A PROPÓSITO DE CONFLUENCIA.

En el Exilio Organizado del Cono Sur de América Latina -como lo vimos en el N° 2 de Comunismo- reina el orden democrático. Cualquier expresión que cuestione dicho orden: por tibia que sea, és y será necesariamente atacada en nombre de la unidad democrática. Un grupo de militantes obreros, se reúnen, juntan unos cuantos pesos, sacan una publicación y gritan cinco verdades, e indefectiblemente esos perros guardianes del Capital sedientos aún de sangre obrera que controlan las grandes publicaciones del Exilio largan sus infectas calumnias "están financiados a todo lujo por dirigentes de Pekin", "sirven al placer de la dictadura, a mantenerla", etc.

Confirmando la historia de siempre, éstas son las acusaciones textuales que lanzará el PC Uruguayo contra Confluencia, periódico editado por un grupo de militantes con diversas posiciones y cuyo título exacto es "Hacia una CONFLUENCIA revolucionaria por el socialismo".

Confluencia, no es una organización sino un conglomerado de grupos totalmente heterogeneos; con rupturas diferentes pero en todos los casos, muy parciales, intuitivas y primitivas con la ideología obrerista y populista de la burguesía que como veremos contribuyen a reproducir.

Subvertir el orden del exilio es una cosa...

Basta subrayar algunos elementos y afirmaciones contenidas en los tres primeros números de Confluencia (0, 1 y 2, únicos que poseemos hasta el momento) para comprender porqué dicha publicación subvierte el orden democrático burgués dominante en el Exilio y la contrarrevolución organizada necesita calumniarla.

Así, por ejemplo, es subversivo para el orden reinante en el Exilio escribir editoriales "Contra los recambios burgueses" (N° 2) o recordar que la huelga general de 1973 en el Uruguay "no fue para defender una democracia en la que ya muy pocos ... creían" (N°0), o recordar que en 1955 en la Argentina el "golpe gorila y la trenza oligárquico-izquierdista que los secundaba" (N°0) reprimieron juntos a la clase obrera. Por ello, "el mensaje de Confluencia, sin ninguna duda desafina; estropea el áurea unitaria bajo la que se esconde el abrazo del oso que tritura toda posibilidad de alternativa de sacar los pies del plato en el que nuestros pueblos juegan el papel de bocado" (N° 2) y sobre todo en la medida que sus núcleos componentes actúan explícitamente para que su "aporte militante se prolongue más allá del plano estricta y limitadamente antidictatorial ... contra todos los recambios gorilas militares o civiles -cuando no cívico militares- con los que intentan regularizar la dominación burguesa" (N° 1). Es evidente que los infectos Comités del Exilio se sienten atacados por un periódico que recuerda algunas verdades fundamentales como que los "Comités Argentinos boicotean sin cesar cuanta iniciativa solidaria se destaque por su carácter directo, clasista y revolucionario, y que no solo separan "la solidaridad de la Revolución -prácticamente oponiéndolas- sino que (la "solidaridad") se desarrolla en nombre de la "solidaridad antidictatorial" un poderoso instrumento objetivamente contrarrevolucionario, en la medida que trabaja para el recambio burgués" (N°1).

Con esos elementos Confluencia denuncia en los tres números a un conjunto de grupos o "partidos" que se han plegado al carro contrarrevolucionario de la Unidad Democrática de Oposición, sea impulsando el acuerdismo (como en México) o integrando el "Frente Amplio" para lo cual alguno de esos grupos han debido renunciar completamente a su pasado y otros no.

Además, en las páginas de Confluencia se intenta definir la solidaridad desde un punto de vista obrero: "Argentina: solidarios de un solo lado, el de los trabajadores" (N°1), se denuncia la política democrático burguesa que intenta "Imponer su discriminación entre presos reivindicables de aquellos otros que, por su carácter anticapitalista son considerados irrecuperables para la restauración del modo democrático de explotación y opresión ..." (N° 2) y contra ello se reivindica que hay que "liberar a los presos por luchar" es decir no a aquellos que "el humanismo burgués supuestamente apolítico" (N° 2) define como inocentes, sino precisamente a aquellos que son culpables de atentar contra el orden burgués. Evidentemente que dicha posición, que es también la nuestra y la de cualquier grupo obrero en el mundo, los lleva a no llorar como "mártires del pueblo" a un conjunto de oficiales del ejército burgués (la izquierda burguesa considera "martir del pueblo" hasta a Trabal, Jefe de Inteligencia militar), a tratar de diferenciar bien los campos no reclamando la libertad de los oficiales de la contrarrevolución (torturadores "arrepentidos", dirigentes de los PC, dirigentes de la CGT, generales y coroneles frenteamplistas, etc.) al lado de militantes obreros como hace la totalidad del humanismo burgués y pequeño burgués. Así, vemos que en Confluencia se intenta señalar el único medio para liberar a los presos culpables de atentar contra el orden capitalista: "a los presos liberar con la lucha …", al mismo tiempo que se llama a la solidaridad con un conjunto de presos rehenes o/y secuestrados "bastante olvidados" por el Exilio Organizado, por ser presos directamente de la democracia (es decir, por haber sido capturados cuando los personeros del Exilio ocupaban sus puestos en el régimen de dictadura parlamentaria), que cayeron enfrentándola con las armas en la mano, o/y por ser viejos líderes clasistas: los compañeros de Villa Constitución, Piccinini, Rossi, Cariboni, Duarte, R. Sendic, etc.

Construir una alternativa clasista es otra cosa muy diferente.

Pero, si bien este periódico, resulta subversivo del orden del Exilio Organizado, los planteos contenidos en el mismo son totalmente incapaces de dar una real alternativa clasista y revolucionaria (como pretenden). Desde nuestro punto de vista, es por lo tanto imprescindible, criticar las ilusiones absurdas que dicho periódico difunde entre los obreros, mencionar algunas de las incongruencias más grandotas con los aspectos positivos antes señalados.

Lo primero que salta a la vista es que no existe ninguna globalización de la crítica proletaria al capitalismo y por lo tanto ninguna perspectiva general (mundial) hacia el socialismo. Es evidente que una publicación que ni siquiera dice que el capitalismo es mundial, que abarca la totalidad de los países, que la transformación en propiedad del Estado no suprime la calidad de Capital de las fuerzas productivas (Engels), no puede señalar como perspectiva la dictadura mundial del proletariado para la abolición del trabajo asalariado. En vez de esto encontramos como "análisis del capitalismo" por ejemplo la reproducción de un artículo de ese Chacal de intelectuales latinoamericanos que siempre fue Marcha, donde su director Quijano concluye: "Democracia, integración, ruptura del molde capitalista (¡¿?!), he ahí, según pensamos y creemos con angustia y esperanza, la meta de nuestro difícil y exultante que hacer ..." Se podría decir que el artículo está firmado y por lo tanto "no refleja necesariamente la opinión unánime del Grupo Editor" (como se aclara en todos los números) pero en el artículo "la unidad del pueblo (SIC) pasa hoy por la confluencia de los revolucionarios" (artículo no firmado) se habla ni mas ni menos, que "del bloque de estados liberados por la URSS" de "flujo de capitales de países no capitalistas (¿?) a países capitalistas (y como el no capitalismo produce Capital Confluencia no lo explica). Esta posición es, a pesar de todas las críticas que se le hacen a esos Estados, totalmente antiproletaria, es decir contrarrevolucionaria. Pero por si eso fuese poco se dice luego "Ningún planteo de destrucción del capitalismo podemos esperar de esas fuerzas (los PC) en tanto que la URSS no se decida a disputarle a los Estados Unidos la hegemonía de nuestra zona y no es el caso..." Y si lo fuese, como nosotros sostenemos, ¿de qué lado estará Confluencia, de la prentendida "destrucción del capitalismo" hecha por la URSS y sus burguesías locales o del lado de los Trabajadores, de la guerra imperialista o de la revolución? Lo que caracteriza a Confluencia como conjunto totalmente heterogéneo, es su incapacidad a responder a esta pregunta clave para el proletariado, su oscilación entre las posiciones de las dos clases fundamentales de la sociedad, tanto en lo que se refiere a la naturaleza de las relaciones de producción de los países del bloque soviético, cómo a la naturaleza de clase de los partidos stalinistas y/o sus acólitos. La cuasi totalidad de la burguesía mundial (latinoamericana, rusa, europea o yanqui, de "derecha" o de "izquierda") identifica la URSS, China o el "tercer mundo" con no capitalismo, la lucha imperialista entre URSS y USA con lucha entre "otro sistema" (¡¿?!) y el capitalismo imperialista y los partidos stalinistas o socialistas con partidos reformistas; teniendo el máximo interés en mantener dicha confusión entre el proletariado. Confluencia al hablar de "países no capitalistas", de "estados liberados por la URSS" se hace eco de dicha posición y contribuye a mantener y desarrollar la confusión entre los obreros. En cuanto a los partidos burgueses de izquierda Confluencia los analiza a veces como lo haría cualquier grupo izquierdista, como si estuvieran dentro del campo obrero y atacando su dirección. Claro que si Confluencia fuese coherente con esta posición (cuasi trotskista) seria un apéndice crítico más de la política contrarrevolucionaria del stalinista. Pero no es así, sino que hay una incongruencia total y a veces se caracteriza el reformismo como obrero, a veces corno burgués; en algunas oportunidades se hacen afirmaciones como si los proyectos del reformismo y la burguesía fuesen cosas distintas, en otras se dice claramente que son "aparatos partidarios de la izquierda tradicional, que desde la izquierda del Capital actúan como poleas de trasmisión de la burguesía al interior de la clase trabajadora" (N° 1). Se podrán hacer todos los equilibrios y conciliaciones que se quieran para tratar de demostrar que no hay incompatibilidad entre afirmar que los stalinistas son un partido obrero reformista y al mismo tiempo la izquierda del Capital, dejemos que los intelectuales y filósofos se preocupen de ello; pero lo que no se puede es en la época de guerras y revoluciones, ante la contradicción fundamental en todo el mundo entre burguesía y proletariado, entre la carnicería imperialista y la revolución comunista, pretender encontrar un camino de conciliación. O bien el stalinismo y compañía, sus partidos y sus Estados son una fuerza obrera que hay que regenerar destituyendo, por la fuerza o no, su dirección burocrática (los traidores) y hoy es necesario apoyar la "liberación de Estados" que hace la URSS; o bien, el stalinismo y Cía. son una fuerza enteramente capitalista cuyos agentes locales e internacionales empujan a la guerra imperialista (de la que forman parte las famosas liberaciones nacionales); que el proletariado deberá destruir integralmente en su camino hacia la revolución al igual que al resto de las fuerzas burguesas del mundo entero. Guerra imperialista o revolución comunista, he aquí el abismo entre las dos clases de la sociedad, ayer, hoy y mañana. Confluencia pretende tener un pie de cada lado de la frontera: todas las expresiones de la clase obrera, que son más una expresión regional que el resultado de la acumulación de experiencias de la historia mundial del proletariado, carecen de globalización y es uno de nuestros mayores problemas y preocupaciones, que solo superaremos integralmente con la construcción del partido mundial de clase. Pero no se trata solo de constatar carencias sino de comprender que Confluencia llena algunos de esos vacíos no con los planteos de los grupos revolucionarios del pasado, sino con los reaccionarios esquemas del populismo y la izquierda del Capital. Nosotros no pretendemos en absoluto, cuando señalamos la falta de crítica al Capital y de perspectiva revolucionaria, que para situarse sin oscilaciones del lado del proletariado sea necesario transcribir "El Capital" (aunque no tenemos ninguna duda de que la crítica del proletariado al Capital, sistematizada teóricamente por Marx, sigue siendo totalmente valida e insustituible, y mucho menos por un Quijano, un John W. Cooke, etc ), sino que queremos señalar el hecho de que ni siquiera a nivel de consignas se da una perspectiva obrera, sino que se elige titular con el clásico lenguaje del populismo "La unidad del pueblo ..." (N° 0), "Al pueblo de Sandino ..." (N° 0) "… la lucha popular" (N° 2), etc.; o con las mismas consignas que la izquierda europeizante y antifascista reclutaba para la guerra imperialista del 39-45 : "la clase obrera conduce la resistencia" (N° 0). El populismo no es una mera cuestión de consignas populares, sino que es necesariamente una concepción que de hecho tiende a liquidar la autonomía del proletariado enterrándolo en el pueblo es decir en la política burguesa para el proletariado metiendo en un mismo saco las luchas obreras con la ideología que tiende a desviarlas. Confluencia no escapa a la regla y lo deja claro en la totalidad de sus tomas de posiciones. Así, cuando se explican las raíces históricas que Confluencia reivindica se meten en una misma bolsa "las tradiciones y combates del movimiento obrero internacional" con ese aborto contranatura del nacionalismo de la gran patria latinoamericana que fue la OLAS. Con ese tipo de macabras aberraciones en los editoriales -por la que se pretende probar una continuidad desde los soviet en Rusia a la OLAS- (en el viejo estilo utilizado por la burguesía y el Estado Cubano que tan buenos resultados les ha dado para jugar de cuña de penetración mundial del bloque imperialista ruso) es lógico que muchos artículos en vez de sostener y empujar a la ruptura clasista contra toda la burguesía que se manifestó en la propia experiencia de la clase obrera tanto en la Argentina como en el Uruguay, más en los hechos que en sus organizaciones formales; se asuma la defensa de la ideología burguesa que dominó a la mayoría de los obreros que participaron en ese movimiento. Por la importancia general para nuestra clase que tiene la distinción, tomamos el ejemplo clave de la ideología peronista basista ("hubo dos peronismos el de arriba y el de abajo" N° 0) de la cual Confluencia es un excelente exponente.

Reivindicación de las luchas obreras o de la ideología burguesa de los obreros (Peronismo).

Existen dos formas de interpretar los movimientos sociales, de las cuales derivan dos formas antagónicas de acción en los mismos. O bien se explica el movimiento por lo que aparece inscripto en las banderas, es decir se explica la lucha por las ideas que la mayoría de los Hombres expresan; o por el contrario sabiendo que la ideología dominante será la de la clase dominante hasta la destrucción violenta del capitalismo, se interpreta el movimiento por los verdaderos intereses materiales antagónicos de las clases en pugna. Con la primera interpretación -la de la totalidad de la burguesía repercutida en la gran prensa internacional- la lucha de los obreros rusos en febrero del 17 era una lucha contra el zarismo y por la democracia; la lucha de los obreros iraníes es una lucha por la revolución islámica; la huelga en el Uruguay del 73 fue en defensa del parlamento y la democracia; la lucha de los obreros argentinos en el 45, y desde esa fecha en adelante es una lucha peronista. Según la segunda interpretación, la comunista, en todos estos casos los obreros luchan por sus intereses objetivamente antagónicos a la burguesía y a todas sus ideologías islámicas, democráticas, peronistas, populistas y sus combinaciones; y el hecho de que la mayoría de los obreros tengan ilusiones islámicas, peronistas, o democráticas, no es ninguna fortaleza que hay que desarrollar (¡Confluencia habla hasta de clase obrera peronista!); sino una debilidad que hay que combatir. Por ello, la línea que va desde la Liga de los Comunistas a los escasos núcleos de revolucionarios existentes hoy, actúan denunciando todas las ideologías que intentan someterlo al pueblo, es decir a la política burguesa de liquidación de toda autonomía del proletariado.

Por eso, nosotros reinvindicamos la irrupción de los cabecitas negras en 1945, es decir la conquista de la calle por el proletariado, contra la derecha, el centro y la izquierda (que independientemente de las ilusiones de los mismos protagonistas implicaba la tentativa de ruptura con la política sindical y estatal, del propio Perón; contra la burguesía, argentina, yanqui y rusa, y sus agentes locales desde Vittorio Codovilla a Spruille Braden), denunciando como absolutamente falsos los dos polos de la alternativa burguesa: Braden o Perón. Una cosa es reinvindicar el copamiento de la calle por el proletariado (y comprender que no fue capaz de dotarse de una dirección propia, es decir clasista y comunista) y otra cosa muy distinta (y en los hechos antagónica) es reivindicar uno de los polos de la alternativa burguesa, o mejor dicho la fórmula que encontró la burguesía para canalizar la bronca obrera contra la explotación: el peronismo, las elecciones, el populismo. Esto es precisamente lo que hace Confluencia y en particular los "equipos por la victoria independiente de los trabajadores argentinos" EVITA (SIC), que aún prisioneros de la concepción populista radical, del peronismo de base, de la izquierda del populismo, reinvindican la alternativa burguesa: la "izquierda europeizante" o "el peronismo"; defendiendo de hecho los mecanismos que encontró la burguesía para (tanto en el 45 como en el 73) limpiar la calle de obreros y hacerlos entrar a la fábrica a producir plusvalía para el Capital internacional sin dejar como corresponde de ir a votar por Perón. Claro que no arreglan nada reivindicando a Evita y no tanto Juan Domingo, pues ésta fue el enganche de izquierda del populismo, la imagen obrera, radical y hasta fierrera de la supeditación de los intereses obreros al Capital, y cuya verdadera herencia ya está copada con total legitimidad por el guerrillerismo burgués, por la socialdemocracia; cuya expresión mejor la constituyen los Montoneros ("Si Evita viviera sería Montonera", nosotros no tenemos dudas), hoy aspirantes a ingresar en la gran familia de la Segunda Internacional, heredera también legítima de los Noske y compañía.10

Son suficientes solo dos elementos (cualquier lector de Confluencia encontrará cien más), para poner en evidencia que Confluencia y el grupo EVITA no reinvindican el comunismo que emerge como fantasma impreciso pero aterrador para toda la burguesía cada vez que el proletariado demuestra su fuerza ocupando la calle, sino el peronismo, es decir el desarme populista del proletariado, el nacionalismo, el electoralismo:

1. En un artículo de Cooke (N° 2) se concibe el 24 de febrero del 46 (triunfo electoral del peronismo y consolidación de éste), como la continuación del 17 de octubre de 1945. Desde el punto de vista burgués, dicha interpretación es la única posible, de la misma manera que para la burguesía la lucha del proletariado (ellos y Confluencia N°0 dicen "el pueblo") contra el Sha era para imponer la revolución islámica y los Ayatolah. "El misterio policial del 17 de octubre se había transformado en el misterio matemático del 24 de febrero". "La verdad es que los dueños de los votos perdieron", "(el peronismo era) esa nueva fuerza que les infringía abrumadoras derrotas electorales". Es decir, para la burguesía, el proletariado sale a la calle no para luchar por sus intereses que conducen a la revolución sino para cambiar la careta de la dominación. Siempre la burguesía llama "triunfo del proletariado" lo que es en realidad su mejor triunfo: haber logrado convencer a los obreros que lo mejor que podían hacer era abandonar la calle, preparar la campaña electoral de Perón y confiar en que este gran representante del amor entre sindicatos y Estado burgués le garantice sus intereses, y además claro trabajar, trabajar, y trabajar por la Argentina. Desde el punto de vista revolucionario es totalmente incompatible reinvindicar la pelea obrera, la salida masiva a la calle, los intentos de autonomía y reinvindicar el desarme ideológico islámico o peronista, la supeditación de los obreros al Estado burgués, o la lucha por la famosa soberanía nacional. Claro que para conciliar lo inconciliable, la defensa de las luchas obreras con la defensa de su liquidación -recuperación por parte del Estado Argentino en base al peronismo-, Cooke como todo peronista fierrero de su época o de la actual debe afirmar un absurdo monumental: "EL PERONISMO CUESTIONABA LAS BASES DOCTRINALES DEL REGIMEN" (En mayúsculas en Confluencia).

2. Hasta que punto el grupo EVITA confunde las luchas obreras con la ideología reaccionaria que tiende a desviarlas, y pretende encajarle al movimiento obrero objetivos totalmente anticomunistas, queda totalmente en evidencia cuando afirma que el objetivo de la reacción imperialista en 1955 era: "barrer las conquistas de los trabajadores. De frenar a sangre y fuego nuestro avance como movimiento obrero organizado y movilizado por la Argentina justa, libre y soberana (las negritas son nuestras, ndr).11 A quien puede servirle todas las peroratas sobre la independencia de los trabajadores, la autonomía de clase, etc., al lado de esas afirmaciones que son las mismas que llevaron a la clase obrera argentina a ese callejón sin salida del nacionalismo burgués en dónde la esperaban sus verdugos de derecha y de izquierda, antiperonistas y peronistas.

Cuando la contrarrevolución afirma: "la clase obrera polaca o mexicana es católica", "la clase obrera iraní es islámica", "la clase obrera europea es socialdemócrata", "la clase obrera argentina es peronista", etc., afirma la contrarrevolución. En efecto, al concebir la clase obrera por su ideología -y no por sus intereses- que no es otra que la ideología de la clase dominante, afirma la supeditación de los obreros al Capital y sus religiones. Es claro que afirma la parte de la realidad que le interesa, el enorme peso de la ideología dominante, la contrarrevolución aún triunfante a pesar de los esfuerzos del proletariado para destruirla. Desde Marx a hoy los revolucionarios sabemos que la ideología es una fuerza material a tener en cuenta, pero no para afirmarla sino para demolerla. La contrarrevolución trata de reproducir la historia del pasado afirmando la ideología; la revolución, en cualquiera de sus manifestaciones con la huelga, con la crítica teórica, con las armas, tiende a destruir todos los opios ideológicos afirmando los intereses del proletariado (incluso contra las ideas de la mayoría de los obreros) afirmando el futuro comunista.

La ideología del Capital es la ideología de la manutención de los particularismos, según ella cada pueblo tiene sus ideas y su solución; para la contrarrevolución nada se parece a nada, cada pueblo debe autodeterminarse de acuerdo a sus problemas: es la mejor manera de impedir la unificación del proletariado. Para la teoría marxista, por el contrario, el capitalismo ha dividido el mundo en dos grandes campos enemigos: el proletario y el burgués y la solución es una sola: la revolución comunista mundial. Por lo tanto, y a pesar de que el capitalismo se desarrolla en forma polar imponiendo niveles de miseria absoluta muy diferentes, y que por todos los medios la burguesía intenta mantener las ideas de los obreros que le sirven para utilizarlas como capital variable; la afirmación de la revolución tiende necesariamente a poner en evidencia que los grandes problemas de la lucha de clases son los mismos, que detrás de formas y lenguajes muy diferentes la política del Capital es una sola: la destrucción de la autonomía obrera, la unidad nacional.

Por ello, nosotros siempre realizamos esas comparaciones que le resultan tan insoportables a la burguesía. Sin embargo, la comparación entre Bazargán y Perón, entre Evita y Khomeiny, entre peronismo e islamismo es parcialmente arbitraria. Pero no en el sentido que la burguesía peronista pretendería de que el peronismo fuese menos "opio de los pueblos" que el islamismo (ni creemos tampoco que el socialdemocratismo se encuentre en un nivel superior en la pretendida y reaccionaria escalera de la civilización establecida por la burguesía europea), sino porque la edad de oro del peronismo fue la época más siniestra de contrarrevolución mundial; porque el proletariado argentino de fines de la década del 40 no puede ser comparado con el proletariado iraní de fines de la década del 70, porque no estamos más en épocas de vacas gordas, de capacidad de la burguesía para darle algunas migajas al proletariado, sino en plena crisis generalizada del Capital; porque sobre esas bases Perón logró en esa época, en un abrir y cerrar de ojos, amansar al proletariado y reconstituir la unidad nacional y los ayatolahs no lo han logrado. Es evidente que la carta burguesa de Khomeiny se parece mucho más, no a la del peronismo del 45, sino a la del 73, tanto por la maduración de la crisis, por las luchas obreras, como por la enorme dificultad para imponer con la religión del retorno y el terror estatal la unidad nacional. Pero también aquí debe realizarse una importante relativización: a pesar de la heroicidad del proletariado argentino que en esos años fue un ejemplo para la clase obrera mundial, jamás logró darle golpes tan duros a la burguesía mundial, como los obreros iraníes que lograron desorganizar totalmente la economía nacional (parcialmente la mundial) y demostrarle a sus hermanos de clase en todo el mundo que uno de los ejércitos más fuertes del mundo podía ser destruido por el avance del proletariado.12

El Iranazo es la continuación, a un nivel muy superior, del Cordobazo, en ambos casos la burguesía buscó los candidatos al retorno para imponer la unidad nacional, para lo cual utilizó las ideas dominantes entre los obreros, que Confluencia continúa propagando con la historia de la "clase obrera peronista". Si en la década del 40 o del 50 dichos recambios daban buen resultado con dos o tres discursos y la papeleta electoral, en la década del 70 los "retornos" se debieron hacer a bala limpia para intentar imponer las soluciones electorales de unidad nacional, el desarme del proletariado, su masacre. En la del 80 las operaciones retorno serán más dificiles aún y además habrá mucho mas que Iranazos... En Irán la burguesía no ha logrado enteramente sus objetivos, en la Argentina sí, ha impuesto al menos por un tiempo la paz de los cementerios; razón mayor para comprender la importancia de las comparaciones no solo para la fracción "iraní" o "argentina" de la clase obrera mundial, sino para su totalidad: la diferencia entré ambas situaciones no se debe a que tal ideología sea "más retrograda que tal otra" como pretenden todos los demócratas, y mucho menos al hecho de que tal fracción del proletariado tenga más cojones que tal otra, sino a que el populismo, en la medida que avanza la crisis del capitalismo es cada vez más incapaz de contener la lucha de los obreros por sus intereses de clase y qué los empujan a una lucha a muerte contra el Capital. Esta lucha es una lucha contra todas las ideas del pasado, contra todos los símbolos de la supeditación de los obreros al Capital, incluidos muy especialmente los que Confluencia contribuye a mantener: con las fotos de Evita, con la "Clase Obrera Peronista" (las mayúsculas tal vez no reflejan "necesariamete las opiniones del grupo editor ya que aparece en un artículo firmado por Osvaldo Villaflor), con dibujos de obreros más combativos, ¡¡pero con banderas de la patria Argentina!!

Más populismo: Sandinismo.

Hasta que punto el Conjunto de Confluencia no ha roto con la ideología populista y frentista lo puso en evidencia con su apoyo al recambio burgués en Nicaragua titulando "Al pueblo de Sandino salud" (N° 0), "Nicaragua: unido y armado el pueblo barrió la dictadura". Y para reafirmar la clásica ideología de la oposición interna al populismo, del basismo, de los frentes policlasistas, donde los olleros defenderían sus intereses luego de derrotado el "enemigo común" (¿?) dicen: "Las diferencias explícitas de intereses y objetivos políticos en el interior de la coordinación antisomozista e incluso dentro del mismo FSLN no son más que la expresión de la lucha de clases hasta ayer atemperada por las urgencias del enfrentamiento contra el enemigo común" (N° 1).

Para Confluencia de la misma manera que hay dos peronismos (N°0), hay dos sandinismos y la burguesía y el proletariado tienen un enemigo común (¡¡claro que nunca se explica que es ese misteriosa fuerza no capitalista!!) ¿Originalidad latinoamericana esto de los dos frentes o de los dos peronismos? De ninguna manera, como táctica burguesa de enganche de los obreros todo frente popular tuvo una izquierda que para llevar a los obreros al carro del populismo burgués habló de la existencia de dos frentes. Fue la táctica del SFIO de Pivert y Guérin durante el Frente Popular en Francia en el 35 y 36; y vió –como siempre– según el propio Daniel Guerin lo reconoce para propagar el engaño. "A pesar de las dos palabras que nosotros pegábamos (en cada uno de los supuestos frentes populares: uno de ellos era el “frente popular de combate" equivalente a "peronismo de base" o a "sandinismo tendencia proletaria", etc.) nos distinguimos insuficientemente del Frente Popular N° 1, ayudamos así en una cierta medida a propagar el engaño".13

Como los militantes de las fracciones comunistas que nos precedieron lo sostuvieron siempre; el apoyo al populismo de base, es en realidad el reclutamiento de la base obrera para el populismo. El Sandinismo no es una excepción y también construyó sus "tendencias proletarias". Todo apoyo al mismo es el apoyo a la única política que tiene hoy el Capital desde el centro del Estado y que el FSLN confirma todos los días: represión contra la clase obrera (mientras se "perdonan a los asesinos y torturadores de la Guardia Nacional, los presos obreros se multiplican), aumento de la tasa de explotación (aumento de la intensidad del trabajo, y de los números de horas trabajadas, intento sandinista de arrancarle a la clase obrera el aguinaldo conquistado en la época de Somoza, etc.). Confluencia continuará con sus discursos sobre la liberación nacional, o sobre que el "pueblo barrió la dictadura"14; el Estado burgués de Nicaragua (que salvo algunos trotskistas nadie habló de su destrucción, ni los sandinistas) se lo agradece; el Exilio Organizado también dado que encontró en Nicaragua su modelito ideal: al mismo tiempo que se "perdonan" a la gran mayoría de los agentes somozistas de la muerte, se logra (por ahora) hacer trabajar más que nunca a los obreros para la reconstrucción nacional.

Por el contrario, no se lo agredecerán aquellos grupos de obreros que hoy están perseguidos, esos militantes que ya hace algunos años en las enormes huelgas obreras que siguieron el terremoto, enfrentaban y denunciaban no solo al "antiguo régimen dinástico" sino a todos sus "sucesores burgueses, burocráticos" desde "el UDEL (Unión democrática de liberación) al FSLN y luchaban bajo la consigna "Todo el poder al proletariado".15

Más incongruencias.

Por último, y sin pretender haber agotado nuestras críticas a las posiciones de Confluencia, debemos señalar que ni siquiera en cuanto a los aspectos positivos antes señalados se mantiene una coherencia. Así, por ejemplo, como todos los "duros" del Exilio Organizado Confluencia pretende conciliar las posiciones fundamentales de las dos clases de la sociedad en lo que respecta a la "solidaridad" con rehenes, secuestrados y presos. Por un lado, como dijimos al principio, se dice que a los presos se los libera con la lucha, que "su peor condena es nuestra defección" y por el otro se llama a "Parar el consejo de guerra contra los militantes uruguayos en Colombia (N° 0) ¿Cómo? ¿Haciendo un llamado a la clase obrera sueca, o italiana donde Confluencia tiene gente?¿Proponiendo algún tipo de medida por más minoritaria que sea contra el régimen colombiano? ¿O sino había fuerza para ello al menos explicando en Confluencia que la verdadera solidaridad con todos los presos irrecuperables es la lucha contra la burguesía del país que nos toca vivir el exilio? De ninguna manera, Confluencia "llama a redoblar sus esfuerzos para que (ese reino antimarxista por excelente denominado ndr) la opinión pública internacional impida la consumación del Consejo de Guerra" y coherente con ello llama a "enviar telegramas... ¿a quién? ¿a los grupos obreros colombianos que hagan lo que pueden? De ninguna manera, ¡sino al Presidente de la República y sus Ministros!

Siempre el pretexto del Exilio Organizado es el mismo: "algo es algo", "otra cosa no podíamos hacer", "ustedes no hacen nada por la solidaridad con los presos". Nuestra respuesta de clase será también siempre la misma, no nos plegamos al carro contrarrevolucionario de la supuesta Solidaridad por telegramas a Presidentes; ese "algo es algo y que otra cosa no se puede hacer" es el enganche para que miles de exiliados que ayer habían comprendido que la única solidaridad de clase era la acción directa hoy se mantengan en los Comités de exiliados que como bien dice Confluencia "boicotean sin cesar cuanta iniciativa solidaria se destaque por su carácter directo, clasista y revolucionario". Ese "ustedes no hacen nada por la solidaridad con los presos" tiene detrás la criminal afirmación de que hacer algo por los presos es confiar la suerte de los mismos a los parlamentos, al humanismo burgués; que el terrorismo de Estado ataca a individuos y no a clases. Ningún grupo obrero tiene que rendirle cuentas a la contrarrevolución sobre como se solidariza con los presos y mucho menos ubicarse en su terreno: el de la "solidaridad" de superestructura para demostrar que se lucha por los presos pues esto es "su peor condena, nuestra defección". Incluso en los momentos de mayor debilidad, de aislamiento, de exilio, de fase grupuscular, de total incapacidad de responder por cada compañero que cae, la única solidaridad sigue siendo la de clase. Precisamente porque todo grupo obrero, estima enormemente a cada uno de los secuestrados por el enemigo de clase, porque quiere demasiado a aquellos que cayeron luchando por los intereses comunistas (en muchos casos a pesar de sus ideas), no renuncia a esa lucha secular del proletariado e inscribe su solidaridad en la acción directa contra la burguesía del país donde está (donde es evidente que también hay militantes clasistas presos). Y todo grupo obrero, frente a la impotencia de arrancar a tal o tal compañero -lo que será siempre el caso hasta la dictadura del proletariado- lejos de abandonar las posiciones de clase y entregarse al democratismo a la opinión pública, y al humanismo burgués; aprieta los dientes, junta más fuerzas, más odio a la burguesía y todas sus caretas y busca despertar la única potencia que realmente puede responder al terrorismo del Estado burgués con el terrorismo revolucionario: la gigantesca fuerza del proletariado mundial.

El exilio y los conglomerados programáticamente heterogéneos.

A nosotros no nos interesa la crítica de un grupo en sí (y mucho menos de individuos), sino poner al descubierto la realidad social de la que dicho grupo emerge, para incidir en ella. Veamos por lo tanto a que corresponde ese tipo de conglomerados con posiciones totalmente heterogéneas. Confluencia es uno de los intentos de romper con el Exilio Organizado por la Burguesía (cuyo análisis sistematizamos en Comunismo N° 2), sin embargo es absolutamente incapaz de contribuir a la construcción de una alternativa revolucionaria.

Sería tan fácil como erróneo, sumar un conjunto de posiciones burguesas que Confluencia difunde para encajarle la etiqueta de grupo burgués. El marxismo no analiza un grupo por sus ideas, ni muchísimo menos por los individuos que la componen, sino por el conjunto de su práctica programática. La contrarrevolución considera partidos obreros a todo lo que se denomina socialista o/y comunista (u "obrero degenerado" que es lo mismo), o/y a los que tienen muchos obreros y control de las centrales sindicales (hasta ahora están por explicar porqué consideran a los PC partidos obreros y no a los Nazis que entran en sus criterios). Para el marxismo son grupos obreros aquellos cuya práctica predominante es enfrentar al Estado burgués y sus recambios, a pesar de que expresen posiciones burguesas (ejemplo: grupo de Marx sobre México), siempre que no condicionen el conjunto de su práctica, e incluso a pesar de su composición (ejemplo el origen de la Liga Comunista y el de la fracción bolchevique), siempre que por su práctica social dichos militantes deserten totalmente de la burguesía y de la pequeña burguesía. Mientras que el "trotskismo" sigue definiendo al stalinismo como "obrero degenerado" por su discurso a veces "socialista" porque "tiene muchos obreros" y por su origen; para la línea histórica en la cual nuestro grupo se sitúa, para las fracciones comunistas que rompieron con la tercera internacional, el stalinismo es hace mucho tiempo una fuerza organizada del Capital por el conjunto de su práctica social en todo el mundo.

Nosotros no dudamos ni un instante que todo grupo cuya práctica predominante sea la defensa ("crítica" o no) de la "liberación de Estados realizada por la URSS o de la URSS misma, es un grupo contrarrevolucionario. De la misma manera todo grupo cuya práctica social predominante se inscriba en la defensa del Estado Burgués Sandinista, en la acción a favor del Peronismo, del Frente Amplio, de la Unidad Popular no tiene un pie de cada lado de la barricada, sino los dos del lado de la burguesía.

A pesar de las ideas burguesas que Confluencia propaga (y que le servirán al populismo para su reclute "basista" de obreros), su práctica fundamental no es el apoyo a esos Estados, ni el reclute para los frentes democráticos sino la búsqueda de caminos para una solidaridad clasista por la cual se verá objetivamente enfrentada (incluso más allá de sus ideas) contra el Exilio Organizado, contra toda su maquinaria de calumnias y acusaciones, que intentan empujarla decididamente en base a sus "sabias sentencias" ("ustedes no son solidarios con los presos") al camino de la Solidaridad por telegramas a presidentes. Dicha fuerza empujará de un lado, la lucha obrera del otro, y Confluencia, no podrá mantenerse un poco de cada lado y como otros grupos que la precedieron se decantará (y no es un problema de individuos, sino de posiciones), se dispersará o desaparecerá.

En los últimos años han tenido una existencia efímera (y no puede ser de otra forma) un conjunto de grupos que pretendieron asumir una solidaridad real clasista y romper con el Exilio Organizado, sin hacerlo a fondo, sin considerar como tarea prioritaria la participación en la guerra de clase del país en donde viven y pretendiendo bajo la fórmula "hay que atemperar las diferencias entre revolucionarios", que se podía realizar una práctica en ese sentido sin definiciones programáticas comunistas sobre el conjunto del movimiento obrero internacional. Todos esos conglomerados sostenían que la solidaridad y la revolución son inseparables, lo que es elemental, pero en realidad lo separaban totalmente porque pretendían que podía crearse una solidaridad clasista sin siquiera definirse sobre el antagonismo central que divide las dos clases fundamentales de la sociedad GUERRA IMPERIALISTA O REVOLUCIÓN COMUNISTA. Con dichas bases, es evidente que todos esos intentos fracasaron lo que dio como resultado que en el mejor de los casos sus militantes se dispersaran y en el peor que algunos de sus componentes fueran absorbidos directamente por los contrarrevolucionarios Comités de Exiliados.

Nosotros sostenemos que dicho resultado es inevitable pues si bien se puede, por ejemplo, hacer una huelga, enfrentar a los cuerpos de choque policiales, sindicales o/y patronales sin saber que el PC es una fuerza del Capital (pues basta enfrentar a sus agentes en el lugar de los hechos) y hasta llamándose peronista se puede actuar en el campo obrero en el Cordobazo o el Rosariazo; con dichas indefiniciones programáticas no se puede crear ninguna alternativa proletaria de solidaridad internacional. En efecto, en la acción directa cotidiana contra el Capital nos unificamos en base al conjunto de intereses de clase, independientemente de las ilusiones e ideologías que tenga cada obrero. Para tender a centralizar nuestra fuerza y organizar esa acción, nos unificamos en coordinadoras, cordones industriales, frentes obreros, etc. Ahí habrá siempre heterogeneidad programática, pues como consecuencia de todas las divisiones impuestas por el capitalismo, la clase obrera a pesar de sus intereses homogéneos (que permiten la unificación), es ideológicamente heterogénea. Ahí SI en la acción directa, en la organización y preparación de ella, hay unidad y heterogeneidad programática. Solo en base a dicha lucha cotidiana que lo unifica, un grupo de ese tipo se mantiene en el campo obrero y contribuye al desarrollo político del proletariado en su conjunto.

En cambio, esos conglomerados al estilo Confluencia pretenden mantenerse unificados sin homogeneidad programática y sin una acción directa cotidiana contra el Capital presente, basándose en la acción pasada, y a veces peor aún sobre las ideas de los obreros en la acción directa pasada. En efecto, la constitución misma de esos conglomerados, parte de la incomprensión de que el proletariado no tiene patria y por lo tanto no asumen como tarea central la acción directa contra el Capital del país en donde desarrollan su actividad. Al no actuar de esa manera, se colocan totalmente fuera de la única perspectiva de solidaridad clasista, de la única posibilidad de existir como fuerza obrera a pesar de las diferencias que separan a cada uno de sus componentes. Y como siguen pretendiendo responder a los ataques del Capital, sin constituir una fuerza, todo el peso de la "solidaridad" a larga distancia, la "solidaridad telegrama" los presiona sumergiéndolos en sus redes o impulsándolos a su dispersión.

Pero incluso en el mejor de los casos, cuando la ruptura con el Exilio Organizado es más profunda, cuando la ruptura con los Partidos de la izquierda burguesa y con los Sindicatos y con sus métodos de solidaridad por telegrama es total; cuando efectivamente se vinculan a los grupos obreros de los países y actúan en conjunto, se mantienen ilusiones que rápido se desmoronan. En efecto, si bien éste es el único caso en que realmente se hace solidaridad revolucionaria y hay experiencias importantes en este sentido; debe tenerse muy claro que solo dicha solidaridad internacional, dejará de ser circunstancial, puntual, para transformarse en solidaridad poderosa, efectiva, generalizada y permanente, cuando exista organización internacional comunista del proletariado.

He aquí el verdadero nudo del problema: lo importante no es Confluencia, sino los miles de militantes obreros exiliados que buscan infructuosamente, bajo el peso aplastante de la contrarrevolución, organizar la solidaridad de clase y contribuir a la reconstrucción del movimiento obrero de su región de origen, sin militar en el movimiento obrero del país en donde están, sin integrar los núcleos comunistas que desarrollan un trabajo sin fronteras para la reconstitución del movimiento obrero internacional, para la creación del partido comunista mundial. Es esa contradicción no resuelta entre la búsqueda de una alternativa que oponga al Exilio Organizado, la solidaridad clasista y la ilusión totalmente irreal de poder crearla sin una fuerza mundial (no latinoamericana) con bases estrictamente comunistas lo que da origen a ese tipo de conglomerados totalmente heterogéneos programáticamente (es decir en la teoría y en la práctica) que surgen y desaparecen a cada rato sin siquiera tener tiempo de mirar un poquito para atrás y ver que en la historia de la clase obrera las únicas veces que hubo una solidaridad internacional de clase masiva que trascendió lo accesorio para intentar transformarse en la regla, fue durante la Primera Internacional y durante el proceso de gestación y la primera época de la Tercera Internacional. En ambos casos fue el producto de largos años de trabajo de grupos comunistas internacionalistas que militaron desafiando las fronteras, y la represión, participando y orientando el trabajo revolucionario en los países donde la situación de exiliados los iba conduciendo, interviniendo en todas las polémicas (que tampoco tenían fronteras) que ideológicamente separaban a los grupos obreros entre si y establecieron un programa no regional sino mundial para la "constitución del proletariado en partido político (que) es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social y de su objetivo supremo la abolición de las clases".16

Es así que nosotros comprendemos la inseparabilidad entre solidaridad y revolución: si bien podremos golpear duro, incluso militarmente a tal o tal fracción de la burguesía (como en los últimos 60 años) independientemente de tal o tal idea burguesa de la que no nos hemos desprendido; no habrá solidaridad clasista generalizada, poderosa, efectiva, compacta, centralizada y permanente, ni revolución sin Partido Comunista Mundial.

Confluencia, no es por lo tanto ninguna excepción y tanto la aparición como la desaparición de conglomerados por el estilo, obeceden al hecho de que continúan existiendo reacciones contra la organización burguesa del Exilio, que seguimos siendo incapaces de inscribir en una perspectiva internacionalista y comunista. Ello se debe a la escasísima fuerza de los núcleos comunistas en todos los continentes, al desconocimiento total que existe en el mundo entero del programa comunista, (contra todas sus traficaciones) a la inexistencia de una verdadera centralización internacional de las fuerzas revolucionarias que luchamos por crear. Esto se explica a su vez porque recién ahora (en los últimos 15 años) el proletariado ha comenzado a romper con la fase más impresionante de toda su historia, con la fase de contrarrevolución mundial más brutal de toda su existencia, en la que solo fue mercancía y carne de cañón del Capital.

Una de las peores herencias de la contrarrevolución de la cual los obreros tendrán que desprenderse para triunfar, es la personalización de la teoria, la individualización del programa de clase, la idolatrización de tal o tal militante. Otra peor aún e indisociablemente ligada es confundir el movimiento social de destrucción del orden establecido, con las ideas de sus protagonistas; o mejor dicho reducir el contenido de las luchas obreras a las ideas burguesas que tienen los obreros. Ningún tipo de conglomerado puede romper con dicha herencia. Confluencia no es una excepción y si bien intenta desprenderse del primer aspecto y lo hace mal; en cuanto a la reivindicación de la ideología de los obreros17 no solo no rompe como lo vimos durante todo el texto, sino que se convierte en su más claro exponente explícito: "Son las viejas ideas por las que a lo largo de la historia, los pueblos del mundo se han levantado contra sus opresores. Son las ideas por las que los trabajadores en todas partes han librado combates tan desiguales" (N° 1). Sin preguntarse una sola vez si los intereses de clase coinciden o no con esas ideas, Confluencia reivindica evidentemente ese mundo amorfo de las ideas de la mayoría de los "obreros combativos". Así, si bien en todas partes menciona la memoria colectiva de la clase, no es para reivindicar la acción mundial de las fracciones comunistas, ni a aquellos grupos minoritarios que en esa misma linea intentaron en el Cono Sur (trágicamente aislados en la última gran ola de luchas), apropiarse del programa revolucionario del proletariado, sino por el contrario para situarse en el mundo amorfo de las mayorías, y del "combativismo" (nacionalista). Así, Confluencia publica su serie "Cuadernos de Confluencia" y titula su número 1 "Programas Obreros" integralmente dedicado a la Argentina. En la introducción pone en evidencia la importancia de la memoria colectiva de la clase. Todo revolucionario de origen argentino esperaría encontrar, por ejemplo, textos de Acción Comunista, de Poder Obrero, etc. y su pertinente crítica. Pero toda ilusión es defraudada pues Confluencia confunde programa obrero con programa sindical y publica un conjunto de programas sindicaleros. Así, Confluencia se transforma en difusora del programa que la burguesía argentina lograra imponer en las cabezas de largas masas de obreros, le hace propaganda a la CGTA y termina publicando, por ejemplo, un programa integralmente burgués como el de Huerta Grande (1962). En efecto, dicho programa contiene 10 puntos, 9 de ellos descaradamente de racionalización-gestíón del Capital nacional y de fortificación del Estado Nación (nacionalizaciones, control estatal, prohibición de exportaciones de capitales, deuda externa, proteccionismo, estatización de la tierra, abolición del secreto comercial, fiscalización Estatal, "planificación... en función de los intereses de la Nación") y uno solo que intenta cubrir las apariencias (solo las apariencias) con la consigna contrarrevolucionaria de "control obrero sobre la producción" del capital Nacionalizado.

Confluencia, es precisamente el mejor ejemplo de todos los conglomerados que lo precedieron pues dado que ni siquiera critica las posiciones burguesas de los "obreros combativos" (populismo obliga), es totalmente incapaz de contribuir a hacer un balance de la derrota, Confluencia morirá repitiendo la perorata "los enemigos nos trataron mal" (lo que es y era evidente), "los traidores, nos traicionaron" (lo que también es y era evidente dado que llaman traidores a los que siempre fueron agentes del Capital para la clase obrera) y la lucha de clases continuará su curso.

Conclusión

El lector atento y que sigue Comunismo habrá ya comprendido el hilo conductor de este texto. En Comunismo N° 2 habíamos puesto en evidencia la total homogeneidad del Exilio Organizado, su absoluta falta de originalidad, la reiteración literal de todos los esquemas del pasado, y por ello habíamos podido contribuir a fortalecer la crítica proletaria del mismo, analizándolo globalmente, pues el conjunto de afirmaciones efectuadas servía para criticar cada aparato particular.

En dicho número habíamos mencionado sin analizar la reacción anti-Exilio. De ello, decíamos que "no ha superado el carácter de simple negación lo que ha implicado que una parte nada despreciable de militantes ... se encuentren sin perspectivas de acción" (Comunismo nro. 2 pag.8). Nos hubiese gustado analizar el conjunto de esas reacciones y darle una sistematización global como lo hicimos con el Exilio. Sin embargo, nos dimos cuenta que dicho trabajo no es posible, pues como otro resultado de la contrarrevolución mientras ésta es capaz de homogeneizar absolutamente su línea y tener una coherencia escalofriante, las reacciones obreras (si excluimos los escasísimos grupos que se sitúan explícitamente y por su práctica en la línea de las fracciones comunistas) fueron y son totalmente heterogéneas, se concretizan en conglomerados de grupos que se constituyen y desaparecen rapidísimo con referencias a veces ultraregionalistas, y que además no tienen ni una práctica uniforme, ni las posiciones que defienden son coherentes entre sí.

Por ello, hemos optado por tomar el método inverso que en el número anterior: en el N° 2 habíamos señalado las líneas generales homogéneas para que sirviera a la crítica de cada aparato en particular; en este número hemos tomado un conglomerado en particular para desentrañar los problemas generales. En este cuadro se explica la elección de Confluencia no porque haya trascendido más que otros grupos, sino porque a diferencia de los anteriores que intentaron criticar las ideas burguesas que estuvieron presentes en los obreros combativos del Cono Sur en el período de lucha de clases y que marcó sus límites; Confluencia realiza la apología de las ideas de la mayoría de los obreros que pelearon contra el Capital, sin intentar siquiera explicar porqué a pesar de que coraje sobró, no fue creado un verdadero partido de clase.

Se comprenderá entonces que principal interés del texto, no es la crítica a Confluencia (y muchísimo menos a sus componentes) sino a la ideología populista o/y de la izquierda del Capital, que peso en los momentos decisivos en parte importante de los obreros combativos, y que aún sigue pensando enormemente en las rupturas siempre parciales con la Democracia y la Liberación Nacional. En esa crítica Confluencia es el ejemplo por excelencia pues con la historia de "atemperar las diferencias entre los revolucionarios" (que confunde casi por completo con partidarios de la violencia), junta realmente todas las combinaciones ideológicas que pesan todavía sobre los obreros y que habrá que destruir para construir la fuerza política de la revolución a venir.

Notas:

10 Confluencia considera a los dirigentes Montoneros "compañeros" (N° 1), éstos últimos buscan en su mayoría ser "compañeros" de los dirigentes de la socialdemocracia Internacional.

11 Notese además, que EVITA llama "movimiento obrero organizado"; al encuadramiento que el Estado burgués Argentino a través de los sindicatos peronistas había realizado para supeditar los obreros al Capital. Claro que la fracción burguesa que asume el poder en el 55 es reaccionaria pero lo que Confluencia calla es que toda la burguesía es reaccionaria frente al proletariado (incluido el peronismo).

12 Claro que no nos referimos al pasaje casi entero de la aviación del lado de Khomeny, sino a la desintegración 'de una parte muy importante del ejército de tierra, a los enfrentamientos concentrados en el barrio Norte de Teheran al desarme de las tanques, a la fraternización masiva entre obreros y soldados, que posibilitó que una parte considerable de las armas fueran apropiadas por "elementos incontralados". Y nos querían hacer creer que el proletariado era islámico y pacifista.

13 Daniel Guerin "Front Populaire, Revolution Manquée" en el capítulo "Los dos Frentes Populares" p.103.

14 La incongruencia es total porque en algunos textos se habla de "dictadura" refiriéndose a la dictadura de la burguesía que incluye evidentemente todos los recambios burgueses, y a veces como aquí utiliza "dictadura" para referirse como lo hacen todos los demócratas en el mundo a la "dictadura de Somoza".

15 Las expresiones son de un volante reproducido por Pallais en "Incitación a la refutación del Tercer Mundo".

16 Artículo 7 del Estatuto de la AIT adoptado en el Congreso de la Haya en 1872 (con oposición de los elementos anarquistas). Es la reafirmación de la posición del Manifiesto del Partido Comunista de 1847.

17 El proletariado como clase niega la ideología. Por lo tanto, reivindicar la ideología de los obreros es ni más ni menos que reivindicar el conjunto de mistificaciones que constituyen el cemento de la sociedad de explotación. El stalinismo pretendió ser el mejor exponente de la "ideología del proletariado" nosotros no le discutimos el mérito.

 


CO3.4 A Propósito de confluencia