POLONIA: LOS OBREROS CONTRA EL ESTADO CAPITALISTA

¡Gdansk!, ¡Gdynia!, ¡Varsovia!, ¡Lublin!... ¡Son de nuevo otros tantos bastiones a la vanguardia de la lucha internacional del proletariado. 1956, 1970-71, 1976, 1980, desde hace más de veinte años, las huelgas, las insurrecciones armadas de los obreros polacos acompasan el colapso del capitalismo en el mundo entero!

Un poco de historia

Así sea en 1970-71, en 1976 o en 1980, la causa de las rebeliones obreras se encuentra siempre en el alza brutal de precios impuesta por las dificultades de acumulación del Capital en Polonia.

En el movimiento más importante, en 1970-71, el anuncio de un "Reajuste de precios" que implicaba alzas hasta de un 30% sobre los alimentos fue el detonador de una verdadera insurrección en la región de Gdansk-Gdynia.1 A los gritos de "¡Queremos pan!","¡La prensa miente!", se organizan rápidamente manifestaciones que se enfrentan directamente a las fuerzas del orden capitalista. Los obreros se arman de piedras, tuercas, barras, cadenas, tubos... e intentan alcanzar la sede del partido "obrero".

"Una lluvia de piedras rompe las vidrieras. En dos oportunidades algunos jóvenes tratan de prenderle fuego (...) Las unidades de la milicia y la armada entran en acción" (...) "Los combates en las calles continúan durante toda la noche. (...)". Los obreros, guiados por su instinto de clase tratan de procurarse armas y material: los almacenes de alimentos son asaltados en busca de botellas y de alcohol para los cócteles Molotov. "Se precipitaban sobre todos los productos de consumo expuestos en los almacenes. Fue así como algunos jóvenes se ponían varios abrigos, unos sobre otros, mientras que otros cargados de pilas de camisas se apresuraban a colocarlas en sitio seguro (...)" Luego fue sitiada la sede de la milicia para apoderarse del depósito de armas con el objetivo explícito de atacar la prisión. Se oyeron gritos de "¡Liberar a los presos!" La milicia tira; los obreros responden lanzando camiones "locos" sobre los militares. La gente ocupa las calles, el comité regional arde, así como varias comisarías; ¡los obreros son dueños de Gdansk!

La reacción del Estado no se hace esperar, ayudado por las fuerzas armadas soviéticas, el ejército polaco interviene, es la masacre: centenares de muertos, miles de heridos y millares de arrestos. Para la burguesía polaca "La lección de 1970 no se olvidará. Así tome tiempo preferimos asegurarnos que nuestra política será comprendida por la mayoría de la población... Preparados así, los polacos estarán prestos a aceptar el nuevo sistema de precios" (Krzak, vice-ministro de finanzas).

De hecho, después de haber masacrado los obreros de los puertos del Báltico, el gobierno "otorga" aumentos salariales y anula las alzas de precios. Así, luego de aplastar físicamente al movimiento, la burguesía hace algunas concesiones económicas (que sabe que posteriormente podrá recuperar).

Pero en contra de lo que afirma la burguesía ("no haber olvidado las lecciones de 1970") en 1976 se declaran nuevas huelgas en Ursus y en Radom (130 kms. al sur de Varsovia) en respuesta a nuevos aumentos en los precios de los alimentos: "... El resultado de las informaciones que proclamaban el alza en el precio de los alimentos fue la decisión de los trabajadores de todas las fábricas de declarar la huelga general el viernes 25 de Junio. A la cabeza del movimiento se encontraban los obreros de la fábrica de armas y municiones General Walter... los obreros marchaban en filas de ocho agitando banderas rojas y cantando la Internacional. Primero fueron a la armería de la fábrica para equiparse de fusiles y metralletas pero el depósito estaba vacío: Aparentemente las armas habían sido prudentemente retiradas durante la noche... Los manifestantes marcharon hacia la sede del comité distrital del partido... Un obrero en overol de mecánico preguntó al secretario del partido ¿cuánto le había costado su elegante vestido? Al no recibir respuesta, salieron gritos de la multitud "¡Desnudo!" Fue una avalancha terrible... en un segundo Adamczuk sé vio sin chaqueta, sin camisa, sin pantalón... y debió huir hacia el edificio del partido bajo una granizada de piedras y torrentes de insultos.

Poco después, los manifestantes tumbaron la puerta de entrada con un tractor e invadieron el edificio. Al encontrarse con jamones de exportación y artículos de lujo se pusieron aún más furiosos. Los muebles, los documentos, los tapetes fueron arrojados por las ventanas, rociados de gasolina y quemados entre gritos de "¡Abajo el partido de traidores!" Las tarjetas de identidad del partido fueron echadas a las llamas. Los vehículos pertenecientes a los jefes del partido fueron quemados... Después el edificio mismo fue incendiado".2

Para las "autoridades" se trata de mujeres histéricas y de hampones en estado de ebriedad, a quienes hacen frente, como en 1970-71, con la represión abierta: muertos, heridos, prisioneros en campos de trabajo...

Según se desprende de este breve resumen, la característica fundamental de estos movimientos, es ciertamente su aspecto directamente insurreccional, que materializa su contenido proletario a pesar de ser limitado en el tiempo y el espacio.

De hecho, el contenido obrero se manifiesta inmediatamente por el enfrentamiento violento y frontal contra el Estado burgués y su mejor representante, el partido "obrero" - P.O.U.P.

Por su brevedad misma, frente a la salvaje reacción de la contrarrevolución, el movimiento no pudo ser contaminado en ese instante con ilusiones religiosas o democráticas. Frente al pretendido "estado socialista" que genera el hambre y la masacre, los obreros izaron el pabellón de la revuelta y tomaron las armas.

No hay mejor expresión del antagonismo fundamental de la sociedad capitalista: el proletariado contra la burguesía.

Hoy: el desencadenamiento

A principios de julio se desencadena el movimiento, en reacción -como las veces anteriores- contra las alzas de precio de la carne (de 15 a 20%) y contra la aceleración en las cadencias de trabajo. El 18 y 19 de julio el movimiento paraliza completamente la ciudad de Lublin (en la cuenca siderúrgica y metalúrgica distante de unos 120 km. de Varsovia). "Los ferrocarriles fueron paralizados, el servicio de autobuses perturbado, el reparto de leche interrumpido, el ejército se hizo cargo de la distribución de pan y hubo paros en las empresas de construcción y en los servicios de repartición de agua... ha habido locomotoras abandonadas en la vía y la venta de billetes fue interrumpida..." (comentaba la prensa el 19/7/80).

El 29 y 30 de julio unos 2000 estibadores del puerto de Gdynia pararon el trabajo y fueron seguidos el 31 por los obreros de tres talleres mecánicos.

En todas partes las reivindicaciones son las mismas: aumento de salarios para compensar el alza en el costo de vida (principalmente el alza en el precio de la carne) y disminución de las cadencias de trabajo. Es sobre estas bases que la huelga se generaliza al conjunto de los centros industriales del país, desde los portuarios y metalúrgicos del Báltico hasta los basureros y transportadores municipales de Varsovia, de los ferroviarios de Lublin a los obreros de las turbinas eléctricas de Wroclaw... por todas partes se desencadenan huelgas espontáneas.

No hay socialismo sin abolición del trabajo asalariado

Una vez más los "agitadores", los "bandidos", los "fomentadores", los "hampones", los "anarquistas"... es decir los obreros en revuelta han demostrado con la práctica el carácter exclusivamente capitalista de la dominación de clase en Polonia, así como en todos los pretendidos países "socialistas". Su lucha aniquila todos los mitos stalinistas sobre la eliminación para siempre de las crisis, del desempleo, de la inflación, etc, en los denominados "países socialistas", así como sobre la inexistencia de las clases: de una clase burguesa y de una clase explotada por el sistema salarial, el proletariado.

Todas estas categorías que hoy no pueden camuflarse no son, en efecto, sino las características históricas de un único modo de producción: el capitalismo.

Como lo ha demostrado el marxismo revolucionario desde hace más de un siglo, la existencia misma de una clase obrera, de una clase que debe vender día a día su fuerza de trabajo a cambio de un salario, implica la existencia del capitalismo: "El salario es consecuencia directa del trabajo alienado y el trabajo alienado es la causa directa de la propiedad privada. En consecuencia la desaparición de uno de estos términos implica también la del otro". (K. Marx Manuscrítos de 1844). "El Capital supone el trabajo asalariado, el trabajo asalariado supone el Capital. Los dos son condición uno del otro. Se crean mutuamente". (K. Marx Trabajo asalariado y Capital 1847)

Es por esto que nuestro comunismo implica la abolición del asalariado, la destrucción de la ley del valor, la eliminación total del carácter mercantil de los productos. El comunismo no tiene nada que ver con el capitalismo de Rusia, de China o de cualquier otra parte, pintado de rojo para esconder a los ojos crédulos la infame explotación del hombre por el hombre, la esclavitud asalariada, la existencia del dinero. "Hemos demostrado la tesis incontestable según la cual allí donde hay dinero no hay ni socialismo ni comunismo" (A. Bordiga Tablas inmuables de la théorie communiste de partí, 1959).

La Generalización

Desde el comienzo del movimiento en los primeros días de julio la burguesía polaca, que recuerda aterrorizada las huelgas e insurrecciones pasadas, intenta todo tipo de maniobras para atenuar la tensión social. Así, las autoridades otorgan aumentos salariales del 20 al 30%, tratando con ello de amortiguar el movimiento por medio de rápidas concesiones. Pero la precipitación con que se "otorgan" los aumentos salariales no hace sino contribuir a la generalización de la ola de huelgas. "Cada vez que los obreros expresan con algún vigor su descontento, las empresas son, en efecto, autorizadas a ceder a las reivindicaciones salariales, y la agitación crece como reguero de pólvora" (Le Monde 26/7/80).

Para la burguesía, esta solución no lo es tanto, pues como acabamos de verlo, las concesiones hechas no impiden el desarrollo de nuevas luchas. Además, la burguesía polaca, como sus acólitos en el mundo entero, no tiene una verdadera autonomía decisional, está obligada a efectuar la política del Capital en crisis: intentar recrear las condiciones de valorización. Hay una sola forma de intentar ésto: aumentar la tasa de explotación, tomar medidas de austeridad, medidas anti-obreras. "El poder se ve obligado, para sanear la economía, a imponer la austeridad. Acaba de darse cuenta que no podía dar ni siquiera un primer paso limitado en esta dirección sin enfrentarse a la más viva resistencia obrera". (reconocen sus pares: Le Monde 26/7/80)

Los aumentos rápidamente contrarrestados por la inflación tampoco resuelven para los obreros la carencia de mercancías en almacenes y fábricas, las interminables filas de espera, el alza en el costo de la vida, la desocupación disfrazada... Es así, como, después de un ligero período de calma, el movimiento de huelgas reaparece en toda Polonia aún con más vigor y amplitud. "Después del estallido de la huelga el jueves entre los 17000 obreros de los astilleros de Gdansk, todo el sector de construcción naval se ve afectado en Polonia: paros de trabajo en "Elmor" (instalaciones eléctricas), "Klimo" (climatización), "Techmet" (instalaciones diversas) y "Opakomet" (empaques metálicos). Hay movimiento huelguístico también en una fábrica de instalaciones industriales en Wroclaw, en los transportes públicos de Varsovia, en las fábricas "Sandra" y "Stomil" de Alexandrow, en la región de Lodz (textil). En Gdansk, que se ve paralizada por la huelga en los transportes públicos, las amas de casa hacen provisiones y los lacónicos huelguistas no responden sino una cosa "AGUANTAREMOS"” (Liberación 16/8/80).

El domingo 17 de agosto se supo que en la región de los puertos del Báltico, 17 comités de huelga se habían centralizado en un COMITÉ INTER-EMPRESARIAL y que piquetes armados artesanalmente bloqueaban casi todas las fábricas importantes. Las autoridades, a pesar de "haber guardado la calma", no dejaron de cortar las comunicaciones de la ciudad de Gdansk, aislando así el bastión más duro históricamente. Igualmente circularon alarmantes rumores sobre la llegada a Gdansk de los alumnos de la escuela de policía de Slupsk, que habían realizado la masacre de la revuelta de 1970... Si la "zanahoria" de las reformas no basta, ahí esta siempre el "garrote" de la represión abierta...

El martes 19 de agosto hay ya 88 empresas de la región de Gdansk, Gdynia y Sopot coordinadas en el COMITÉ INTER-EMPRESARIAL. Las huelgas se extienden a las regiones de Elblag, Malbork, Szcecin (centro de la insurrección de 1970) y Tarnow. A fines de Agosto el "M.K.S." (comité inter-empresarial) centraliza más de 300 empresas.

Gierek mismo tuvo que intervenir en el conflicto según la vieja táctica burguesa para separar el "buen grano de la mala hierba", los "trabajadores honestos" de los "incitadores a la anarquía, al antisocialismo". Las promesas del régimen llueven, pero como lo hicieron notar inmediatamente los obreros : "Ya oímos las mismas promesas después del movimiento de 1970". Gierek no logró desarticular el movimiento con sus discursos. Esto es cierto a tal punto que Gierek se ve obligado a despedir a su "incompetente" primer ministro y a enviar al viceprimer ministro Jagielski para que negocie en Gdansk, en el taller "Lenin", frente al conjunto de obreros.

Además del restablecimiento de los "derechos" de todos los despedidos después de las huelgas de 1970 y 1976, la erección de un monumento a las víctimas de la represión de 1970 y la liberación de todos los presos políticos, los obreros exigen entre otras cosas, "el reconocimiento de los sindicatos libres independientes del partido y de los empleadores", un "aumento de los salarios de base de 2000 slotys por mes (que para las categorías peor pagadas de los obreros significaría un aumento del 60%), el "pago a todos los huelguistas", la creación de una "escala móvil de salarios", "la supresión de los privilegios de la policía, de la seguridad y del aparato del partido". Igualmente exigen "la prolongación del período de licencia por maternidad a tres años", "la reducción del período necesario para jubilarse a 35 años de trabajo", el "aumento de los pagos para gastos de transporte de 40 a 100 slotys" y el "aumento de las primas para desplazamientos. En total el comite inter-empresarial de Gdansk adopta una resolución que contiene 21 puntos de exigencias, entre los cuales se encuentra la difusión por la prensa hablada y escrita de la información sobre la creación del comite inter-empresarial de huelga, y la publicación de sus reivindicaciones. Esta resolución es aprobada por aclamación en la asamblea de huelguistas y se constituye desde entonces en lo que se considerará carta del movimiento.

Pero a medida que el movimiento se desarrolla y se extiende, tanto geográfica como numéricamente, las desviaciones que conlleva igualmente se vuelven más y más importantes. Es en este sentido que se puede analizar la importancia creciente que adquieren las reivindicaciones "políticas" o "religiosas" (que la burguesía puede acordar fácilmente, reformándose democráticamente). Estas reivindicaciones muestran bien el carácter contradictorio, impregnado aún de ilusiones democráticas propio de este tipo de movimiento.

El comité de huelga, el MKS y las reivindicaciones aprobadas por este, constituyen las expresiones más acabadas de esta contradicción interna al movimiento, que lo limita en su perspectiva. El proletariado lleva aún consigo toda la mierda burguesa, reivindicaciones esencialmente proletarias (como la exigencia de la "disolución del Consejo Central de sindicatos" a principios de agosto) se transforman en reivindicaciones ambiguas tales como "la creación de sindicatos libres independientes del partido y de los empleadores". En efecto, en esta reivindicación se reflejan dos cosas totalmente distintas:

Además de estas reivindicaciones ambiguas, coexisten en el movimiento reivindicaciones abiertamente reaccionarias como las de quienes piden la "libertad de religión" (no recogida en los 21 puntos), o proponen medidas cogestionistas para la salvación de la economía nacional. La "carta" del MKS refleja enormes ilusiones al respecto, por ejemplo sobre la posibilidad de salir de la crisis: punto 6: "lanzamiento de acciones reales que tengan por objetivo el sacar al país de la situación de crisis".

Pero la ambigüedad de conjunto existente en las reivindicaciones, es solo un pistón que no funcionó adecuadamente en un movimiento cuyo motor son las necesidades reales de la clase obrera. La fuerza del mismo se expresa en la generalización de la lucha y en la comprensión de la importancia decisiva de esta generalización. Magnífico ejemplo (tomado a la vez de las luchas obreras en Irán) el utilizar el cassette para hacer conocer cada discusión en los 4 rincones del país, el haber impuesto como pre-requisito para toda negociación el reestablecimiento de las lineas telefónicas cortadas o la lectura de las reivindicaciones por la radio, logrando difundir así por primera vez informaciones no oficiales sobre la lucha.3

Sin embargo, cuando la única región que no había sido tocada por la huelga (la Silesia, centro de la revuelta de 1956) se suma al movimiento en Gdansk-Szczecin, el MKS negocia el retorno al trabajo en base a numerosas concesiones de la burguesía, y Walesa (que es presentado cada vez con más insistencia por la burguesía como el líder de las huelgas) puede declarar: "No hemos obtenido todo lo que deseábamos, pero hemos obtenido todo lo que era posible en la situación actual. El resto lo obtendremos a continuación, pues ahora tenemos lo esencial, el derecho de huelga y los sindicatos independientes" (Liberación 1/9/80). ¿Cuánta mentira ilusoria? ¡El derecho de huelga! Cuando los obreros impusieron en la práctica, por la fuerza, la huelga sin preaviso, la huelga verdadera e ilimitada, la huelga de clase lo hicieron sin tener ningún derecho de huelga... ahora tienen el derecho de hacer "huelgas" limitadas con preaviso... a la imagen de los paros de trabajo, las "huelgas" huecas, que en otros países no son más que la sepultura de las luchas reales. Igualmente, se presenta como victoria la posibilidad de tener "sindicatos independientes" después de que los obreros con su propia fuerza hablan construido el comite inter-empresarial, organización de clase que hizo frente a la burguesía; ahora tienen el derecho de reunirse respetando la constitución burguesa, la legalidad, y convertirse rápidamente en todo lo que conocemos en el mundo entero; CGT, UGT, CNT... y tanto otros sindicatos burgueses que actúan en contra de la lucha obrera.

El retorno al trabajo en Gdansk-Szczecin no significa de ninguna manera el fin del movimiento, una minoría más consciente de sus intereses de clase representada al menos por la tercera parte de los delegados obreros reunidos marcó su desacuerdo con las condiciones ofrecidas por la burguesía para volver al trabajo. Mientras esto sucede al interior del proletariado, la burguesía del mundo entero que desde un principio apoyó no al movimiento (como quiso hacernos creer) sino a su recuperación democrática en el Estado polaco, tiene un instante para suspirar aliviada... esmerándose en resaltar en el movimiento "el carácter razonable, serio, respetuoso de la economía nacional"... cree así exorcizar su siniestro porvenir, cree o más bien quiere creer que lo más grave pasó.

Para todos los burgueses el peligro, más que nunca, es que el movimiento escape al control de sus "responsables" y "degenere" en la violencia y la insurrección. Hoy es claro que la combatividad ejemplar de que dieron prueba los huelguistas se manifiesta por el carácter cada vez más masivo de la lucha, mientras que el movimiento de 1970-71 y el de 1976 se caracterizaban principalmente por su aspecto directamente insurreccional, por el ataque frontal contra el Estado (como por ejemplo la toma de las sedes del partido "obrero" en 1970 en Szczecin y en 1976 en Radom). Esta diferencia halla su razón principal en la actitud del Estado, que a diferencia de lo que hizo en el pasado, reaccionó inmediatamente en busca de la conciliación y el compromiso y sin producir aún la represión abierta. Pero ¿hasta cuándo podrá temporizar la burguesía cuando las causas que provocaron el movimiento no han hecho más que empeorarse y el movimiento obrero guarda toda su fuerza combativa y una minoría integralmente desconfiada del "triunfo"?

Las últimas posibilidades de salvar el capitalismo en Polonia

Frente a las tentativas de organizar y generalizar el movimiento (especialmente debido a la exigencia de publicar las reivindicaciones de los huelguistas en la prensa hablada y escrita), la burguesía jugó la carta de la democratización, del reconocimiento de "frustraciones reales". "Tribuna ludu", órgano del partido "obrero" unificado reconoce la existencia de "frustraciones reales" pero estima que "los paros no ayudan a remediar esta situación"(i!).

A la cuestión que angustiosamente se plantea la burguesía de "como salir del atolladero", responde su ala democrática diciendo que se debería "adoptar sin tardanza la iniciativa de efectuar profundas reformas de las estructuras que permitirían crear el clima de confianza indispensable para la movilización de las energías y la aceptación de los sacrificios" (M. Ralcovski, miembro del comité central del POUP).

Claramente, se trata de reformar sin tardanza la dictadura del Capital en el sentido de reforzarla democráticamente; de intercambiar algunas reformas (como el "derecho" de celebrar la misa por televisión), algunos aranceles liberales, contra la realidad del endurecimiento de la explotación capitalista. ¡Camuflar el puño de hierro de su dictadura dentro del guante de terciopelo de la democracia!

Siguiendo la misma tendencia reformante, J. Lukaszewicz, también miembro del comite central del POUP "reconoció que los sindicatos oficiales y los comités de autogestión obrera habían faltado en algunos casos a su deber de representar los intereses auténticos de los trabajadores". Igualmente, el preconizó "nuevas formas" de acción sindical y se pronunció en favor de la incorporación dentro de los comités de empresa de representantes de los "comités de huelga" elegidos por los huelguistas con ocasión de los paros" (Liberation 14/8/80)

¿Puede una maniobra ser más clara? Una vez más, después de los sindicatos, de los soviets, de las comisiones obreras, la burguesía vuelve a su vieja y eficaz táctica: reconocer, legalizar, integrar... vaciar de todo su contenido los órganos de la lucha proletaria, para hacer de ellos simples reguladores de la explotación capitalista, simples órganos de gestión.

Evidentemente, los "disidentes" sean o no del KOR (comité de autodefensa social) saben a la maravilla soplar en la misma trompeta burguesa. A fuerza de oficios religiosos, de grandes discursos sobre "los derechos del hombre", sobre "la libertad", la "independencia", etc., al son del himno nacional no hacen más que tratar de desnaturalizar el movimiento obrero, de desviarlo hacia la vía reformista y nacionalista.

Estos "disidentes" no son, en efecto, más que una de las expresiones de la necesidad de la burguesía de atemperar, de integrar al arsenal represivo del estado las mistificaciones religiosas e incluso parlamentarias o electorales. No son sino el complemento liberal del mito de los "países socialistas".

Evidentemente, no es por azar que el famoso KOR-KSS mantiene el monopolio (¡y casi la propiedad!) de las informaciones periodísticas relativas al movimiento de huelga desde su comienzo, reforzando con sus interpretaciones las tendencias chovinistas, conciliadoras y legalistas que todo movimiento de clase en un contexto semejante, acarrea inevitablemente.

El KOR declara sin rodeos, "actuar en un cuadro legal y no clandestino... por el respeto de los derechos de los trabajadores defendidos por la constitución polaca" y esto en la perspectiva de "mejorar la situación económica del país por medio de reformas hechas paso a paso" y todo esto por "la independencia nacional y la democracia”. Declara además (declaración del 2/7/80 aparecida en INPRECOR) “que la forma más eficaz de lucha obrera en interés de los trabajadores y de toda la sociedad y sobre todo la menos peligrosa para la nación es la auto-organización en el seno de las empresas, la elección democrática de representantes obreros independientes para que presenten en nombre de todos los trabajadores las reivindicaciones, lleven a cabo las negociaciones con las autoridades y dirijan la acción obrera de manera responsable pero resuelta" (nuestro el subrayado). ¡Que límpidas tentativas para sabotear un movimiento, para limitarlo dentro del cuadro legal, dentro del cuadro corporatista de la fábrica y ello para el bien no de los obreros sino de la nación! ¿Quién entre los burgueses de todo el mundo no aplaudiría tal discurso, lleno de esta responsabilidad hedionda que todos los gobiernos prefieren a la "irresponsabilidad" de la revolución proletaria, al "infantilismo" de la violencia obrera, que fueron ejemplares para los obreros durante los motines de 1970 y de 1976 ?

Otra arma de siempre de la burguesía, utilizada masivamente en el movimiento polaco es la ponzoña religiosa. Desde hace más de 1500 años, la iglesia católica (y las otras tienen evidentemente la misma función y la misma historia llena de asesinatos) ha masacrado, ha torturado, ha estado siempre del lado de los explotadores contra los explotados; ha predicado la "paz" de los cementerios y la resignación; ha sido siempre como aliada del poder una fuerza contrarrevolucionaria. Y hoy, más que nunca, las dictaduras más feroces se aparejan muy bien con las iglesias. Para "endulzar" la siniestra realidad de la supervivencia en la tierra aún en los "paraísos socialistas" no hay nada como los espejismos y las promesas de una vida en un más allá maravilloso. Siguiendo a Stalin, que hizo reabrir las iglesias, los dirigentes polacos han comprendido que no les costaría mayor cosa liberalizar el opio religioso. Para ellos, más vale rezar que hacer huelgas, más vale esperar platónicamente que transformar el mundo. Toda la burguesía eclesiástica polaca, incluyendo al primado de Polonia y al mismo Papa, se precipitó a llamar a la calma y a la conciliación (de clases).

En ello no podemos tener ninguna duda, todas las religiones (incluyendo evidentemente todos los misticismos como la francmasonería, el islamismo, el budismo, etc.) serán barridos por el proletariado victorioso junto con la liquidación de las miserias físicas y materiales que las producen.

Se puede simbolizar las dos principales armas usadas por la burguesía polaca por medio de una bandera patriótica y un crucifijo: el veneno nacionalista y el religioso. Estos son ya los emblemas de los "sindicatos independientes" según Lech Walesa, quien cada vez aparece más claramente como carroña demócrata.

Pero si las reformas y los llamados a la calma no bastan, el estado está listo a "completar" la democratización por medio de las masacres, los encarcelamientos, los campos de trabajo... Aparte de lo cual, dispone todavía de un arma: el chantaje de la intervención del Estado soviético, el más gigantesco gendarme imperialista de esa mitad del globo siempre dispuesto a restaurar el orden burgués contrarrevolucionario. En efecto, el primer ministro Babuch ha hecho alusiones en su discurso radio-televisado a "nuestros fieles amigos que podrían mostrarse inquietos" y a "los amigos seguros que se preocupan de nuestras dificultades". Amenazas apenas veladas pero dirigidas a una clase obrera movilizada que en el pasado ha demostrado su voluntad combativa. Es claro que, si bien se utiliza ampliamente el chantaje de la invasión, ésta no se producirá sino en última instancia, en caso de que las cartas democráticas no logren represar las luchas obreras.

En efecto, todos los movimientos del pasado han sido liquidados por medio de la reforma y la represión policial, como en 1970 cuando se reemplazó a Gromulka que resultaba demasiado arcaicamente estalinista por el liberal Gierek, y se acompañó este reemplazo de algunas promesas de aumento salarial. Ahora, en 1980, se ve que los viejos métodos estalinistas, que seguían de hecho aplicando, fallaron y se cambia a Gierek, que resultó incapaz de reprimir el movimiento, por un nuevo reformador llamado Kania... los hombres cambian pero se asegura lo esencial: la continuidad del régimen capitalista.

La necesidad de reformar y de posponer la intervención es aún más importante por cuanto la repercusión de una invasión militar soviética, la chispa que prenda fuego al polvorín, arrastrando a varios países al brasero incandescente de la insurrección proletaria. No olvidemos que casi en el mismo instante (mayo 1980) se produjeron importantes huelgas en las fábricas de automóviles más grandes de la Unión Soviética, en Togliattigrado y en Gorski.

Las reacciones de la burguesía mundial

Lo que nos llama la atención a primera vista son las reacciones unánimes de la burguesía desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, desde Moscú hasta Washington, pasando por Bonn y Pekín, desde el Papa hasta Marchais. Toda esta gente aplaude, saluda la lucha "razonable" que no ha cedido a la provocación, la lucha "nacionalista" y "democrática", que respeta de hecho el marco del orden burgués mundial. Toda la prensa, incluida la estalinista, saluda al movimiento obrero, no en cuanto hay de proletario en él, sino en cuanta alteración burguesa-nacionalista (anti rusa), reformista y democrática conlleva. Este afán así como la desproporcionada publicidad hecha a los disidentes", presentados más y más como la dirección "espiritual" de las huelgas, se acomodan perfectamente a las campañas ideológicas desatadas por la burguesía mundial, contra el fascismo, contra el racismo, por el boicot a los Juegos Olímpicos, por los derechos del hombre, etc. Campañas todas que tienen como objeto preparar ideológicamente (ideología que es claramente una fuerza material) para la guerra imperialista.

Así como esta burguesía mundial ha aplaudido el legalismo de la lucha, así mismo se ha apresurado a "acordar créditos financieros a Polonia para la compra en los países occidentales de las materias primas necesarias para la industria ligera, química y siderúrgica" (Libre Belgique 4/9/80 sobre la "ayuda" otorgada por la URSS). Desde los Estados Unidos hasta la Alemania Federal, desde la Unión Soviética hasta los otros países "socialistas", todos, a pesar de los inmensos antagonismos que los separan se unificaron para aportar su ayuda a la Polonia capitalista. Alemania Federal amplió inmensamente sus créditos para Polonia, los Estados Unidos acuerdan aumentar sus exportaciones hacia este país, los "otros países socialistas se declaran listos a aumentar sus envíos de materias primas así como de productos agrícolas y alimenticios" según declara Jagielski (Libre Belgique 4/9/80). Todos, con el pretexto de solidarizarse con los obreros en lucha, corren a dar al Estado polaco los medios materiales para sofocar las luchas obreras. La burguesía mundial deja temporalmente de lado sus propias contradicciones interimperialistas para enfrentar a su enemigo histórico y principal: el proletariado.

No obstante, la claridad con que la burguesía mundial ha sabido unirse contra el proletariado polaco, los movimientos de Polonia deben ser vistos dentro del contexto del antagonismo creciente entre las dos grandes constelaciones imperialistas a quienes la crisis imperialista impulsa más y más una contra otra. En este marco, es claro que el debilitamiento actual del campo soviético, provocado por el desarrollo de la lucha de clases en varios países, incluida la URSS es una "buena" razón desde el punto de vista del campo americano para intensificar y desarrollar los preparativos guerreros, tanto ideológicos como materiales, proceso que se ve claramente en el refuerzo de las campañas belicistas, nacionalistas, por los "derechos del hombre", etc.; tanto como en las maniobras militares concretas tanto del "Pacto de Varsovia", como de la OTAN. Obviamente, es desde este punto de vista que hay que examinar cuestiones como las tentativas hechas en los Estados Unidos para reimplantar el reclutamiento generalizado; o la "famosa" cuestión de los nuevos cohetes "sobre el suelo belga".

Los acontecimientos de hoy, materializan el desarrollo dialéctico de las fuerzas de las dos clases de la sociedad. Al mismo tiempo que el proletariado intenta rearmar su lucha contra todos los Estados y contra la solución burguesa a la crisis, la guerra imperialista; la burguesía logra renovar y fortificar su viejo arsenal de mistificaciones democrático-religiosas. Por ello, sería tan simplista como imbécil concluir hoy que los acontecimientos de Polonia, por el hecho de constituir una importantísima lucha obrera alejan las posibilidades de la guerra imperialista o constituyen una barrera contra ella. Ello es solo cierto si el proletariado continúa su proceso de autonomización como clase, preparándose en los hechos (aunque solo una minoría actúe conscientemente) para la guerra civil revolucionaria. En el caso contrario, si el proletariado lograse ser reencuadrado por esa "nueva" fracción burguesa, que el grupo Walesa parece representar cada vez más consecuentemente entre los obreros, más nacionalista, más democrático, más liberal y hasta autogestionaria, como tantas otras veces en la historia, la burguesía habrá dado un paso más en la preparación de la carnicería imperialista. Por el momento, no podemos dudar un solo instante que la burguesía se ha fortificado también al pasar esa fracción menos desacreditada a cumplir una función más importante en la vida nacional, que la capacidad que no tenía el viejo sindicato de movilizar al proletariado por objetivos nacionalistas burgueses, puede tenerla ese "nuevo sindicato libre" que como aparato superfortificado del Estado la burguesía intentará hacer funcionar. A nivel mundial no podemos tampoco subestimar el hecho de que la burguesía logró vender su visión de los hechos de Polonia a largas masas obreras, explotándolos así para fortificar todas las mistificaciones antiproletarias. Se necesitó menos de una semana para que en los periódicos burgueses el desencadenamiento de la guerra imperialista Irak-Iran reemplace al unísono la información sobre la lucha de clases (que evidentemente no ha acabado con la firma de los acuerdos y el regreso indeciso al trabajo) en Polonia.

Conclusión, provisional aún

Si en el momento en que imprimimos esta revista, los movimientos parecen detenerse debido a las numerosas concesiones soltadas por la burguesía polaca sostenida por la del mundo entero, sabemos que estas luchas no están aisladas, ¡que ellas no son más que la vanguardia de una ola de luchas de fondo que afectará no solamente a los países capitalistas del Este sino también a los del Oeste, a los del Norte y a los del Sur! Después de las huelgas de Bolivia, de Turquía, de los motines de Corea del Sur, de El Salvador, las noticias de huelgas importantes se suceden a diario sofocadas por la desinformación (intento de aislarlas) o por la represión abierta. En el mismo momento en que el movimiento se generalizaba en Polonia, luego de que la Unión Sovietica se vió afectada por importantes huelgas (mayo-junio 1980), otro país "socialista", Rumania, se verá sacudido por numerosas huelgas rápida y violentamente reprimidas (Agosto 1980). Evidentemente, la "información" sobre estas huelgas sólo nos llega ahora. Y últimamente, fueron los obreros de Fiat-Mirafiori ("fortaleza" de 50.000 obreros) quienes a los gritos de "¡Gdansk! ¡Gdansk!” desencadenaron una huelga y despidieron rechiflando a Pio Galli, sindicalista y dirigente del PCI (Información del 18/9/80).

El "mal ejemplo" de los obreros de Polonia tiende a expandirse por todos los rincones del mundo. ¡Esta "repetición del ejemplo polaco" significa esencialmente que la lucha de los obreros en Polonia es la expresión de la lucha internacional del proletariado!

Aquello que la burguesía ha comprendido bien, en su afán de "defender" el movimiento, debe ser comprendido también por los obreros del mundo entero. Las huelgas de Polonia no son una "especificidad local" ni un "caso particular". Ellas son el anuncio de lo que debemos hacer en todos los países aún con más fuerza y organización, para abatir violenta y definitivamente el régimen de explotación.

Como era previsible, el movimiento de huelgas ha cesado por el momento después de una serie de compromisos y de promesas realizadas por la burguesía, pero sabemos que esta solución no hace más que desplazar el problema, alejarlo en el tiempo y agudizarlo.

La crisis no puede hacer otra cosa que agravarse cada vez más y la acumulación de capital en Polonia, ya enormemente difícil por la baja de la tasa de ganancia, se hará incompatible (¡nosotros pensamos que ya lo es hoy!) con las concesiones otorgadas. La burguesía polaca o de otros países que acumulan capital en Polonia se verán obligadas, para reconstituir las condiciones de valorización, a arrancarle (o mejor dicho a intentar arrancarle) a la clase obrera todas las concesiones que realmente importan: las "económicas", todo lo referente a aumentos de salarios, todo lo referente a intentos de aliviar las condiciones de explotación (menores ritmos en las cadenas, etc.), todo lo concerniente a disminución del tiempo de trabajo (vacaciones, licencias por maternidad, etc.); no pudiendo sino acrecentar la desconfianza general del proletariado frente a todas las promesas realizadas, no dándoles otra salida que aumentar la voluntad de combate y el reconocimiento cada vez más consciente del conjunto de sus enemigos "comunistas" y demócratas.

En cuanto a los famosos "derechos adquiridos", los "derechos políticos", no podemos más que constatar que la libertad de hacerse adoctrinar religiosamente, el derecho de huelga , o del sindicato libre, son armas de la burguesía (por algo la burguesía mundial entera presentaba las cosas exactamente al revés: "la cuestión económica es lo de menos, lo importante son los derechos democráticos"), su contenido es estrictamente antiobrero y contrarrevolucionario: todo lo que está autorizado ahora es precisamente lo que no molesta, se autorizan los paros de trabajo inofensivos; las verdaderas huelgas jamás se permiten ni se basan en ningún derecho. Una nueva huelga generalizada de los obreros polacos será necesariamente tan ilegal como ésta, y sus organizadores deberán enfrentarse incluso a la estructura del "sindicato libre" que el Estado encuadra en su legalidad.

Lo que se juega ahora en forma más o menos inmediata en Polonia es la preparación de la represión contra la minoría más activa y consciente del movimiento para lo cual se requiere aislarla. En efecto, todo movimiento obrero que no se vive directamente, cuando no se posee información directa y precisa, sin filtraje de la prensa burguesa (y es nuestro caso en la actualidad con respecto a ese formidable movimiento del proletariado), aparece como si fuese espontáneo. Sin embargo, lo es solo en el sentido histórico de la palabra: el movimiento revolucionario surge espontáneamente de las entrañas del Capital. En términos concretos la espontaneidad no es tal: toda huelga se prepara, no solo por un malestar general que se extiende por la clase y que provoca diarias discusiones y propuestas de soluciones; sino por una minoría (más o menos consciente, más o menos organizada) que prepara las condiciones mínimas para realizarla e impulsa su organización.

Una huelga como la realizada por el proletariado en Polonia, con un buen nivel de coordinación, circulación de la información, tendencia desde el origen a la unificación de reivindicaciones y métodos de lucha, no podemos creer ni un instante que fue el fruto de la espontaneidad pura. Podemos afirmar por el contrario, que además de los disidentes y los agentes de estos en la clase obrera que a su manera preparan siempre las respuestas a una situación de este tipo, existieron (a pesar de no poseer datos precisos al respecto) minorías obreras que prepararon la lucha. Podemos al mismo tiempo afirmar que la lucha fortificó esta minorías y que las mismas se reflejaron en la desconfianza total con la que se volvió al trabajo, en la no aceptación de los acuerdos por una parte importante de la clase obrera.

Con respecto a esta minoría, que no representa los intereses de ninguna minoría sino del conjunto de la clase obrera y con la cual nos solidarizamos integralmente, la burguesía como en todos los casos similares intentará aislarla para reprimir. En efecto, con respecto a aquellos proletarios que comprendieron que las misas de los domingos trasmitidas por TV o los derechos de huelga no arreglan su situación, que saben que toda concesión real intentará ser barrida, que la única garantía es la manutención de la movilización, la organización (lo que no significa en absoluto que había que continuar la huelga hasta que fuese quebrada) y la preparación de luchas futuras inevitables, el Estado burgués tiene solo la receta de la represión. Hoy prepara la represión intentando aislarla. Toda campaña de "solidaridad" (al interior o al exterior de Polonia) que defienda los "grandes triunfos de los obreros polacos", el "sindicato libre", "el derecho de huelga", etc.; contribuye a realizar ese aislamiento y por lo tanto prepara la represión futura.

Al interior de Polonia esa será la tarea central de los demócratas y del Sindicato libre: organizar a los obreros que se consideran contentos con el "triunfo", sacarlos de tanto en tanto a realizar algunos paseos que denominarán "manifestaciones" u otros actos cívicos, movilizarlos en algunos inofensivos paros de trabajo que denominarán "huelgas" para presentarlos en continuidad con el pasado; en síntesis, harán lo que hacen siempre en todos lados; y separarlos de sus hermanos de clase más conscientes. Es la única forma que la represión puede realizarse bien salivada con la democracia y sin generar una respuesta verdaderamente insurreccional de condiciones imprevisibles.

Al exterior, es la tarea de los demócratas del mundo entero, que debemos denunciar, desenmascarar y enfrentar por todos los medios que disponemos.

Contra todos los izquierdistas, curas y apologistas, repetimos con Marx que antes de la revolución mundial no hay ningún logro definitivo, que los "obreros no deben exagerar el resultado final de esta lucha cotidiana" (K. Marx, Salario, precio y ganancia). En otros términos, así como hemos visto la fuerza del movimiento, así debemos ver sus límites materializados por las inmensas ilusiones democráticas, religiosas, legalistas y patrióticas. Creer que estas pesadas taras son "etapas inevitables" o peor aún, "ganancias reales" del movimiento es servir a la burguesía reforzando el peso de su ideología.

Por el contrario, las debilidades del movimiento no hacen sino expresar aún más cruelmente la falta de un verdadero partido comunista capaz por su acción de contrarrestar todas las taras que conlleva inevitablemente el movimiento, y de dirigirlo hacia la insurrección armada, y la dictadura del proletariado para la abolición del trabajo asalariado.

Los comunistas y los obreros del mundo no permanecen inactivos. Frente a tan importantes acciones de su clase, ellos trabajan activamente en la solidaridad de clase, no mediante el envío de telegramas y deseos de buena salud, sino mediante la intensificación de la lucha en todos los países.

20 de Setiembre de 1980

Notas:

1 Las informaciones que se citan aquí son tomadas del único libro que en nuestro conocimiento relata en lenguas latinas los hechos desde un punto de vista clasista: "Capitalisme et lutte de classes en Pologne 1970-71" por I.C.O. (grupo consejista desaparecido hoy) editorial Spartacus, serie B, número 60.

2 Citado en "Le 25 juín 1976 en Pologne" H. Simon "Echange et mouvement".

3 En ese mismo momento los obreros rusos o de otros países del Este ignoraban totalmente lo que pasaba en Polonia. El gendarme Estatal Imperialista Ruso impuso el silencio total primero, luego la falsificación descarada (grupos de agentes extranjeros, etc.), sobre los sucesos de Polonia. Otros serán los resultados el día que el movimiento obrero tenga la fuerza de imponer cosas similares a nivel Internacional.

 


CO5.1 Polonia: Los obreros contra el estado capitalista