MOVIMIENTO COMUNISTA Y SINDICATOS (TESIS)

Entre los problemas cruciales de la estrategia y de la táctica revolucionaria, la cuestión del asociacionismo obrero continúa figurando, desde la época de Marx, al orden del día de las reflexiones y luchas políticas. Hace 150 años, los comunistas combatían las posiciones que, por indiferentismo (indiferencia erigida en principio) con respecto a la lucha de clases cotidiana, desertaban del frente de asociaciones inmediatas del proletariado (clubs, ligas de oficios, primeros sindicatos) y pretendían que con esto contribuían al derrocamiento del capitalismo. Al mismo tiempo, combatían la sustitución de la lucha de clases contra el Estado burgués por la "lucha" reformista, así como la totalidad de las doctrinas sindicalistas que por esencia, en tanto que ideologías, representan ramificaciones de la ideología capitalista. Substancialmente, la posición comunista no ha cambiado; hoy es la misma que ayer.

Por el contrario, lo que se ha modificado considerablemente son las formas de su aplicación particular, dado que el cuadro social ha sufrido profundos trastornos. Esto es válido en general y específicamente para la llamada "cuestión sindical". Actualmente, el Estado burgués no se limita a tolerar los sindicatos que, hasta mediados del siglo XIX prohibía; cuya existencia era considerada como un ataque a la "seguridad pública", que se esforzaba de quebrar por la represión brutal. Ahora los acepta, los fomenta y aún llega hasta financiarlos. Los burócratas sindicales comparten el trono con patrones y ministros en las comisiones paritarias, los tribunales de trabajo, los consejos centrales de economía, los bancos estatales, etc. Este hecho materializa la elevación de los sindicatos al estatuto de potencia reconocida y asociada a la gestión del orden capitalista.

La ola revolucionaria de los años 20 tuvo que chocar, en todos los países, con los sindicatos (lo mismo pasó en Rusia). Los sindicatos (exceptuando el fenómeno específico de los sindicatos escicionistas) durante los años 14 y 18/21 mostraron abiertamente, en todas partes del mundo, lo que eran en realidad después de muchos años atrás: órganos de la contrarrevolución a los cuales el último toque para su integración final al Estado burgués fue dado durante la primera guerra mundial. En el transcurso de los 60 años que siguieron, no hubo ninguna lucha obrera que no se viese obligada a enfrentar violentamente a los sindicatos y recurrir a la huelga calificada de "salvaje" por los representantes de la civilización (que llamaremos simplemente huelga, dado que las "interrupciones del trabajo" propulsadas por los sindicatos actuales son lo contrario a una lucha obrera y no son huelgas puesto que son planificadas anticipadamente con los patrones). Esta evolución de la situación no es propia a un país o grupo de países, sino que caracteriza a la lucha de clases en todo el mundo: proletarios y sindicatos se levantan mundialmente uno contra el otro.

Considerando estos hechos comunes a todos los combates de clase, la posición comunista no puede consistir en otra cosa que en poner en evidencia que los proletarios no tienen nada que defender al interior de los sindicatos actuales y que las asociaciones obreras no pueden renacer sino afuera de las organizaciones sindicales y contra ellas. Las tésis siguientes son básicas para una organización que se sitúe abiertamente en el terreno del comunismo, ellas resumen la posición de nuestro grupo con respecto a los sindicatos.

TESIS

  1. De acuerdo con la concepción materialista de las relaciones sociales, todas las organizaciones del proletariado (sindicatos, consejos de fábrica, comités de huelgas, soviets, partidos políticos, etc.) se determinan por su práctica en el transcurso de las luchas y los ataques del proletariado contra el Estado capitalista. Es este el criterio de apreciación que los comunistas retienen sobre estas asociaciones. Esta apreciación en ningún caso puede basarse en los nombres o estatutos formales de ellas.

  1. Los sindicatos del siglo XIX que merecían el nombre de "sindicatos de clase" (en oposición a los sindicatos "amarillos" directamente fundados por la burguesía) fueron todos vaciados de su substancia a través de su integración al Estado burgués. La acción corruptora de la democracia los transformó en factores de la acumulación capitalista (su función es la de contener el salario real y el tiempo de trabajo en los limites conformes a las necesidades y posibilidades de la valorización del Capital), en instrumentos represivos y en agencias de la movilización nacional para la guerra imperialista.

  1. Los sindicatos participaron en la centralización de la economía durante el transcurso de las guerras y en los períodos de reconstrucción luego de expansión que subsiguieron; llegaron a enrolar directamente a los proletarios en los ejércitos burgueses, en los frentes de resistencia antifascistas y en los cuerpos de choque anti-proletarios de los "Noskes" de cada país y de cada contrarrevolución. Por lo tanto, se determinaron definitivamente por el partido reaccionario, por el partido del Estado capitalista. La integración de los sindicatos al Estado burgués no es una tendencia reversible, sino un hecho irreversible.

  1. En la medida que los sindicatos se fusionaron con el poder del Estado capitalista integrándolo; la directiva estratégica del comunismo con respecto al Estado burgués es válida también para los sindicatos: destrucción por la fuerza de las armas (como uno de los tantos otros obstáculos existentes en la vía de la revolución proletaria). Esta indicación no tiene un valor contingente y variable, sino un valor imperativo y general. Ella se basa en el postulado esencial del comunismo, que a la dictadura del Capital, opone la dictadura del proletariado fundamentada en la liquidación física de todos los instrumentos de fuerza que se ligan de lejos o de cerca al Estado burgués.

  2. La preparación para la destrucción violenta de los sindicatos pasa exclusivamente por la lucha llevada fuera y contra estos. En ninguna parte y de ninguna manera, los sindicatos defienden los intereses de la clase obrera, ni sobre el plano histórico, ni sobre el inmediato (2 aspectos indisociablemente ligados, de una misma lucha de clases). Es necesario incluso combatirlos en la lucha más elemental dado que las reivindicaciones, los métodos de lucha y las formas de organización que estos proponen entran en contradicción con las necesidades fundamentales de las masas obreras y constituyen mecanismos diversionistas en beneficio de los intereses capitalistas.

  3. Hoy en día, el papel de la propaganda y de la agitación comunista es el de mostrar al proletariado el contenido revolucionario de su revuelta contra la disciplina sindical y de la actitud anti-sindical que tuvieron que adoptar en la lucha. El trabajo comunista debe contribuir a destruir las ilusiones burguesas al interior de los obreros, según las cuales existirían aún sindicatos con una "dirección traidora" susceptible de ser recuperados por el proletariado. La crítica comunista de los actuales sindicatos, es una crítica de contenido antes de ser una crítica de formas. Los sindicatos no son reformistas (es decir burgueses) porque tienen "malos dirigentes" y porque están burocratizados. Por el contrario, poseen una burocracia y buenos dirigentes en relación al contenido que expresan y para su consolidación. El reformismo determina tanto la existencia y la proliferación de burocratas sindicales; como también la de militantes sindicalistas de base, que a cada escalón del aparato constituyen la personificación viviente de una política reformista.

  4. La organización comunista tiene que denunciar no solamente el carácter fútil, sino también el carácter contrarrevolucionario de las formas de "lucha" practicadas y los objetivos planteados por los sindicatos. Negociando contra los trabajadores, con los patrones y el Estado burgués, las condiciones de despido, las medidas económicas y sociales acarreadas por la crisis, el reformismo sindical les pide la manutención de las condiciones económicas inmediatamente anteriores, sobre la forma de reivindicaciones concernientes al "mantenimiento del poder de compra", la "defensa del empleo", las múltiples "garantías económicas y jurídicas" ligadas al ejercicio "normal", es decir capitalista, de la compra y venta de la fuerza de trabajo. Prácticamente, el reformismo sindical ahoga toda acción proletaria que se oponga a la conservación de la "paz social". Opera de esta manera cada vez que se intenta una acción susceptible de unificar a los proletarios por encima de las divisiones en categorías (divisiones sobre las cuales los sindicatos basan toda su fuerza), en un solo combate de clase contra el poder del Estado del Capital; opera así cada vez que una acción pone en peligro al aparato de producción (que la crisis capitalista hace cada vez más vulnerable a las presiones de la clase obrera).

  5. La verdadera lucha proletaria, tenga o no conciencia de ello, tiene como objetivo la conquista de todo el producto del trabajo social, presente y pasado (es decir la totalidad de los medios de producción y de consumo que se presentan hoy en día sobre la forma de Capital), y la abolición del trabajo asalariado. Cuando el proletariado lucha, aún a nivel elemental, combate por obtener una cantidad superior de productos (valores de uso) a través de un esfuerzo menor. Esta lucha, en su proceso de afirmación no tiene en cuenta para nada las capacidades de existencia y de concurrencia de la industria capitalista; por el contrario, ella las niega e implica la ruina de la dinámica económica propia al Capital. Es precisamente por esto que la lucha se encamina hacia el objetivo final, mientras que por el contrario todos los programas de "reformas sociales", de "reivindicaciones socialmente aceptables", se mantienen miserablemente encuadrados en la visión capitalista e igualmente definen las organizaciones que no son más que los guardianes del orden establecido.

  6. El reformismo pretende hacer creer a la clase obrera que perderá todo con la ruina de la economía capitalista, que puede ganar migajas a pesar de la perpetuación del sistema de esclavitud asalariada. Esta perspectiva es utópica y reaccionaria. Utópica, porque con la crisis desaparecen todas las posibilidades de otorgar o preservar durablemente estas famosas migajas que tanto alaban los reformistas burgueses. Reaccionaria, porque se pretende que el proletariado emplee todas sus fuerzas y sus energías para remodelar la explotación y no para su destrucción. Siempre reaccionaria, porque en el momento decisivo de la crisis revolucionaria, la burguesía sacrificará sus intereses inmediatos y otorgará verdaderas concesiones que serían suicidas a corto plazo si no servirían para desmovilizar al proletariado para así aplastarlo sangrientamente. Indudablemente la corriente más extrema del reformismo llegará a las barandillas del Estado para así poder llevar hasta sus últimas consecuencias su función contrarrevolucionaria. Si triunfase esta táctica desesperada de la burguesía (ver Alemania 1918-19) y si el fracaso obrero fuese consumado, las concesiones desaparecerán con la misma rapidez con que fueron otorgadas y la acumulación capitalista volverá a tomar provisoriamente un curso ascendente.

  7. La organización comunista tiene que poner en evidencia que la crisis catastrófica del capitalismo no disocia el interés inmediato de la clase obrera del de la revolución social. Tiene que indicar los objetivos y los métodos de acción que demuestren el antagonismo irreconciliable de intereses entre la burguesía y el proletariado. Por ello, los comunistas rechazan categóricamente toda formulación que reivindique la mantención o la defensa del salario y del empleo, banderas que implican presuposiciones conservadoras y difunden una ideología reaccionaria al interior de la clase obrera. Esta solo puede situarse en el camino que la conduce a su victoria revolucionaria cuando ataca en sus raíces al mecanismo que engendra la formación de la plusvalía, cuando sus reivindicaciones por un mejoramiento del nivel de existencia atacan la tasa de explotación, la tasa de plusvalía. Lo importante para los marxistas es la apreciación de los contrastes que maduran en las relaciones sociales y la lucha para agudizarlos pues, sobre esta vía, la clase obrera adquiere la conciencia y la organización de su fuerza, disloca la estructura de dominación y explotación capitalista.

  8. La organización comunista jamás deberá adoptar ningún "programa mínimo", inevitablemente reformista que implicaría en particular su presencia en los sindicatos. Debe mostrar que no se puede reconquistar los sindicatos. Su tarea es la de preparar al proletariado para que siga, sin hesitar su propia tendencia histórica: la tendencia a dotarse de una dirección política sobre el plano del programa y de la organización (el partido), la tendencia a pelear en una lucha armada internacionalista para la liquidación de todos los órganos del Estado capitalista y la instauración de su dictadura mundial de clase, dictadura que reposará sobre sus organizaciones revolucionarias y que será dirigida por el organo-partido, que el proletariado se habrá dotado antes y durante la batalla decisiva retomando así la linea histórica de su programa comunista.

  9. La concepción de la preparación revolucionaria está contenida, sin ningún equívoco, en la constatación materialista según la cual el proceso revolucionario está basado en la constitución del proletariado en clase y por lo tanto en partido, y de ninguna manera está sometido a premisas democráticas que exigen que el partido sea seguido por una mayoría numérica de obreros individuales. La reivindicación sindicalera de la conquista del sindicato equivale hoy en día, en el "mejor" de los casos, a una visión democrática del proceso revolucionario y en el más general a una propaganda burguesa para mantener a los obreros prisioneros en estos órganos contrarrevolucionarios.

  1. Todas las teorías que justifican el entrismo sindical, a diferentes niveles (reconquista integral, parcial, destrucción desde adentro) tienen por característica común y negativa la de revalorizar la imagen de los sindicatos ante la clase obrera, desorientando tanto a su vanguardia como a su retaguardia (comprendido el grupo que practica el entrismo). La aplicación práctica de estas ideologías hace imposible una propaganda y una agitación clara contra estos agentes de la burguesía en los rangos proletarios. Ella impide el trabajo de organización de las verdaderas tendencias hacia la asociación obrera que no cubren ni total, ni parcialmente las formas sindicales actuales. Finalmente ellas comprometen la naturaleza revolucionaria de las organizaciones que recurrieron a dicha práctica.

  2. El problema fundamental de una alternativa obrera frente a los sindicatos, no es una cuestión de formas de organización. En primer lugar porque el remplazar una forma sindical por otra distinta ("consejo obrero" por ejemplo) no implica necesariamente la ruptura con el reformismo y puede incluso constituir una de sus formas extremas. En segundo lugar, porque ninguna forma de lucha particular que surge en el transcurso del movimiento de clase posee "en si" las condiciones para su expansión. Estas deben buscarse en su contenido, es decir en la dinámica de ruptura efectiva con el Capital. Una forma cualquiera puede por ejemplo surgir como producto muerto al nacer que no pudo escapar al control completo del capitalismo (cf. la mayoría de los consejos de obreros y soldados en Alemania del 18). Por otro lado, un comité de huelga, combativo en los inicios de la lucha, puede transformarse un mes después, en un freno de esa misma lucha. En tercer lugar, porque el renacimiento del asociacionismo obrero no puede ser comprendido, de antemano, a nivel de las formas que el tomará y de los modos de organización que tenderá a dotarse. Únicamente se puede tener una comprensión clara del proceso que engendra estas formas y modos. Una perspectiva de agresividad creciente del proletariado contra el Capital, procediendo por saltos y rupturas como siempre sucedió en el pasado, tiene que contener inevitablemente las combinaciones más variadas en el surgimiento, modificación, disolución y recomposición de las asociaciones obreras.

  3. Sin prejuzgar sobre la forma de las futuras organizaciones proletarias (sin pretender de antemano y fuera de la vida real que las formas "sindicatos de clase", "uniones", "consejos", "comunas", "soviets" agotaron completamente su ciclo histórico y que no resurgirán jamás como expresión del movimiento proletario), la lucha por el renacimiento del asociacionismo obrero se expresa hoy en el trabajo en los "comités de huelga", las "coordinadoras", los "núcleos obreros", las "comisiones de fábrica y de barrio", los "cordones industriales", las "asambleas clasistas", las "coordinaciones de trabajadores en lucha", etc.; que constituyen las expresiones inmediatas de la vida del proletariado.

  1. En el transcurso de estos últimos años, estos órganos de lucha tomaron frecuentemente un carácter local y limitado en el tiempo. Este es uno de los efectos de la contrarrevolución, cuyo lento agotamiento limita, por el momento, la acción proletaria a explosiones breves y esporádicas. Sin embargo, estos órganos de lucha (que aparecieron con una fuerza variable en casi todos los países) tendieron a desarrollar formas que, en su dirección, pueden ser puestos en paralelo con los sindicatos escicionistas, los consejos de fábrica y las uniones revolucionarias de los años 20.

  1. Estas últimas y variadas formas de lucha ponen en evidencia que las viejas debilidades derivadas del localismo y del federalismo se reproducen fácilmente. La centralización y la organización de la acción son problemas tan vigentes hoy como ayer. La preparación de la necesaria coordinación de fuerzas es una tarea que forma parte de la agitación y del trabajo político general de preparación a cargo de la organización comunista.

  1. Como la revolución no es un problema de formas de organización, el contenido del movimiento proletario constituye el criterio de intervención y de trabajo. Los comunistas trabajan únicamente en los movimientos de los proletarios en lucha. Dado que los elementos ganados a los objetivos y a los métodos de lucha del comunismo desertarán las organizaciones burguesas, esta evolución se dará por la experiencia práctica en los combates de clase y no por iluminación súbita de "conciencias individuales", los comunistas tienen como directiva general el no trabajar en los órganos del Estado burgués. Esto es igualmente válido en lo que respecta a las organizaciones cuya diferencia con los sindicatos consistiese únicamente en una mayor radicalidad en las palabras y en la práctica de un reformismo "duro": ellas están del lado del Capital y deben ser tratadas como órganos estatales y políticos de la contrarrevolución (tomemos un ejemplo: la KAPD llama en 1920 al boicot y a la destrucción de los "consejos legales" en Alemania).

  1. La organización comunista debe combatir como ideología burguesa, las doctrinas (ordinovistas, mao-espontaneistas, etc.) que llaman a reemplazar los sindicatos por "consejos obreros" o "comités populares" y que atribuyen a estas "nuevas formas" el mismo contenido reformista, anti-fascista, nacionalista de los antiguos sindicatos. De la misma manera, debe combatir el "anti-sindicalismo" moral y platónico que, al mismo tiempo que llama a abandonar los sindicatos, invita a los núcleos de vanguardia a abstenerse del trabajo de organización de la lucha elemental cayendo así en el fetichismo de los criterios numéricos, asamblearios, en los aspectos formales de delegación y revocabilidad, en una palabra en el cretinismo democrático.

 


CO5.2 Movimiento comunista y sindicatos.