábrica cuando aquél ataca. En la lucha insurreccional (no en la guerra clásica) la defensa militar de una zona, supone la disposición de una fuerza militar muy superior a la necesaria para realizar un ataque.

La insurrección de octubre del 17 se hizo pasando al ataque en plena desorganización democrática del enemigo, con amenazas de golpes y contragolpes. Ella no hubiese sido posible después, y si se le hubiese dejado la ofensiva a la reacción, no solo la masacre hubiese sido inevitable, sino que el llamado a resistir armados en las fábricas hubiese sido un asesinato.

Por lo tanto, aquellos que no llamaron a enfrentar al Estado militarmente antes del golpe y llaman hoy a resistir militarmente al golpe son triplemente criminales. Primero porque lo hacen en nombre de la defensa de ese mismo Estado bajo forma democrática; Segundo, porque llaman a una resistencia armada en las peores condiciones políticas que el proletariado puede tener; Tercero, porque la táctica militar que proponen basada en los lugares de trabajo, en las condiciones actuales, es suicida para los obreros que la llevan a cabo.

Entonces, nada de "viva la heroica resistencia militar del pueblo boliviano", que tal como está planteada es una masacre, que interesa a toda la burguesía, como fue en Argentina, Chile y Uruguay.

Los grupos comunistas, a pesar de que su influencia actual es mínima debido al peso aún enorme sobre las masas de la contrarrevolución, el desconocimiento casi total en el proletariado de su propio programa, de la estrategia y las tácticas comunistas; no pueden permitir que se identifique lucha armada, a lucha revolucionaria.

Por lo tanto llamamos SI a la lucha necesariamente VIOLENTA Y ARMADA del proletariado por su autonomía, contra toda la burguesía apoyamos solidariamente cada acción contra el Capital (sea o no militar), pero decimos claramente que la consigna armamento general e inmediato del proletariado hoy en Bolivia no es una consigna revolucionaria, sino contrarrevolucionaria. VIVAN las acciones de esas minorías, que intentan con un aislamiento grande, enfrentar a los "fascistas" y no quieren saber de nada con los leales opositores antifascistas. Pero nada de ilusiones, la consigna de armamento general e inmediato del proletariado, solo corresponde a la preinsurrección, solo corresponde a los intereses de la revolución, cuando es la coronación de la organización autónoma del proletariado contra el Estado y se puede realizar una ofensiva y de ninguna manera en plena desorganización, recule, masacre y predominancia de la ideología antifascista. Evidentemente que hay que pasar a la ofensiva, pero hay que preparar esas condiciones. Pero lo que no pudimos hacer durante esa crisis política permanente que duró dos años, es imposible hacerlo, cuando la crisis política es resuelta, al menos parcialmente.

Si, sin lugar a dudas esa crisis volverá, por ello hay que preparar una salida distinta desde ahora; para poder transformarla en crisis revolucionaria. Para ello, hoy la tarea central en la lucha contra el Estado y sus dirigentes actuales, es la autonomización del proletariado con respecto a todos los frentes antifascistas que se constituyen, que ya se preparan hoy (Gobiernos en la clandestinidad), para dirigir el Estado mañana. Hoy, la tarea central de los obreros de vanguardia es la constitución de una dirección autónoma de toda fuerza burguesa sobre la base de la afirmación exclusiva de los intereses proletarios, del programa comunista.

¡CONTRA EL FASCISMO Y LAS RESISTENCIAS ANTIFASCISTAS!

¡LUCHAR POR LA AUTONOMÍA DEL PROLETARIADO Y POR SU PROPIA DICTADURA DE CLASE!

¡TRABAJAR DESDE AHORA, EN LA CREACIÓN DE LAS BASES TEÓRICAS Y ORGÁNICAS, DEL PARTIDO COMUNISTA MUNDIAL DEL PROLETARIADO!

Notas:

27 Esto es válido principalmente para los descendientes Incas (Quechuas, Aymaras) y no para los Guaranís, Guacurus, Charotis, Arawaks, etc.

28 En Bolivia no faltan las tendencias maoistas que pretenden hacer dar vuelta para atrás la rueda de la historia y basan su estrategia en "la guerra popular y prolongada del campesinado".

29 Ejemplo reciente, en pleno Banzerismo el proletariado minero boliviano hace una huelga en solidaridad con el proletariado chileno masacrado por Pinochet.

 


CO5.4 Bolivia: Aperturas democrática, plomo y metralla contra un proletariado indomable pero sin direccion revolucionaria