AMERICA LATINA :

                            NO OLVIDAR

      No hemos olvidado, ni olvidaremos nunca, el ruido de las botas en toda la calle, los rastrillos, la casa de torturas, la jeta de algún verdugo que nos arreglamos para ver a pesar de la capucha, los golpes recibidos, los gritos y amenazas de los oficiales, el submarino, la picana.

     No podemos ni queremos olvidar tampoco los compas que quedaron, algunos muertos, otros presos hasta que los arranquemos de las cárceles; ni a algún soldadito que en el peor de los momentos te arrimaba un faso y de noche cuando dormía el oficial de guardia hasta te dejaba sentar, sacarte la capucha y te cebaba un mate.

    No podemos ni queremos olvidar ni un instante a los que desde las fabricas y del barrio, nos apoyaron como pudieron y hasta bancaron la prole en los momentos más jodidos; y que hoy no sabemos todavía como se las arreglan para morfar, ni para seguir reuniendose.

    No olvidaremos nunca los gritos de angustia y de dolor de las ñeris violadas, del tano que lo sacaron una noche y nunca más se supo, las maniobras militares, la explosión de granadas en la noche, los fusilados y los que se ahorcaron para no hablar.

     Pero para desgracia de todos los demócratas, de todos los frentistas, de todos los pacifistas, bolches y socialistas, no nos olvidamos tampoco su siniestro papel, de como sus loas a la tradición democrática y constitucionalista del ejército preparaban nuestra desorganización y la masacre consecutiva. No, nunca olvidaremos a esa masa inmunda de políticos burgueses, a los Perón, los Allende, los Torres, los Arismendi, los Frei, los Moreno, los Campora, los Hugo Blanco, los Leonidas Rodrigues, los Ferreira Aldunate, los del Prado, los Altamirano, los Corvalán, los Seregni, y tantos otros cuyo discurso se hacía más izquierdista, demócrata y socialista, cuanto más requerían desorganizarnos, desarmarnos.

        Porque sin lugar a dudas ni Onganía, ni Levingston, ni Lanusee con su excelente servicio de represión pudieron realizar la gran aspiración de la burguesía Argentina. Al contrario, lo único que lograron fueron cordobazos, rosariazos, mendozazos..., fortificación, armamento y organización de la clase obrera. Pero el retorno de la democracía, de populismo pudo cambinar inteligente y sistemáticamente "el respeto a la voluntad popular", "el verticalismo", el terror estatal, la democracia,... en síntesis imponer el pacifismo efectivo para la clase obrera, reintegrando el monopolio social de la violencia en el Estado. La burguesía no preparó únicamente la guerra, con profesores de tortura, con las AAA, con los entrenamientos antisubversivos de sus vasallos; sino llamando a la paz, a la inacción, a la concordia nacional en torno al acuerdo de "los trabajadores" (léase aparato estatal de la CGT) con los empresarios, a la pacificación social y a la Argentina potencia. Así como sin social democracia en Alemania hubiese sido imposible Hitler, sin Frente Popular inconcebible Franco; sin Allende, sin Perón, el tio, el brujo y la puta no hay Pinochet, ni Vidella. Sin "tregua electoral", sin "ley de control de armas", sin la "tradición democrática del ejército", sin "ahora si el cobre es chileno", sin democrático Estado de Guerra Interno, sin Frejuli, sin Unidad Popular, sin Frente Amplio no hay terror estatal exitoso.

      Hay demasiado sangre en el medio para olvidar que el ataque demorático populista cumplió enteramente su objetivo: en Argentina, Chile y Uruguay. Pero no se trata solo de arreglar cuentas con un pasado inmodificable. Sino de poner en evidencia que hoy la democracia juega un papel fundamental del lado de la contrarrevolución, y lo jugará mañana.

       Si en esos tres países del Cono Sur es correcto caracterizar a la situación de contrarrevolucionaria no se debe únicamente a los campos de concentración, a los desaparecidos, la masividad del exilio, en síntesis el terror abierto del Estado burgués dado que no es un "privilegio" de la zona; sino al pasaje de un enfrentamiento sistemático y masivo contra todo el estado burgués a una polarización "fascismo-antifascismo" en la que se cree hasta en el cuento de los derechos humanos de Carter. El pasaje de la contradicción burguesía-proletariado a fascismo-democracia, es el verdadero triunfo de la burguesía, la causa y el efecto de la derrota obrera, pues en el mismo resume la destrucción física y orgánica de toda las asociaciones de clase, o su pudrición y reuperación ideológica por la burguesía. Derrota es la desaparición de miles de reuniones discutiendo al mismo tiempo como enfrentar al Estado, en la fábrica, en las minas, en el café, en los barrios y la destrucción -física y orgánica de los grupos obreros de acción directa, que aseguraban el cumplimiento de la huelga, ajustaban cuentas a algún carnero y saboteaban la producción, la desaparición de miles de volantes obreros que llamaban a la guerra contra la burguesía, el pasaje de una situación de armamento progresivo del proletariado, a la restauración absoluta del monopolio Estatal de las armas. Derrota es que debamos retroceder muchas décadas en la historia de esos tres países para encontrar niveles de salarios reales tan miserables, condiciones de trabajo tan imponentes (aumento brutal de las horas trabajadas); condiciones de desorganización de la clase tan escalofriantes. Es también derrota que con el pasaje del proletariado al fondo de la escena revolucionaria, las viejas rivalidades entre burgueses, vuelvan a dominar el panorama político, que otra vez el proceso político pase por sobre las cabezas de los obreros hoy reclutados por la multiplicación incesante de los comités interclasistas de "resistencia a la dictadura". Así como la transformación de un comité de fábrica o de barrio, surgido para enfrentar la política económica del estado en comité electoral de la unidad popular o del frente amplio -lo que habían logrado parcialmente- condujo a la derrota; aislando a la masa obrera de su vanguardia explícitamente clasista, la reproducción de estructuras orgánicas "antidictatoriales" (1) reproduce, afirma y completa la contrarrevolución.

       Ayer la democracia, el fascismo y el antifascismo servían para ligar al proletariado a los intereses de su burguesía, para diluirlo en el "pueblo" para imponer la masacre de por lo menos 50 millones de obreros en la guerra imperialista; hoy todos los régimenes y opciones burguesas enfrentan la lucha autónoma del proletariado en nombre de la Democracia. La defensa de los derechos humanos es ya hoy la bandera de la Guerra imperialista que la burguesía intentar generalizar. La lucha por la bandera democrática es una lucha entre las fracciones del capital. Por ello no debe extrañarnos que así como el PC Argentino defienda al régimen "democrático" de Vidella, el maoismo ortodoxo se alinea con Pinochet o la junta uruguaya en defensa de la democracia; mientras sus versiones respectivas se oponen a las juntas también en nombre de los derechos del hombre y la democracia.

       En estos tres países como en todo el mundo, la lucha del proletariado es una lucha contra la burguesía y por lo tanto contra la democracia sea derechista o izquierdista; emplee el terror en una forma más o menos descarada. En el democrático Méjico, familiares de militantes denuncian campos de torturas y miles de desaparecidos, en la democrática Colombia a las masacres de trabajadores que caracterizan su historia, la burguesía intenta coronarlas a través del funcionamiento cada vez más sistemático de la tortura y las AAA. Y mientras el terror de la democrática derecha se perfecciona se aprueba el "Estatuto de seguridad", la burguesia de izquierda que se agrupa de más en más en torno al democrático FIRMES completa su obra llamando al pacifismo a la classe obrera. Y sus apoyadores críticos -aún más democráticos - no tienen ningún tapujo en anunciar sus objetivos intentando convencer el conjunto de su clase de la efectividad antiobrera de un frente de izquierda; "Porque con una represión como esta es dificil convencer a los grupos terroristas de que con fórmulas distintas a las de ellos se va a poder derrotar a la oligarquía. Los autores del Estatuto probablemente no se den cuenta de que un proyecto convincente con resonancia popular, como el que está surgiendo a la izquierda del lineralismo, acabaría mucho más facil con lo que ellos llaman terrorismo que todos las fórmulas represivas de Camacho Leyva" (Garcia Marquez a Alternativa).

     La burguesía colombiana, tiene indudablemente fracciones que son conscientes de que la imposición de la paz de los sepulcros, pasa por la izquierda democrática. El Movimiento Cívico, de Pardo Llada, que lucha por la "moralización y la democracia" basa su acción de propaganda en los riesgos de la "uruguayización", los trotskystas de Socorro Ramirez utilizan el cuco de los militares pinochetistas para quebrar huelgas llamar a votar "por candidatos obreros". Pero hay algo que a todos los democratas colombianos preocupa enormemente: al proletariado no lo han logrado llevar a las urnas ni creer en ellas. El cuento de los "candidatos obreros" sigue sin cuajar: 75% de abstenciones.

    En los países de más larga "trayectoriano democrática", las represiones y masacres comienzan a demostrarse incapaces de enfrentar solos al proletariado El Salvador, Nicaragua, etc. Como hongos se reproducen los llamados a la liberación nacional, a la unificación de la oposición en torno a la democracia, los frentes que reintegrarán el gobierno a los representantes de la burguesía, que no tienen más remedio que abanderarse con los que ayer enviaron a matar.

        En Brasil, ante las huelgas obreras (especialmente metalúrgicos) registradas en el último año, no solo la clásica oposición a su majestad el Movimiento Democrático Brasileño y los pelegos democráticos reiteran sus llamados a la "institucionalización"; sino que la propia organización de empresarios industriales hace la advertencia de que únicamente un régimen democrático es capaz de impedir "los indeseables conflictos de clases". En Bolivia la burguesía combina, sin poder quebrar al proletariado, los golpes "pinochetistas", con los golpes para restaurar la democracia, el terror sin tapujos; con las élecciones; la movilización con el cuento de la "salida al mar", con el clásico llamado al orden y al trabajo.

       En la democrática Venezuela los encargados de asegurar el terror democrático son los cuerpos paramilitares de la Acción Democrática.

      En el Perú la burguesía democrática y constituyente, desde los correligionarios del viejo decrépito de Haya de la Torre, al FOCEP dirigido por ese eternal apoyador crítico de la contrarrevolución Hugo Blanco, desde los antiguos generales del Régimen Velasquista (PSR) a los maoistas de la UDP se unifican en nombre de la lucha contra el terrorismo para ahogar el grito proletario de "queremos pan y no constituyentes".

      Por todo ésto, la lucha de la clase obrera, por su constitución en fuerza autónoma, pasa hoy en América Latina y en el mundo entero, por su lucha abierta contra la democracia, contra las constituyentes, las uniones democráticas, los populismos. Hoy como ayer y mañana, los comunistas sostenemos que al canibalismo de la contrarrevolución, solo se le puede responder con la violencia revolucionaria del proletariado,con el terror rojo.

   Por todo esto que no hay que olvidar ni un instante, el primer número de Comunismo lo dedicamos especialmente a la Democracia.      

notas

(1) Evidentemente dichas estructuras orgánicas no enfrentan a la dictadura burguesa sino a una de sus formas la definida como "fascista" pronunciándose expresamente por la mantención de la dictadura demócratica del capital.


CO1.2 América Latina: No olvidar