LIBERACIÓN NACIONAL: COBERTURA DE LA GUERRA IMPERIALISTA.

Segunda parte

En la Primera Parte de este texto, publicada en Comunismo N°2 hemos señalado el carácter imperialista de toda guerra nacional, poniendo en evidencia que el esquema ideológico construido por la burguesía ("marxismo-leninismo"), según el cual el comunismo sería un conjunto de principios definidos por Marx, Lenin y otros, cuyas adecuaciones tácticas conducirían a deducir que el interés de los proletarios es el apoyar las guerras nacionales de liberación, tiene como principal fundamento real la necesidad burguesa de movilizar y militarizar al proletariado para que le sirva de carne de cañón de sus intereses imperialistas de rapiña.

Comunismo : Movimiento y no principios.

La burguesía no puede hacer milagros, sus intereses capitalistas se oponen total y antagónicamente a los intereses comunistas del proletariado; para hacer un puente teórico entre sus necesidades y las de sus enemigos tiene necesariamente que falsificar totalmente los de estos últimos. Es absolutamente imposible conciliar al comunismo con el capitalismo, necesariamente cuando los obreros se masacran entre ellos en defensa de los intereses de "sus" explotadores, es imposible que no renuncien a sus intereses. Por ello, para hacer pasar la guerra nacional como comunista es imprescindible que la burguesía falsifique el comunismo. Esto es precisamente lo que hacen todos sus ideólogos cuando explican que el comunismo sería un conjunto de principios inventados por Marx y Engels. Es la única manera de falsificar en serio, falsificar por la raíz, y en este aspecto central los "antirevisionistas" demuestran ser brutalmente revisionistas.

En realidad, el comunismo no es un conjunto de principios, ni tampoco una doctrina inventada por Marx y Engels, el comunismo es el movimiento social de abolición del orden establecido, cuya existencia precede la vida de Marx y Engels. Marx y Engels, a diferencia de Bernstein, Kautsky, Bebel y muchos otros se sitúan abiertamente al interior de este movimiento, como militantes; y como hicieron siempre los militantes comunistas antes y después de Marx y Engels lucharon por imponer el contenido del comunismo y revelar su substancia. Por ello, jamás escondieron (como lo hacen todos los revisionistas, del pasado y del presente, declarados o escondidos detrás de su "ortodoxia") que el comunismo no puede ser un conjunto de principios elaborados por Fulano, Sultano, o por ellos mismos, a aplicar de acuerdo a diferentes circunstancias tácticas. Todo lo contrario, se pronunciaron abiertamente contra dicha concepción, sentando en este aspecto fundamental las bases invariantes de la lucha contra el revisionismo: "Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos" "Los comunistas ... no proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario" (Manifesto Comunista)

Marx y Engels no "revisaron" el comunismo, sino que por el contrario afirmaron su naturaleza invariante a lo largo de la historia, y su afirmación teórico-práctica a través de ella y particularmente frente al desarrollo del capitalismo: "M. Heizen se imagina que el comunismo es una cierta DOCTRINA, que partiría de un principio teórico determinado -EL NÚCLEO- de donde tiraría sus ulteriores consecuencias. M. Heizen se equivoca totalmente. El comunismo no es una doctrina sino un MOVIMIENTO; no parte de principios, sino de HECHOS. Los comunistas tienen, como presuposición, no tal o tal filosofía, sino toda la historia pasada y especialmente sus resultados efectivos actuales..." (Engels).

La actual justificación pseudo-marxista de la "liberación nacional" parte en todos los casos, no de las bases sentadas por el movimiento comunista en su propia historia y sus esfuerzos de sistematización teórica, pues como veremos el comunismo fue siempre antagónico con el nacionalismo; sino de la contrarrevolución ideológica operada por la Segunda Internacional por la cual el "marxismo" es transformado en ideología del progreso. Contrariamente a la historia que nos contaron, entre los "reformistas" y los "ortodoxos" de la Segunda Internacional (exceptuando algunas fracciones que se situarán en el terreno proletario precisamente en la medida que rompen con las concepciones de ella), no existe tal diferencia como la historia lo puso en evidencia.

La historia hecha por los Kautskystas y sus epígonos consiste en afirmar que ellos conservaron el "verdadero marxismo" contra el "revisionismo", la realidad es que lo que les molestó a Kautsky y Cía, es que Bernstein haya revelado lo que era un secreto de Partido: "la socialdemocracia es un partido de reformas". Por ello, los que supuestamente organizaron la ortodoxia, organizaron el enterramiento de los análisis fundamentales de Marx y Engels en todos los dominios importantes, que cuestionaban la práctica de la socialdemocrácia; ocultando todos los textos de crítica directa a la socialdemocracia, los "Fundamentos de la crítica de la economía política", los estudios de la cuestión militar, el rol de la violencia, etc. Contra las propias posiciones de Marx ("yo no soy marxista"), se construyó "el marxismo como ciencia"; lo que tenía necesariamente que conducir a negar que "el comunismo en la medida que es teórico es la expresión teórica de la posición del proletariado en esa lucha y el resumen teórico de las condiciones de liberación del proletariado" (Engels) y a afirmar que es "una teoría puramente científica, que en tanto tal, no está de ninguna manera ligada al proletariado" (Kautsky); y a la negación más brutal de que "no es la conciencia de los hombres que determina su existencia sino su existencia social que determina su conciencia" y por lo tanto a la reaccionaria conclusión antimaterialista que "La conciencia socialista actual solo puede surgir en base a un profundo conocimiento científico. Pero el portador de la ciencia no es el proletariado, sino los intelectuales burgueses ... Por lo tanto, la conciencia socialista es un elemento importado del exterior para la lucha de clase del proletariado ..." (Kautsky).

La más brutal de las revisiones, la más peligrosa de las ideologías de la contrarrevolución, (dado que la otra parte de los revisionistas reformistas, se declaraban abiertamente como tales y por lo tanto no engañaban a nadie al respecto), se realizará precisamente en nombre de la "ortodoxia marxista" en nombre del "marxismo". Desde esa fecha en adelante, el reformismo burgués no deberá recurrir explícitamente, a Lasalle, Proudhon o Bernstein; estará basado siempre en el "marxismo" a la Kautsky.

Comunismo y nación : Antagonismo invariante

Dijimos que "el comunismo es el movimiento social de abolición del orden establecido". Agreguemos ahora que dicho movimiento incluye necesariamente su punto de partida y su punto de llegada, la sociedad primitiva y la sociedad postcapitalista.

La teoría comunista, no puede ser otra cosa que la expresión teórica de ese movimiento por el cual la sociedad comunista primitiva es negada dando origen a la sociedad de clases, que a su vez vuelve a ser negada (negación de la negación) para dar origen al comunismo superior (la obra de Marx ha puesto en evidencia la totalidad de dicho proceso). El comunismo primitivo, es disuelto progresivamente por la acción del valor de cambio y su autonomización, solo posible con un cierto nivel del desarrollo de las fuerzas productivas; este proceso de destrucción de las comunidades engendra simúltaneamente los individuos, las clases, los Estados, las Naciones: Ia deshumanización del hombre. A partir de entonces, la "historia" (prehistoria) de la "humanidad" (no humana) es la de la pérdida de su comunidad bajo la acción del valor de cambio y la lucha contra éste. Dicha lucha pasa a su fase crucial con la autonomización extrema del valor de cambio, es decir con el Capital que al mismo tiempo conduce al máximo el despotismo del valor, desarrolla las condiciones y las fuerzas sociales que hacen posible su destrucción que marcará el fin de la prehistoria de la humanidad, la fundación de la verdadera gemeinwesen1 del hombre, el ser humano. "El comunismo, abolición positiva de la propiedad privada, en tanto que autoextrañización humana y, por ello, apropiación efectiva de la esencia humana por el hombre y para el hombre, de este hecho retorno completo, consciente y al interior de toda la riqueza del desarrollo efectuada hasta él, del hombre para sí en tanto que hombre social, es decir humano. Ese comunismo, en tanto que naturalismo acabado = humanismo, en tanto que humanismo acabado = naturalismo; es la verdadera solución del antagonismo entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, la verdadera solución de la lucha entre esencia y existencia, entre objetivación y afirmación de si, entre libertad y necesidad, entre individuo y género. El es el enigma resuelto de la historia y se conoce como esta solución" (Marx 1844).

Contrariamente a los revisionistas de todo tipo, para nosotros eso es el comunismo, hace 100 siglos, hoy y mañana, su naturaleza es invariante, no puede partir de principios sino de hechos, no solo de hechos sino de hechos necesarios, no solo de hechos necesarios sino de necesidades transformadas en hechos. Todas las posiciones ideológicas quedan demolidas por la práctica social, toda la ideología de la contrarrevolución queda al descubierto, frente al comunismo como movimiento de naturaleza invariante práctico, histórico y universal.

La cuestión nacional no escapa en absoluto a la regla. La lucha de una nación contra otra nunca fue otra cosa que la negación de la comunidad humana, estuvo siempre ligada a los intereses imperialistas de Ias clases explotadoras y dominantes de la historia, y suponen invariantemente en toda la historia que los explotados que dan su vida por la de "sus" explotadores, renuncian totalmente a sus necesidades, renuncian por lo tanto a la lucha por el comunismo. No podemos aquí detenernos en la historia de las diferentes formaciones sociales, pero es necesario retener el hecho de que la lucha de la humanidad por reconstituir la comunidad perdida y destruida (que dará lugar sea a la formación social esclavista, sea a la formación social asiática o tributaria) es asumida siempre por las clases explotadas de estas formaciones sociales, y que dicha lucha se enfrenta necesariamente a las clases explotadores y a sus potentes Estados Nacionales o Plurinacionales e Imperialistas. En todas las formaciones sociales clasistas preburguesas, donde las guerras de rapiña y conquista son permanentes, la cuestión militar central y de más dificil resolución es ya desde el punto de vista de las clases dominantes el problema de como supeditar a los súbditos y vasallos, a sus intereses imperiales, obligándolos a realizar la guerra por su cuenta. Durante muchos siglos, las clases explotadoras, no obtienen absolutamente ninguna adhesión al respecto y el peso fundamental de la guerra nacional e imperial recae sobre los propios interesados, los opresores. A este tipo de condiciones de no supeditación corresponden las formaciones militares estrictamente cerradas, donde el derrotismo de los vasallos era enfrentado en el propio campo de batalla: éstos eran totalmente rodeados por los señores y empujados (no ideológicamente sino físicamente) dejándoles como único agujero de salida el ángulo por donde aparecía el enemigo nacional a enfrentar. Si los opresores no eran capaces de asegurar, su superioridad físico-militar con respecto a sus vasallos era materialmente imposible llevarlos a la guerra. Los vasallos hacían la guerra solo porque optaban por una muerte probable peleando contra los enemigos nacionales de sus opresores, frente a una muerte segura si retrocedían contra sus opresores. El desarrollo de las fuerzas productivas, permitirá a algunas naciones revolucionar este esquema, permitiéndoles a las clases dominantes de la mismas obtener una considerable adhesión "nacional" que les permitirá a su vez utilizar formaciones militares mucho más abiertas, fortificando su capacidad militar y su poder de imposición en el campo de la guerra imperialista. Dicho cambio cualitativo, en la potencia de las clases dominantes de esas naciones, está indisociablemente ligado al desarrollo de una capa social intermediaria libre en las ciudades, que hará posible la consolidación del ciudadano, la democracia y la consecuente fortificación del Estado como Estado Nacional e Imperial.

En todas las sociedades precapitalistas, los vasallos, súbditos, esclavos, serán objetiva y subjetivamente antinacionales, subversivos y derrotistas. Ello no puede explicarse por ninguna ideología, por ningún tipo de principios o de doctrina, era una necesidad histórica material. Así, por ejemplo, toda lucha contra las impresionantes condiciones de la esclavitud a las que estaban sometidos invariablemente hombres de razas diversas de pueblos muy diferentes (y en muchos casos al principio extraídos directamente de una comunidad) era evidentemente una lucha contra la esclavitud y al mismo tiempo una lucha que objetivamente saboteaba los intereses imperialistas de los esclavistas y su Estado Nacional Imperialista: al respecto retengamos el ejemplo luminoso de los esclavos, de orígenes tan diferentes, que se revelaron dirigidos por Espartaco.

No pretendemos de ninguna manera identificar la lucha del proletariado moderno con la que desarrollaron sus prefiguraciones históricas (las clases y estamentos sociales que lo precedieron como explotadas en las sociedades pre-capitalistas), sino poner en evidencia el hecho indiscutible de que la reacción comunista de la humanidad ha sido y es invariantemente antinacional y de paso poner a los ideólogos de la liberación nacional en su verdadero lugar del lado de todas las clases explotadoras y dominantes de la historia. Los explotados no pueden intentar resolver el problema de su explotación, eligiendo entre un tirano bueno y un tirano malo; la lucha contra la explotación no ha incluido nunca consideraciones filosóficas sobre el progreso por la simple razón de que no parte de ideas, sino de necesidades vitales, y por ello durante toda la historia asume su fuerza contra la explotación directa, contra los explotadores directos sin ninguna consideración sobre si estos promueven o retrasan el tan cacareado "Progreso".

A partir de la dominación del mundo por el Capital, el conjunto de las contradicciones de clase no quedan abolidas, sino que se simplifican y exacerban, división de la sociedad en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado. La cuestión nacional, lejos de ser resuelta, se exacerbará cualitativamente, la burguesía será la portadora de todos los antagonismos entre las naciones y pueblos; y en este sentido (al recibir un mundo desgarrado por contradicciones que no resuelve sino que desarrolla), será la heredera de todas las clases explotadoras de la historia, no suprimirá las crisis, el hambre y la miseria; por el contrario las llevará a su generalización: las crisis y las guerras se mundializarán por primera vez en la historia. En el campo enemigo se desarrollará el proletariado, heredero de todas las clases explotadas y oprimidas en la historia, síntesis de todos los sufrimientos de la humanidad y clase portadora de eliminación de todas las clases, de todos los Estados, de todas las naciones: el comunismo pasa a ser la acción del proletariado.

El proletariado es el producto del mercado mundial capitalista, y como tal, primera clase de la historia que es directamente mundial, pues no sólo abarca el mundo entero sino que no tiene ningún interés regional, nacional, particular, específico a defender2, pues su esclavitud asalariada no es un mal particular, sino un mal general, que solo podrá abolir a la escala universal: "... la masa de obreros que no son otra cosa que obreros-fuerza de trabajo masiva, separada del Capital y de toda especie de satisfacción incluso limitada supone el mercado mundial; como lo supone entonces también la pérdida, no a título temporario, de ese trabajo en tanto que fuente asegurada de existencia, pérdida resultante de la competencia. El proletariado no puede existir a otro nivel que a la escala de la historia universal de la misma manera que el comunismo que es su acción, no puede de ninguna manera reencontrarse de otra forma que en tanto que existencia "histórico universal"." (Marx)

Todos los sostenedores de la "liberación nacional", de la "gran unificación nacional" o del "separatismo nacional" pretenden situar al proletariado a un nivel totalmente inferior al de las Clases explotadas del pasado: renunciando a su necesidad inmediata de lucha contra sus explotadores directos en nombre de que estos serían más progresistas que los otros. En realidad, el proletariado está determinado por el Capital y por su propia existencia práctica a situarse a un nivel completamente superior a todas las clases explotadas del pasado. No solo porque no abandona la lucha por sus necesidades e intereses inmediatos contra sus explotadores directos, sino porque esta misma lucha se sitúa objetivamente como una lucha mundial contra todos los explotadores, asumiendo directamente el carácter de acción de una clase mundial, asumiendo totalmente su esencia: lucha directamente comunista por el comunismo. Ese importantísimo salto cualitativo, no puede implicar de ninguna manera el abandono de la acción derrotista como una acción directa, espontánea, necesaria; sino que implica la tendencia a la asunción consciente, organizada y voluntaria de ella; la constitución del proletariado en partido comunista a nivel mundial. El proletariado como clase no renuncia al combate invariante, antinacional, subversivo y derrotista de sus prefiguraciones históricas, sino que no tiene más remedio que afirmarlo y transformarlo en derrotismo revolucionario, derrotismo directamente comunista. Mientras todas las clases explotadas del pasado eran subversivas pero no revolucionarias, pues su existencia material contenía el comunismo primitivo y no el comunismo del futuro; la existencia y acción del proletariado como clase, es decir como partido, contiene ya el movimiento de abolición del orden actual, el comunismo como plan de vida para la especie humana.

Mientras las clases explotadas del pasado podían aparecer regionalmente como tales sin distinción de origen y nacionalidad, aspirando a una reconstitución comunitaria particular sin posibilidades materiales de abolir las clases y las naciones en el mundo, el proletariado es ya hoy disolución de todas las nacionalidades, de todas las clases y su acción revolucionaria prefigura la comunidad futura mundial: "la revolución ... está dirigida contra el modo de actividad anterior, ella suprime el trabajo y realiza la abolición de la dominación de todas las clases, aboliendo las clases mismas, porque ella es efectuada por la clase que no es más considerada como una clase en la sociedad, que no es más reconocida como tal y que es ya la expresión de la disolución de todas las clases de todas las nacionalidades, en el cuadro de la sociedad actual". MARX

El capitalismo ha cambiado enormemente, resultando difícil a veces comprender la continuidad entre el burgués ruso o americano actual y el mercader de la edad media o las compañías piratas. Sin embargo, ninguna de sus determinaciones esenciales han variado, más aún todos los cambios y revoluciones en las fuerzas productivas y las relaciones de producción del planeta en los cuatro últimos siglos solo pueden ser explicadas por lo que constituye la esencia del Capital: valor que requiere valorización permanente y para ello no tiene más remedio que revolucionar las fuerzas productivas y las relaciones de producción, desarrollando y fortificando la fuerza y la concentración de su enemigo histórico. La afirmación de la esencia invariante del Capital, no ha hecho más que afirmar antagónicamente la esencia invariante del proletariado: si siempre ha sido la expresión de la disolución de todas las clases y de todas las nacionalidades, su propio desarrollo, autonomía y organización ha afirmado cada vez que ha actuado como clase un nivel superior de su esencia internacionalista y de su programa derrotista revolucionario, enfrentando a "su propia" burguesía saboteando y oponiéndose a la guerra imperialista por medio de la guerra civil revolucionaria, llevando el antagonismo invariante entre comunismo y nacionalismo a su expresión suprema y más desarrollada; la guerra civil, clase contra clase a nivel mundial.

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La oposición entre comunismo (= acción del proletariado) y liberación nacional (o sus variantes unificación nacional o separatismo nacional) no es por lo tanto únicamente una oposición entre "finalidad" proletaria y "finalidad" burguesa, que dejaría abierta la puerta a especulaciones sobre táctica o sobre el progreso; es una oposición total del conjunto del movimiento. Dicha oposición se manifiesta en que cualquier subordinación del proletariado a la nación implica no solo la renuncia a la lucha por sus intereses históricos si no la renuncia a la lucha por sus intereses inmediatos (y disculpe el lector que separamos lo inseparable para denunciar la falsedad de tal separación). En efecto, toda lucha por la "autonomía nacional" o la "unificación nacional" explicada en nombre del progreso, de la táctica y de la lucha contra otra burguesía que sería "más opresora", solicita del proletariado que éste abandone su lucha momentáneamente; tácticamente (eso dicen) contra la burguesía oprimida. Dejando de lado la reaccionaria división entre burguesía oprimida y opresora (pues toda clase explotadora ha luchado entre sí por apropiarse de la mayor parte del excedente posible creado por los productores, sin que las fracciones más desfavorecidas adquieran un carácter de oprimida, sino que, continúan siendo igual e inseparablemente explotadoras y opresoras) es evidente que este planteo parte de negar lo que realmente es la lucha del proletariado: una lucha espontánea que nace de las condiciones mismas de su explotación. Proponerle al proletariado que renuncie a la lucha contra sus explotadores directos, contra la explotación inmediata, sea en nombre de Cristo, de Mahoma o de Stalin o de la liberación nacional es proponerle negar su propia realidad material, en nombre de una ideología o religión. En efecto, el ABC del materialismo histórico permite comprender que la lucha de clases no nace de la filosofía ni de un conjunto de ideas, sino de las propias condiciones de producción y vida que empujan a las clases a enfrentarse entre sí, y que el proletariado se define prácticamente en una lucha que lo opone directamente a "sus" burgueses antes de cualquier consideración ideal o filosófica (sobre si estos burgueses son o no "oprimidos") con la cual estos intentan desviar el descontento obrero: lo que pone nuevamente en evidencia quienes son los que están interesados en la ideología de la liberación nacional.

Por esta razón, el cuento de la "táctica obrera" estalla en pedazos. La lucha del proletariado es una unidad indisociable de la totalidad de su movimiento, su fin y sus medios. Un grupo obrero solo realiza consideraciones tácticas a partir de esta base material, intentando resolver, cuales son los mejores medios para que la rabia obrera surgida de las condiciones de la explotación se organice lo mejor posible para golpear a los culpables directos de ella, sin perder de vista la contribución de dicho sector del proletariado a la lucha del conjunto de la clase. Es decir desde el punto de vista obrero no hay ninguna separación, ningún interés en contener la rabia contra la explotación, sino por el contrario un interés de clase en que esta rabia se exprese en la forma más potente, organizada y efectiva posible.

Desde el punto de vista burgués al contrario, existe interés en contener y desviar dicha rabia obrera y para ello se utiliza la táctica de la liberación nacional a los efectos de lograr su objetivo estratégico: mantenimiento del sistema capitalista. La burguesía no puede evitar que la bronca surja, lo principal entonce es que esta bronca sea dirigida contra otra fracción de la burguesía, canalizarla al servicio de sus intereses estratégicos de fracción "oprimida". Es únicamente en este sentido que el cuento de "hay que apoyar tácticamente la liberación nacional" es un medio táctico: táctica de la burguesía para lograr sus intereses generales de clase y fortificar sus intereses fraccionales.

Con el mito del progreso, que es uno de los tantos que sostiene la ideología de la liberación nacional,3 sucede lo mismo. Desde que la socialdemocracia creó el "marxismo" como ideología del progreso, el conjunto de la política burguesa para el proletariado se basa en desorganizarlo con el cuento de que tal o tal otra fracción de la burguesía representa el progreso, fracción "progresista de la burguesía". También esta "historia del progreso" pretende que el proletariado abandone la lucha por sus necesidades, surgida de las condiciones mismas de la explotación y que acepte la elucubración filosófica sobre un concepto absoluto, aclasista, y por lo tanto ahistórico denominado progreso. Este mito estalla en pedazos cuando se sitúa el progreso como categoría histórica clasista y nos preguntamos: ¿en qué consiste el progreso del Capital? Los "marxistas" dirán que el Capital desarrolla las fuerzas productivas y fortifica así al proletariado (lo que es evidentemente cierto), pero "olvidarán" agregar que ese mismo progreso traba al mismo tiempo el desarrollo de las fuerzas productivas, las destruye periódicamente y que frente a cualquier acción del proletariado el Capital hoy o hace dos siglos es contrarrevolucionario. Jamás dirán que esa acción "civilizadora" del Capital incluye la guerra de proletarización permanente, la guerra contra el proletariado y la guerra imperialista. Efectivamente desde el punto de vista del Capital es progreso (y lo ha sido siempre) también la destrucción física de los que no se adaptan a las condiciones de explotación, la masacre de los obreros que luchan por sus intereses de clase, y la misma guerra imperialista periódica sin cuya destrucción brutal no hay expansión; lo que muestra hasta que punto la lucha del proletariado ha sido siempre antagónica a ese progreso. Queda también clarito de que lado de la barricada se sitúan los defensores del "progreso" en abstracto, y hasta que punto son coherentes los defensores de la liberación nacional cuando se sitúan en uno de los campos de la guerra imperialista. Sin lugar a dudas están contribuyendo a ese progreso que ha permitido la extraordinaria expansión capitalista de todas las postguerras, sobre los cadáveres de decenas de millones de proletarios.

Efectivamente, no hay duda de que cada postguerra expande el Capital y desarrolla al proletariado en número y concentración y que en base a ello se podría argumentar eternamente sobre el carácter progresista de la guerra imperialista, diciendo que luego de la misma la revolución será mas factible, en especial si gana el campo imperialista "más progresista".

Pero la lucha del proletariado no parte de la ideología del "progreso", sino de la necesidad; no parte de consideraciones filosóficas sino de la explotación y contra ella. Hoy el carro del progreso capitalista tiene un solo camino para no empantanarse; la autopista que conduce a la "tercera" guerra mundial; hoy como ayer contra la "civilización", contra las otras guerras imperialistas, el proletariado luchará por sabotear y liquidar dicho carro, porque desde el punto de vista del proletariado lo único que constituye un progreso es precisamente esta lucha y sus resultados comunistas.

Revisionismo y utilización de los nombres de Marx y Engels.

"Ahí donde el marxismo es popular entre los obreros, esa corriente política, ese "partido obrero burgués" invocará con vehemencia el nombre de Marx. No podemos prohibírselo, como no se puede prohibir a una firma comercial el hacer uso de cualquier etiqueta, de cualquier insignia o publicidad. Se ha visto siempre, en el curso de la historia, que luego de la muerte de los jefes revolucionarios populares entre las clases oprimidas, los enemigos de esos jefes intentan explotar sus nombres, para engañar esas clases" decía Lenin en 1916. Poco después su propio nombre iba a ser utilizado con el mismo fin.

Como hemos dicho, el revisionismo más peligroso es precisamente éste que se basa en la utilización de los nombres de los militantes queridos por los obreros; no aquel que innova totalmente, que entierra abiertamente la obra de los comunistas, sino aquel que se construye como pretendido continuador, como supuesto defensor de dicha obra, como defensor de la ortodoxia, del dogma y los principios del marxismo. Con dicha metodología, que niega lo que el comunismo ha sido, es y estará determinado a ser históricamente, se puede hacer absolutamente cualquier cosa en el plano de las ideas.

Efectivamente, por la misma naturaleza del comunismo (que no tiene nada que ver con ninguna religión, ningún dogma o principio), cuyo desarrollo y afirmación de su contenido invariante, se produce en una sociedad que es su antagónico más brutal; siempre podrá encontrarse posiciones teóricas y prácticas, incluso en sus militantes más lúcidos, totalmente erróneas, totalmente apartadas de la acción comunista. Utilizando esas posiciones erróneas, aislándolas de su historia real y la práctica fundamentalmente comunista; se puede evidentemente justificar, de una forma muy ortodoxa, absolutamente cualquier cosa. Claro que Marx y Engels como cualquier otro militante comunista del pasado, del presente y del futuro adoptaron posiciones que hoy no cabe duda que eran totalmente incompatibles con la perspectiva proletaria y comunista, es decir contrarrevolucionarias. Pretender negar esa realidad histórica, es no solo falso y anticomunista, sino que es totalmente religioso y se sitúa abiertamente contra la propia práctica comunista de Marx y Engels.

Lo que sitúa a Marx y Engels en la vanguardia del movimiento comunista durante muchas décadas es la afirmación teórico-práctica del nivel más elevado del programa comunista, que no permite que sus posiciones no proletarias se transformen para ellos mismos en ningún tipo de dogma. En efecto, teniendo en cuenta la totalidad de la práctica en un momento crucial del desarrollo del proletariado como clase, jamás se puede deducir la ideología burguesa que hoy nos venden como la "obra de Marx y Engels". El conjunto de posiciones no comunistas de Marx y Engels, no es su práctica dominante (de lo contrario tendríamos que hablar de su pasaje a la contrarrevolución), e incluso nunca se sostuvieron como dogmas sino que fueron oscilantes, cuestionadas en cada hecho histórico que la lucha de clases puso en evidencia, nunca generales y en circunstancias cruciales de la lucha del proIetariado rectificadas totalmente.

Los comunistas no le tememos a la historia, pues su propia realidad es nuestra afirmación, no tenemos ningún interés en ocultar que Marx y Engels en tal circunstancia sostuvieron que se podría llegar al socialismo sin necesidad de la revolución violenta, que en tal otra apoyaron una "potencia imperialista" contra una "nación oprimida", que en otras sostuvieron la "nación oprimida" contra la "nación opresora", que más de una vez procedieron de una forma abiertamente oportunista criticando en privado la totalidad de las posiciones socialdemócratas, sin romper con ella y denunciarla con el mismo vigor a nivel público, etc. El deber de los comunistas es poner en evidencia que incluso los elementos más avanzados del movimiento proletario de la época, tenían un conjunto de ilusiones democráticas (que la práctica iba a destruir), de las que no escapaban totalmente Marx y Engels y que los llevaría a adoptar posiciones objetivamente no revolucionarias y a afirmar juntos aberraciones tales como que los obreros "han transformado el sufragio universal de medio de engaño que había sido hasta ahora en instrumento de su emancipación".4

La contrarrevolución ortodoxa o la ortodoxia de la contrarrevolución operará siempre tomando precisamente esas posiciones como "marxismo",5 ocultando lo mejor posible el verdadero aporte de Marx y Engels, e idealizando, santificando a Marx y Engels como personas ahistóricas, profetas o dioses; es decir abstrayéndolos de la historia y situándolos así fuera del comunismo real. Esta es siempre la visión de todos los que se sitúan fuera del movimiento comunista; para ellos el comunismo es una invención genial o maligna, una ideología buena o mala, una filosofía perniciosa y dictatorial o igualitaria y democrática, un complot, un dogma, un libro rojo, un programa de gobierno, las cuatro modernizaciones, Brejnev, un proyecto de reformas presentado a la constituyente, etc.; es decir absolutamente cualquier cosa menos el movimiento real de destrucción de esta sociedad.

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Contra ese "marxismo" burgués, se sitúa el movimiento comunista, el proletariado revolucionario, en donde Marx y Engels son dos militantes comunistas de carne y hueso, que no inventaron el comunismo situándose más allá de la historia y la materia, sino que se inscribieron en su lucha histórica, material y permanente, contribuyendo a ella en forma decisiva y determinante y que por lo tanto no están exentos de errores e ilusiones. La necesaria reconstitución teórico práctica del movimiento comunista, la restauración programática, no puede basarse en ningún tipo de dogma o dios, pretendiendo justificar las posiciones no comunistas de Marx y Engels. Y paradójicamente, aquí como en tantos otros aspectos centrales de la crítica del Capital, los proletarios tenemos aún muchisimo que aprender de la práctica de Marx y Engels, cuya crítica no perdonó ninguna ilusión, mito o dogma.

Precisamente por el hecho de que Marx y Engels, no se consideraron "inventores de los principios del comunismo", pudieron comprender el movimiento comunista que los precedió, inscribiéndose en él, criticando sus utopías, ilusiones, errores, etc. Con dicha metodología explicaron el surgimiento, desarrollo y límites de los partidos comunistas o "pre"comunistas que precedieron su propia acción práctica. Hoy el movimiento comunista lejos de renunciar a dicha metodología, la asume plenamente, en la necesaria restauración programática, condición imprescndible de la reconstitución orgánica del partido de clase.

Las posiciones de Marx y Engels con respecto a la cuestión nacional, como en cualquier otro campo donde tuvieron posiciones no comunistas, fueron oscilantes. De la misma manera que manifestaron a veces posiciones totalmente equivocadas en cuanto a la democracia, al sufragio universal, etc., pero no pueden ser considerados en absoluto como demócratas radicales de izquierda, porque el conjunto fundamental de su práctica se inscribe en las antípodas de todo democratismo, de todo electoralismo y parlamentarismo, en la defensa abierta del terrorismo revolucionario y la abolición de la democracia; frente a la cuestión nacional a pesar de las oscilaciones permanentes, la única praxis general y predominante de Marx y Engels es la posición directamente comunista, es decir internacionalista. O mejor dicho: a pesar de las ilusiones de Marx y Engels que los lleva a oscilar muchas veces entre las ideologías dominantes de la época: ideología de la "autodeterminación nacional" e ideología de la "civilización", su única teoría general es la de unificación del proletariado a nivel mundial contra toda la burguesía, su única acción militante permanente es directamente internacionalista y de lucha por la organización internacional y comunista de los obreros del mundo entero. Digámoslo todavía más claro, Marx y Engels no ocupan un lugar fundamental en la gloriosa historia del comunismo mundial por sus especulaciones sobre la liberación de Polonia, la exportación de la "civilización" a México, dado que era la ideología general vehiculizada en cualquier libro escolar europeo (es decir por la civilización occidental y cristiana y democrática contra el despotismo -cfra. ruso- y la barbarie de los "pueblos primitivos") coincidente además con fracciones burguesas del mundo entero (desde la burguesía norteamericana que impondrá la anexión de Texas hasta los Mitre, los Sarmiento y compañía); sino por el contrario, por no haber dedicado su vida a la lucha nacional, por no haber constituido nunca partidos o movimientos nacionales y objetivos nacionalistas; por que todas las organizaciones en las que militaron se ubicaron directamente en el plano internacional, por haber redactado el Manifiesto del Partido Comunista dirigido a los trabajadores del mundo entero, por haber sistematizado la crítica comunista del Capital como sistema mundial; es decir por su lucha infatigable y permanente por la constitución del proletariado en clase, y por lo tanto en partido mundial.

Para Marx como para Engels, la cuestión nacional no es analizada jamás como lo hace hoy la contrarrevolución, pues contrariamente a lo qué sostiene Kautsky el capitalismo se desarrolla a nivel mundial y no nacional, porque para ellos el proletariado no es portador de ningún desarrollo nacional; sino de la destrucción del Capital solo operable a escala mundial. Por esa razón clave Marx y Engels no cayeron nunca en el nacionalismo, por ello contrariamente a lo que algunos pretenden hacernos creer sus posiciones fueron oscilantes, y contrariamente a lo que algunos pretenden hacernos creer no constituyeron nunca una teoría general por la cual "había que apoyar a la nación imperialista frente a la colonia, porque aquella era portadora del desarrollo del capitalismo y éste del comunismo". Contrariamente a lo que otro grupo de ideólogos de la contrarrevolución nos pregonan tampoco construyeron una teoría general según la cual "había que luchar del lado de los pueblos oprimidos contra los pueblos opresores pues primero hay que liberar la nación para luego luchar por la revolución''. Ello es absolutamente aplicable a las teorías hermanas (aunque también enemigas) según la cual lo importante para que el proletariado pueda luchar es unificar el gran Estado Nacional (¡la "gran patria latinoamericana"!) o su contrario que se "autonomicen o separen los pueblos sometidos al centralismo Estatal" (¡autonomía quechua!, ¡del pueblo vasco!, ¡de cataluña!).

Contra la ideología del dios Marx (o Engels), contra la ortodoxia Kautskista, contra el formalismo programático; que pretenden ser continuadores de dichos revolucionarios y afirmando cualquiera de esas "grandes teorías" dicen que es la "única posición marxista", es importante que los proletarios tengamos claro que Marx y Engels defendieron posiciones totalmente diferentes al respecto, incogruentes entre ellas tanto en cuanto a lo que se suponía había que apoyar como en su argumentación. Enumeremos 6 posiciones sostenidas en diferentes épocas por Marx y Engels sobre la cuestión nacional, que aunque sea posible agruparlas (tal vez reduciéndolas a cuatro, a tres) ninguno de los profetas de Marx podría convencernos de que todas las posiciones son coherentes entre sí:

A todos aquellos religiosos del Marxismo, que necesitan mantenerlo intocado como etiqueta o como su dios Marx, porque en su nombre basan su dominación de clase en el reclutamiento de obreros para los ejércitos del Capital, les molesta enormemente que se hable del Marx real, del Marx militante revolucionario. En efecto, el verdadero Marx sigue siendo hoy subversivo, porque su práctica pasada sigue sirviendo para destruir hoy el mito de que el comunismo sería un conjunto de principios inventados por Marx y Engels; porque jamás nos podrán mostrar un Marx "liberador de naciones" o "socialista nacional" por el hecho simple pero fundamental de que Marx y Engels nunca tuvieron una clara "solución nacional" y que por el contrario fueron los más claros defensores de la solución internacional comunista y proletaria del siglo pasado.

Porque la historia real de la acción de partido de Marx y Engels permite comprender que en muchísimos casos el avance del proletariado los llevó a resituarse en la posición directamente proletaria (es decir comunista) abandonando las elucubraciones sobre el carácter progresista de uno y otro lado de la guerra nacional imperialista. Así, en 1847, en pleno auge del movimiento comunista, en el mismo año de la redacción del Manifiesto Comunista (y no se trata de ninguna casualidad), en noviembre, en Londres, Marx pronuncia un discurso donde adopta una neta posición internacionalista, contra el mito de la liberación de Polonia, y contra toda solución nacional de los "problemas nacionales". Pero cualquier otro ejemplo que podamos mencionar, palidece ante la envergadura de los virajes de Marx sobre el carácter de la guerra franco prusiana antes de la Comuna y su neta posición posterior en favor del internacionalismo de la misma.

El mérito de Marx Engels y de la Internacional ante la Comuna, es su apoyo incondicional y práctico, su lucha en la arena internacional por el apoyo material de los proletarios de todos los países a la Comuna, su comprensión de la significación directamente mundial de la Comuna y sobre todo su renuncia a todas las especulaciones e ilusiones anteriores sobre el carácter progresivo de la guerra de uno y otro lado de los campos imperialistas en presencia.

Es entonces evidente que Marx y Engels no habían comprendido aún (y pretender lo contrario sería resituarlos otra vez como dioses fuera de la historia), el conjunto de implicancias de sus posiciones comunistas e internacionalistas: el conjunto de guerras nacionales tanto del lado de la "colonia" como de la "metrópolis" eran guerras de rapiña imperialistas, en donde objetivamente el proletariado (o/y sus prefiguraciones históricas) no podía obtener más que su propia masacre y su propia existencia se manifestaba contra ambos campos: la guerra de independencia de América del Norte, Central y del Sur; había constituido ya un ejemplo brutal y reciente al respecto.

La socialdemocracia, Kautsky y sus epígonos, utilizarán las posiciones no comunistas de Marx (¡y ahora sabemos porqué a ninguno de los bandos le puede faltar material para citar!) y el "marxismo" será desde esa época una de las ideologías que servirán para hacer la guerra imperialista en nombre del progresismo de uno y otro bando. Las fracciones comunistas, que surgirán y se desarrollarán principalmente "adentro" y secundariamente afuera de la socialdemocracia; pero invariante y programáticamente contra ella; tratarían de reconstituir la verdad histórica y de situarse en continuidad (real y no formal como el kautskismo) con Marx y Engels explicitando el contenido del programa internacionalista del proletariado: derrotismo revolucionario.

Los supuestos cambios en el capitalismo y la utilizacion de Lenin.

Los mecanismos fundamentales por los que opera el revisionismo ya lo hemos expuesto, no debe extrañarnos entonces, que con los mismos métodos que la práctica de Marx iba a ser momificada en la creación del marxismo; el stalinismo con todas sus variantes6 crearía ese monstruo que santificaron como "marxismo leninismo". Igual que la obra del kautskismo; ésta podría consolidarse como consecuencia de la contrarrevolución (y ambas coinciden con los períodos más nefastos de la historia del proletariado) y se constituiría en una de sus mejores armas. No pretendemos en absoluto explicar la historia por esos muñecos y títeres de la contrarrevolución (Kautsky-Stalin); pero en el aspecto que aquí nos ocupa de sistematización de la ideología nacional-chovina, estos señores -evidentemente que como títeres- tuvieron una importancia primordial.

La utilización del nombre de Lenin, al servicio de la contrarrevolución, está como en el caso de Marx, condicionada a un desconocimiento de su verdadera práctica internacionalista. Sin embargo, se agregan otros elementos, que facilitan dicha operación "Lenin". Este fue un ferviente defensor de la ortodoxia a la Kautsky, con las nefastas consecuencias que hemos explicado y se tragó durante mucho tiempo, al menos parcialmente, la versión socialdemócrata del marxismo (sea vía Plékhanov, vía Kautsky, y algún otro revisionista ortodoxo). Por ello, Lenin, incluso cuando se situará en posiciones prácticas totalmente antagónicas a la concepción dominante en la socialdemocracia, parlamentarismo, frentismo, socialchovinismo, etc.; lo hará basándose en los conceptos y la visión del mundo predominante en la socialdemocracia, sin haber sido capaz jamás de criticar las bases mismas de dicha visión. Al respecto Lenin no fue una excepción en la época y pretenden lo contrario sólo aquellos que tienen interés (los diferentes ideólogos de la burguesía) en situarlo fuera de la historia tranformando a Lenin en dios bueno (verdadero continuador de Marx, sin errores, totalmente internacionalista, etc,) o en diablo (verdadero padre del stalinismo). En efecto, la obra realizada por la socialdemocracia había sido tan perfecta, que incluso los elementos más combativos y lúcidos de la clase conocían muy mal la crítica comunista de la economía política y afirmaban un conjunto de posiciones correctas, sin conocer la base histórica que las sustentaba y continuaban a identificarse con ese "marxismo" como ciencia que había consolidado ideológicamente la socialdemocracia.7

Lenin se enfrentará prácticamente, contra la socialdemocracia en la casi totalidad de las posiciones; pero romperá solo parcialmente (introduciendo variantes en sus viejos textos) con la reaccionaria historia del marxismo como ciencia elaborada por los intelectuales burgueses, con la distinción entre guerras justas e injustas, el parlamentarismo, el frentismo, el democratismo, el sindicalismo, el progresismo, etc. Así, por ejemplo, cuando el conjunto de los socialchovinos elaboran la teoría del imperialismo, del capital financiero, etc.; Lenin adopta partes enteras de dicho análisis, adaptándose al conjunto de conceptos "nuevos" creados (en realidad no eran nuevos, sino una desfiguración de los utilizados por Marx), pero con fines objetivamente diferentes: demostar que la guerra de 1914 era imperialista de ambos lados. Las teorías del imperialismo y del capital financiero de Hobson, de Kautsky, de Hilferding pretendían redefinir el capitalismo, negando la base de la crítica de Marx al Capital por la cual el capitalismo mantiene y afirma su esencia invariante durante toda su existencia: evidentemente que ni el imperialismo era un fenómeno nuevo, ni tampoco lo eran la tendencia constante a la centralización y concentración del Capital, ni la exportación de capitales, ni la existencía permanente y simultánea de la competencia y el monopolio, etc. El objetivo real de dicha teoría y sus diversas variantes, tendía a justificar el conjunto de toma de posiciones contrarrevolucionarias de la socialdemocracia antes y durante la primera guerra mundial. Lenin tratará de hacer su propia teoría del imperialismo con un objetivo diferente; lo que pone en evidencia hasta que punto Lenin consideraba (aún en plena lucha contra esos mismos socialdemócratas) al "marxismo" de esos señores como "ciencia" utilizable por el proletariado. La práctica de Lenin estará entonces marcada (como la de muchos otros revolucionarios) por la unidad contradictoria entre su práctica política y organizativa voluntaria del lado del proletariado y su ruptura muy parcial con una concepción contrarrevolucionaria del mundo, que evidentemente repercutirá sobre aquella y marcará sus límites. El frentismo descarado se transformará en el "frente único obrero"; el parlamentarismo en supuesto "parlamentarismo revolucionario", el sindicalismo en supuesto "trabajo revolucionario en los sindicatos"; incluso contra las propias evidencias del movimiento obrero. Así, la fracción de los bolcheviques que se colocará objetivamente en la vanguardia de la revolución de octubre, lo hará renunciando a la totalidad de esas concepciones ubicándose objetivamente en un plano antidemocrático, antifrentista arrasando con el progresismo, el parlamentarismo y el sindicalismo, etc. Lenin será objetivamente uno de los mejores representantes prácticos de este salto adelante del movimiento comunista, sin extraer jamás el conjunto de consecuencias generales de dicha realidad y continuará defendiendo muchos de sus viejas tésis socialdemócratas que permitirán su utilización posterior como si fuese un mero sustituto de Kautsky al servicio de la famosa "ortodoxia".

En lo que respecta a la guerra imperialista bajo la cobertura de la guerra justa o la liberación nacional, pasará exactamente lo mismo. Lenin, prisionero de su falsa comprensión del capitalismo y el imperialismo, distinguirá entre "'guerras nacionales justas y guerras nacionales injustas". Por ello, jamás combatirá el socialchovinismo atancándolo por su base; es decir, defendiendo el hecho de que toda guerra nacional es necesariamente imperialista y antiproletaria.

Pero si bien Lenin no rompe nunca con las bases que servirán para argumentar el socialchovinismo, nos parece una falsificación absoluta pretender considerar a Lenin también como un socialchovino como pretenden, todos esos grupos "antileninistas" que en realidad desconocen o distorsionan lo que fue la práctica militante internacionalista de Lenin. La argumentación de Lenin no podía ser comunista, de eso no tengamos dudas, pues en todos los casos de guerras nacionales e imperialistas Lenin se preocupaba de explicar porqué tal campo no era progresista sino imperialista. Pero el abismo de clase entre los socialchovinos y Lenin se establece por el hecho crucial de que los primeros se encontrarán invariantemente defendiendo uno de los campos imperialistas en presencia y que por el contrario Lenin durante la guerra mundial comenzada en 1914, definirá ambos campos como imperialistas. Dicha posición central llevará a Lenin, no solo a defender el comunismo prácticamente junto a los mejores militantes revolucionarios de la época, sino a ser uno de los principales gestores de la centralización práctica del proletariado a nivel mundial para concretizar la crítica a la guerra imperialista en base a la guerra civil revolucionaria, lo que quedará en evidencia en las conferencias internacionales (Kienthal y Zimmervald) en todos los textos de la época y sobretodo en la misma revolución de octubre.

Claro que desde nuestro punto de vista, es absolutamente incoherente pretender que el proletariado sea derrotista revolucionario en Alemania y en Rusia y que no lo sea en la India o Polonia; como pretendió Lenin oponiéndose prácticamente a las fracciones comunistas que sostenían una posición revolucionaria negando de plano la existencia de "guerras justas" y situándose en la linea histórica de la defensa de que el proletariado no es una clase nacional, sino una clase mundial. Es también evidente que Lenin nunca se desprende totalmente de los clásicos conceptos burgueses (aún cuando los reconozca como tales) con los que la burguesía justifica sus intereses de rapiña: "el derecho de las naciones a su autodeterminación", "defensa justa de la patria", etc.; y que por esta razón su nombre y sus obras han podido ser tan bien utilizadas por la contrarrrevolución. Pero para nosotros, Lenin no es tampoco como pretende la contrarrevolución ni un dios, ni un diablo sino un militante revolucionario de carne y hueso.

Desde el punto de vista de nuestra clase es importantísimo tener claro, que a pesar de las concepciones falsas de Lenin, este tuvo una posición claramente derrotista revolucionaria frente a la guerra imperialista generalizada, como lo demostró frente a la "primera" guerra y que ningún tipo de falsificación de sus prácticas y de su obra ha podido probar una continuidad entre dichas posiciones y la posición de los stalinistas y los trotskystas en el campo democrático (Inglaterra, Estados Unidos, Francia; Rusia, etc) de la "segunda" guerra imperialista. En efecto, a pesar de todos los esfuerzos en las "traducciones" (especialmente de la famosa edición "Progreso" o mejor dicho "ediciones traición" como la designaron los obreros) en las que son tan especialistas (existen enorme cantidad de pruebas irrefutables de la falsificación), no han podido nunca demostrar lo indemostrable. El stalinismo y el trotskysmo al servicio de la contrarrevolución y de la guerra imperialista, no son hijos legítimos de su dios padre Lenin, sino de sus abuelitos: el chovinismo descarado de la segunda internacional.

Desde nuestro punto de vista de clase tengamos bien clarito que Lenin ocupó un puesto de primera fila en el movimiento comunista internacional, no por su socialdemocratismo, sino por su ruptura práctica con éste, no por sus especulaciones sobre guerras justas o injustas, naciones oprimidas y opresoras, sino por su acción organizativa para la realización práctica de la crítica proletaria a la guerra imperialista.

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En cuanto a los otros nombres con los que se pretende justificar la teoría de la liberación nacional, nos parece en general mucho más legítimo. En efecto algunos de estos personajes nunca tuvieron nada que ver con el comunismo y el movimiento obrero, sino que fueron acérrimos defensores del Capital y la patria (Bolívar, Posadas, Mao, Fidel Castro, Kim il Sung). En cuanto a los otros que formaron parte de organizaciones revolucionarias (Gramsci8, Stalin y Trotsky) sus traiciones son casos monumentales que no podemos abordar en este texto, dado que lo hacemos en el conjunto de nuestras publicaciones y nuestros lectores conocen mejor sus respectivas trayectorias.

Invarianza del comunismo como formalismo.

El movimiento comunista ha sido durante todas las sociedades de clases precapitalistas una negación negativa de las mismas; con el proletariado el movimiento comunista pasa a ser una negación positiva; el conjunto de determinaciones esenciales de la crítica antitética, se transforma con el proletariado en crítica sintetizadora. En lo que respecta al tema de este texto -la cuestión nacional- como vimos, la reacción espontánea, regional y antinacional contra los explotadores directos, no es abandonada como crítica práctica de la sociedad burguesa, sino que en ésta dicha crítica asume su contenido positivo tendiendo a la organización y centralización de dicha espontaneidad a nivel mundial; transformándose en acción deliberada, con un claro proyecto social, en acción dirigida, en práctica teorizada y previsible; es decir en práctica de Partido Comunista Mundial. La lucha contra los opresores directos, asume con el proletariado una expresión teórico práctica cualitativamente superior y se transforma en guerra civil revolucionaria contra "su propia" burguesía y "su propio” Estado nacional. Este salto cualitativo por el cual el derrotismo se transforma en derrotismo revolucionario, es decir en derrotismo directamente comunista (del cual el mejor ejemplo hasta el presente lo proporciona la acción del proletariado mundial contra la "primera" guerra mundial) encuentra su expresión suprema en la constitución del proletariado en clase mundial, en la existencia de una compacta y férrea centralización de la clase obrera en partido comunista (sin lo cual las acciones, seguirían siendo meras reacciones regionales como las de las prefiguraciones históricas del proletariado), por la cual cada batalla parcial, regional, contra cada burguesía del globo se estructuran en una sola guerra civil generalizada y consciente por la revolución comunista mundial. Sólo así el proletariado podrá realizar el contenido que su propia realidad encierra y resolver los problemas que sus prefiguraciones históricas solo pudieron plantear, imponiendo su solución a la cuestión nacional; la abolición de todos los Estados, de todas las naciones, la formación de la comunidad humana mundial.

El proletariado en su lucha histórica, en su tendencia a la autonomía, a su constitución en Clase, en partido, no ha hecho más que afirmar en cada gran salto adelante dicha determinación esencial invariante. El futuro del movimiento comunista, no puede tener dos o cinco caminos diferentes, sino que será necesariamente la afirmación a un nivel superior de dicha determinación esencial invariante, hasta su consolidación comunista. Por ello, el comunismo, no se ha prestado, ni podrá prestarse a ningún tipo de innovaciones, de revisiones, de descubrimientos tácticos, de pretensión de encerrarlo en principios descubiertos por tal o cual reformador del mundo. La invarianza del programa comunista consiste exactamente en esta realidad material, por la cual el comunismo se excluye con todo tipo de inmediatismo, dado que todas las posiciones esenciales del proletariado están determinadas por el desarrollo de su antagonismo con el Capital cuya esencia es invariante. Sin embargo, siempre la realidad precede la conciencia que los hombres tienen de ella, por ello la formalización del mismo, lejos de poder alcanzarse en un solo momento histórico, es necesariamente el resultado del conjunto de convulsiones sociales y cada fase de revolución y contrarrevolución -siempre más profundas hasta el triunfo del comunismo- permiten la comprensión de "nuevas" consecuencias de las determinaciones esenciales; o mejor dicho permiten precisar otro conjunto de implicancias. Por ello, todo programa revolucionario formal, toda plataforma comunista, es necesariamente imperfecta, inacabada, modificable. Pero nunca se modifican las líneas estratégico-tácticas del comunismo, sin renunciar a éste, sino que se amplían y se precisan sus implicancias. El conjunto de posiciones comunistas del proletariado, se han ido fortificando a través de este proceso.

Por ello, la invarianza del comunismo es necesariamente antiformalista y antiinmediatista y de la misma manera que ninguna organización comunista puede identificarse con el partido histórico del proletariado (ABC de la posición de Marx sobre el partido comunista), sino que en el mejor de los casos es su expresión formal más elevada en un período bien determinado; ninguna plataforma; ninguna expresión teórica del proletariado puede pretender haber resuelto todo teóricamente antes que el movimiento comunista -de lo cual la teoría es una de sus expresiones- resuelva el comunismo realizándolo. La acción organizada y consciente de los militantes comunistas, que actúan decidida y voluntariamente para la organización y dirección del partido de clase mundial reapropiándose de todas las experiencias pasadas de la lucha del proletariado y reafirmando todas las implicancias programáticas del internacionalismo, se sitúan por eso en una linea invariante, antiformalista y antiimediatista; es decir en la linea histórica del partido comunista.

Todas las organizaciones de clase del pasado lucharon contra el nacionalismo, todos los militantes revolucionarios de nuestra clase fueron internacionalistas; todas las expresiones orgánicas del proletariado tuvieron como consigna central la organización del proletariado mundial contra el capitalismo. El trabajo de nuestro grupo se sitúa en esa misma línea y con esa misma perspectiva: la organización del partido mundial de clase.

Marx y Engels se situaron abiertamente del lado del internacionalismo proletario, sin embargo, fue la Comuna de Paris la qué les enseñó que la guerra no era progresista del lado francés ni del lado prusiano, sino del lado del proletariado unificado internacionalmente contra la burguesía de ambos campos. Fue necesaria la primera guerra mundial, para que se designaran las fracciones comunistas que efectuando la ruptura organizacional y teórica con la segunda internacional volvieran a enarbolar las banderas del internacionalismo proletario. Lenin fue de los más claros exponentes de dicha gesta histórica; sin embargo pretendía aún que se pudiese ser derrotista revolucionario en una parte del mundo y apoyar la liberación nacional en la otra. Pero el antagonismo invariante entre nacionalismo. y comunismo, había llegado en esa crucial fase histórica del movimiento revolucionario a expresiones mucho más elevadas que la teoría de Lenin y por ello en todas partes del mundo, desde Polonia a la Argentina, desde la Federación Comunista Balkánica (Yugoslavia, Bulgaria, Grecia), hasta la India; las expresiones comunistas de vanguardia se opusieron a la absurda y reaccionaria teoría de la liberación nacional, poniendo en evidencia la validez mundial del internacionalismo, es decir, desarrollando todas las implicancias de la clásica afirmación de Marx y Engels: "El proletariado no tiene patria". Fue un largo proceso de maduración de la teoría revolucionaria que confirma una vez más qué es el propio movimiento el que va esclareciendo y transando los enormes problemas que se le plantean y que el proceso de reenversamiento de la praxis por el cual la teoría revolucionaria es capaz de anticipar y dirigir el movimiento futuro no es un proceso acabado hasta el comunismo mismo.

Desde esa fecha hasta ahora hubo cientos de liberaciones nacionales, es decir, de guerras de rapiña imperialistas por las cuales las grandes potencias se reparten el mundo y utilizan a los obreros como carne de cañón de sus intereses. Hay países que fueron "liberados" dos, tres, cuatro o cinco veces, y esto lo único que ha significado para nuestra clase son millones de cadáveres de obreros masacrados por intereses que no son los suyos, lo único que cambia periódicamente son las caretas de "sus" explotadores.

El movimiento comunista, tiene todavía mucho para aprender incluso de su propio pasado, su programa continuará afirmándose en el curso de sus luchas futuras. Sin embargo, hay fronteras de clase que han atravesado irreversiblemente. Hace más de un siglo eran parte de ese mismo movimiento militantes que expresaban ilusiones tales como que el sufragio universal había sido transformado de medio de engaño en instrumento de emancipación. Hace 60 años todavía existían en su seno fracciones que tenían la absurda ilusión de la complementariedad entre revolución proletaria en unos países y liberación nacional en otros.

No solo cada avance teórico práctico del movimiento comunista, sino también cada avance de la reacción burguesa mundial e incluso las propias guerras imperialistas localizadas y generales, pusieron al descubierto el carácter contrarrevolucionario de ambas posiciones. Por ello, de la misma manera que hoy cualquier organización política que propague la ilusión entre los obreros de que el sufragio universal pueda ser un medio de emancipación, independientemente del pretexto que utilice está irremediablemente del otro lado de la barricada; TODO APOYO A LA LIBERACION NACIONAL SEA BAJO CUALQUIER PRETEXTO QUE SEA CONTRIBUYE A LA GUERRA IMPERIALISTA CONTRA LA ALTERNATIVA PROLETARIA. TODA FUERZA POLITICA QUE INSCRIBE SU ACCIÓN ORGANIZADA EN LA LIBERACIÓN DE LA NACIÓN ES UNA ORGANIZACIÓN DEL CAPITAL ES DECIR CONTRARREVOLUCIONARIA, QUE EL PROLETARIADO DESTRUIRÁ EN SU LUCHA COMUNISTA.

Notas:

1 En muchos de nuestros textos utilizamos la expresión alemana empleada por Marx "Gemeinwesen" y no "comunidad" como es traducida habitualmente por ser esta expresión, sumamente estática, indicando un resultado dado y no un movimiento. Gemeinwesen indica ser colectivo, ser común, comunidad en constante movimiento.

2 Sólo es concebible que la burguesía actúa como clase mundial coyunturalmente contra el proletariado, fuera de esta circunstancia, por el hecho de las propias contradicciones del Capital, toda unidad entre burgueses es una unidad contra otros burgueses para aumentar su fuerza en la lucha por la competencia: Comuna armada, trust, cartels, Estado "Nacional", Coalición de Estados, Estados "Plurinacionales", Bloques Imperialistas, etc.

3 Téngase en cuenta que el mito "progreso" o "desarrollo" cumplen una función social idéntica al tan desgastado y descredibilizado mito "civilización" dominante en los siglos anteriores.

4 Marx en la Introducción al Programa del Partido Obrero Francés. Engels reitera textualmente dicha afirmación en la tristemente celebre "Introducción" de 1895 a "La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850".

5 La posición oportunista de Engels (después de la muerte de Marx) con respecto a la Segunda Internacional, proporcionará aún más elementos a Kautsky y compañía para crear "EL MARXISMO".

6 Incluimos en dicha formula todos aquellos grandes personajes del Estado Ruso que lo consagraron donde son responsables directos no sólo "Stalin el malo", sino esos bolcheviques de dirección, eternamente oportunistas que se opusieron a la insurrección de octubre: Zinoviev y Kamenev. Con el tiempo Trotsky uno de los principales artesanos de la insurreción sería el mejor aliado del stalinismo, también en lo que respecta a la creación del "Marxismo-Leninismo" que poco a poco se transformaría en una de las religiones ("opio de los pueblos") más eficaces del Capital.

7 Rosa Luxemburg, Pannekoek, Liebknecht, Trotsky, Gorter, etc. no escapan a la regla. Claro que algunas posiciones sostenidas por estos militantes contra Lenin fueron correctas, pero en otros casos estuvieron a la derecha de Lenin. Así, por ejemplo, Rosa Luxemburg, comprenderá mejor que Lenin el carácter mundial del capitalismo (ruptura mayor con la concepción nacionalista del desarrollo del Capital propia a la socialdemocracia) y adoptará una posición revolucionaria contra el mito de la "liberación nacional" que Lenin jamás asumirá. Sin embargo, la lucha de Lenin se sitúa a un nivel de ruptura teórico práctico contra el democretinismo socialdemócrata que Rosa Luxemburg no asumirá jamás. Para nosotros no se trata por lo tanto de buscar un infalible o un dios; sino de comprender las limitaciones históricas del pasado de nuestro propio movimiento, cuya existencia práctica demarcó un conjunto de posiciones centrales que el proletariado debe asumir.

8 Ver el articulo, en este mismo número, "Una página poco conocida de la vida de Gramsci”.

 

 


CO3.1 LIBERACION NACIONAL : Cobertura de la Guerra Imperialista